
15.000 A.P.
15.000 A.P.
15.000 A.P.
15.000 A.P.
15.000 A.P.
1811
1811
1811
1811
1811
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (IV)
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (III)
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (II)
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (I)
1814
1814
1818
1820
1820
1820
1825
1833
"Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú"
1833
"Paysandú vista desde el nord-oeste es menos desagradable"
1833
El Paysandú de los picaflores (II)
1833
El Paysandú de los picaflores (I)
1833
La importancia del "ferro-carril" (IV)
1833
La importancia del "ferro-carril" (III)
1833
La importancia del "ferro-carril" (II)
1833
La importancia del "ferro-carril" (I)
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (III)
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (II)
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (I)
1839
Lavalleja se apresta a cruzar el Uruguay
1842
Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana (II)
1842
Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana
1842
El "Pardo" Luna incendió su casa en Paysandú para no dejarla al enemigo
1842
1842
1842
1842
1842
1846
1846
1846
1846
1858
Gordon: el sanducero que estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires
1861
1862
Gordon: el propietario del "Bazar del Ancla de Oro"
1865
1865
1865
1865
1865
1865
1865
"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (V)
1865
"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (IV)
1865
"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (III)
1865
"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (II)
1865
"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (I)
1865
Gordon: de "La Nueva Numancia" a "El estreñido"
1865
La barba de Leandro Gómez (II)
1865
1865
La reconstrucción del Templo (II)
1865
La reconstrucción del Templo (I)
1866
1866
1866
Buscan al que encontró mil pesos
1866
1866
1866
Pagaron 50.000 libras esterlinas por una estancia
1866
Por un pantalón quemado con la plancha (II)
1866
Por un pantalón quemado con la plancha (I)
1866
Construirán cuartel para la "Urbana"
1866
1866
1866
Venden el Banco Comercial de Paysandú (II)
1866
Venden el Banco Comercial de Paysandú (I)
1866
En mayo entraron 55 y salieron 60 buques
1866
Comisión de agrimensores para las calles
1866
Hay que pagar la Contribución (II)
1866
Hay que pagar la Contribución (I)
1867
1867
1867
1867
Autorizan puestos de frutas, verduras y carnes
1867
1870
1871
El Carnaval en tiempos de guerra
1871
Unicamente billetes de cuatro bancos
1871
Banderolas bordadas para los blancos
1871
Llegó recomendado por Garibaldi
1871
1872
1872
1872
¡Todos al candombe de "El Venao"
1872
Reclaman más puestos de carne para el puerto (II)
1872
Reclaman más puestos de carne para el puerto
1872
1872
1872
1872
El primer agrimensor sanducero
1875
Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (II)
1875
Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (I)
1876
Asaltaron a don Celestino Montauban
1876
1876
1876
1876
1876
Escándalo en la "Academia de Antonieta"
1876
1876
1880
¡Hay que limpiar las letrinas!
1880
Nombran encargado del reloj de la Iglesia
1880
Problemas por la Lotería de Cartones (II)
1880
Problemas por la Lotería de Cartones (I)
1881
1881
¡Ha llegado la hidroterapia! (II)
1881
¡Ha llegado la hidroterapia! (I)
1882
1882
1883
1883
La piedra fundamental del Ateneo (lII)
1883
La piedra fundamental del Ateneo (II)
1883
La piedra fundamental del Ateneo (I)
1883
Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (II)
1883
Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (I)
1883
Al comisario le gustaba la timba (III)
1883
Al comisario le gustaba la timba (II)
1883
Al comisario le gustaba la timba (I)
1883
1884
1884
1884
1884
1885
Miles de toneladas de material para vías férreas
1885
Velada cultural en el Club Comercial
1885
1885
1887
Tragedia en Plaza Constitución (IV)
1887
Tragedia en Plaza Constitución (III)
1887
Tragedia en Plaza Constitución (II)
1887
Tragedia en Plaza Constitución (I)
1888
1888
Odontología con "Gas Hilariante"
1888
1888
1888
1888
1888
1888
Hay que pagar para disfrazarse (II)
1888
Hay que pagar para disfrazarse (I)
1888
Bienvenida con incidentes (III)
1888
Bienvenida con incidentes (II)
1888
1888
Sepultaron a destacado masón sanducero
1888
Amontonar la basura los sábados
1888
Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (II)
1888
Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (I)
1888
Entre la seca y la "coqueluche"
1888
1890
El primer observatorio de Paysandú
1890
¿Y el dinero de las Patentes de Rodado?
1890
¡El municipio gasta casi $ 380 por mes en sueldos!
1896
Empréstito para dragar Almirón (V)
1896
Empréstito para dragar Almirón (IV)
1896
Empréstito para dragar Almirón (III)
1896
Empréstito para dragar Almirón (II)
1896
Empréstito para dragar Almirón (I)
1896
Del puerto a la plaza en "tranway" (IV)
1896
Del puerto a la plaza en "tranway" (III)
1896
Del puerto a la plaza en "tranway" (II)
1896
Del puerto a la plaza en "tranway" (I)
1897
El monumento a los caídos del Quebracho
1897
Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (IV)
1897
Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (III)
1897
Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (II)
1897
Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (I)
1899
Critican ubicación de nueva cárcel (II)
1899
Critican ubicación de nueva cárcel
1899
La ciudad tendrá alumbrado eléctrico (II)
1899
La ciudad tendrá alumbrado eléctrico
1901
1901
1901
1901
1901
1901
1901
1901
En la óptica de la prensa porteña
1901
1901
1901
1901
1901
"Seiscientos sesenta kilómetros en bicicleta"
1901
Los restos de Leandro Gómez (II)
1901
Los restos de Leandro Gómez (I)
1901
1901
Bienvenida al Nuevo Siglo (IV)
1901
Bienvenida al Nuevo Siglo (III)
1901
Bienvenida al Nuevo Siglo (II)
1901
1902
1902
1902
Van a delinear un pueblo en Guichón
1902
1902
La celebración de los ingleses (II)
1902
La celebración de los ingleses (I)
1902
1902
1902
1902
1902
1902
Las rutas del correo sanducero
1902
Regalan terrenos en Villa Elisa (II)
1902
Regalan terrenos en Villa Elisa (I)
1902
1902
Expropian terrenos en Paso de las Piedras
1902
"El entierro del Carnaval (III)"
1902
"El entierro del Carnaval (II)"
1902
1902
Finalmente instalaron la Junta
1902
Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (III)
1902
Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (II)
1902
Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París
1902
Por razones de estética femenina
1902
¡Rematan los paraísos de plaza Constitución!
1902
Fundaron el Club Ciclista de Paysandú
1902
El Jefe de Policía mató un cuatrero (IV)
1902
El Jefe de Policía mató un cuatrero (III)
1902
El Jefe de Policía mató un cuatrero (II)
1902
El Jefe de Policía mató un cuatrero (I)
1902
¿Violaron territorio argentino? (II)
1902
¿Violaron territorio argentino? (I)
1902
Poderoso reflector para la Aduana
1902
"Expedición" a Merinos, para fundar un pueblo (I)
1903
La necesidad de canalizar Almirón (II)
1903
La necesidad de canalizar Almirón (I)
1903
1903
«Foot Ball», Etchemendy hizo el primer «goal»
1903
«Foot Ball», el primer encuentro oficial
1903
1903
1903
1903
"Foot Ball" un partido "formal"
1903
1903
1903
1903
1903
1903
Las más bellas sanduceras, por voto popular
1903
Inauguraron saladero en Merinos
1903
1903
1905
Proponen mejoras en iluminación de Plaza Flores
1908
1909
El "Quebracho" y el "Carretas"
1911
Uruguayo derrotó a 19 de Abril
1912
Recaudación de la Aduana en Paysandú
1912
Piloto sanducero se destaca en Francia
1913
Asesinos de Guaviyú capturados por un ciudadano (IV)
1913
Asesinos de Guaviyú capturados por un ciudadano (I)
1913
Mucho interés por el "Raid Automovilístico" (II)
1913
Mucho interés por el "Raid Automovilístico" (I)
1913
1916
"Ruinas de una gran construcción" (II)
1916
"Ruinas de una gran construcción" (I)
1916
"Triunfo de un teniente sanducero"
1916
1916
1916
1916
Hay en Paysandú 151 automóviles
1916
Con gol observando, Atlético derrotó a Litoral
1916
1916
1916
1917
La Liga Oratorio Festivo y el Padre Meriggi (I)
1918
1918
1918
1919
1919
1919
¡Luz eléctrica para estancias!
