15.000 A.P.

Hace 150 siglos (V)


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (IV)


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (III)


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (II)


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (I)


1811

La primera defensa (V)


1811

La primera defensa (IV)


1811

La primera defensa (III)


1811

La primera defensa (II)


1811

La primera defensa (I)


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (IV)


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (III)


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (II)


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (I)


1814

Entrevista con Artigas (III)


1814

Entrevista con Artigas (I)


1818

Hábil retirada de Rivera


1820

Primera maestra particular


1820

El primer Juez Real (II)


1820

El primer Juez Real (I)


1825

Un sanducero fabulista


1833

"Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú"


1833

"Paysandú vista desde el nord-oeste es menos desagradable"


1833

El Paysandú de los picaflores (II)


1833

El Paysandú de los picaflores (I)


1833

La importancia del "ferro-carril" (IV)


1833

La importancia del "ferro-carril" (III)


1833

La importancia del "ferro-carril" (II)


1833

La importancia del "ferro-carril" (I)


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (III)


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (II)


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (I)


1839

Lavalleja se apresta a cruzar el Uruguay


1842

Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana (II)


1842

Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana


1842

El "Pardo" Luna incendió su casa en Paysandú para no dejarla al enemigo


1842

La "Cumbre" de Paysandú (V)


1842

La "Cumbre" de Paysandú (IV)


1842

La "Cumbre" de Paysandú (III)


1842

La "Cumbre" de Paysandú (II)


1842

La "Cumbre" de Paysandú (I)


1846

"La espada rota (IV)


1846

"La espada rota (III)


1846

"La espada rota (II)


1846

"La espada rota


1858

Gordon: el sanducero que estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires


1861

Las primeras colmenas


1862

Gordon: el propietario del "Bazar del Ancla de Oro"


1865

Blanes y la Defensa (IV)


1865

Blanes y la Defensa (III)


1865

Blanes y la Defensa (II)


1865

Blanes y la Defensa (I)


1865

Un trozo de lienzo (II)


1865

Un trozo de lienzo (I)


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (V)


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (IV)


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (III)


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (II)


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (I)


1865

Gordon: de "La Nueva Numancia" a "El estreñido"


1865

La barba de Leandro Gómez (II)


1865

La barba de Leandro Gómez (I)


1865

La reconstrucción del Templo (II)


1865

La reconstrucción del Templo (I)


1866

Inauguraron Salón de Recreo


1866

Ni armas ni galope


1866

Buscan al que encontró mil pesos


1866

Panorama de noticias (II)


1866

Panorama de noticias (I)


1866

Pagaron 50.000 libras esterlinas por una estancia


1866

Por un pantalón quemado con la plancha (II)


1866

Por un pantalón quemado con la plancha (I)


1866

Construirán cuartel para la "Urbana"


1866

Reglamento contra vagos (II)


1866

Reglamento contra vagos (I)


1866

Venden el Banco Comercial de Paysandú (II)


1866

Venden el Banco Comercial de Paysandú (I)


1866

En mayo entraron 55 y salieron 60 buques


1866

Comisión de agrimensores para las calles


1866

Hay que pagar la Contribución (II)


1866

Hay que pagar la Contribución (I)


1867

El nuevo cementerio (III)


1867

El nuevo cementerio (II)


1867

El nuevo cementerio (I)


1867

Autorizan puestos de frutas, verduras y carnes


1867

Flores para los artistas


1870

Poetisa y cantante lírica


1871

El Carnaval en tiempos de guerra


1871

Unicamente billetes de cuatro bancos


1871

Banderolas bordadas para los blancos


1871

Llegó recomendado por Garibaldi


1871

Hay que arreglar las veredas


1872

Suspendieron a Mac Eachen


1872

"Conato de asesinato"


1872

¡Todos al candombe de "El Venao"


1872

Reclaman más puestos de carne para el puerto (II)


1872

Reclaman más puestos de carne para el puerto


1872

La historia de Paysandú (III)


1872

La historia de Paysandú (II)


1872

La historia de Paysandú (I)


1872

El primer agrimensor sanducero


1875

Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (II)


1875

Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (I)


1876

Asaltaron a don Celestino Montauban


1876

"Una noche de alegría" (III)


1876

"Una noche de alegría" (II)


1876

"Una noche de alegría (I)


1876

¡Albricias, albricias!


1876

Escándalo en la "Academia de Antonieta"


1876

Sin caballos (II)


1876

Sin caballos (I)


1880

¡Hay que limpiar las letrinas!


1880

Nombran encargado del reloj de la Iglesia


1880

Problemas por la Lotería de Cartones (II)


1880

Problemas por la Lotería de Cartones (I)


1881

¡Cuidado con las jeringas!


1881

¡Ha llegado la hidroterapia! (II)


1881

¡Ha llegado la hidroterapia! (I)


1882

Ajedrez y patín


1882

Salón de tiro


1883

"Voló la paloma"


1883

La piedra fundamental del Ateneo (lII)


1883

La piedra fundamental del Ateneo (II)


1883

La piedra fundamental del Ateneo (I)


1883

Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (II)


1883

Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (I)


1883

Al comisario le gustaba la timba (III)


1883

Al comisario le gustaba la timba (II)


1883

Al comisario le gustaba la timba (I)


1883

Diligencia a Porvenir


1884

"En plena civilización"


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (III)


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (II)


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (I)


1885

Miles de toneladas de material para vías férreas


1885

Velada cultural en el Club Comercial


1885

Para cruzar a Colón (II)


1885

Para cruzar a Colón (I)


1887

Tragedia en Plaza Constitución (IV)


1887

Tragedia en Plaza Constitución (III)


1887

Tragedia en Plaza Constitución (II)


1887

Tragedia en Plaza Constitución (I)


1888

Sociedad «La Protectora» (I)


1888

Odontología con "Gas Hilariante"


1888

Un rayo mató tres bueyes


1888

"Sublevación de peones"


1888

Cuestión de honor (II)


1888

Cuestión de honor (I)


1888

"Tomá, metete"


1888

Hay que pagar para disfrazarse (II)


1888

Hay que pagar para disfrazarse (I)


1888

Bienvenida con incidentes (III)


1888

Bienvenida con incidentes (II)


1888

Bienvenida con incidentes (I)


1888

Sepultaron a destacado masón sanducero


1888

Amontonar la basura los sábados


1888

Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (II)


1888

Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (I)


1888

Entre la seca y la "coqueluche"


1888

Lo nuevo en fotografía


1890

El primer observatorio de Paysandú


1890

¿Y el dinero de las Patentes de Rodado?


1890

¡El municipio gasta casi $ 380 por mes en sueldos!


1896

Empréstito para dragar Almirón (V)


1896

Empréstito para dragar Almirón (IV)


1896

Empréstito para dragar Almirón (III)


1896

Empréstito para dragar Almirón (II)


1896

Empréstito para dragar Almirón (I)


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (IV)


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (III)


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (II)


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (I)


1897

El monumento a los caídos del Quebracho


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (IV)


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (III)


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (II)


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (I)


1899

Critican ubicación de nueva cárcel (II)


1899

Critican ubicación de nueva cárcel


1899

La ciudad tendrá alumbrado eléctrico (II)


1899

La ciudad tendrá alumbrado eléctrico


1901

Llegó la luz eléctrica (IV)


1901

Llegó la luz eléctrica (III)


1901

Llegó la luz eléctrica (II)


1901

Llegó la luz eléctrica (I)


1901

Palizas, robos y fugas (II)


1901

Palizas, robos y fugas (I)


1901

Retén frente al Juzgado


1901

En la óptica de la prensa porteña


1901

"Suicidio nuevo siglo (II)"


1901

"Suicidio nuevo siglo (I)"


1901

Una fiesta "expléndida" (II)


1901

Una fiesta "expléndida" (I)


1901

"Seiscientos sesenta kilómetros en bicicleta"


1901

Los restos de Leandro Gómez (II)


1901

Los restos de Leandro Gómez (I)


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (V)


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (IV)


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (III)


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (II)


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (I)


1902

Arrendaron islotes


1902

La limpieza pública


1902

Van a delinear un pueblo en Guichón


1902

"Un caso original"


1902

La celebración de los ingleses (II)


1902

La celebración de los ingleses (I)


1902

Gesto del Club Remeros(II)


1902

Gesto del Club Remeros


1902

La boda Peel - Escayola (II)


1902

La boda Peel - Escayola (I)


1902

"Los viejos amigos"


1902

Las rutas del correo sanducero


1902

Regalan terrenos en Villa Elisa (II)


1902

Regalan terrenos en Villa Elisa (I)


1902

¡Escasez de leña en Merinos!


1902

Expropian terrenos en Paso de las Piedras


1902

"El entierro del Carnaval (III)"


1902

"El entierro del Carnaval (II)"


1902

"El entierro del Carnaval"


1902

Finalmente instalaron la Junta


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (III)


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (II)


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París


1902

Por razones de estética femenina


1902

¡Rematan los paraísos de plaza Constitución!


1902

Fundaron el Club Ciclista de Paysandú


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (IV)


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (III)


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (II)


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (I)


1902

¿Violaron territorio argentino? (II)


1902

¿Violaron territorio argentino? (I)


1902

Poderoso reflector para la Aduana


1902

"Expedición" a Merinos, para fundar un pueblo (I)


1903

La necesidad de canalizar Almirón (II)


1903

La necesidad de canalizar Almirón (I)


1903

«Foot Ball», los equipos


1903

«Foot Ball», Etchemendy hizo el primer «goal»


1903

«Foot Ball», el primer encuentro oficial


1903

Celebrando el acuerdo (III)


1903

Celebrando el acuerdo (II)


1903

Celebrando el acuerdo (I)


1903

"Foot Ball" un partido "formal"


1903

"Foot Ball": el comienzo


1903

Llegó la trituradora (II)


1903

Llegó la trituradora (I)


1903

La importancia del telégrafo


1903

Lo que se leía


1903

Las más bellas sanduceras, por voto popular


1903

Inauguraron saladero en Merinos


1903

Los festejos por la paz (II)


1903

Los festejos por la paz (I)


1905

Proponen mejoras en iluminación de Plaza Flores


1908

"Solo un rancherío"


1909

El "Quebracho" y el "Carretas"


1911

Uruguayo derrotó a 19 de Abril


1912

Recaudación de la Aduana en Paysandú


1912

Piloto sanducero se destaca en Francia


1913

Asesinos de Guaviyú capturados por un ciudadano (IV)


1913

Asesinos de Guaviyú capturados por un ciudadano (I)


1913

Mucho interés por el "Raid Automovilístico" (II)


1913

Mucho interés por el "Raid Automovilístico" (I)


1913

Una visita de Alfredo Gobbi


1916

"Ruinas de una gran construcción" (II)


1916

"Ruinas de una gran construcción" (I)


1916

"Triunfo de un teniente sanducero"


1916

"Un misterio aclarado"


1916

La "Escuela del Hogar" (II)


1916

La "Escuela del Hogar" (I)


1916

Hay en Paysandú 151 automóviles


1916

Con gol observando, Atlético derrotó a Litoral


1916

Las sátiras de Güinasso (III)


1916

Las sátiras de Güinasso (II)


1916

Las sátiras de Güinasso (I)


1917

La Liga Oratorio Festivo y el Padre Meriggi (I)


1918

Ya hay plaza de deportes (II)


1918

Ya hay plaza de deportes (I)


1918

Liga Pro Aliados


1919

Aniversario y homenaje (II)


1919

Aniversario y homenaje (l)


1919

¡Luz eléctrica para estancias!


1919

"La ciudad del juego" (III)


1919

"La ciudad del juego" (II)


1919

"La ciudad del juego" (I)


1921

Los Juegos Florales (III)


1921

Los Juegos Florales (II)


1921

Los Juegos Florales (I)


1921

En adelante será teatro "Florencio Sánchez·


1921

Traiga el ganado a pastorear, en la plaza Artigas


1921

El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (III)


1921

El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (II)


1921

El primer año de la Asamblea Representativa sanducera (I)


1922

Para obtener Libreta de Conducir


1922

El doctor Langón y el fútbol sanducero


1923

Los neumáticos sanduceros (II)


1923

Los neumáticos sanduceros (I)


1925

Inauguraron balneario


1925

"Las relaciones entre Salto y Paysandú" (II)


1925

"Las relaciones entre Salto y Paysandú" (I)


1925

Los "olímpicos" en el Parque Artigas (II)


1925

Los "olímpicos" en el Parque Artigas (I)


1925

Inauguran el Monumento a Artigas


1927

Exitosa exposición de granja


1927

Auguran éxito al "Golf"


1930

Construirán una plaza alrededor del Monumento a Artigas


1930

Llegó el cine sonoro (II)


1930

Llegó el cine sonoro (I)


1930

"París-Londres", la más importante (II)


1930

"París-Londres", la más importante (I)


1930

Llega el cine sonoro a Paysandú (II)


1930

Llega el cine sonoro a Paysandú (I)


1930

Elío Pérez gana la Travesía Colón-Paysandú


1932

El "invencible sanducero"


1933

El juego de pelota


1940

Bochas, un deporte para damas (II)


1940

Bochas, un deporte para damas (I)


1940

Crearon la Tablada y el Mercado de Frutos del País


1940

Procurando mejorar las relaciones entre Paysandú y Salto (II)


1940

Procurando mejorar las relaciones entre Paysandú y Salto (I)


1942

"Por sendas sanduceras" (III)


1942

"Por sendas sanduceras" (II)


1942

"Por sendas sanduceras" (I)


1945

"La cogitiva italianidad sanducera" (IV)