1919
1919
1919
1921
1921
1921
1921
En adelante será teatro "Florencio Sánchez·
1921
Traiga el ganado a pastorear, en la plaza Artigas
1921
El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (III)
1921
El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (II)
1921
El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (I)
1922
Para obtener Libreta de Conducir
1922
El doctor Langón y el fútbol sanducero
1923
Los neumáticos sanduceros (II)
1923
1925
1925
"Las relaciones entre Salto y Paysandú" (II)
1925
"Las relaciones entre Salto y Paysandú" (I)
1925
Los "olímpicos" en el Parque Artigas (II)
1925
Los "olímpicos" en el Parque Artigas (I)
1925
Inauguran el Monumento a Artigas
1927
1927
1930
Construirán una plaza alrededor del Monumento a Artigas
1930
1930
1930
"París-Londres", la más importante (II)
1930
"París-Londres", la más importante (I)
1930
Llega el cine sonoro a Paysandú (II)
1930
Llega el cine sonoro a Paysandú (I)
1930
Elío Pérez gana la Travesía Colón-Paysandú
1932
1933
1940
Bochas, un deporte para damas (II)
1940
Bochas, un deporte para damas (I)
1940
Crearon la Tablada y el Mercado de Frutos del País
1940
Procurando mejorar las relaciones entre Paysandú y Salto (II)
1940
Procurando mejorar las relaciones entre Paysandú y Salto (I)
1942
1942
1942
1945
"La cogitiva italianidad sanducera" (IV)
1945
"La cogitiva italianidad sanducera" (III)
1945
"La cogitiva italianidad sanducera" (II)
1945
"La cogitiva italianidad sanducera" (I)
1945
"El desfile de Amerindia" (IV)
1945
"El desfile de Amerindia" (III)
1945
"El desfile de Amerindia" (II)
1945
1945
Campeón del Litoral en Salto (III)
1945
Campeón del Litoral en Salto (II)
1945
Campeón del Litoral en Salto (I)
1947
Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (IV)
1947
Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (III)
1947
Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (II)
1947
Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (I)
1950
1972
1972
1975
1978
"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (IV)
1978
"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (III)
1978
"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (II)
1978
"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla"
15.000 A.P.
Hace 150 siglos (V)
La descripción de las características medioambientales que realiza el licenciado Mario Cosens en la introducción de su obra «El pasado extraviado», que hemos tomado parcialmente, indica: «Período de 6.000 a 4.500 A.P.».
«En estos dos mil quinientos años se producen dramáticos e importantes cambios en el aspecto de este territorio. Mientras la humedad comienza a elevarse, las temperaturas van descendiendo en alternancias cíclicas. El resultado es lo que se denomina como el ‘óptimo climático‘. Fueron condiciones en las cuales se produjeron importantes lluvias que remodelaron las hasta entonces áridas cuchillas del norte y se rellenaron con enormes volúmenes de sedimentos los cauces de los ríos, creando en algunos nuevos deltas. Incluyendo en ellos el antiguo cauce del río Uruguay». (...).
Período de 4.500 a 2.200 A.P.
«En esos dos mil años, otras cien generaciones se reproducen dentro de estructuras sociales que son muy distintas a las de los primeros períodos y que generan más impactos en las comunidades que los cambios medioambientales. (...) El registro arqueológico se complejiza con el surgimiento de muy diversas estructuras de asentamiento que reflejan nuevos procesos de transformación de las materias primas. Surgen nuevas especies de sitios que poseen marcada prioridad para ejecutar solamente actividades simbólicas. En este período detectamos la mayor cantidad de expresiones de arte rupestre pintado, las que se suman en los sitios grabados miles de años antes en el noroeste».
«La humedad desciende mientras las temperaturas suben poco. Hay un retroceso de las matas y un desarrollo de las praderas con niveles tropicales, que más tarde van conformando las áreas tal como las conocieron los invasores europeos». (...)
Período de 2.200 A.P al Presente
«El clima se torna levemente más frío y algo más húmedo que en los dos mil años anteriores, con reducidas oscilaciones. Por ejemplo, hay un período de aridez que se extiende hasta mil años A.P. (...) El entorno medioambiental es, en líneas generales, el mismo que hoy. La persistencia de estas condiciones ambientales es un factor importante de estabilización sociocultural, que facilitan la dispersión de nuevos aportes como la tecnología de producción de la cerámica, iniciada unos mil años antes».
15.000 A.P.
Hace 150 siglos (IV)
A continuación, transcribimos lo que sostiene Mario Cosens.
«Las primeras 120 generaciones de los habitantes del Uruguay vivieron en ese ambiente de gélidos vientos, tímidos veranos, macro fauna hoy extinguida y con escasas probabilidades de encontrarse con sus vecinos. Los núcleos familiares parecen ser las unidades básicas de asentamiento y desplazamiento, y debieron mantener similares pautas de conducta entre ellas con análogo relacionamiento social y utilaje tecnológico. Tal como ocurrió con aquellos otros conquistadores, que decenas de miles de años antes habían iniciado su ingreso a América, desde un también helado y remoto norte.»
«Período de 12.000 a 9.000 A.P.
El clima se volvió luego progresivamente más seco y la temperatura se fue elevando. El nivel de las aguas oceánicas que había realizado un rápido ascenso alrededor del 13.000 A.P. (que sobrepasó los actuales niveles de las costas), desciende ahora en forma progresiva hasta alcanzar cincuenta metros menos que los actuales. (...) La Vegetación en el norte se expande gradualmente desde los angostos valles surcados por limitadas corrientes de agua del período anterior, hacia las praderas vecinas y luego hacia lo alto de la sierras.»
«Período de 9.000 a 6.000 A.P.
(...) La gran diferencia con el período anterior se halla en la rigurosa sequedad ambiente y el progresivo aumento de la temperatura, a valores que son incluso más elevados que los actuales. (...) Solo en las costas del Río Uruguay y de sus principales afluentes se salvaguardan árboles junto a los residuos de una reducida vegetación. En el final de este período surgen las especies arbóreas que culminarán en las próximas florestas, compuestas por coníferas y especies semi-perennes y con hojas siempre verdes.
La vida animal se amontona primariamente en esos limitados refugios verdes. Las más de cien generaciones de colonos que soportaron ese período recibieron probablemente los aportes de nuevos inmigrantes, mientras se producía la renovación de la fauna y un retroceso en las especies de la flora. Uno de los costos reconocibles de tan drásticos cambios, es la total extinción de la mega fauna.»
15.000 A.P.
Hace 150 siglos (III)
Transcribimos ahora trozos de «El pasado extraviado», que brindan un panorama sobre las características del territorio sanducero en diferentes períodos de la prehistoria:
«Período de 15.000 a 12.000 A.P.».
«Aproximadamente hace unos 80.000 años A.P. (antes del presente) el nivel de las aguas oceánicas que se hallaba entonces entre 8 a 12 metros por encima del actual, comenzó a descender en lo que se conoce como la última regresión del Pleistoceno».
«En los momentos que ingresaron los primeros colonizadores a este territorio, las aguas estaban entre 130 a 150 metros por debajo de la actual línea de costas, lo cual implica que nuestras actuales playas oceánicas se hallaban a más de 120 kilómetros afuera de su actual ubicación».
«El Cabo Santa María, donde se ubica hoy la ciudad de Punta del Este, surgía como una importante elevación dentro de una vasta llanura. El río Uruguay, con volúmenes limitados de aguas, caracoleaba entonces dentro de un valle treinta metros más profundo que la llanura que lo circundaba, en la cual se destacaban las bases basálticas de las actuales islas. No existía el Río de la Plata: el río Uruguay continuaba su recorrido hacia el océano, muy próximo al contorno de la costa uruguaya actual. Frente al hoy puerto de La Paloma, su cauce viraba hacia el este para desembocar en el Atlántico posiblemente a través de un reducido delta».
«El río Paraná, frente a la actual costa de Argentina, tenía similar comportamiento al río Uruguay. Sería en ese entonces sencillo, luego de cruzar el angosto Uruguay frente a lo que es hoy Montevideo, caminar sobre la llanura y alcanzar el área donde se asienta la actual Buenos Aires, atravesando un reducido Paraná. Una caminata que no debe haber sido ningún obstáculo para la fauna de aquel entonces».
«Las temperaturas eran bastante más frías y más húmedas que las de hoy. Ello permitía que en los altos de la Cuchilla de Haedo y de nuestras principales elevaciones, se acumulara nieve casi permanente en el invierno».