1945

"La cogitiva italianidad sanducera" (III)


1945

"La cogitiva italianidad sanducera" (II)


1945

"La cogitiva italianidad sanducera" (I)


1945

"El desfile de Amerindia" (IV)


1945

"El desfile de Amerindia" (III)


1945

"El desfile de Amerindia" (II)


1945

"El desfile de Amerindia" (I)


1945

Campeón del Litoral en Salto (III)


1945

Campeón del Litoral en Salto (II)


1945

Campeón del Litoral en Salto (I)


1947

Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (IV)


1947

Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (III)


1947

Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (II)


1947

Investigaciones arqueológicas en territorio sanducero (I)


1950

Que no... que sí


1972

"Antes era más lindo" (II)


1972

"Antes era más lindo" (I)


1975

Paysandú supera a Río Negro


1978

"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (IV)


1978

"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (III)


1978

"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla" (II)


1978

"Trascendencia de Paysandú en la canción criolla"


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (V)

La descripción de las características medioambientales que realiza el licenciado Mario Cosens en la introducción de su obra «El pasado extraviado», que hemos tomado parcialmente, indica: «Período de 6.000 a 4.500 A.P.».
«En estos dos mil quinientos años se producen dramáticos e importantes cambios en el aspecto de este territorio. Mientras la humedad comienza a elevarse, las temperaturas van descendiendo en alternancias cíclicas. El resultado es lo que se denomina como el ‘óptimo climático‘. Fueron condiciones en las cuales se produjeron importantes lluvias que remodelaron las hasta entonces áridas cuchillas del norte y se rellenaron con enormes volúmenes de sedimentos los cauces de los ríos, creando en algunos nuevos deltas. Incluyendo en ellos el antiguo cauce del río Uruguay». (...).
Período de 4.500 a 2.200 A.P.
«En esos dos mil años, otras cien generaciones se reproducen dentro de estructuras sociales que son muy distintas a las de los primeros períodos y que generan más impactos en las comunidades que los cambios medioambientales. (...) El registro arqueológico se complejiza con el surgimiento de muy diversas estructuras de asentamiento que reflejan nuevos procesos de transformación de las materias primas. Surgen nuevas especies de sitios que poseen marcada prioridad para ejecutar solamente actividades simbólicas. En este período detectamos la mayor cantidad de expresiones de arte rupestre pintado, las que se suman en los sitios grabados miles de años antes en el noroeste».
«La humedad desciende mientras las temperaturas suben poco. Hay un retroceso de las matas y un desarrollo de las praderas con niveles tropicales, que más tarde van conformando las áreas tal como las conocieron los invasores europeos». (...)
Período de 2.200 A.P al Presente
«El clima se torna levemente más frío y algo más húmedo que en los dos mil años anteriores, con reducidas oscilaciones. Por ejemplo, hay un período de aridez que se extiende hasta mil años A.P. (...) El entorno medioambiental es, en líneas generales, el mismo que hoy. La persistencia de estas condiciones ambientales es un factor importante de estabilización sociocultural, que facilitan la dispersión de nuevos aportes como la tecnología de producción de la cerámica, iniciada unos mil años antes».


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (IV)

A continuación, transcribimos lo que sostiene Mario Cosens.
«Las primeras 120 generaciones de los habitantes del Uruguay vivieron en ese ambiente de gélidos vientos, tímidos veranos, macro fauna hoy extinguida y con escasas probabilidades de encontrarse con sus vecinos. Los núcleos familiares parecen ser las unidades básicas de asentamiento y desplazamiento, y debieron mantener similares pautas de conducta entre ellas con análogo relacionamiento social y utilaje tecnológico. Tal como ocurrió con aquellos otros conquistadores, que decenas de miles de años antes habían iniciado su ingreso a América, desde un también helado y remoto norte.»
«Período de 12.000 a 9.000 A.P.
El clima se volvió luego progresivamente más seco y la temperatura se fue elevando. El nivel de las aguas oceánicas que había realizado un rápido ascenso alrededor del 13.000 A.P. (que sobrepasó los actuales niveles de las costas), desciende ahora en forma progresiva hasta alcanzar cincuenta metros menos que los actuales. (...) La Vegetación en el norte se expande gradualmente desde los angostos valles surcados por limitadas corrientes de agua del período anterior, hacia las praderas vecinas y luego hacia lo alto de la sierras.»
«Período de 9.000 a 6.000 A.P.
(...) La gran diferencia con el período anterior se halla en la rigurosa sequedad ambiente y el progresivo aumento de la temperatura, a valores que son incluso más elevados que los actuales. (...) Solo en las costas del Río Uruguay y de sus principales afluentes se salvaguardan árboles junto a los residuos de una reducida vegetación. En el final de este período surgen las especies arbóreas que culminarán en las próximas florestas, compuestas por coníferas y especies semi-perennes y con hojas siempre verdes.
La vida animal se amontona primariamente en esos limitados refugios verdes. Las más de cien generaciones de colonos que soportaron ese período recibieron probablemente los aportes de nuevos inmigrantes, mientras se producía la renovación de la fauna y un retroceso en las especies de la flora. Uno de los costos reconocibles de tan drásticos cambios, es la total extinción de la mega fauna.»


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (III)

Transcribimos ahora trozos de «El pasado extraviado», que brindan un panorama sobre las características del territorio sanducero en diferentes períodos de la prehistoria:
«Período de 15.000 a 12.000 A.P.».
«Aproximadamente hace unos 80.000 años A.P. (antes del presente) el nivel de las aguas oceánicas que se hallaba entonces entre 8 a 12 metros por encima del actual, comenzó a descender en lo que se conoce como la última regresión del Pleistoceno».
«En los momentos que ingresaron los primeros colonizadores a este territorio, las aguas estaban entre 130 a 150 metros por debajo de la actual línea de costas, lo cual implica que nuestras actuales playas oceánicas se hallaban a más de 120 kilómetros afuera de su actual ubicación».
«El Cabo Santa María, donde se ubica hoy la ciudad de Punta del Este, surgía como una importante elevación dentro de una vasta llanura. El río Uruguay, con volúmenes limitados de aguas, caracoleaba entonces dentro de un valle treinta metros más profundo que la llanura que lo circundaba, en la cual se destacaban las bases basálticas de las actuales islas. No existía el Río de la Plata: el río Uruguay continuaba su recorrido hacia el océano, muy próximo al contorno de la costa uruguaya actual. Frente al hoy puerto de La Paloma, su cauce viraba hacia el este para desembocar en el Atlántico posiblemente a través de un reducido delta».
«El río Paraná, frente a la actual costa de Argentina, tenía similar comportamiento al río Uruguay. Sería en ese entonces sencillo, luego de cruzar el angosto Uruguay frente a lo que es hoy Montevideo, caminar sobre la llanura y alcanzar el área donde se asienta la actual Buenos Aires, atravesando un reducido Paraná. Una caminata que no debe haber sido ningún obstáculo para la fauna de aquel entonces».
«Las temperaturas eran bastante más frías y más húmedas que las de hoy. Ello permitía que en los altos de la Cuchilla de Haedo y de nuestras principales elevaciones, se acumulara nieve casi permanente en el invierno».
«La vegetación correspondía a la de un semidesierto, con pocas especies arbóreas, compuesta principalmente por Nothofagus».


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (II)

El autor uruguayo Mario Cosens prosigue su introducción expresando: «El abrumador capítulo de las cambiantes condiciones geográficas, climáticas, ambientales y ecológicas que afrontaron quienes habitaron este territorio durante el extenso período de la prehistoria tiene aún intervalos que no conocemos en detalle. No sabemos la extensión total y las repercusiones de todos los episodios ocurridos. Como tampoco somos capaces de explicar todos los cambios de relieve que eventos climáticos posteriores, produjeron sobre los previos». (...)
«El grave desacierto de imaginar que la prehistoria se desarrolló dentro de un ambiente similar a nuestro entorno actual, permitió establecer falsas analogías e imposibles propuestas acerca de los humanos que en ellos vivieron, que alcanzan incluso los muy recientes momentos de la conquista y de la colonización europea. Una rápida lectura del viaje de Larrañaga desde Montevideo a Paysandú realizado en 1815, nos revela que en esa época relativamente próxima, existía un entorno ambiental tan distinto al actual, que pese a la precisión de sus informaciones, nos resulta difícil reconocer algunos parajes geográficos».
«Por ejemplo, la desertización en el noroeste, la cual transcurrió con episodios de variada intensidad hasta ocho mil años atrás, estuvo precedida de significativa elevación de la temperatura, reducción de humedad y disminución drástica de la lluvia. Los vientos debieron aumentar su intensidad en razón del aumento de las variaciones por mayores diferencias térmicas con las áreas cercanas, debiendo aumentar drásticamente la evaporación. Las menguadas y exiguas gramíneas que persistían en ese ambiente desértico, modificaron su cubierta al envolver sus tallos con lignita, o protegiéndose con una impermeable corteza de cera para evitar la migración de los reducidos fluidos obtenidos, hacia el medio ambiente».


15.000 A.P.

Hace 150 siglos (I)

Resulta difícil imaginar que el territorio sanducero fuese un semi desierto, frío y húmedo, con nieve casi permanente en la Cuchilla de Haedo y un río Uruguay que, con muy poca agua, «caracoleaba» en un valle treinta metros más profundo que la llanura que lo circundaba. Tal sería el panorama que encontraron los primeros seres humanos que llegaron a territorio sanducero, hace ya unos 15.000 años A.P. (Antes del Presente).
En la introducción de su obra «El pasado extraviado», el licenciado en Ciencias Antropológicas Mario Cosens sostiene lo que transcribimos a continuación.
«Uno de los mayores desatinos que impiden la correcta comprensión de nuestra prehistoria es la ingenua y distorsionante suposición de que el medio ambiente del territorio de Uruguay era en los últimos 15.000 años casi igual que el de la actualidad. O sea, se ha supuesto que el escenario fue el mismo a lo largo de decenas de siglos.
Esta irreflexiva percepción de grupos humanos que son capaces de cambiar cultura, demografía, subsistencia, tecnología, creencias, formas de hábitat y de sociedad, mientras que el ambiente que los rodeaba permanecía estático, ha permitido que algunos ingenuos y otros desinformados construyeran sus propias imaginadas y peculiares prehistorias. Suponiendo cómo, dentro de ella, se habrían comportado los indígenas. Para lograr ese pasmoso artificio, les fue suficiente a estos autores -tal como indicáramos- imaginarse a sí mismos desnudos y privados de las comodidades de nuestro parque tecnológico, mientras suponían que así recorrían a pie las cuchillas y los médanos de nuestro territorio. Nada más equívoco. Nada más falso. Y pocas afirmaciones resultan ser más patéticas. Si hay algo que genera en los arqueólogos respeto y muchas veces asombro, es la capacidad de los aborígenes para desenvolverse en entornos ecológicos y climáticos en los cuales nosotros -aún con toda nuestra tecnología- nos sería muy difícil, o altamente problemático sobrevivir.»


1811

La primera defensa (V)

Culmina la descripción del Padre Vidal de aquella heroica gesta patriótica del 30 de agosto de 1811 con esta dramática escena:
«Junto al cadáver de un caballo, que le apretaba una pierna, vio el sacerdote el cuerpo de un soldado que jadeaba, oprimiendo aun en su mano derecha una carabina; acudió presuroso a su lado y por entre las guedejas de la lacia melena que le cubría el rostro, reconoció a una mujer».
—»¡Si es la China María! -exclamó lleno de asombro. María -prosiguió, tratando de librarla del peso del caballo. ¿Estás herida?»
«Pero sus mismos ojos le dieron la respuesta, viendo que se desangraba por una ancha herida del cuello; la atendió como pudo, y después de absolverla le preguntó:»
—»¿Cómo es eso? ¿Cómo estás tú aquí?»
«Y ella, luchando con los últimos estertores contestó con un hilo de voz:»
—»Mi hombre... está... lejos.. con los patriotas... Yo... ocupé su lugar».
«Y era cierto: José Abiaré, su marido, estaba incorporado a una partida de patriotas; ella, la ‘China María‘, como la llamaban, había dado su vida por la Patria, combatiendo a par de los hombres en la defensa del Pueblo».
«Los portugueses quedaron dueños del terreno; de los cincuenta defensores, dieciocho yacían sin vida, entre ellos Bicudo, Redruello, Ramírez, la China María... Otros trataban de restañar sus heridas, más o menos graves, y los más miraban tristemente sus carabinas destrozadas y sin munición, sus lanzas y sables partidos y su impotencia para seguir la lucha».
«Pero todos acababan de escribir una página gloriosa en la historia del Pueblo; la primera de una serie que había de conquistar para Paysandú el sobrenombre de Heroica».


1811

La primera defensa (IV)

En su relato «Uno contra cuatro» de «Estampas Sanduceras», el presbítero Baldomero M. Vidal describe luego escenas registradas al finalizar la lucha de patriotas y portugueses por el pueblo de Paysandú:
«Don Silverio Antonio Martínez, que con riesgo de su vida trataba de socorrer y absolver a los que caían gravemente heridos, vio caer a su amigo Bicudo con un balazo en el pecho; corrió a sostenerlo en sus brazos y, después de absolverle, dejándole aún con vida, acudió a José Mariano Ramírez, hermano del futuro caudillo entrerriano, que allí cerca se desangraba por un profundo lanzazo recibido. Mientras absolvía a este otro valiente, oye a sus espaldas a un portugués que exclama satisfecho:»
—»¡Tú ya no volverás a darnos fastidio!»
«Se vuelve apresurado y ve a un cabo lusitano llamado Padilla, que con la daga ensangrentada en la mano, contemplaba el cadáver de Bicudo, a quien acababa de degollar. Indignado, el sacerdote, al ver acto de inútil crueldad, increpó a su autor diciéndole:»
—»¿Porqué hace eso con un hombre herido? ¿No tiene vergüenza?»
—»Es que éste nos había hecho mucho fuego -contestó el portugués, satisfecho de haber así acabado para siempre con aquel enemigo».
«Y siguió el celoso Párroco asistiendo a todos los que aún alentaban entre los heridos».


1811

La primera defensa (III)

Comienza el combate, según describe Baldomero Vidal en su trabajo sobre la «Defensa» de 1811:
«Apareció en la cuchilla, cautelosamente, la fuerza de Bentos Manuel, y, al tenerlos a tiro, los emboscados defensores hicieron una descarga cerrada, que causó a los lusitanos algunas bajas y produjo en ellos cierta confusión que aprovecharon los patriotas para retirarse rápidamente a la plaza y ocupar sus puestos de defensa».
«Reorganizados los portugueses y dándose cuenta de su superioridad numérica, se detuvieron a corta distancia y mandaron un furriel en actitud de parlamento, para que propusiera a Bicudo la rendición; donde no, «harían fuego contra ellos conforme a las leyes militares».
—»Diga a sus jefes -contestó el valeroso comandante- que dispongo de doscientos hombres para hacerles frente, y que espero su ataque».
— «¿Es su última palabra?»
— «¡La última!»
«Volvió grupas el furriel y entró Bicudo en la plaza para dar las órdenes oportunas a los defensores, cuyo número había exagerado para intimidar a los atacantes. Los cuales, en vista de la categórica manifestación, y acaso con noticias exactas de la escasa guarnición del Pueblo, se dispusieron al ataque».
«Aquello fue un torbellino. Rodearon los portugueses el estrecho recinto de la plaza y lo atacaron por los cuatro costados, mientras los defensores trataban de multiplicarse para hacer frente a los enemigos. Como leones acorralados, defendían bravamente el terreno y sus vidas, vendiéndolas caras. Una hora hacía ya que duraba el encuentro; de los defensores, muchos yacían sin vida, otros heridos, y a los demás les faltaban las municiones; los tiros eran menos frecuentes y la caballería lusitana había irrumpido en la plaza. La lucha había terminado».


1811

La primera defensa (II)

La recreación del sacerdote Vidal continúa en estos términos:
«Y tratan de apercibirse a la defensa».
«— ¿Hay armas en el Pueblo?»
«— Ningunas que sirvan. Ahí quedaron cuatro cañoncitos inservibles, por eso los dejaron. A fuerza de buscar, acaso encontraremos alguna carabina, algunos sables, alguna libra de pólvora».
«— No le hace: nos defenderemos aunque sea con las uñas. ¿Y hombres?».
«— Menos: los de armas tomar han sido ya requisados por los godos, o se han largado por su cuenta para incorporarse con las partidas de la Patria».
«— Pues bien, muchachos: a prepararse que la función ha de ser sonada».
«Y el jefe de aquel puñado de bravos empieza a tomar las providencias del caso: dispone la defensa del Pueblo contra un posible ataque y manda sus avanzadas a las afueras, para espiar los movimientos del enemigo cuando éste se acerque, porque está seguro de que no se hará esperar mucho».
Y así fue, en efecto. No pasaron muchos días cuando anunciaron a Bicudo que «los lusitanos, comandados por Bento Manuel Riveiro habían cruzado el Paso de las Piedras del Queguay, y que serían unos doscientos».
«— Muy buena posición es Paysandú para dejársela a esos portugueses —dijo el valiente jefe—; la defenderemos a toda costa».
«Los espías seguían paso a paso los del portugués, y Bicudo estaba enterado de todos ellos; por eso, lejos de temer una sorpresa, quiso dársela él mismo a los invasores. Contó a su gente: a los treinta que había traído consigo se habían incorporado unos veinte más; disponía pues de cincuenta hombres, la cuarta parte de los que traían los enemigos. Dejó una parte de ellos parapetados en la plaza y salió con los otros, tendiéndoles en guerrilla por las proximidades del arroyito de La Curtiembre».
«Era la mañana del 30 de agosto».


1811

La primera defensa (I)

En su obra «Estampas sanduceras» el Padre Baldomero Vidal realiza una especial reconstrucción de la primera defensa de Paysandú, bajo el título de «Uno contra cuatro». Relata Vidal:
«Hacía seis meses que el Cura de Paysandú, Don Silverio Antonio Martínez, se había visto por última vez con el capitán Francisco Bicudo, ahora ya ascendido a teniente coronel de Blandengues: desde la célebre y fracasada conferencia de Casa Blanca, el 11 de febrero de 1811».
«Desde su casa parroquial, había seguido con ansia y con interés las hazañas con que los patriotas iban inmortalizando el sueño de la Patria».
«¡El Colla, San José, Las Piedras, la Colonia, el sitio de Montevideo!»
«Paysandú soportaba la presencia de sus opresores: españoles, comandados por el vecino coronel Don Benito Chain; portugueses a cuyo frente esta el furriel de Milicias, Bentos Manuel Riveiro». «De repente, corre por el esquilmado Pueblo la noticia de que Bicudo, con una partida de patriotas, ha pasado el Río Negro y se dirige sobre Paysandú. ¿Serán muchos? Por las dudas, Chain se retira con sus hombres a sus dominios de San Javier; Riveiro, con los suyos sale hacia el Norte, en busca de gente con que reforzar la escasa guarnición».
«Bicudo, desde el Pantanoso, se entera de que el Pueblo ha sido abandonado por sus defensores, y entra en él con sus treinta paisanos: ¡era toda su fuerza!»
«—¡Bienvenidos seáis los redentores de la Patria!-exclama el patriota Párroco, saliéndoles al encuentro. Y quiere oír de boca de su amigo el relato de las batallas realizadas hasta entonces, cuyos borrosos ecos sólo han llegado hasta él».
«—También está con nosotros el capitán Redruello -añade Bicudo, haciendo adelantar al nombrado para que estreche la mano de Don Silverio. Eran viejos amigos: cuando Redruello estaba al frente de la fuerza que defendía el pueblo de Belén, el Cura Martínez le había puesto al corriente del grito de libertad dado por los patriotas en Asencio».
«—Pero tomemos precauciones; esos portugueses no me gustan nada; han de volver, de fijo».
—Si - subraya el Cura; —ese Riveiro tiene mala entraña. Ha ido a buscar refuerzos».


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (IV)

El historiador argentino Tavani Pérez Colmán prosigue aportando información sobre los comienzos revolucionarios de Francisco Ramírez y su presencia en territorio uruguayo a raíz de su participación en la «Conjura de Casa Blanca». Expresa al respecto:
«Como puede apreciarse, la versión dada por Benigno T. Martínez sobre la participación de Ramírez en la reunión de Casas Blancas el 11 de febrero de 1811 y la que aporta Ariosto Fernández son contradictorias entre sí y se contraponen a la vez con una tercera versión existente, mencionando esta última la presencia de Ramírez en compañía de su hermanastro Ricardo López Jordán en el acto de pronunciarse la revolución entrerriana el día 12 de febrero de 1811».
«La primera versión, relativa a las actividades de Ramírez como enlace entre los revolucionarios de Arroyo de la China y los jefes patriotas que estaban en la Bajada del Paraná, no se contradice con el testimonio del general José Rondeau de que Ramírez colaboró, dada su adhesión al movimiento revolucionario independentista, a oficiar de contacto entre él y Miguel Díaz Vélez, actividad que habría realizado repetidas veces en forma semanal a fines del año 1810 hasta los primeros días de 1811».
«Conforme a la documentación consultada por A. Fernández este ponía el acento en la imposibilidad de que Ramírez pudiera haber estado en la reunión de Casas Blancas y en su apresamiento en esas circunstancias el 11 de febrero de 1811, y al día siguiente estar presente en el pronunciamiento entrerriano que protagonizó Ricardo López Jordán, a lo que se agregaba que el capitán Jorge Pacheco, sindicado entre los conspiradores arrestados en Casas Blancas nunca figuró como prisionero en 1811 en la ciudad de Montevideo».


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (III)

El Capítulo VII de «Ramírez y Artigas - Una nueva interpretación» prosigue, describiendo las consecuencias de la frustrada reunión de Casa Blanca, en territorio sanducero, en la que participó «Pancho» Ramírez. Escribe el historiador Oscar R. Tavani Pérez Colmán:
«Por encontrarse en esa reunión, con ellos fue aprehendido Ramírez que, junto con sus compañeros fue sometido a rigurosa prisión, más tarde conducido a Montevideo y encerrado conjuntamente con los otros conspiradores en los calabozos de Las Bóvedas. En estos debió perder la vida, «si al sentirse presa de una afección pulmonar, no lo hubiese arriesgado todo, jugándose entre mil peligros». Esta versión fue suministrada por un hermano de Francisco Ramírez al historiador Don Benigno Tejeiro Martínez, quien se inclinaba a creer más bien en la hipótesis de que el futuro caudillo entrerriano fue beneficiado en el canje de prisioneros establecido en el convenio verificado entre el vVirrey Elío y el Primer Triunvirato mediante los oficios del contralmirante inglés Courcy, de la estación naval británica en los mares del Sur, ratificado el 21 de octubre de 1811.
Pero existe otra versión acerca de las actividades de Francisco Ramírez, suministrada en este caso por el historiador oriental Ariosto Fernández, quien sostenía que «el entrerriano revistaba en la nómina de 47 milicianos de Arroyo de la China que acompañaron, el 20 de marzo de 1811, al teniente coronel don José de Urquiza, que era decidido partidario del rey español, para reforzar la defensa de Montevideo contra las tropas revolucionarias. Afirma el citado historiador que Ramírez permaneció en las filas realistas hasta la caída de la plaza de Montevideo».


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (II)

El historiador Tavani Pérez Colmán prosigue su obra expresando:
«Siendo oficial a las órdenes de Michelena, José Rondeau con el sigilo del caso se vinculó a jóvenes entrerrianos partidarios de la independencia de España pertenecientes a familias conocidas de Arroyo de la China y en compañía de los mismos comenzó a conspirar contra las autoridades realistas. Entre ellos figuraron desde el primer instante Francisco Ramírez, Ricardo López Jordán, Manuel Antonio y Agustín Urdinarrain, Miguel Jerónimo Galarza, Mariano Calventos, Gregorio Píriz y Marcos López Jordán».
«Algunos autores han asentado que cuando Michelena abandonó Entre Ríos ante el avance de las milicias gauchas de Bartolomé Zapata, al desalojar Concepción del Uruguay se dirigió hacia Paysandú, ciudad a la que llegó el 11 de febrero en momentos en que era descubierto un grupo de conspiradores orientales que estaba reunido en Casas Blancas. Entre estos se hallaban el cura Martínez, Francisco Ramírez, Francisco Bicudo, José Arbide y Saturnino del Cerro».
«Después de una breve lucha, Michelena aprehendió a todos los conspiradores, salvo Bicudo que logró huir y Saturnino del Cerro que se ahogó en el río a consecuencia de la gravedad de las heridas sufridas al intentar escapar de la partida española».
«Los demás prisioneros fueron embarcados en la escuadrilla española. El cura Martínez y Arbide fueron enviados a Montevideo, donde se los alojó en los calabozos de Las Bóvedas».


1811

Los comienzos de Francisco Ramírez (I)

En su obra de reciente aparición «Ramírez y Artigas-Una nueva interpretación», el historiador Oscar R. Tavani Pérez Colmán reseña algunas actividades del caudillo entrerriano registradas en Paysandú y en el territorio nacional. En el capítulo VII «Inicios de Francisco Ramírez», expresa textualmente:
«Los hechos relatados precedentemente son expresivos de las circunstancias difíciles y confusas por las que atravesaba la población de Entre Ríos, colocada por la fuerza de los acontecimientos en un lugar de importancia en el protagonismo de los primeros momentos posteriores al pronunciamiento revolucionario de mayo. Surge de la documentación existente la actividad desplegada por los patriotas entrerrianos, por un lado eficientes informantes y confidentes de los jefes militares enviados por Buenos Aires, instigadores y colaboradores de los elementos militares al servicio de España que estaban prontos a desertar, y por otro lado valientes y decididos milicianos organizados en partidas que se desplegaban en guerra de guerrillas».
«En ese ambiente tumultuoso había actuado Francisco Ramírez, según una versión generalizada que afirmaba que en 1810 no era «chasquero» de los patriotas sino un importante auxiliar del doctor José Miguel Diaz Vélez, portando pliegos que le daba el capitán José Rondeau para ser entregados al General Belgrano, entonces en Paraná preparando su expedición al Paraguay».
«El desempeño de esa actividad ha sido dada a conocer por el mismo General Rondeau, quien se hallaba en Concepción del Uruguay cuando las fuerzas locales iniciaron su marcha hacia la Bajada en diciembre de 1810, momento en el que se vinculó con el Dr. Díaz Vélez para proyectar el plan de insurrección, para lo cual mantuvo con este una nutrida correspondencia mediante los servicios prestados por Francisco Ramírez. El futuro caudillo entrerriano habría recorrido a tal fin casi semanalmente, el camino que une Concepción del Uruguay con Paraná portando correspondencia y documentación atinente a los proyectos revolucionarios de aquellos jefes, actividad que se prolongó en el tiempo hasta que Martín Rodríguez estuvo próximo a llegar a la Bajada al comando de una fuerza de 600 a 700 hombres».