«La vegetación correspondía a la de un semidesierto, con pocas especies arbóreas, compuesta principalmente por Nothofagus».
15.000 A.P.
Hace 150 siglos (II)
El autor uruguayo Mario Cosens prosigue su introducción expresando: «El abrumador capítulo de las cambiantes condiciones geográficas, climáticas, ambientales y ecológicas que afrontaron quienes habitaron este territorio durante el extenso período de la prehistoria tiene aún intervalos que no conocemos en detalle. No sabemos la extensión total y las repercusiones de todos los episodios ocurridos. Como tampoco somos capaces de explicar todos los cambios de relieve que eventos climáticos posteriores, produjeron sobre los previos». (...)
«El grave desacierto de imaginar que la prehistoria se desarrolló dentro de un ambiente similar a nuestro entorno actual, permitió establecer falsas analogías e imposibles propuestas acerca de los humanos que en ellos vivieron, que alcanzan incluso los muy recientes momentos de la conquista y de la colonización europea. Una rápida lectura del viaje de Larrañaga desde Montevideo a Paysandú realizado en 1815, nos revela que en esa época relativamente próxima, existía un entorno ambiental tan distinto al actual, que pese a la precisión de sus informaciones, nos resulta difícil reconocer algunos parajes geográficos».
«Por ejemplo, la desertización en el noroeste, la cual transcurrió con episodios de variada intensidad hasta ocho mil años atrás, estuvo precedida de significativa elevación de la temperatura, reducción de humedad y disminución drástica de la lluvia. Los vientos debieron aumentar su intensidad en razón del aumento de las variaciones por mayores diferencias térmicas con las áreas cercanas, debiendo aumentar drásticamente la evaporación. Las menguadas y exiguas gramíneas que persistían en ese ambiente desértico, modificaron su cubierta al envolver sus tallos con lignita, o protegiéndose con una impermeable corteza de cera para evitar la migración de los reducidos fluidos obtenidos, hacia el medio ambiente».
15.000 A.P.
Hace 150 siglos (I)
Resulta difícil imaginar que el territorio sanducero fuese un semi desierto, frío y húmedo, con nieve casi permanente en la Cuchilla de Haedo y un río Uruguay que, con muy poca agua, «caracoleaba» en un valle treinta metros más profundo que la llanura que lo circundaba. Tal sería el panorama que encontraron los primeros seres humanos que llegaron a territorio sanducero, hace ya unos 15.000 años A.P. (Antes del Presente).
En la introducción de su obra «El pasado extraviado», el licenciado en Ciencias Antropológicas Mario Cosens sostiene lo que transcribimos a continuación.
«Uno de los mayores desatinos que impiden la correcta comprensión de nuestra prehistoria es la ingenua y distorsionante suposición de que el medio ambiente del territorio de Uruguay era en los últimos 15.000 años casi igual que el de la actualidad. O sea, se ha supuesto que el escenario fue el mismo a lo largo de decenas de siglos.
Esta irreflexiva percepción de grupos humanos que son capaces de cambiar cultura, demografía, subsistencia, tecnología, creencias, formas de hábitat y de sociedad, mientras que el ambiente que los rodeaba permanecía estático, ha permitido que algunos ingenuos y otros desinformados construyeran sus propias imaginadas y peculiares prehistorias. Suponiendo cómo, dentro de ella, se habrían comportado los indígenas. Para lograr ese pasmoso artificio, les fue suficiente a estos autores -tal como indicáramos- imaginarse a sí mismos desnudos y privados de las comodidades de nuestro parque tecnológico, mientras suponían que así recorrían a pie las cuchillas y los médanos de nuestro territorio. Nada más equívoco. Nada más falso. Y pocas afirmaciones resultan ser más patéticas. Si hay algo que genera en los arqueólogos respeto y muchas veces asombro, es la capacidad de los aborígenes para desenvolverse en entornos ecológicos y climáticos en los cuales nosotros -aún con toda nuestra tecnología- nos sería muy difícil, o altamente problemático sobrevivir.»
1811
La primera defensa (V)
Culmina la descripción del Padre Vidal de aquella heroica gesta patriótica del 30 de agosto de 1811 con esta dramática escena:
«Junto al cadáver de un caballo, que le apretaba una pierna, vio el sacerdote el cuerpo de un soldado que jadeaba, oprimiendo aun en su mano derecha una carabina; acudió presuroso a su lado y por entre las guedejas de la lacia melena que le cubría el rostro, reconoció a una mujer».
—»¡Si es la China María! -exclamó lleno de asombro. María -prosiguió, tratando de librarla del peso del caballo. ¿Estás herida?»
«Pero sus mismos ojos le dieron la respuesta, viendo que se desangraba por una ancha herida del cuello; la atendió como pudo, y después de absolverla le preguntó:»
—»¿Cómo es eso? ¿Cómo estás tú aquí?»
«Y ella, luchando con los últimos estertores contestó con un hilo de voz:»
—»Mi hombre... está... lejos.. con los patriotas... Yo... ocupé su lugar».
«Y era cierto: José Abiaré, su marido, estaba incorporado a una partida de patriotas; ella, la ‘China María‘, como la llamaban, había dado su vida por la Patria, combatiendo a par de los hombres en la defensa del Pueblo».
«Los portugueses quedaron dueños del terreno; de los cincuenta defensores, dieciocho yacían sin vida, entre ellos Bicudo, Redruello, Ramírez, la China María... Otros trataban de restañar sus heridas, más o menos graves, y los más miraban tristemente sus carabinas destrozadas y sin munición, sus lanzas y sables partidos y su impotencia para seguir la lucha».
«Pero todos acababan de escribir una página gloriosa en la historia del Pueblo; la primera de una serie que había de conquistar para Paysandú el sobrenombre de Heroica».
1811
La primera defensa (IV)
En su relato «Uno contra cuatro» de «Estampas Sanduceras», el presbítero Baldomero M. Vidal describe luego escenas registradas al finalizar la lucha de patriotas y portugueses por el pueblo de Paysandú:
«Don Silverio Antonio Martínez, que con riesgo de su vida trataba de socorrer y absolver a los que caían gravemente heridos, vio caer a su amigo Bicudo con un balazo en el pecho; corrió a sostenerlo en sus brazos y, después de absolverle, dejándole aún con vida, acudió a José Mariano Ramírez, hermano del futuro caudillo entrerriano, que allí cerca se desangraba por un profundo lanzazo recibido. Mientras absolvía a este otro valiente, oye a sus espaldas a un portugués que exclama satisfecho:»
—»¡Tú ya no volverás a darnos fastidio!»
«Se vuelve apresurado y ve a un cabo lusitano llamado Padilla, que con la daga ensangrentada en la mano, contemplaba el cadáver de Bicudo, a quien acababa de degollar. Indignado, el sacerdote, al ver acto de inútil crueldad, increpó a su autor diciéndole:»
—»¿Porqué hace eso con un hombre herido? ¿No tiene vergüenza?»
—»Es que éste nos había hecho mucho fuego -contestó el portugués, satisfecho de haber así acabado para siempre con aquel enemigo».
«Y siguió el celoso Párroco asistiendo a todos los que aún alentaban entre los heridos».
1811
La primera defensa (III)
Comienza el combate, según describe Baldomero Vidal en su trabajo sobre la «Defensa» de 1811:
«Apareció en la cuchilla, cautelosamente, la fuerza de Bentos Manuel, y, al tenerlos a tiro, los emboscados defensores hicieron una descarga cerrada, que causó a los lusitanos algunas bajas y produjo en ellos cierta confusión que aprovecharon los patriotas para retirarse rápidamente a la plaza y ocupar sus puestos de defensa».
«Reorganizados los portugueses y dándose cuenta de su superioridad numérica, se detuvieron a corta distancia y mandaron un furriel en actitud de parlamento, para que propusiera a Bicudo la rendición; donde no, «harían fuego contra ellos conforme a las leyes militares».
—»Diga a sus jefes -contestó el valeroso comandante- que dispongo de doscientos hombres para hacerles frente, y que espero su ataque».
— «¿Es su última palabra?»
— «¡La última!»
«Volvió grupas el furriel y entró Bicudo en la plaza para dar las órdenes oportunas a los defensores, cuyo número había exagerado para intimidar a los atacantes. Los cuales, en vista de la categórica manifestación, y acaso con noticias exactas de la escasa guarnición del Pueblo, se dispusieron al ataque».