1814

Entrevista con Artigas (III)

El escocés Robertson, que fue recibido por Artigas en 1814 en Purificación, finaliza su relato.
«Habló conmigo alegremente acerca de sus apartamentos oficiales, y como mis corvas y mis piernas no estaban acostumbradas a ponerse en cuclillas, me pidió que me sentara en el canto de un catre de cuero que estaba en el rincón del cuarto y que hizo acercar al fuego. Sin mayores preámbulos, puso en mis manos su propio cuchillo con un pesado de carne de vaca bien asada. Me pidió que comiera, me hizo beber y por último me dio un cigarro.»
«Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada de un gaucho, y antes que hubieran transcurrido cinco minutos, ya el General Artigas estaba nuevamente dictando a sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios al mismo tiempo que me presentaba excusas por lo que había ocurrido en la Bajada y condenaba a sus autores y me decía de recibir las justas quejas del Capitán Percy, había dado órdenes para que me pusieran en libertad.»
«Era aquel un ámbiente en que simultáneamente se conversaba, se escribía, se comía, se bebía, en razón de que no había cuartos distintos para realizar separadamente cada tarea.»
«El trabajo del Protector se prolongaba desde la mañana hasta la noche, lo mismo que su comida, porque así que un correo llegaba era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego donde estaba el asador con la carne, otro tomaba su sitio.»


1814

Entrevista con Artigas (I)

John Parish Robertson fue un aventurero y escritor escocés que, junto a su hermano William, pasó más de 20 años en tierras sudamericanas; convivió con los artiguistas y dejó relatos de mucho interés histórico sobre sus experiencias.
Llegó a Montevideo durante las invasiones inglesas de 1806 - 1807 atraído por la promesa de rápido enriquecimiento. Asistió a la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires y trató de cerca a sus principales líderes. En 1811 se radicó en Paraguay y en 1813 se reunió con él su hermano William.
En 1814 ambos realizaron un largo y arriesgado viaje por el Litoral, con objetivos comerciales y políticos, ya que llevaban una comisión de Gaspar Rodríguez de Francia y fueron capturados por los artiguistas de Eusebio Hereñú, que los trataron muy mal y les quitaron todo lo que llevaban.
John, pese a su mala opinión sobre Artigas y su gente, pidió una entrevista con el caudillo y marchó a Purificación. Artigas lo rercibió con gran cordialidad, lo que cambió los esquemas del escocés y lo llevó a considerar al caudillo y su causa con mayor simpatía.
A raíz de incidentes derivados de esta relación con el artiguismo, John y William cayeron en desgracia con Rodríguez de Francia, que los expulsó de Paraguay. En los años que John pasó en Corrientes, Santa Fé, Entre Ríos y la Banda Oriental trató a destacados líderes artiguistas como Andresito Guacurarí o su compatriota Peter Campbell.
Publicó «Cartas del Paraguay» (dos tomos, en 1838), «Francia, Reino del Terror» (1839) y «Cartas de Sud América» (tres tomos, en 1843) considerada una de las más notables descripciones sobre la zona platense y el Paraguay de aquella época.


1818

Hábil retirada de Rivera

Numerosos enfrentamientos tuvo el General Fructuoso Rivera en 1818 en territorio de Paysandú. Fueron varios encuentros con las fuerzas portuguesas culminando con una retirada que comenzó en el arroyo Rabón y que es considerada una prueba de su habilidad estratégica.
El 21 de mayo de 1818 Rivera desbarató en Guaviyú una tropa del general portugués Curado quitándole más de tres mil caballos. El 14 de junio siguiente sostuvo con la gente de Bentos Manuel Ribeiro dos encuentros consecutivos en Chapicuy. Obligado a retirarse en el primero, cargó después contra su adversario con tal ímpetu que los forzó a retirarse al Sur en completo desorden, dejando en el campo gran parte de sus soldados muertos o prisioneros.
El 4 de julio Rivera derrotó completamente en el Queguay Chico al ejército de Bentos Ribeiro, liberando a los prisioneros que momentos antes el nombrado general lusitano le había hecho a Artigas y arrebatándole el botín de guerra que había tomado en aquella victoria.
El general Rivera -alentado por estos triunfos- quiso atacar al ejército de Curado apostado en el Rabón, esperando quizás darle una de sus acostumbradas sorpresas. Al encontrarse Rivera inesperadamente en Puntas del Rabón, ante un ejército muy superior al suyo y mejor armado, emprendió la retirada que lo hizo célebre, llamando poderosamente la atención de los estrategas más destacados.
Curado, deseoso de vengar las derrotas anteriores y de terminar con el arrojado defensor empezó con furia la persecución aunque temiendo alguna celada. La persecución duró diez horas y se prolongó por unos sesenta kilómetros. Rivera dirigió con tanto acierto la acción que en toda ella sólo tuvo doce bajas, salvando todo su parque.


1820

Primera maestra particular

La primera maestra particular que tuvo la Villa de Paysandú se considera que fue doña Bernarda Galeano quien en 1820, tenía su escuelita instalada en un modesto rancho en la calle Montevideo y 8 de Octubre (hoy Leandro Gómez).
El historiador sanducero Alfredo Pignat afirmaba que Doña Cayetana Ferreyra de Vázquez, antigua vecina e hija de la ciudad fallecida a los 102 años de edad, recordaba que ella recibió en dicha escuela las primeras nociones del saber conjuntamente con otras niñas de la época, entre ellas la señora Ana Payrot de Lanata, destacada dama que fuera tronco de hogares en Paysandú y Montevideo.
En 1933, el µlbum de «El Diario» sostenía que «el nombre de doña Bernarda Galeano, como primera educadora de la Villa de Paysandú merece la perpetuación en el bronce o en una sencilla placa de nomenclatura urbana, arrancando así del olvido el nombre de quien supo arar hondo en el corazón de la infancia de 1820 para que la justicia histórica rinda su tributo reparador, reivindicando su excelsa memoria a la gratitud de las actuales y futuras generaciones».


1820

El primer Juez Real (II)

El primer Juez Real sanducero, Juan de la Cruz Monzón se destacó por su enconada persecución a los malhechores, fiscalización de los ganados reyunos y el proyecto para fijar límites a la zona de Paysandú, compartido con el comandante Núñez Prates.
Le correspondió también el primer censo de pulperías y el cuadro inicial de gastos e ingresos de la administración del pueblo de Paysandú.
Al cumplirse el primer año de su alcaldía, Monzón renunció exponiendo los sacrificios que imponía el ejercicio del cargo y el detrimento de sus propios intereses.
Tras haberse mostrado partidario de los imperiales, en 1825 se distancia de aquellos. Entra a pelear con Lavalleja. Se arrepiente en 1827 y deserta del ejército. Alvear ordena la muerte por quintas de los desertores. Ya en capilla, es salvado del fusilamiento por el coronel Simón del Pino, uno de los Treinta y Tres.
Al entrar la nación en la era constitucional, fue Juez de la Segunda Sección en 1834. Luego retornó a las tareas rurales y en 1835 compró al gobierno un extenso predio limitado por el río Queguay, arroyo Soto y Sauce y la cuchilla que divide aguas al arroyo Soto, Sauce y Campamento.
Amigo del general Fructuoso Rivera, no pudo escapar al enrolamiento, actuando con sus hijos mayores en los comienzos de la Guerra Grande.
Juan de la Cruz Monzón, primer Juez Real, Alcalde de Paysandú falleció en ésta el 27 de julio de 1841, según lo establece Augusto Schulkin en su «Diccionario Biográfico».


1820

El primer Juez Real (I)

Don Juan de la Cruz Monzón fue el primer Juez Real de Paysandú.
Nació en 1783 en la Villa de Concepción del Uruguay, siendo hijo de Juan Monzón y Francisca Tapia, matrimonio que se radicó en la Banda Oriental a fines del siglo XVIII.
Tanto Monzón como sus padres figuran entre las 25 familias que fundaron en 1800 el pueblo de Belén.
Sostiene Schulkin que tras abandonar aquel poblado ante el desamparo de la zona y las frecuentes rapiñas de los indios, se instaló en la campaña sanducera concretando sus actividades en su estancia del Queguay, habiendo incursionado también en la instalación de una pulpería y en la exportación de corambre.
El 7 de octubre de 1820 fue electo Juez Real en comicios en los que fueron candidatos los vecinos Bernabé Rivera, Faustino Tejera, Tomás Paredes, Joaquín Núñez Prates, Pedro Marote, Camilo Vidal, Domingo Fraga, Fausto Alemán y el propio Monzón que se adjudicó el cargo con un total de 59 votos.
Desde su flamante puesto, con atribuciones de alcalde, debió imponer la justicia y el respeto a la Ley de acuerdo con el comandante de milicias Núñez Prates. A esos efectos dispuso la creación del primer Cuerpo de Guardias de Paysandú, destinado a velar por el vecindario y el resguardo de la «poca libertad que tienen por verse de continuo agredidos», según establece un documento firmado por Monzón y Núñez en Paysandú el 9 de junio de 1821.


1825

Un sanducero fabulista

Don Severo González fue considerado un auténtico fabulista criollo. Nacido en 1835 en Don Esteban, en ese entonces departamento de Paysandú. Fue soldado del ejército sitiador en 1864; se había incorporado a las filas del general Venancio Flores siguiendo la tradición familiar ya que su padre, de origen lusitano, había servido a las órdenes de Rivera. Pasados los acontecimientos bélicos, sostiene Schulkin, González junto a su esposa Claudia Segovia, se dedicaron a las tareas rurales en la estancia «El Arbolito».
En aquel medio áspero, solitario y carente de diversiones, Severo González, en cierto modo patriarca lugareño, comenzó a animar las tertulias con cuentos y fábulas de su cosecha en los que se magnificaban los aspectos más peliagudos.
Por tradición oral se le atribuían un centenar de relatos con una formidable unidad temática basada en el desarrollo de hechos fantásticos e inverosímiles. El escenario era la propia región con sus cauces acuáticos, arenas movedizas, cerros, cuchillas y bajíos así como la fauna doméstica y silvestre que completaban el pintoresco ambiente gauchesco.
A comienzos del siglo XX Alcides de María valoró los cuentos de don Severo González e incluyó varios en las columnas de su revista «El Fogón».
En 1903 el narrador liquidó sus haberes en «El Arbolito» y se radicó en Colonia Porvenir, donde falleció el 21 de diciembre de 1921.


1833

"Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú"

Continuando el relato de su viaje de Paysandú a Salto por el Río Uruguay, en octubre de 1833, escribe Arsenio Isabelle: «El viento era siempre sud, pero débil; al principio bogamos muy lentamente y tan cerca de los árboles que las ramas obstruían las maniobras. Más tarde, comenzó a soplar el viento; alcanzamos muy pronto la antigua aldea de San José, arruinada por los portugueses durante la ocupación de la Banda Oriental, y después la Calera de Barquin, sobre la orilla de Entre Ríos, casi frente a San José. ( ...)
El 22 había viento en contra; el tiempo era hermoso pero sumamente cálido y algo tempestuoso. Descendimos a tierra, en número de cinco, con todas nuestras armas, porque debíamos temer no sólo el encuentro con los jaguares, sino también el de alguna partida de gauchos vagabundos, como las había a menudo en esa época; felizmente, esta precaución fue inútil. ( ...)
El 23 volvió a hacer buen tiempo y una pequeña brisa del sud nos impulsó todo el día. Pasamos ante el Hervidero, estancia y horno de cal, a ocho leguas de Salto, hacia el sur, en un lugar en que el río, muy encajonado y de rápida corriente, no tiene más de sesenta a setenta toesas (60 a 70 metros) de ancho. Parece que la cal hecha en el lugar es de bastante buena calidad.
Una milla más lejos pasamos ante la confluencia del Daymán, río de cuarto órden que desciende del este, en cuyo lecho se encuentran magníficas cristalizaciones de cuarzo hialino, de diversos colores. ( ...)
Salto es una aldea que no tiene ni la mitad de la importancia de Paysandú. Está situada sobre una altura aislada que forma una península en la época de las inundaciones del Uruguay.»


1833

"Paysandú vista desde el nord-oeste es menos desagradable"

En su «Viaje a Argentina, Uruguay y Brasil», el francés Arsenio Isabelle sobre su pasaje por Paysandú en 1833, relata lo siguiente:
«He admirado en casa de don Tomás Greig, administrador del correo, hermosísimas cristalizaciones de cuarzo-hialino, blancas y violetas, aportadas del interior de la Banda Oriental. Al ver la corteza exterior de esas pequeñas masas geodésicas no se supondría, verdaderamente, que puedan encerrar cristales tan hermosos: es negruzca, sin brillo y nudosa y es necesario romper esos bloques más o menos grandes para lograr descubrir su contenido.
El 20 de octubre volvimos a reembarcarnos en otra balandra, de unas cincuentas toneladas. Nos hicimos a la vela a las ocho y media de la mañana, con viento sud y buen tiempo. Una goleta brasileña levó el ancla poco después, con el mismo destino que nosotros: Salto».
«Paysandú, vista desde el nord-oeste es menos desagradable que desde el sud-oeste o fondeadero, porque las casas parecen estar más unidas».
«Hacia el fin del día, cesó el viento; amarramos la balandra a unos sauces, sobre la costa de Entre Ríos, a unas diez leguas de Sandú, en un paraje muy arenoso».
«El 21 el tiempo era bueno, pero calmo, y descendimos a tierra para cazar. Después de haber atravesado bancos de arena llegamos a largas lagunas, o estanques, cuyos bordes estaban cubiertos de zancudas y palmípedos, pero tan salvajes que sus numerosas bandadas volaban fuera de tiro. Fue necesario proceder astutamente para acercarnos. Cuando ya habíamos recurrido a nuestras estratagemas de cazadores para sorprender a los avestruces, garzas y patos, el patrón de la balandra nos hizo señales de que nos volviéramos. Sentimos cierto despecho porque el ardor nos había llevado a internarnos bastante y teníamos la esperanza de encontrar algunas buenas especies de pájaros; debimos contentarnos con los patos y palomas que cazamos, a falta de algo mejor».


1833

El Paysandú de los picaflores (II)

El viajero francés Arsenio Isabelle quedó sorprendido por la cantidad de picaflores que habitaban la zona de Paysandú. Refiriéndose a estas avecillas afirma en su relato:
«El verde-dorado era tan común que matamos ciento veinte en pocos días y sin alejarnos mucho de nuestra morada».
«La sorpresa de los guaraníes y aún de los gauchos era muy grande, al vernos matar a cuarenta o cincuenta pasos un pájaro tan pequeño que no parecía, a veces, mayor que un abejorro en la corola infundibuliforme de un convólvulo. No había nada tan agradable como ver a esos magníficos pájaros-moscas, de reflejos metálicos, deteniéndose repentinamente en mitad del vuelo más rápido, como suspendidos e inmóviles ante una flor, batiendo sus alas con inexpresable rapidez, sumergiendo en el cáliz su pequeña lengua semejante a la trompa de una mariposa y manteniendo el cuerpo erguido, como si estuviera suspendido por el pico. La viveza de su aleteo y la gran elasticidad de sus alas producían un zumbido sordo que delataba su presencia porque lo corriente era que escaparan a nuestra mirada por su extraordinaria vivacidad. También nos divertimos mucho viéndolos atacar con coraje y encarnizamiento a pájaros cien veces más grandes que ellos que se aproximaban casualmente a sus nidos, sobre todo al innoble ‘carancho’ por el cual demostraban particular predilección...»


1833

El Paysandú de los picaflores (I)

El francés Arsenio Isabelle, en el relato de su estadía en el Paysandú de 1833, da cuenta de sus experiencias con los que llama pájaros-moscas:
«El 3 nos fuimos a cazar a la parte sud-oeste de la ciudad, a lo largo de un arroyo que corría entre árboles, en cuyas orillas había varias fábricas de ladrillos, chacras y un saladero. El 4 nos dirigimos al norte; los días siguientes, a la llanura arenosa y boscosa que se extendía al pie de la colina, de modo que pudiéramos explorar todos los alrededores y descubrir la mayor variedad posible de los pájaros que más nos interesaban; camino adelante, aprovechaba para examinar la composición geológica de los terrenos y hacerme de muestras. Los primeros días nuestra caza nos satisfizo poco, pero de inmediato una súbita crecida del Uruguay, verdaderamente extraordinaria, vino a resarcirnos al obligar a los pájaros a abandonar las islas sumergidas para refugiarse en tierra firme. Nos consolamos así de no poder ir a la estancia de un compatriota, el señor Sacriste, debido a que la inundación abarcó toda la llanura. Al octavo día de caza, volvimos con 60 piezas, de las cuales 42 eran pájaros-moscas de dos especies únicas, que se encuentran en esta localidad: el verde-dorado, muy común, y el amatista-topacio, bastante raro».
«Los pájaros-moscas son llamados por los españoles picaflores y algunas veces tente en el aire. Los guaraníes los llaman mainumbi. Los hay, sedentarios, hasta los 35º de latitud austral, lo que no concuerda con las opiniones de Bufón, quien creía que estos encantadores tenuirostros no podían vivir más que en la zona tórrida y que sólo se alejaban con el sol. Las dos especies que acabo de nombrar se encuentran durante todo el año en Paysandú, en Montevideo y en Buenos Aires».


1833

La importancia del "ferro-carril" (IV)

Finalmente, en el «Album de Paysandú», editado en 1933, se describen los principales servicios que a la sazón brindaba el sistema ferroviario en Paysandú:
«Cuatro días por semana corren trenes directos de ida y vuelta entre Salto y Montevideo, pasando por Paysandú los miércoles y sábados a las 8 y 30 horas, los que se dirigen al Norte, y a las 20 y 30 horas los que van a la metrópoli; y los lunes y jueves pasan a las 13 hs. los que van hacia el Sur y a las 15 los que se dirigen al Norte. Los trenes de los miércoles y sábados son internacionales, pues comunican con el Brasil y Alto Uruguay por Santa Rosa del Cuareim».
«En todos estos trenes hay cómodos coches dormitorios y un bien atendido servicio de restaurante».
«Los lunes, jueves y sábados hay trenes directos a Fray Bentos».
«Además de estos trenes con horario fijo, corren diariamente otros por nuestras líneas férreas, con diversos destinos. La compañía tiene abundante material rodante, que pone al servicio del público cuando es solicitado, especialmente para el transporte de ganado».
«El ferro-carril Midland funciona en nuestro departamento desde el año 1890. El ramal Tres Arboles - Piedra Sola (de 56 kilómetros de recorrido) fue inaugurado en el año 1912».
«Pertenece esta empresa a una compañía particular que tiene su directorio en Londres; pero el gobierno le garantiza un tres y medio por ciento sobre el capital, que está calculado en cinco mil libras por kilómetro de vía».
«Tiene esta empresa ferroviaria en nuestra ciudad su gerencia, con los escritorios correspondientes donde hay muchos empleados sanduceros. También están en el recinto de la estación de Paysandú, la principal de la compañía, los talleres de reparación y refacción de esta empresa, donde trabajan muchos de nuestros obreros. La gerencia está a cargo, desde hace muchos años, del señor Gerard W. Teague, que atiende también las empresas similares del Norte y del Noroeste, establecidas en los departamentos de Salto y Artigas».


1833

La importancia del "ferro-carril" (III)

Sobre el extenso y eficiente sistema ferroviario en territorio sanducero, la publicación especial de «El Diario», de 1933, prosigue describiendo:
«La estación Quebracho da salida a los frutos de las regiones de la cuenca Sur del Guaviyú, desde las Puntas de Buricayupí, Cerro Chato y Cuchilla de San José, hasta el Río Uruguay, sirviéndose del camino de la cuchilla de San José, que es el mejor camino natural del departamento, tanto por no haber arroyos en el trayecto, como por carecer de bañados y de lugares de piedra. La estación Queguay facilita el embarque de los frutos del Norte del Río Queguay, donde se están extendiendo los cultivos agrícolas. Los productos de las regiones del Sur del Queguay, San Francisco y de la cuenca del Arroyo Negro, tienen las estaciones de Constancia, Paysandú, Esperanza, Porvenir y Piedras Coloradas. Por las estaciones de Guichón y de Piñera comunican con el ferro-carril las regiones del Sur del curso medio del Queguay y de entre los dos Queguay, aprovechando de la calzada de Andrés Pérez y del puente del Paso Hondo y de la calzada del Paso del Parque del Queguay Chico, pueden enviar sus productos ganaderos, pues no hay agricultura en aquellos parajes, los habitantes del Norte del Queguay Chico y Sur de las Puntas del Daymán, que son los menos favorecidos de nuestro departamento en materia de comunicaciones ferroviarias. Las regiones del Este del Arroyo Corrales, cuchilla del Arbolito, y Puntas del Queguay, tienen a su alcance las estaciones de Tambores y Piedra Sola del ferro-carril Central, y las de Totoral, Criolla y Tres Arboles, en el ramal Tres Arboles - Piedra Sola».
«Hemos de mencionar un pequeño ramal que tiene el Midland de la estación al puerto, y por el cual las cargas pueden pasar directamente del ferro-carril a los barcos y de estos a aquel».
«El ferro-carril Midland tiene en nuestro departamento los siguientes puentes: Guayabos, S. Francisco, Queguay, Algarrobos, Quebracho, Guaviyú, Chapicuy Grande y Daymán, límite con Salto».


1833

La importancia del "ferro-carril" (II)

El «Album del 33», como se lo conoce, continúa describiendo el sistema ferroviario sanducero de la siguiente manera:
«Demás está hacer resaltar las ventajas que proporcionan a nuestro departamento estas fáciles comunicaciones con el Brasil y con los departamentos del Sur. Tampoco podemos silenciar la utilidad que presta a Paysandú el ramal del Midland, Algorta-Fray Bentos. Por medio de este ramal los estancieros pueden enviar sus ganados a la importante fábrica Liebig’s, establecida en aquella ciudad, y que muchas veces compite en el precio de las carnes con los frigoríficos de Montevideo, y se pone Paysandú en contacto con las ricas regiones fray-bentinas de Las Flores y Young».
«Las estaciones del Midland en nuestro departamento están de tal modo distribuidas, que dan acceso a la vía férrea, con relativa facilidad, a todas las regiones de nuestro territorio. Esta compañía, en su línea principal (Paso de los Toros- Salto) tiene en nuestro departamento las siguientes estaciones: empezando por el Sur: Tres Arboles (en Río Negro a pocos centenares de metros de nuestro departamento), Merinos, Capilla del Carmen, Piñera, Guichón,. Guayabos, Algorta, (en Río Negro, empalme con Fray Bentos), Pandule, Piedras Coloradas, Kilómetro 171 (Etchemendy) Porvenir, Esperanza, Paysandú, Constancia, Queguay, Quebracho, Guaviyú, Rivas, Chapicuy y Daymán. En el ramal Tres Arboles, Piedra Sola: Totoral, Criolla y Gloria».
«Las regiones del Norte del Guaviyú y Costas del Daymán, tienen comunicación con el ferro-carril por las estaciones Daymán, Chapicuy y Rivas».


1833

La importancia del "ferro-carril" (I)

El sistema ferroviario fue factor trascendente en el progreso de Paysandú hasta superar ampliamente la primera mitad del siglo XX. La importancia de dicho medio de comunicación y transporte queda refrendada en el «Album de Paysandú», editado por el periódico sanducero «El Diario» en 1933. Sobre este aspecto, al describir el panorama general del departamento, la publicación sostiene textualmente:
«Vía férrea. Paysandú es el departamento de la república que cuenta con mayor número de kilómetros de vías férreas (346 kilómetros en total); y si bien es uno de los más extensos, las vías férreas están dispuestas en tal forma que todos los puntos del territorio tienen fácil acceso a las múltiples estaciones ferroviarias existentes en él».
«El ferro-carril Midland recorre todo el Sur del departamento, de Este a Oeste. De la estación Piedra Sola, que aunque en territorio de Río Negro, está en el límite sureste del nuestro, corre una línea férrea directa a la ciudad de Paysandú, que está en el extremo Suroeste. De esta ciudad el mismo ferro-carril se dirige al Norte, a poca distancia del Río Uruguay, en dirección al Salto, recorriendo así todo el Oeste de nuestro territorio. Y el ferro-carril Central, en su recorrido a Rivera pasa por el Este, donde tiene la importante estación Tambores».
«Estos ferro-carriles ponen a Paysandú en comunicación, por una parte con Montevideo y los departamentos del Sur, Río Negro, Durazno, Florida, Flores (por el ramal Durazno-Trinidad), Canelones y Montevideo».
«Por el Norte, el Central nos une con Rivera y el Brasil, llevándonos hasta Río de Janeiro, y el Midland, que empalma en Salto con el ferro-carril del Norte, nos comunica con este último departamento y con Artigas, y por medio del puente tendido sobre el Cuareim, en Santa Rosa, por donde pasan los trenes internacionales, nos pone en comunicación con el alto Uruguay y con las ricas regiones brasileñas que atraviesan los terrenos de aquella nación, en su trayecto desde el Uruguay a las costas del Atlántico».


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (III)

Una precisa descripción del Paysandú de 1833 realiza el viajero francés Arsenio Isabelle en el libro que relata su viaje por Brasil, Uruguay y Argentina entre 1830 y 1834.
«Hace cuatro o cinco años, Paysandú no era más que una aldea, como las Higueritas, con una docena de ranchos diseminados acá y allá; en 1833, tendría unos cuatrocientos ranchos, una treintena de casas de ladrillos, con azoteas; calles alineadas, aceras, reverberos y una población de casi cinco mil almas, comprendida la de los alrededores.
Las calles corresponden a los cuatro puntos cardinales, como en Buenos Aires y Montevideo. Las cuadras son más pequeñas que en Buenos Aires, lo que favorece las propiedades; sólo tienen cien varas por cada lado y están divididas en cuatro sitios. Hace poco tiempo, el gobierno concedía gratis los terrenos a quienes los solicitaban, pero hoy en día, en que están todos distribuidos en el recinto de la ciudad, no sería posible conseguir un sitio por menos de doscientas piastras fuertes (moneda de plata).
La población aumenta; abundan los extranjeros, sobre todo después del lamentable estado de los negocios en Buenos Aires y de la constitución definitiva de esta pequeña república. Aquí han comprendido, han tenido el buen espíritu de comprender que es preciso atraer y favorecer lo más posible el concurso de los extranjeros, los brazos industriales... He podido ser testigo, al menos, de que no deben soportar ninguna vejación por parte de los habitantes o de las autoridades locales. Quien quiere entregarse a una industria cualquiera, no sufre ninguna traba; se le ayuda, al contrario, y se le estimula por las mismas autoridades».