«Aquello fue un torbellino. Rodearon los portugueses el estrecho recinto de la plaza y lo atacaron por los cuatro costados, mientras los defensores trataban de multiplicarse para hacer frente a los enemigos. Como leones acorralados, defendían bravamente el terreno y sus vidas, vendiéndolas caras. Una hora hacía ya que duraba el encuentro; de los defensores, muchos yacían sin vida, otros heridos, y a los demás les faltaban las municiones; los tiros eran menos frecuentes y la caballería lusitana había irrumpido en la plaza. La lucha había terminado».
1811
La primera defensa (II)
La recreación del sacerdote Vidal continúa en estos términos:
«Y tratan de apercibirse a la defensa».
«— ¿Hay armas en el Pueblo?»
«— Ningunas que sirvan. Ahí quedaron cuatro cañoncitos inservibles, por eso los dejaron. A fuerza de buscar, acaso encontraremos alguna carabina, algunos sables, alguna libra de pólvora».
«— No le hace: nos defenderemos aunque sea con las uñas. ¿Y hombres?».
«— Menos: los de armas tomar han sido ya requisados por los godos, o se han largado por su cuenta para incorporarse con las partidas de la Patria».
«— Pues bien, muchachos: a prepararse que la función ha de ser sonada».
«Y el jefe de aquel puñado de bravos empieza a tomar las providencias del caso: dispone la defensa del Pueblo contra un posible ataque y manda sus avanzadas a las afueras, para espiar los movimientos del enemigo cuando éste se acerque, porque está seguro de que no se hará esperar mucho».
Y así fue, en efecto. No pasaron muchos días cuando anunciaron a Bicudo que «los lusitanos, comandados por Bento Manuel Riveiro habían cruzado el Paso de las Piedras del Queguay, y que serían unos doscientos».
«— Muy buena posición es Paysandú para dejársela a esos portugueses —dijo el valiente jefe—; la defenderemos a toda costa».
«Los espías seguían paso a paso los del portugués, y Bicudo estaba enterado de todos ellos; por eso, lejos de temer una sorpresa, quiso dársela él mismo a los invasores. Contó a su gente: a los treinta que había traído consigo se habían incorporado unos veinte más; disponía pues de cincuenta hombres, la cuarta parte de los que traían los enemigos. Dejó una parte de ellos parapetados en la plaza y salió con los otros, tendiéndoles en guerrilla por las proximidades del arroyito de La Curtiembre».
«Era la mañana del 30 de agosto».
1811
La primera defensa (I)
En su obra «Estampas sanduceras» el Padre Baldomero Vidal realiza una especial reconstrucción de la primera defensa de Paysandú, bajo el título de «Uno contra cuatro». Relata Vidal:
«Hacía seis meses que el Cura de Paysandú, Don Silverio Antonio Martínez, se había visto por última vez con el capitán Francisco Bicudo, ahora ya ascendido a teniente coronel de Blandengues: desde la célebre y fracasada conferencia de Casa Blanca, el 11 de febrero de 1811».
«Desde su casa parroquial, había seguido con ansia y con interés las hazañas con que los patriotas iban inmortalizando el sueño de la Patria».
«¡El Colla, San José, Las Piedras, la Colonia, el sitio de Montevideo!»
«Paysandú soportaba la presencia de sus opresores: españoles, comandados por el vecino coronel Don Benito Chain; portugueses a cuyo frente esta el furriel de Milicias, Bentos Manuel Riveiro». «De repente, corre por el esquilmado Pueblo la noticia de que Bicudo, con una partida de patriotas, ha pasado el Río Negro y se dirige sobre Paysandú. ¿Serán muchos? Por las dudas, Chain se retira con sus hombres a sus dominios de San Javier; Riveiro, con los suyos sale hacia el Norte, en busca de gente con que reforzar la escasa guarnición».
«Bicudo, desde el Pantanoso, se entera de que el Pueblo ha sido abandonado por sus defensores, y entra en él con sus treinta paisanos: ¡era toda su fuerza!»
«—¡Bienvenidos seáis los redentores de la Patria!-exclama el patriota Párroco, saliéndoles al encuentro. Y quiere oír de boca de su amigo el relato de las batallas realizadas hasta entonces, cuyos borrosos ecos sólo han llegado hasta él».
«—También está con nosotros el capitán Redruello -añade Bicudo, haciendo adelantar al nombrado para que estreche la mano de Don Silverio. Eran viejos amigos: cuando Redruello estaba al frente de la fuerza que defendía el pueblo de Belén, el Cura Martínez le había puesto al corriente del grito de libertad dado por los patriotas en Asencio».
«—Pero tomemos precauciones; esos portugueses no me gustan nada; han de volver, de fijo».
—Si - subraya el Cura; —ese Riveiro tiene mala entraña. Ha ido a buscar refuerzos».
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (IV)
El historiador argentino Tavani Pérez Colmán prosigue aportando información sobre los comienzos revolucionarios de Francisco Ramírez y su presencia en territorio uruguayo a raíz de su participación en la «Conjura de Casa Blanca». Expresa al respecto:
«Como puede apreciarse, la versión dada por Benigno T. Martínez sobre la participación de Ramírez en la reunión de Casas Blancas el 11 de febrero de 1811 y la que aporta Ariosto Fernández son contradictorias entre sí y se contraponen a la vez con una tercera versión existente, mencionando esta última la presencia de Ramírez en compañía de su hermanastro Ricardo López Jordán en el acto de pronunciarse la revolución entrerriana el día 12 de febrero de 1811».
«La primera versión, relativa a las actividades de Ramírez como enlace entre los revolucionarios de Arroyo de la China y los jefes patriotas que estaban en la Bajada del Paraná, no se contradice con el testimonio del general José Rondeau de que Ramírez colaboró, dada su adhesión al movimiento revolucionario independentista, a oficiar de contacto entre él y Miguel Díaz Vélez, actividad que habría realizado repetidas veces en forma semanal a fines del año 1810 hasta los primeros días de 1811».
«Conforme a la documentación consultada por A. Fernández este ponía el acento en la imposibilidad de que Ramírez pudiera haber estado en la reunión de Casas Blancas y en su apresamiento en esas circunstancias el 11 de febrero de 1811, y al día siguiente estar presente en el pronunciamiento entrerriano que protagonizó Ricardo López Jordán, a lo que se agregaba que el capitán Jorge Pacheco, sindicado entre los conspiradores arrestados en Casas Blancas nunca figuró como prisionero en 1811 en la ciudad de Montevideo».
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (III)
El Capítulo VII de «Ramírez y Artigas - Una nueva interpretación» prosigue, describiendo las consecuencias de la frustrada reunión de Casa Blanca, en territorio sanducero, en la que participó «Pancho» Ramírez. Escribe el historiador Oscar R. Tavani Pérez Colmán:
«Por encontrarse en esa reunión, con ellos fue aprehendido Ramírez que, junto con sus compañeros fue sometido a rigurosa prisión, más tarde conducido a Montevideo y encerrado conjuntamente con los otros conspiradores en los calabozos de Las Bóvedas. En estos debió perder la vida, «si al sentirse presa de una afección pulmonar, no lo hubiese arriesgado todo, jugándose entre mil peligros». Esta versión fue suministrada por un hermano de Francisco Ramírez al historiador Don Benigno Tejeiro Martínez, quien se inclinaba a creer más bien en la hipótesis de que el futuro caudillo entrerriano fue beneficiado en el canje de prisioneros establecido en el convenio verificado entre el vVirrey Elío y el Primer Triunvirato mediante los oficios del contralmirante inglés Courcy, de la estación naval británica en los mares del Sur, ratificado el 21 de octubre de 1811.
Pero existe otra versión acerca de las actividades de Francisco Ramírez, suministrada en este caso por el historiador oriental Ariosto Fernández, quien sostenía que «el entrerriano revistaba en la nómina de 47 milicianos de Arroyo de la China que acompañaron, el 20 de marzo de 1811, al teniente coronel don José de Urquiza, que era decidido partidario del rey español, para reforzar la defensa de Montevideo contra las tropas revolucionarias. Afirma el citado historiador que Ramírez permaneció en las filas realistas hasta la caída de la plaza de Montevideo».