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (II)

Así relata Arsenio Isabelle su llegada a Paysandú en 1833: «El Uruguay tendrá aquí dos veces el ancho del Sena en Rouen, es decir ciento ochenta a doscientas toesas (aproximadamente cuatrocientos metros)».
«No había entonces más que ocho navíos en eso que llaman puerto, comprendidas dos goletas de guerra pertenecientes al Estado Oriental; pero por lo general siempre hay un buen número de pequeños barcos, porque se trata de un punto muy comercial y, en cierto modo, es el principal mercado de los diversos caseríos del Uruguay o de la parte occidental de la Banda Oriental».
«Nos hicieron subir a bordo de una de las goletas de guerra para verificar nuestros pasaportes; tuve oportunidad de ver, entonces, que estaban muy bien cuidadas. El comandante fue muy cortés con nosotros, lo que me pareció de buen augurio para nuestra recepción en tierra». «Remitiendo las cartas que llevábamos, recorrimos muy pronto la ciudad en todas direcciones: en un par de horas me formé una idea exacta de su importancia actual y de la que es susceptible de adquirir».


1833

El Paysandú que conoció Isabelle (I)

Arsenio Isabelle, un viajero y naturista francés, recorrió Uruguay, Brasil y Argentina entre 1830 y 1834. En 1935 publicó en El Havre su ciudad natal, un relato completo de su viaje. Estuvo en Paysandú en 1833 y narra sus impresiones en el Capítulo XIV, titulado «Paysandú - La Calera de Barquin - El Salto. Allí comienza describiendo la siguiente imagen: «El aspecto de Paysandú, vista desde el río, del lado sud-oeste, es poco agradable. Situada sobre la pendiente de una colina desprovista de árboles, como todas las vecinas; separada de la orilla izquierda o del puerto por una llanura arenosa de casi una milla, el golpe de vista es monótono, comparado con otros sitios del Uruguay, desde su desembocadura hasta aquí. El ojo termina por acostumbrarse, sin embargo, y al internarse en la ciudad (ya se puede darle este nombre) se advierte que no está tan desventajosamente situada como parece al principio, debido, sobre todo, a las inundaciones del Uruguay. Por otra parte, una vez llegados a lo alto de la colina, se goza de un amplio panorama, al que los accidentes del terreno y las islas del río tornan bastante pintoresco. En cuanto al lado del campo, por el este, no puede ser más triste por su desnudez y su falta absoluta de cultivo».


1839

Lavalleja se apresta a cruzar el Uruguay

El primer periódico sanducero, «El Oriental en Campaña», en su ejemplar del 11 de mayo de 1839 presenta la particularidad de que no está fechado en Paysandú sino en el Paso de Paysandú, lo que parece tener relación directa con la principal noticia que publica.
Tras la consabida divisa «Salvar la Patria ó Morir por Ella», informa:
«El día 6 del corriente ha llegado a la ciudad de Paraná el Señor Brigadier General Don Juan Antonio Lavalleja con una División compuesta de un Cuadro de 57 Gefes y Oficiales, el Escuadrón de Dragones de Buenos Aires y el Segundo Escuadrón de la Legión Fidelidad y de la Segunda Compañía de la Escolta la cual debe llegar por momentos al Ejército, al Gran Ejército que manda el ilustre y benemérito General Echagüe, que tantas glorias ha dado a la República Argentina que debe consolidar para siempre el sistema santo de la Federación».
«Tenemos entendido que luego que se incorpore el Señor General Lavalleja, se pasará el Uruguay y Rivera y sus secuaces desaparecerán».


1842

Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana (II)

El acto notarial fechado en Paysandú que otorgaba la libertad de los tres negros esclavos Antonio, Francisco y Juana, en octubre de 1842 continuaba expresando:
«Y les confiere poder irrevocable con libre, franco y general administración para que traten, contraten y testen, comparezcan en juicio por sí o por medio de sus apoderados y practiquen sin intervención del otorgante todo cuanto esté permitido a los que nacieron libres, usando de toda su espontánea voluntad pues para ellos formaliza a favor de los mencionados Antonio, Francisco y Juana esta escritura con los requisitos legales que sean precisos y conducentes a su mayor estabilidad y pide que de ellos les dé las copias autorizadas que quieran para su resguardo y obliga a su persona y bienes a no revocar total ni parcialmente, interpretar, ni reclamar esta libertad y manumisión sin embargo de las causas que para ello tuviere y a este fin renuncia las leyes de su favor y defensa y se somete a los señores jueces que lo sean en el particular para que la observancia de los relacionados le compelan por todo rigor de derecho, en fe de esto otorgo y firmo con los testigos Mauricio López de Haro y Don Melchor Pacheco y Obes. Ante mí, Manuel Cortez. Escribano Público».
La esclavitud fue definitivamente abolida en el Uruguay en el año 1846, tras varias disposiciones que la anulaban parcialmente.
En los años siguientes los gobiernos uruguayos tuvieron que enfrentar numerosos reclamos de Brasil, en general de tono agresivo, por la negativa oficial a devolver a sus amos los esclavos que cruzaban la frontera en busca de la libertad.


1842

Declararon la manumisión de los esclavos Antonio, Francisco y Juana

El siguiente es el texto del documento labrado en Paysandú por el cual se otorgaba la libertad a tres negros esclavos:
«En la villa de Paysandú a treinta y uno de Octubre de 1842 ante mí el Infrascripto Escribano Público y testigos al final nombrados, compareció presente el Exmo. Sr. Presidente de la República y General en Jefe del Ejército Nacional (Rivera), a quien doy fe conozco y digo que en atención a los buenos servicios que ha prestado en asistencia y compañía del Caballero Gordon, agente diplomático de su Majestad Británica, cerca del Gobierno del Paraguay, hasta donde le acompañaron sus esclavos Antonio y Francisco y en reconocimiento a estos servicios ha dispuesto manumitirles, como así también a su esclava llamada Juana, mujer de dicho Antonio y para que tenga efecto la referida manumisión en la vida y forma que más alla lugar en derecho. Otorgar que da y concede plena libertad a los predichos sus esclavos, Antonio, Francisco y Juana, a fin de que la tengan, gocen y disfruten como si fueran naturalmente libres, se desapodera, desiste, quita y aparta desde hoy para siempre jamás del derecho de Patronato y dominio que hasta ahora tuvo sobre ellos y les cede, renuncia y traspasa a su favor, a fin de que no vuelvan a estar sujetos a su servidumbre (...)»


1842

El "Pardo" Luna incendió su casa en Paysandú para no dejarla al enemigo

José María «El Pardo» Luna nació en Paysandú, en fecha que no se ha determinado. Sirvió en las filas del artiguismo e integró las tropas de Fructuoso Rivera que realizaron la conquista de las Misiones Orientales en 1828. Tuvo una estrecha relación personal con ese caudillo y le fue fiel hasta el fin de sus días. Se alzó con él contra el presidente Manuel Oribe, en 1836, y logró destacarse por su habilidad guerrillera, basada en una gran rapidez de movimientos.
Se mantuvo en armas en la zona de Salto después de la derrota de Rivera en la batalla de Carpintería, pasó a Rio Grande do Sul y en 1837 al frente de 200 hombres, como vanguardia de las fuerzas coloradas. Participó en la batalla de Palmar (1838) que produjo la caída del gobierno de Oribe; durante la Guerra Grande, estuvo en la batalla de Cagancha (1839) y en la de Arroyo Grande ( 1842). Se afirma que tras esa derrota, incendió su casa en Paysandú para no dejarla en poder de las fuerzas de Oribe.
Permaneció siempre en pie de guerra, habiendo recibido muchos elogios. Estuvo en la derrota de India Muerta, siempre junto a su caudillo, y falleció inesperadamente el 1º de setiembre de 1846.


1842

La "Cumbre" de Paysandú (V)

Finalizando la descripción de los actos cumplidos durante la reunión internacional de gobernantes, incluida en la obra del Padre Vidal «Estampas Sanduceras» expresa que:
«Se habrá notado que en estos diversos actos no aparece nombrado el Gobernador de Santa Fe, general López; y es que aún no había llegado. El cronista de autos nos sigue enterando de todos los detalles de la fiesta de aquel día, y añade: ‘A la oración del 12 de octubre llegó de Entre Ríos al Cuartel General el señor Gobernador, Don Juan Pablo López, que fue recibido por S.E. el señor Presidente con los honores debidos a su clase, sintiendo vivamente que no se hubiese hallado en la reunión de aquel día’».
«‘Por la noche, una lucida tertulia en el pueblo reunió nuevamente a S.E. el señor Presidente y a los Excmos. Gobernadores de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe. En ella reinó el mismo espíritu de franqueza, libertad y patriotismo. Todo el mundo solicitaba con empeño ver en el campo de San Francisco y en la tertulia de Paysandú, al vencedor de Cagancha, al vencedor de Caá Guazú, al respetable magistrado de la Provincia de Corrientes, el denodado y fiel amigo, el Gobernador López. La presencia de estos cuatro ilustres campeones reunidos con los más importantes y sagrados objetos de libertad y civilización para los pueblos de ambas Repúblicas, formará una época célebre en los fastos de la historia de estos países’».
«‘Una página de oro ilustrará los antecedentes bien glorioso, por otra parte, de estos cuatro personajes’».
«‘¡Lástima grande que las desinteligencias surgidas más tarde entre algunos de estos jefes, llevaran los sucesos por caminos muy distintos de los que ellos se habían propuesto!’»
«‘Pero su narración no entra en nuestro plan’».


1842

La "Cumbre" de Paysandú (IV)

Las celebraciones del encuentro, cumplido en Paysandú, de mandatarios que preparaban una campaña contra Rosas prosiguieron de la siguiente manera, según el relato elaborado por el Padre Baldomero Vidal: «Por la tarde habían de continuarse los festejos: la tropa había preparado el local con el mayor esmero posible. Sigamos oyendo al mismo cronista: «A las tres de la tarde, S.E. el Sr. Presidente, acompañado de los señores Gobernadores de Corrientes y Entre Ríos, de sus respectivos Estados Mayores, secretarios, jefes y oficiales de las divisiones, pasaron a un gran salón, que estaba preparado con sencillez y elegancia, adornado con las banderas aliadas y la de la República. Allí se presentó una mesa de refrescos para más de doscientas personas. Los brindis que con este motivo tuvieron lugar, fueron todos riquísimos de sentimientos patrióticos, de ideas de libertad, de unión y de amistad.»
Haremos gracia a los lectores de dichos brindis, que el citado cronista reproduce meticulosamente y en los que los tres gobernantes presentes se inciensan y piropean mutuamente, y sólo reproduciremos la terminación del postrero, con el que puso fin a la serie el general Rivera, exclamando: «Que concluída la presente guerra, edifiquemos un templo al Señor Dios de los ejércitos, que sea un monumento eterno de agradecimiento». (¡Muy bien! ¡Muy bien!»


1842

La "Cumbre" de Paysandú (III)

La descripción de los sucesos de octubre de 1842 prosigue:
«Formada, la tropa esperaba a los gobernantes amigos. El general Rivera, rodeado por sus oficiales a caballo, se adelantó algunas cuadras, saliendo al encuentro del Gobernador de Corrientes, que llegaba a las 10, acompañado de su Estado Mayor y de su escolta. Cuando se encontraron ambos gobernantes y se saludaron efusivamente, se vio aparecer a unas veinte cuadras el general Paz, que rodeado también de su Estado Mayor, se dirigía al Cuartel General. Cuando se apareó a los otros dos, desfilaron los tres jefes frente al ejército, que los aclamó y al que arengó el general Rivera, diciendo: ‘¡Soldados! Acordaos de lo que fuisteis en Sarandí, en Yucutujá, en el Yi, en el Palmar y en Cagancha. ¡Viva la República! ¡Viva la libertad! ¡Vivan los Gobiernos aliados de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe!‘«
«Entre tanto, había llegado al lugar de la fiesta el Cura Párroco, Don Solano García, y asistido por sus dos Tenientes, el P. Bernardo Laviña y el Presbítero Don José Oriol de San Germán, y por el Capellán del ejército, habían revestido los sagrados ornamentos para empezar la misa, que oyeron todos los presentes poseídos de un alto sentimiento religioso. El redoble del tambor y las vibrantes notas del clarín anunciaban los puntos principales del Santo Sacrificio. Terminado éste y antes de entonar el Te Deum, el celebrante se volvió a la tropa y la arengó entusiastamente».
(...)
«Concluido este acto religioso -continúa el cronista—, una columna de honor, ordenada por S.E. el señor Presidente, marchó por delante de los señores Gobernadores Paz y Ferré, haciéndoles los honores debidos y repitiendo con entusiasmo los más enérgicos vivas a los Gobernadores aliados a la República, a su digno Presidente y a la sagrada causa de la libertad».


1842

La "Cumbre" de Paysandú (II)

El relato del Padre Vidal de los festejos por el encuentro de gobernantes cumplido en Paysandú, prosigue así:
«Llegó el general Ferré y apeándose de su cabalgadura, se confundió en un apretado abrazo con el general Rivera, quien le dirigió una vibrante alocución que, según un cronista de la época, ‘dejó sin palabra al correntino’; aunque otros admiten que Ferré le contestó del mismo tono».
«Montaron a caballo ambos jefes y pasaron revista a la tropa, que los aclamó con sus bandas militares y entusiastas vivas, y luego se puso en marcha hacia la barra del San Francisco, llamada entonces el Rincón de Alemán, donde estaba acampado el coronel Báez con mil hombres y donde se estableció el Cuartel General».
«Se acercaba el XVII aniversario de la Batalla de Sarandí y Rivera quiso celebrarlo con fiestas extraordinarias en su Cuartel General».
«‘¡Soldados! —decía en la proclama dirigida al ejército—. Hoy es uno de los grandes días de la República: hoy es el glorioso y memorable aniversario de la famosa batalla de Sarandí. ¡El último eslabón de la cadena con que nos oprimía bárbaramente el déspota de Portugal y del Brasil, fue destrozado en aquel día célebre por el indomable valor de vuestras lanzas!’»
«La tropa se había extremado en preparar el lugar con esplendidez. Adornado con ramas y flores silvestres, se había preparado un altar para que todo el ejército pudiera oír la Misa que se iba a celebrar en acción de gracias, y el Te Deum que la seguiría».