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (II)
El historiador Tavani Pérez Colmán prosigue su obra expresando:
«Siendo oficial a las órdenes de Michelena, José Rondeau con el sigilo del caso se vinculó a jóvenes entrerrianos partidarios de la independencia de España pertenecientes a familias conocidas de Arroyo de la China y en compañía de los mismos comenzó a conspirar contra las autoridades realistas. Entre ellos figuraron desde el primer instante Francisco Ramírez, Ricardo López Jordán, Manuel Antonio y Agustín Urdinarrain, Miguel Jerónimo Galarza, Mariano Calventos, Gregorio Píriz y Marcos López Jordán».
«Algunos autores han asentado que cuando Michelena abandonó Entre Ríos ante el avance de las milicias gauchas de Bartolomé Zapata, al desalojar Concepción del Uruguay se dirigió hacia Paysandú, ciudad a la que llegó el 11 de febrero en momentos en que era descubierto un grupo de conspiradores orientales que estaba reunido en Casas Blancas. Entre estos se hallaban el cura Martínez, Francisco Ramírez, Francisco Bicudo, José Arbide y Saturnino del Cerro».
«Después de una breve lucha, Michelena aprehendió a todos los conspiradores, salvo Bicudo que logró huir y Saturnino del Cerro que se ahogó en el río a consecuencia de la gravedad de las heridas sufridas al intentar escapar de la partida española».
«Los demás prisioneros fueron embarcados en la escuadrilla española. El cura Martínez y Arbide fueron enviados a Montevideo, donde se los alojó en los calabozos de Las Bóvedas».
1811
Los comienzos de Francisco Ramírez (I)
En su obra de reciente aparición «Ramírez y Artigas-Una nueva interpretación», el historiador Oscar R. Tavani Pérez Colmán reseña algunas actividades del caudillo entrerriano registradas en Paysandú y en el territorio nacional. En el capítulo VII «Inicios de Francisco Ramírez», expresa textualmente:
«Los hechos relatados precedentemente son expresivos de las circunstancias difíciles y confusas por las que atravesaba la población de Entre Ríos, colocada por la fuerza de los acontecimientos en un lugar de importancia en el protagonismo de los primeros momentos posteriores al pronunciamiento revolucionario de mayo. Surge de la documentación existente la actividad desplegada por los patriotas entrerrianos, por un lado eficientes informantes y confidentes de los jefes militares enviados por Buenos Aires, instigadores y colaboradores de los elementos militares al servicio de España que estaban prontos a desertar, y por otro lado valientes y decididos milicianos organizados en partidas que se desplegaban en guerra de guerrillas».
«En ese ambiente tumultuoso había actuado Francisco Ramírez, según una versión generalizada que afirmaba que en 1810 no era «chasquero» de los patriotas sino un importante auxiliar del doctor José Miguel Diaz Vélez, portando pliegos que le daba el capitán José Rondeau para ser entregados al General Belgrano, entonces en Paraná preparando su expedición al Paraguay».
«El desempeño de esa actividad ha sido dada a conocer por el mismo General Rondeau, quien se hallaba en Concepción del Uruguay cuando las fuerzas locales iniciaron su marcha hacia la Bajada en diciembre de 1810, momento en el que se vinculó con el Dr. Díaz Vélez para proyectar el plan de insurrección, para lo cual mantuvo con este una nutrida correspondencia mediante los servicios prestados por Francisco Ramírez. El futuro caudillo entrerriano habría recorrido a tal fin casi semanalmente, el camino que une Concepción del Uruguay con Paraná portando correspondencia y documentación atinente a los proyectos revolucionarios de aquellos jefes, actividad que se prolongó en el tiempo hasta que Martín Rodríguez estuvo próximo a llegar a la Bajada al comando de una fuerza de 600 a 700 hombres».
1814
Entrevista con Artigas (III)
El escocés Robertson, que fue recibido por Artigas en 1814 en Purificación, finaliza su relato.
«Habló conmigo alegremente acerca de sus apartamentos oficiales, y como mis corvas y mis piernas no estaban acostumbradas a ponerse en cuclillas, me pidió que me sentara en el canto de un catre de cuero que estaba en el rincón del cuarto y que hizo acercar al fuego. Sin mayores preámbulos, puso en mis manos su propio cuchillo con un pesado de carne de vaca bien asada. Me pidió que comiera, me hizo beber y por último me dio un cigarro.»
«Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada de un gaucho, y antes que hubieran transcurrido cinco minutos, ya el General Artigas estaba nuevamente dictando a sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios al mismo tiempo que me presentaba excusas por lo que había ocurrido en la Bajada y condenaba a sus autores y me decía de recibir las justas quejas del Capitán Percy, había dado órdenes para que me pusieran en libertad.»
«Era aquel un ámbiente en que simultáneamente se conversaba, se escribía, se comía, se bebía, en razón de que no había cuartos distintos para realizar separadamente cada tarea.»
«El trabajo del Protector se prolongaba desde la mañana hasta la noche, lo mismo que su comida, porque así que un correo llegaba era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego donde estaba el asador con la carne, otro tomaba su sitio.»
1814
Entrevista con Artigas (I)
John Parish Robertson fue un aventurero y escritor escocés que, junto a su hermano William, pasó más de 20 años en tierras sudamericanas; convivió con los artiguistas y dejó relatos de mucho interés histórico sobre sus experiencias.
Llegó a Montevideo durante las invasiones inglesas de 1806 - 1807 atraído por la promesa de rápido enriquecimiento. Asistió a la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires y trató de cerca a sus principales líderes. En 1811 se radicó en Paraguay y en 1813 se reunió con él su hermano William.
En 1814 ambos realizaron un largo y arriesgado viaje por el Litoral, con objetivos comerciales y políticos, ya que llevaban una comisión de Gaspar Rodríguez de Francia y fueron capturados por los artiguistas de Eusebio Hereñú, que los trataron muy mal y les quitaron todo lo que llevaban.
John, pese a su mala opinión sobre Artigas y su gente, pidió una entrevista con el caudillo y marchó a Purificación. Artigas lo rercibió con gran cordialidad, lo que cambió los esquemas del escocés y lo llevó a considerar al caudillo y su causa con mayor simpatía.
A raíz de incidentes derivados de esta relación con el artiguismo, John y William cayeron en desgracia con Rodríguez de Francia, que los expulsó de Paraguay. En los años que John pasó en Corrientes, Santa Fé, Entre Ríos y la Banda Oriental trató a destacados líderes artiguistas como Andresito Guacurarí o su compatriota Peter Campbell.
Publicó «Cartas del Paraguay» (dos tomos, en 1838), «Francia, Reino del Terror» (1839) y «Cartas de Sud América» (tres tomos, en 1843) considerada una de las más notables descripciones sobre la zona platense y el Paraguay de aquella época.
1818
Hábil retirada de Rivera
Numerosos enfrentamientos tuvo el General Fructuoso Rivera en 1818 en territorio de Paysandú. Fueron varios encuentros con las fuerzas portuguesas culminando con una retirada que comenzó en el arroyo Rabón y que es considerada una prueba de su habilidad estratégica.
El 21 de mayo de 1818 Rivera desbarató en Guaviyú una tropa del general portugués Curado quitándole más de tres mil caballos. El 14 de junio siguiente sostuvo con la gente de Bentos Manuel Ribeiro dos encuentros consecutivos en Chapicuy. Obligado a retirarse en el primero, cargó después contra su adversario con tal ímpetu que los forzó a retirarse al Sur en completo desorden, dejando en el campo gran parte de sus soldados muertos o prisioneros.
El 4 de julio Rivera derrotó completamente en el Queguay Chico al ejército de Bentos Ribeiro, liberando a los prisioneros que momentos antes el nombrado general lusitano le había hecho a Artigas y arrebatándole el botín de guerra que había tomado en aquella victoria.
El general Rivera -alentado por estos triunfos- quiso atacar al ejército de Curado apostado en el Rabón, esperando quizás darle una de sus acostumbradas sorpresas. Al encontrarse Rivera inesperadamente en Puntas del Rabón, ante un ejército muy superior al suyo y mejor armado, emprendió la retirada que lo hizo célebre, llamando poderosamente la atención de los estrategas más destacados.
Curado, deseoso de vengar las derrotas anteriores y de terminar con el arrojado defensor empezó con furia la persecución aunque temiendo alguna celada. La persecución duró diez horas y se prolongó por unos sesenta kilómetros. Rivera dirigió con tanto acierto la acción que en toda ella sólo tuvo doce bajas, salvando todo su parque.
1820
Primera maestra particular
La primera maestra particular que tuvo la Villa de Paysandú se considera que fue doña Bernarda Galeano quien en 1820, tenía su escuelita instalada en un modesto rancho en la calle Montevideo y 8 de Octubre (hoy Leandro Gómez).
El historiador sanducero Alfredo Pignat afirmaba que Doña Cayetana Ferreyra de Vázquez, antigua vecina e hija de la ciudad fallecida a los 102 años de edad, recordaba que ella recibió en dicha escuela las primeras nociones del saber conjuntamente con otras niñas de la época, entre ellas la señora Ana Payrot de Lanata, destacada dama que fuera tronco de hogares en Paysandú y Montevideo.
En 1933, el µlbum de «El Diario» sostenía que «el nombre de doña Bernarda Galeano, como primera educadora de la Villa de Paysandú merece la perpetuación en el bronce o en una sencilla placa de nomenclatura urbana, arrancando así del olvido el nombre de quien supo arar hondo en el corazón de la infancia de 1820 para que la justicia histórica rinda su tributo reparador, reivindicando su excelsa memoria a la gratitud de las actuales y futuras generaciones».
1820
El primer Juez Real (II)
El primer Juez Real sanducero, Juan de la Cruz Monzón se destacó por su enconada persecución a los malhechores, fiscalización de los ganados reyunos y el proyecto para fijar límites a la zona de Paysandú, compartido con el comandante Núñez Prates.
Le correspondió también el primer censo de pulperías y el cuadro inicial de gastos e ingresos de la administración del pueblo de Paysandú.
Al cumplirse el primer año de su alcaldía, Monzón renunció exponiendo los sacrificios que imponía el ejercicio del cargo y el detrimento de sus propios intereses.
Tras haberse mostrado partidario de los imperiales, en 1825 se distancia de aquellos. Entra a pelear con Lavalleja. Se arrepiente en 1827 y deserta del ejército. Alvear ordena la muerte por quintas de los desertores. Ya en capilla, es salvado del fusilamiento por el coronel Simón del Pino, uno de los Treinta y Tres.
Al entrar la nación en la era constitucional, fue Juez de la Segunda Sección en 1834. Luego retornó a las tareas rurales y en 1835 compró al gobierno un extenso predio limitado por el río Queguay, arroyo Soto y Sauce y la cuchilla que divide aguas al arroyo Soto, Sauce y Campamento.
Amigo del general Fructuoso Rivera, no pudo escapar al enrolamiento, actuando con sus hijos mayores en los comienzos de la Guerra Grande.
Juan de la Cruz Monzón, primer Juez Real, Alcalde de Paysandú falleció en ésta el 27 de julio de 1841, según lo establece Augusto Schulkin en su «Diccionario Biográfico».
1820
El primer Juez Real (I)
Don Juan de la Cruz Monzón fue el primer Juez Real de Paysandú.
Nació en 1783 en la Villa de Concepción del Uruguay, siendo hijo de Juan Monzón y Francisca Tapia, matrimonio que se radicó en la Banda Oriental a fines del siglo XVIII.
Tanto Monzón como sus padres figuran entre las 25 familias que fundaron en 1800 el pueblo de Belén.
Sostiene Schulkin que tras abandonar aquel poblado ante el desamparo de la zona y las frecuentes rapiñas de los indios, se instaló en la campaña sanducera concretando sus actividades en su estancia del Queguay, habiendo incursionado también en la instalación de una pulpería y en la exportación de corambre.
El 7 de octubre de 1820 fue electo Juez Real en comicios en los que fueron candidatos los vecinos Bernabé Rivera, Faustino Tejera, Tomás Paredes, Joaquín Núñez Prates, Pedro Marote, Camilo Vidal, Domingo Fraga, Fausto Alemán y el propio Monzón que se adjudicó el cargo con un total de 59 votos.
Desde su flamante puesto, con atribuciones de alcalde, debió imponer la justicia y el respeto a la Ley de acuerdo con el comandante de milicias Núñez Prates. A esos efectos dispuso la creación del primer Cuerpo de Guardias de Paysandú, destinado a velar por el vecindario y el resguardo de la «poca libertad que tienen por verse de continuo agredidos», según establece un documento firmado por Monzón y Núñez en Paysandú el 9 de junio de 1821.
1825
Un sanducero fabulista
Don Severo González fue considerado un auténtico fabulista criollo. Nacido en 1835 en Don Esteban, en ese entonces departamento de Paysandú. Fue soldado del ejército sitiador en 1864; se había incorporado a las filas del general Venancio Flores siguiendo la tradición familiar ya que su padre, de origen lusitano, había servido a las órdenes de Rivera. Pasados los acontecimientos bélicos, sostiene Schulkin, González junto a su esposa Claudia Segovia, se dedicaron a las tareas rurales en la estancia «El Arbolito».
En aquel medio áspero, solitario y carente de diversiones, Severo González, en cierto modo patriarca lugareño, comenzó a animar las tertulias con cuentos y fábulas de su cosecha en los que se magnificaban los aspectos más peliagudos.
Por tradición oral se le atribuían un centenar de relatos con una formidable unidad temática basada en el desarrollo de hechos fantásticos e inverosímiles. El escenario era la propia región con sus cauces acuáticos, arenas movedizas, cerros, cuchillas y bajíos así como la fauna doméstica y silvestre que completaban el pintoresco ambiente gauchesco.
A comienzos del siglo XX Alcides de María valoró los cuentos de don Severo González e incluyó varios en las columnas de su revista «El Fogón».
En 1903 el narrador liquidó sus haberes en «El Arbolito» y se radicó en Colonia Porvenir, donde falleció el 21 de diciembre de 1921.
1833
"Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú"
Continuando el relato de su viaje de Paysandú a Salto por el Río Uruguay, en octubre de 1833, escribe Arsenio Isabelle: «El viento era siempre sud, pero débil; al principio bogamos muy lentamente y tan cerca de los árboles que las ramas obstruían las maniobras. Más tarde, comenzó a soplar el viento; alcanzamos muy pronto la antigua aldea de San José, arruinada por los portugueses durante la ocupación de la Banda Oriental, y después la Calera de Barquin, sobre la orilla de Entre Ríos, casi frente a San José. ( ...)
El 22 había viento en contra; el tiempo era hermoso pero sumamente cálido y algo tempestuoso. Descendimos a tierra, en número de cinco, con todas nuestras armas, porque debíamos temer no sólo el encuentro con los jaguares, sino también el de alguna partida de gauchos vagabundos, como las había a menudo en esa época; felizmente, esta precaución fue inútil. ( ...)
El 23 volvió a hacer buen tiempo y una pequeña brisa del sud nos impulsó todo el día. Pasamos ante el Hervidero, estancia y horno de cal, a ocho leguas de Salto, hacia el sur, en un lugar en que el río, muy encajonado y de rápida corriente, no tiene más de sesenta a setenta toesas (60 a 70 metros) de ancho. Parece que la cal hecha en el lugar es de bastante buena calidad.
Una milla más lejos pasamos ante la confluencia del Daymán, río de cuarto órden que desciende del este, en cuyo lecho se encuentran magníficas cristalizaciones de cuarzo hialino, de diversos colores. ( ...)
Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú. Está situada sobre una altura aislada que forma una península en la época de las inundaciones del Uruguay.»
1833
"Paysandú vista desde el nord-oeste es menos desagradable"
En su «Viaje a Argentina, Uruguay y Brasil», el francés Arsenio Isabelle sobre su pasaje por Paysandú en 1833, relata lo siguiente:
«He admirado en casa de don Tomás Greig, administrador del correo, hermosísimas cristalizaciones de cuarzo-hialino, blancas y violetas, aportadas del interior de la Banda Oriental. Al ver la corteza exterior de esas pequeñas masas geodésicas no se supondría, verdaderamente, que puedan encerrar cristales tan hermosos: es negruzca, sin brillo y nudosa y es necesario romper esos bloques más o menos grandes para lograr descubrir su contenido.
El 20 de octubre volvimos a reembarcarnos en otra balandra, de unas cincuentas toneladas. Nos hicimos a la vela a las ocho y media de la mañana, con viento sud y buen tiempo. Una goleta brasileña levó el ancla poco después, con el mismo destino que nosotros: Salto».
«Paysandú, vista desde el nord-oeste es menos desagradable que desde el sud-oeste o fondeadero, porque las casas parecen estar más unidas».
«Hacia el fin del día, cesó el viento; amarramos la balandra a unos sauces, sobre la costa de Entre Ríos, a unas diez leguas de Sandú, en un paraje muy arenoso».