1842

La "Cumbre" de Paysandú (I)

El presidente de Uruguay y tres gobernadores de otras tantas provincias argentinas, se reunieron en Paysandú en octubre de 1842.
En su obra «Estampas sanduceras» publicada en 1948, el Padre Baldomero M. Vidal describe los hechos registrados citando permanentemente a un cronista que no identifica.
Vidal titula al capítulo «Un 12 de Octubre festejado con Misa y Te Deum en las costas del San Francisco» y en sus partes sustanciales dice:
«El año de 1842 Paysandú fue sede de una conferencia internacional, como se diría hoy».
«Se habían dado cita aquí el general Pedro Ferré, Gobernador de Corrientes, el general José M. Paz, de Entre Ríos, el general Juan Pablo López, de Santa Fe, y el general Fructuoso Rivera, Presidente del Estado Oriental: una cuádruple alianza. Iban a tratar de ponerse de acuerdo para llevar la guerra a Rosas.
El 29 de septiembre llega de Salto el pailebote «Segundo» y de él desembarcaba el Gobernador de Corrientes con una escolta de 50 hombres. Esperábale en el puerto la Guardia Nacional, de gran parada, y al son de la banda le acompañó hasta la Villa, que le recibió con las campanas echadas a vuelo por orden del Cura Párroco, Don Solano García».
«El general Paz hacía dos días que estaba en la Villa, pero hallándose indispuesto, mandó a su plana mayor a saludar a su colega correntino.
Rivera venía del Sur a marchas forzadas para entrevistarse con los gobernadores amigos. El día 6 de octubre llegó a la vista de la Villa; se detuvo a media legua de la misma, en la hoy Avenida República Argentina. Allí echaron pie a tierra los 1.200 hombres de caballería y con los 300 infantes y las 100 carretas que conducían la impedimenta del ejército, formaron en la cuchilla esperando al general Ferré, que salió a su encuentro con la plana mayor y lucida escolta».
«Rivera le esperaba de pie y con el caballo de la rienda, rodeado de su Estado Mayor».


1846

"La espada rota (IV)

La escena final del combate relatado por el Padre Vidal es descripta por el sacerdote, en «La espada rota», de la siguiente manera:
«A las dos de la tarde se levantó bandera de rendición. Cesó el fuego y de entre los escombros de las casas que rodeaban el recinto fortificado que la metralla había hecho volar y las bombas y granadas de las cañoneras habían incendiado, surgieron los vencedores, que rodearon a los vencidos. Más de doscientos de ellos yacían sin vida; muchos eran los heridos; un centenar de ellos se debatían entre la muerte y la vida. Los atacantes habían pagado la victoria con cien muertos y noventa heridos».
«Los que se mantenían en pie, sostenían en sus manos trémulas fusiles humeantes, tercerolas inutilizadas, lanzas astilladas».
«La población civil, que se había retirado hacia el puerto, al oír cesar el fuego, se fue acercando poco a poco y miraba desde cierta distancia a aquellos hombres agotados, ojerosos, con el uniforme destrozado, en cuyo derredor parecía percibirse un halo luminoso de heroísmo».
«En medio de la plaza, pálido y sudoroso, rodeado de algunos de sus oficiales, está el jefe de la defensa, el coronel Don Felipe Argentó: empuña su espada de mando, que no había tenido tiempo de meter en la vaina».
«Un oficial de los vencedores se acerca al heroico jefe vencido y, haciéndole la venia, le ordena que le entregue la espada. Un casi imperceptible temblor de la mano se comunica a la hoja de acero, que introduce rápidamente su dueño en el hueco de un poste y partiéndola en dos, entrega al oficial ambos pedazos, señalando al mismo tiempo a los restos de su tropa y diciendo estas célebres palabras: ‘La espada del jefe de estos valientes se entrega como ellos han entregado sus armas‘«.
«Y queda vibrando en el ambiente esta frase, como estribillo de un himno eterno, que parecen repetir constantemente las auras al resbalar sobre la tersa corriente del paterno Río, recordando las glorias de todos los bravos que hicieron heroica a la ciudad».


1846

"La espada rota (III)

Continuando con su trabajo sobre la defensa de 1846, el sacerdote sanducero Baldomero Vidal afirma:
«Con todas estas fuerzas se rodeó la ciudad».
«Los vascos franceses, comandados por el coronel Brié, ocuparon las alturas de Bella Vista, en número de 500. Un cuerpo de 300 negros atacaría por el Sur, mientras 500 hombres de caballería circulaban por todos lados detrás de la infantería».
«Y el día 26, de 10 a 11 de la mañana, atacaron los vascos, bajando como un torrente por la calle Montecaseros, llamada entonces Gral. Rivera. Y por el lado opuesto atacaron los negros, y por el lado del río hacían fuego las cañoneras, y por todos lados rodeaba la caballería al recinto fortificado».
«Y los defensores a todo contestaban, y hacían retroceder por dos veces a los vascos, dando muerte en la refriega a un hermano del coronel Brié e hiriendo a éste en una pierna. Y oponían tenaz resistencia a unos y otros, y se multiplicaban para contestar al fuego que de todas direcciones los acosaba».
«¿Qué importa decir que los defensores disponían de 10 cañones y de 600 tiros, y que podían disparar setenta mil tiros de fusil y tercerola? Necesariamente había de llegar un momento -y llegó al cabo de cinco horas de fuego incesante-en que los diez cañones callaran porque no tenían más metralla que los alimentase, y en que los fusiles y las tercerolas enmudeciesen, porque las balas se habían agotado y los defensores que en pié quedaban no tenían más que músculos desgarrados y nervios distendidos para oponer al brío de los asaltantes».


1846

"La espada rota (II)

El relato del sacerdote Vidal prosigue con la siguiente descripción:
«La guarnición de Paysandú, al tener noticia de las intenciones de Rivera, se apercibió a la defensa. Se fortificó la plaza, que estaba limitada por las calles llamadas hoy Montecaseros, Florida, Zorrilla de San Martín y Leandro Gómez. En todo este recinto no había más edificación que la iglesia vieja, la cual ocupaba el lugar de la actual finca de la calle 18, con el número 1220, con fondos a la calle Rincón. Donde se levanta la Escuela Industrial estaba el cuartel de Nacionales y enfrente, calle Montecaseros por medio, la casa de Don Diego Herrera, que luego voló durante el asalto, a causa de una explosión. El cuartel de Infantería ocupaba el lugar del templo y casa parroquial actuales, y el de las fuerzas de Marina, la que fue administración del Ferrocarril».
«En cada bocacalle de las que rodeaban el recinto fortificado se abrió un foso y se levantó una trinchera, protegida por una empalizada de postes de ñandubay y por un cañón de batería. Tres cañones más constituían la artillería volante, que se desplazaría según las necesidades del momento».
«Se establecieron también seis cantones exteriores servidos por 130 hombres». «Estas eran las defensas».
«Rivera acampó el día 25 del otro lado del arroyo Sacra y mandó un parlamento al jefe de la plaza, exigiendo su rendición. Se le contestó que mientras hubiera municiones, se pelearía».
«Acompañaban a Don Frutos el general Lamadrid y los coroneles Labandera, Brié, Báez, Pirán, Pozzolo, Espinosa, Camacho y Santander. Y estaban también en el río las cañoneras de la estación marítima de S.M. el Rey de los Franceses, «Alsacienne» y « Pandeur», al mando de sus oficiales y jefes Founier y Evans».


1846

"La espada rota

El episodio final de la defensa de Paysandú acaecida en 1846 es descrito por el historiador Baldomero Vidal en sus «Estampas Sanduceras», publicado en Montevideo en 1948, bajo el título de «La espada rota».
Escribe el Padre Vidal: «Abril de 1846».
«El general Fructuoso Rivera, a pesar del decreto de proscripción que había emanado en contra de él el gobierno de la Defensa, se había presentado audazmente en el puerto de Montevideo, a bordo del vapor «Fomento», y después de triunfar en el motín promovido por sus parciales, había acabado por recibir el nombramiento de Comandante en Jefe del ejército en operaciones».
«En pocos días fue dueño de la Colonia, de Víboras y de Mercedes».
«Vuelto a Montevideo, en lugar de consolidar, como aconsejaba la prudencia, las posiciones conquistadas con estos triunfos, envalentonado acaso con ello, quiso ensancharlas. Y dirigió sus fuerzas a Paysandú».
«Llegó a la vista de la ciudad el 24 de diciembre. El general Servando Gómez, que estaba acampado junto al arroyo de San Francisco, no creyó oportuno ofrecer resistencia al ejército de Don Frutos, y se retiró al Queguay. Quedaba defendiendo la plaza una guarnición de 950 hombres, comandados por el coronel Don Felipe Argentó».
«Era Argentó español de nacimiento, natural de Barcelona; pero como su suegro Don Bartolomé Ortiz, después de radicarse en Paysandú, había tomado a esta ciudad por su segunda patria, a la que dio varios hijos, uno de los cuales, llamado como el Felipe, casó con Doña Juana Graupera y sucumbió en 1865 en defensa de su ciudad».


1858

Gordon: el sanducero que estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires

Eduardo Guillermo Gordon fue considerado el escritor más brillante de su época, habiendo abordado varios géneros literarios con igual éxito.
Nació en Paysandú el 7 de mayo de 1836, hijo del comerciante argentino Juan Gordon y de doña Apolinaria Tejera.
Desde la adolescencia cultivó los más variados géneros literarios, distinguiéndose por sus versos sobre los temas más dispares. A los dieciocho años era ya el más destacado poeta lugareño. Buena parte de su vasta producción de esa época se ha perdido en el tiempo, salvándose solo una pequeña parte por tradición oral o por haber sido insertas en publicaciones capitalinas.
Obligado por su padre, que no estaba de acuerdo con la inclinación del poeta, Eduardo Gordon fue puesto al frente de una barraca que la familia poseía en Buenos Aires desde el año 1840. Poco duró esta actividad pues el joven poeta sanducero no tardó en vincularse a los círculos intelectuales porteños. Fue así que en el año 1858 pudo estrenar el drama en tres actos, escrito en verso, llamado «Desengaños de la vida», en el Teatro Colón de Buenos Aires, sin dudas uno de los máximos escenarios líricos sudamericanos.
Radicado ya en Montevideo, en 1859, creó «La Literatura del Plata», publicación de breve existencia cuyos números contienen numerosas obras de Gordon destacándose, según Augusto I. Schulkin, los versos «A mi madre» incluidos en el número correspondiente al 23 de setiembre de ese año.


1861

Las primeras colmenas

La apicultura comenzó en Paysandú en el año 1861.
Según se ha establecido, el 20 de julio de ese año se introdujeron al departamento de Paysandú, procedentes de Buenos Aires, las primeras abejas indicándose que la iniciativa fue del señor Clemente Buffet.
El 19 de setiembre del mismo año crearon su primer enjambre que fue recogido por Constante Willat, por solicitud del señor Buffet, para comenzar así el proceso de producción de miel. Dio un segundo enjambre ocho días después siendo éste comprado por el señor don Constante Willat.
El tercer enjambre salió un día después del segundo, y fue adquirido por el señor Legar.
En el espacio de 17 días la colmena introducida por el señor Buffet había dado siete enjambres.
Luego, desde el 19 de setiembre de 1861 hasta el primero de abril de 1862 se contaban en Paysandú 32 colmenas producidas todas por una sola, aquella original traída de Buenos Aires.
El señor Buffet tenía sus colmenas en su quinta del pueblo sobre bancos de madera y estaban protegidas por sencillas enramadas.
Para el año 1866, entre los señores Buffet, Miranda y Willat, contaba Paysandú con un total cercano a las 200 colmenas.


1862

Gordon: el propietario del "Bazar del Ancla de Oro"

Ya radicado en Montevideo, tras una fugaz experiencia con «La Literatura del Plata», el escritor sanducero Eduardo Gordon dirigió en 1860 «La Presidencia», diario destinado a promover la candidatura de Julio Pereira —hijo de Gabriel Antonio Pereira— para sustituir a éste, cuyo gobierno terminaba aquel año.
En ese mismo año publicó «Ensayos Poéticos» - «Hojas del Corazón» en un volumen de más de 200 páginas, así como se editó en Uruguay el drama «Desengaños de la Vida».
Tras estos ensayos y al no contar con mayores medios de subsistencia, debió aceptar un cargo de delegado en la Aduana de Fray Bentos.
Encontrándose en Paysandú, el 2 de mayo de 1862 libró poder ante escribano a favor de su futuro hermano político, Pablo Díaz, para que lo representara en Montevideo para contraer matrimonio con Orfila Díaz.
La situación económica del poeta pareció mejorar, sostiene Schulkin, al realizar algunos buenos negocios entre los que se cuenta la venta de una finca ubicada en la esquina de 8 de Octubre (hoy Leandro Gómez) y 33 Orientales, que fuera propiedad de su abuelo, que la traspasó a Benito Chaín y éste la vendió al súbdito brasileño Maximiano Ribero. En esta propiedad se encuentro el sitio donde fuera inmolado el General Leandro Gómez el 2 de enero de 1865.
Con el apoyo paterno, Gordon estableció en 1862 el «Gran Bazar del Ancla de Oro», en realidad un almacén de ramos generales, ubicado en la esquina Noreste de 8 de Octubre (Leandro Gómez) y 33 Orientales que sería conocida como «El Ancla Dorada», lugar que paradójicamente fue primero reunión de opositores a Leandro Gómez y luego adquirió especial destaque histórico por haber sido bastión en la Defensa de Paysandú.