«El 21 el tiempo era bueno, pero calmo, y descendimos a tierra para cazar. Después de haber atravesado bancos de arena llegamos a largas lagunas, o estanques, cuyos bordes estaban cubiertos de zancudas y palmípedos, pero tan salvajes que sus numerosas bandadas volaban fuera de tiro. Fue necesario proceder astutamente para acercarnos. Cuando ya habíamos recurrido a nuestras estratagemas de cazadores para sorprender a los avestruces, garzas y patos, el patrón de la balandra nos hizo señales de que nos volviéramos. Sentimos cierto despecho porque el ardor nos había llevado a internarnos bastante y teníamos la esperanza de encontrar algunas buenas especies de pájaros; debimos contentarnos con los patos y palomas que cazamos, a falta de algo mejor».
1833
El Paysandú de los picaflores (II)
El viajero francés Arsenio Isabelle quedó sorprendido por la cantidad de picaflores que habitaban la zona de Paysandú. Refiriéndose a estas avecillas afirma en su relato:
«El verde-dorado era tan común que matamos ciento veinte en pocos días y sin alejarnos mucho de nuestra morada».
«La sorpresa de los guaraníes y aún de los gauchos era muy grande, al vernos matar a cuarenta o cincuenta pasos un pájaro tan pequeño que no parecía, a veces, mayor que un abejorro en la corola infundibuliforme de un convólvulo. No había nada tan agradable como ver a esos magníficos pájaros-moscas, de reflejos metálicos, deteniéndose repentinamente en mitad del vuelo más rápido, como suspendidos e inmóviles ante una flor, batiendo sus alas con inexpresable rapidez, sumergiendo en el cáliz su pequeña lengua semejante a la trompa de una mariposa y manteniendo el cuerpo erguido, como si estuviera suspendido por el pico. La viveza de su aleteo y la gran elasticidad de sus alas producían un zumbido sordo que delataba su presencia porque lo corriente era que escaparan a nuestra mirada por su extraordinaria vivacidad. También nos divertimos mucho viéndolos atacar con coraje y encarnizamiento a pájaros cien veces más grandes que ellos que se aproximaban casualmente a sus nidos, sobre todo al innoble ‘carancho’ por el cual demostraban particular predilección...»
1833
El Paysandú de los picaflores (I)
El francés Arsenio Isabelle, en el relato de su estadía en el Paysandú de 1833, da cuenta de sus experiencias con los que llama pájaros-moscas:
«El 3 nos fuimos a cazar a la parte sud-oeste de la ciudad, a lo largo de un arroyo que corría entre árboles, en cuyas orillas había varias fábricas de ladrillos, chacras y un saladero. El 4 nos dirigimos al norte; los días siguientes, a la llanura arenosa y boscosa que se extendía al pie de la colina, de modo que pudiéramos explorar todos los alrededores y descubrir la mayor variedad posible de los pájaros que más nos interesaban; camino adelante, aprovechaba para examinar la composición geológica de los terrenos y hacerme de muestras. Los primeros días nuestra caza nos satisfizo poco, pero de inmediato una súbita crecida del Uruguay, verdaderamente extraordinaria, vino a resarcirnos al obligar a los pájaros a abandonar las islas sumergidas para refugiarse en tierra firme. Nos consolamos así de no poder ir a la estancia de un compatriota, el señor Sacriste, debido a que la inundación abarcó toda la llanura. Al octavo día de caza, volvimos con 60 piezas, de las cuales 42 eran pájaros-moscas de dos especies únicas, que se encuentran en esta localidad: el verde-dorado, muy común, y el amatista-topacio, bastante raro».
«Los pájaros-moscas son llamados por los españoles picaflores y algunas veces tente en el aire. Los guaraníes los llaman mainumbi. Los hay, sedentarios, hasta los 35º de latitud austral, lo que no concuerda con las opiniones de Bufón, quien creía que estos encantadores tenuirostros no podían vivir más que en la zona tórrida y que sólo se alejaban con el sol. Las dos especies que acabo de nombrar se encuentran durante todo el año en Paysandú, en Montevideo y en Buenos Aires».
1833
La importancia del "ferro-carril" (IV)
Finalmente, en el «Album de Paysandú», editado en 1933, se describen los principales servicios que a la sazón brindaba el sistema ferroviario en Paysandú:
«Cuatro días por semana corren trenes directos de ida y vuelta entre Salto y Montevideo, pasando por Paysandú los miércoles y sábados a las 8 y 30 horas, los que se dirigen al Norte, y a las 20 y 30 horas los que van a la metrópoli; y los lunes y jueves pasan a las 13 hs. los que van hacia el Sur y a las 15 los que se dirigen al Norte. Los trenes de los miércoles y sábados son internacionales, pues comunican con el Brasil y Alto Uruguay por Santa Rosa del Cuareim».
«En todos estos trenes hay cómodos coches dormitorios y un bien atendido servicio de restaurante».
«Los lunes, jueves y sábados hay trenes directos a Fray Bentos».
«Además de estos trenes con horario fijo, corren diariamente otros por nuestras líneas férreas, con diversos destinos. La compañía tiene abundante material rodante, que pone al servicio del público cuando es solicitado, especialmente para el transporte de ganado».
«El ferro-carril Midland funciona en nuestro departamento desde el año 1890. El ramal Tres Arboles - Piedra Sola (de 56 kilómetros de recorrido) fue inaugurado en el año 1912».
«Pertenece esta empresa a una compañía particular que tiene su directorio en Londres; pero el gobierno le garantiza un tres y medio por ciento sobre el capital, que está calculado en cinco mil libras por kilómetro de vía».
«Tiene esta empresa ferroviaria en nuestra ciudad su gerencia, con los escritorios correspondientes donde hay muchos empleados sanduceros. También están en el recinto de la estación de Paysandú, la principal de la compañía, los talleres de reparación y refacción de esta empresa, donde trabajan muchos de nuestros obreros. La gerencia está a cargo, desde hace muchos años, del señor Gerard W. Teague, que atiende también las empresas similares del Norte y del Noroeste, establecidas en los departamentos de Salto y Artigas».
1833
La importancia del "ferro-carril" (III)
Sobre el extenso y eficiente sistema ferroviario en territorio sanducero, la publicación especial de «El Diario», de 1933, prosigue describiendo:
«La estación Quebracho da salida a los frutos de las regiones de la cuenca Sur del Guaviyú, desde las Puntas de Buricayupí, Cerro Chato y Cuchilla de San José, hasta el Río Uruguay, sirviéndose del camino de la cuchilla de San José, que es el mejor camino natural del departamento, tanto por no haber arroyos en el trayecto, como por carecer de bañados y de lugares de piedra. La estación Queguay facilita el embarque de los frutos del Norte del Río Queguay, donde se están extendiendo los cultivos agrícolas. Los productos de las regiones del Sur del Queguay, San Francisco y de la cuenca del Arroyo Negro, tienen las estaciones de Constancia, Paysandú, Esperanza, Porvenir y Piedras Coloradas. Por las estaciones de Guichón y de Piñera comunican con el ferro-carril las regiones del Sur del curso medio del Queguay y de entre los dos Queguay, aprovechando de la calzada de Andrés Pérez y del puente del Paso Hondo y de la calzada del Paso del Parque del Queguay Chico, pueden enviar sus productos ganaderos, pues no hay agricultura en aquellos parajes, los habitantes del Norte del Queguay Chico y Sur de las Puntas del Daymán, que son los menos favorecidos de nuestro departamento en materia de comunicaciones ferroviarias. Las regiones del Este del Arroyo Corrales, cuchilla del Arbolito, y Puntas del Queguay, tienen a su alcance las estaciones de Tambores y Piedra Sola del ferro-carril Central, y las de Totoral, Criolla y Tres Arboles, en el ramal Tres Arboles - Piedra Sola».
«Hemos de mencionar un pequeño ramal que tiene el Midland de la estación al puerto, y por el cual las cargas pueden pasar directamente del ferro-carril a los barcos y de estos a aquel».
«El ferro-carril Midland tiene en nuestro departamento los siguientes puentes: Guayabos, S. Francisco, Queguay, Algarrobos, Quebracho, Guaviyú, Chapicuy Grande y Daymán, límite con Salto».
1833
La importancia del "ferro-carril" (II)
El «Album del 33», como se lo conoce, continúa describiendo el sistema ferroviario sanducero de la siguiente manera:
«Demás está hacer resaltar las ventajas que proporcionan a nuestro departamento estas fáciles comunicaciones con el Brasil y con los departamentos del Sur. Tampoco podemos silenciar la utilidad que presta a Paysandú el ramal del Midland, Algorta-Fray Bentos. Por medio de este ramal los estancieros pueden enviar sus ganados a la importante fábrica Liebig’s, establecida en aquella ciudad, y que muchas veces compite en el precio de las carnes con los frigoríficos de Montevideo, y se pone Paysandú en contacto con las ricas regiones fray-bentinas de Las Flores y Young».
«Las estaciones del Midland en nuestro departamento están de tal modo distribuidas, que dan acceso a la vía férrea, con relativa facilidad, a todas las regiones de nuestro territorio. Esta compañía, en su línea principal (Paso de los Toros- Salto) tiene en nuestro departamento las siguientes estaciones: empezando por el Sur: Tres Arboles (en Río Negro a pocos centenares de metros de nuestro departamento), Merinos, Capilla del Carmen, Piñera, Guichón,. Guayabos, Algorta, (en Río Negro, empalme con Fray Bentos), Pandule, Piedras Coloradas, Kilómetro 171 (Etchemendy) Porvenir, Esperanza, Paysandú, Constancia, Queguay, Quebracho, Guaviyú, Rivas, Chapicuy y Daymán. En el ramal Tres Arboles, Piedra Sola: Totoral, Criolla y Gloria».
«Las regiones del Norte del Guaviyú y Costas del Daymán, tienen comunicación con el ferro-carril por las estaciones Daymán, Chapicuy y Rivas».
1833
La importancia del "ferro-carril" (I)
El sistema ferroviario fue factor trascendente en el progreso de Paysandú hasta superar ampliamente la primera mitad del siglo XX. La importancia de dicho medio de comunicación y transporte queda refrendada en el «Album de Paysandú», editado por el periódico sanducero «El Diario» en 1933. Sobre este aspecto, al describir el panorama general del departamento, la publicación sostiene textualmente:
«Vía férrea. Paysandú es el departamento de la república que cuenta con mayor número de kilómetros de vías férreas (346 kilómetros en total); y si bien es uno de los más extensos, las vías férreas están dispuestas en tal forma que todos los puntos del territorio tienen fácil acceso a las múltiples estaciones ferroviarias existentes en él».
«El ferro-carril Midland recorre todo el Sur del departamento, de Este a Oeste. De la estación Piedra Sola, que aunque en territorio de Río Negro, está en el límite sureste del nuestro, corre una línea férrea directa a la ciudad de Paysandú, que está en el extremo Suroeste. De esta ciudad el mismo ferro-carril se dirige al Norte, a poca distancia del Río Uruguay, en dirección al Salto, recorriendo así todo el Oeste de nuestro territorio. Y el ferro-carril Central, en su recorrido a Rivera pasa por el Este, donde tiene la importante estación Tambores».
«Estos ferro-carriles ponen a Paysandú en comunicación, por una parte con Montevideo y los departamentos del Sur, Río Negro, Durazno, Florida, Flores (por el ramal Durazno-Trinidad), Canelones y Montevideo».
«Por el Norte, el Central nos une con Rivera y el Brasil, llevándonos hasta Río de Janeiro, y el Midland, que empalma en Salto con el ferro-carril del Norte, nos comunica con este último departamento y con Artigas, y por medio del puente tendido sobre el Cuareim, en Santa Rosa, por donde pasan los trenes internacionales, nos pone en comunicación con el alto Uruguay y con las ricas regiones brasileñas que atraviesan los terrenos de aquella nación, en su trayecto desde el Uruguay a las costas del Atlántico».
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (III)
Una precisa descripción del Paysandú de 1833 realiza el viajero francés Arsenio Isabelle en el libro que relata su viaje por Brasil, Uruguay y Argentina entre 1830 y 1834.
«Hace cuatro o cinco años, Paysandú no era más que una aldea, como las Higueritas, con una docena de ranchos diseminados acá y allá; en 1833, tendría unos cuatrocientos ranchos, una treintena de casas de ladrillos, con azoteas; calles alineadas, aceras, reverberos y una población de casi cinco mil almas, comprendida la de los alrededores.
Las calles corresponden a los cuatro puntos cardinales, como en Buenos Aires y Montevideo. Las cuadras son más pequeñas que en Buenos Aires, lo que favorece las propiedades; sólo tienen cien varas por cada lado y están divididas en cuatro sitios. Hace poco tiempo, el gobierno concedía gratis los terrenos a quienes los solicitaban, pero hoy en día, en que están todos distribuidos en el recinto de la ciudad, no sería posible conseguir un sitio por menos de doscientas piastras fuertes (moneda de plata).
La población aumenta; abundan los extranjeros, sobre todo después del lamentable estado de los negocios en Buenos Aires y de la constitución definitiva de esta pequeña república. Aquí han comprendido, han tenido el buen espíritu de comprender que es preciso atraer y favorecer lo más posible el concurso de los extranjeros, los brazos industriales... He podido ser testigo, al menos, de que no deben soportar ninguna vejación por parte de los habitantes o de las autoridades locales. Quien quiere entregarse a una industria cualquiera, no sufre ninguna traba; se le ayuda, al contrario, y se le estimula por las mismas autoridades».
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (II)
Así relata Arsenio Isabelle su llegada a Paysandú en 1833: «El Uruguay tendrá aquí dos veces el ancho del Sena en Rouen, es decir ciento ochenta a doscientas toesas (aproximadamente cuatrocientos metros)».
«No había entonces más que ocho navíos en eso que llaman puerto, comprendidas dos goletas de guerra pertenecientes al Estado Oriental; pero por lo general siempre hay un buen número de pequeños barcos, porque se trata de un punto muy comercial y, en cierto modo, es el principal mercado de los diversos caseríos del Uruguay o de la parte occidental de la Banda Oriental».
«Nos hicieron subir a bordo de una de las goletas de guerra para verificar nuestros pasaportes; tuve oportunidad de ver, entonces, que estaban muy bien cuidadas. El comandante fue muy cortés con nosotros, lo que me pareció de buen augurio para nuestra recepción en tierra». «Remitiendo las cartas que llevábamos, recorrimos muy pronto la ciudad en todas direcciones: en un par de horas me formé una idea exacta de su importancia actual y de la que es susceptible de adquirir».
1833
El Paysandú que conoció Isabelle (I)
Arsenio Isabelle, un viajero y naturista francés, recorrió Uruguay, Brasil y Argentina entre 1830 y 1834. En 1935 publicó en El Havre su ciudad natal, un relato completo de su viaje. Estuvo en Paysandú en 1833 y narra sus impresiones en el Capítulo XIV, titulado «Paysandú - La Calera de Barquin - El Salto. Allí comienza describiendo la siguiente imagen: «El aspecto de Paysandú, vista desde el río, del lado sud-oeste, es poco agradable. Situada sobre la pendiente de una colina desprovista de árboles, como todas las vecinas; separada de la orilla izquierda o del puerto por una llanura arenosa de casi una milla, el golpe de vista es monótono, comparado con otros sitios del Uruguay, desde su desembocadura hasta aquí. El ojo termina por acostumbrarse, sin embargo, y al internarse en la ciudad (ya se puede darle este nombre) se advierte que no está tan desventajosamente situada como parece al principio, debido, sobre todo, a las inundaciones del Uruguay. Por otra parte, una vez llegados a lo alto de la colina, se goza de un amplio panorama, al que los accidentes del terreno y las islas del río tornan bastante pintoresco. En cuanto al lado del campo, por el este, no puede ser más triste por su desnudez y su falta absoluta de cultivo».
1839
Lavalleja se apresta a cruzar el Uruguay
El primer periódico sanducero, «El Oriental en Campaña», en su ejemplar del 11 de mayo de 1839 presenta la particularidad de que no está fechado en Paysandú sino en el Paso de Paysandú, lo que parece tener relación directa con la principal noticia que publica.
Tras la consabida divisa «Salvar la Patria ó Morir por Ella», informa:
«El día 6 del corriente ha llegado a la ciudad de Paraná el Señor Brigadier General Don Juan Antonio Lavalleja con una División compuesta de un Cuadro de 57 Gefes y Oficiales, el Escuadrón de Dragones de Buenos Aires y el Segundo Escuadrón de la Legión Fidelidad y de la Segunda Compañía de la Escolta la cual debe llegar por momentos al Ejército, al Gran Ejército que