1865

Blanes y la Defensa (IV)

El primer cuadro realizado por Blanes y denominado «Ataque general a Paysandú» fue expuesto en lo de Conte y Fancischelli, donde acudió mucha gente, ya que el episodio había conmovido hasta su raíz la sensibilidad y la curiosidad de los rioplatenses. Los apuntes fueron dejados de lado. Blanes vio que no iban a tener colocación las otras telas que, mediante aquellos croquis, se propuso pintar: el fusilamiento de Leandro Gómez, la muerte de Lucas Píriz, los últimos momentos de Raña, el entierro de los muertos, etc. No pasó mucho, lo necesario para que Flores se afirmara en el gobierno, y Blanes volvió a Montevideo donde expuso la tela y resolvió venderla. Como no aparecía el candidato, apeló al recurso de la rifa, muy en boga, por otra parte en aquellos tiempos, para la venta de alhajas, cuadros, muebles, etc. de valor. Estaba a punto de comenzar la venta de los números cuando se le apareció el Coronel Don Manuel M. Aguiar, Jefe Político de Montevideo, que venía muy entusiasmado con el propósito de adquirir el cuadro. El no lo compraría, pero iba a hacer que lo comprara el Brigadier Venancio Flores. Blanes suspendió la rifa y esperó la contestación del Jefe Político. A los pocos días, Aguiar le hizo saber que el Presidente Provisional, es decir, el General Flores, ofrecía 15 onzas por la tela (unos quince mil dólares de la actualidad).
El pintor sacó el cuadro del caballete y se lo envió a Flores contra reembolso. Se afirma que Flores ni lo desenvolvió, tal como estaba, se lo envió al autor del cañoneo a Paysandú, el Almirante Alves Lisboa, conocido como Barón de Tamandaré. El Barón se lo ofreció al Emperador del Brasil, que por esa época era Don Pedro II.
El cuadro pintado por Blanes sobre la Defensa muestra a numerosas familias, especialmente mujeres y niños, refugiados en la isla Caridad mientras la ciudad era bombardeada.


1865

Blanes y la Defensa (III)

Instalado ya en el navío «Guardia Nacional» que comandaba el Almirante Murature, Blanes comenzó su tarea. Recorrió todos los sitios del combate. Visitó el lugar donde fusilaron a Leandro Gómez y a sus compañeros de resistencia. Lápiz en mano, iba tomando apuntes. Como Blanes fue muy veraz en sus croquis se considera una gran pérdida el hecho de que no se haya sabido más de ellos. Afirman que estuvo en la esquina de las calles 18 de Julio y Montevideo, donde cayó Lucas Píriz; fue al corralón donde una granada alcanzó a Raña, matándolo, etc. Ya los sanduceros estaban recomponiendo la ciudad. Algunos edificios destrozados aparecían con andamios y albañiles. De todo fue tomando apuntes Juan Manuel Blanes, luego fue a la costa y fijó en sus papeles la perspectiva del río y de las islas con respecto a la situación de la escuadra atacante que comandó el Barón de Tamandaré. Personaje que, a la postre, va a ser el principal beneficiado por la visita de Blanes al Paysandú semidestruido.En el barco en que se alojaba el artista, con el grado de oficial, prestaba servicios un sobrino de Blanes. Un hijo de su hermana Concepción, de nombre Carlos José Arzac Blanes.De Paysandú, Blanes regresa a Buenos Aires. Lleva apuntes de todo tipo. También llevaba fragmentos de varias cosas, entre otras, un pedazo del mármol de la estatua de la Libertad, destrozada a cañonazos en los comienzos del ataque a la ciudad.Luego, relata Martínez: «De regreso a su casa de Libertad, en Buenos Aires, Blanes se puso a pintar. Dele y dele a los pinceles hasta dejar pronto un óleo, apaisado, que representa el ataque a Paysandú en el primer día del año de 1865. En él se distingue la isla de la Caridad, que sirvió de refugio a las familias que huyeron de aquel infierno de sangre y fuego; mujeres, pocos hombres, el río, una carpa a la derecha, y todos los barcos, combatientes y neutrales, durante el bombardeo que abatió las fuerzas de la denodada ciudad. Ciudad que se entrevé en la tela, distinguiéndose la Iglesia, el Baluarte de la Ley y la batería de las tropas sitiadoras situada en Las Tunas».


1865

Blanes y la Defensa (II)

Radicado con su familia en Buenos Aires, Juan Manuel Blanes toma conocimiento del acontecimiento que conmueve la región, el Sitio de Paysandú.
Recibe las noticias del bombardeo, asalto y la toma de la ciudad. El fusilamiento de su heroico defensor, el coronel Leandro Gómez, jefe militar de la plaza.
De inmediato el artista realiza un dibujo de Leandro Gómez que es impreso en Montevideo. El trabajo está basado en una de las fotografías del héroe. El retrato, dada la magnitud de los acontecimientos, acuciando la curiosidad pública, tuvo una gran aceptación por parte del público uruguayo, porteño y de las provincias linderas al río Uruguay. Se vendió bien por todas partes. «Este primer éxito mueve a Don Juan Manuel a trasladarse a Paysandú. Piensa que haciendo un buen cuadro con todo aquel montón de ruinas el éxito va a ser infinitamente superior. Blanes era blanco-oribista pero en materia partidaria era hombre sin ninguna militancia efectiva. Tenía aquellas ideas, pero fue incapaz de participar en ninguna de las frecuentes contiendas armadas que se efectuaban entre blancos y colorados en ese movido período que va del ‘51 al ‘72. Período que, entre temblores y terremotos bélicos, asonadas, motines, acapara casi todas las páginas de la triste historia de ese lapso», afirma Mario Martínez.
Entonces Blanes viene a Paysandú. El 20 de enero de 1865 aparece Juan Manuel Blanes por la maltrecha ciudad. Hay escombros por todas partes. Han pasado 17 o 18 días del bombardeo y todavía están enterrando los muertos. El aspecto de la ciudad es impresionante. El olor, nauseabundo.
«Blanes, presentado al marino italiano don José Murature, que servía a la Armada Argentina y comandaba el ‘Guardia Nacional‘ —que estuvo de observador de los hechos— tuvo por hotel aquel barco. Mitre y Andrés Lamas lo habían recomendado al viejo marino».


1865

Blanes y la Defensa (I)

Juan Manuel Blanes, conocido como el «Pintor de la Patria», autor entre otros cuadros del «Juramento de los 33 Orientales», «Artigas en la Ciudadela», realizó varias obras sobre la Defensa de Paysandú.
Nacido en Montevideo, en 1830, de familia muy modesta, abandonó la escuela a los 11 años. Ya de niño se destacó por su habilidad para el dibujo. Trabajó como tipógrafo de un diario del Cerrito durante la «Guerra Grande». Blanes comenzó a pintar en Montevideo, en 1855 se radicó en Salto y dos años después en Concepción del Uruguay donde realizó numerosas pintura para Urquiza, decorando incluso el Palacio San José, residencia del caudillo entrerriano. Viajó a Europa para realizar estudios de perfeccionamiento de su técnica pictórica.
Blanes volvió de Europa en el vapor «Saint Togne» llegando a Montevideo el 28 de junio de 1864 tras un trasbordo que se hizo en Río de Janeiro, ciudad que le gustaba a Blanes, por cuanto «ya que el hombre negociante superaba siempre en él al artista, aquel boato imperial podría dar mucha ‘tela‘ para sus retratos», según sostiene Mario Martínez.
Blanes venía de regreso de la beca que le fuera otorgada por el gobierno uruguayo. Pensionado, que se decía por esos tiempos, luego de tironear largamente en la Cámara el monto de la pensión que, al final, quedó fijada en ochenta pesos. No bien llegó, el Encargado de Negocios de Paraguay, le encargó un retrato del Presidente de aquel país, Francisco Solano López. Blanes hizo el retrato de López a caballo, un caballo tordillo.
Como la República estaba conmovida por las revueltas partidarias Blanes, que quería «sacarle jugo a su pincel», se embarcó para Buenos Aires donde visita a Andrés Lamas. Alquiló una casa en la calle Libertad, hizo viajar a su familia y se puso a esperar el desarrollo de los acontecimientos. Ocurrió, por esos días, fines del ‘64 la tremenda odisea de Paysandú.


1865

Un trozo de lienzo (II)

En relación a la pieza histórica de referencia, valioso recuerdo de la heroica Defensa de Paysandú, éste es el texto del acta labrada oportunamente para certificar la autenticidad de la reliquia:
«Acta».
«A solicitud de Don Eduino Sanz, encargado de Don Ricardo Sienra, declaramos: que en 1865 las paredes del salón principal de la Jefatura Política estaban cubiertas con lienzo empapelado, del cual es una parte el trozo que en este acto tenemos a la vista y que presenta más de ochenta agujeros producidos por las descargas de fusilería del ejército aliado que tomó esta plaza el dos de enero de 1865, constándonos los hechos expresados, por haber concurrido frecuentemente a dicho local, en esa época».
«Y a los fines que convengan, en la ciudad de Paysandú a 19 de mayo de 1903, suscribimos este documento firmando a la vez el trozo de lienzo referido José Morelli, Isidoro Pérez Manuel D. Cameselle, Abdón L. y Pereira».
«Certifico que Don José Morelli, Don Isidoro Pérez, Don Manuel D. Cameselle y Don Abdón Larzábal y Pereira, mayores de edad, de este vecindario y de mi conocimiento, han suscripto a mi presencia la declaración que antecede y el trozo de lienzo a que ella se refiere, el cual firmo y sello requerido por dichos señores; a cuya solicitud expedido el presente, que signo y firmo en la ciudad de Paysandú diez y nueve de mayo de mil novecientos tres. Juan D. Schweizer, escribano».


1865

Un trozo de lienzo (I)

Varios vecinos de la zona, testigos oculares del bombardeo de Paysandú, brindaron su testimonio para certificar la autenticidad de un trozo de lienzo que cubría las paredes de la Jefatura Política en aquella época y que ha sido donado por su poseedor, Don Manuel Sienra, al Museo Histórico de Montevideo.
El señor Eduino P. Sanz, encargado en la localidad sanducera de las diligencias encaminadas a probar la autenticidad de dicho objeto hizo, en 1903, legalizar las firmas de los testigos anteriormente referidos, ante el escribano señor Schweizer.
Reafirmando este hecho, el 20 de mayo de 1903, se publicaba en el vespertino sanducero «El Paysandú» la siguiente información:
«Un recuerdo histórico. Testimonios de su identidad».
«Noticiamos días pasados que iba a ser regalado al Museo Histórico por su poseedor señor Sienra, un trozo de lienzo que cubría las paredes de nuestra Jefatura cuando se produjo la toma de esta plaza en 1865, y que para el efecto se iba a obtener el testimonio de personas que han actuado en aquella época, reconociendo aquel objeto».
«Ahora debemos agregar que dicho testimonio ha sido obtenido, labrándose con tal motivo el acta, cuya copia publicamos en la sección Comunicados y que será enviada a su destino la semana entrante».
«Además, sabemos que el coronel Enrique Olivera, suscribirá un testimonio igual pues también ha comprobado la identidad de dicho recuerdo histórico. Si no firmó el que dejamos nombrado fue porque habíase presentado cuando ya estaban legalizadas las firmas anteriores por el escribano nombrado».


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (V)

La traducción de la crónica del «Standard» de Buenos Aires publicada por «El Paraná» y recopilada por Oscar R. Tábano Pérez Colmán finaliza así:
«En todo Paysandú únicamente tres casas escaparon al saqueo general: el Hotel de Francia, la del Cónsul español y otra que no recuerdo. He tenido que escribir esta carta con muchas dificultades, no siendo la menor la que estoy acabándola a bordo del ‘Era‘, donde todo está bailando y temblando de manera que se hace muy difícil escribir. Por tanto escusaréis los errores de todo género que contenga».
«En la calle Real, á una cuadra de la plaza se ve una mancha oscura en la vereda; fue allí donde cayó Rafael Fernández. Parece que después de la capitulación un soldado fue hacia él ordenándole que arrancase la cinta blanca de su sombrero. Ora fuese por un acto de arrogancia ó porque se hubiese sobrecogido, sacó la cinta, arrojó su sombrero y quedó con la divisa en la mano; un momento después se revolcaba en su sangre».
«He procurado con cuidado informarme de quiénes fueron los hombres que cometieron más tropelías, saqueos de casas, etc. Si brasileros ú Orientales. En la mayor parte de los casos fueron los últimos. El mismo Gómez pasó de unas en otras manos. Cayó primero en poder de los brasileros; éstos le habían salvado su vida, pero Gómez indignado pidió que le fuera concedido entregarse en manos de sus compatriotas».
«De este modo vino á caer en poder del mayor Belén, y tuvo que sujetarse á la cobarde ‘costumbre del país’».
«Como muchos otros, me había imaginado que los Orientales no pelearían. ¿Qué había hecho Moreno? ¿Qué había hecho Sáa? El mismo Flores, ¿qué hizo en sus tres diferentes apariciones frente á Montevideo? Dirigió algunas balas á la Catedral y disparó enseguida. Pero en Paysandú, los Orientales han mostrado tal valor, tal bravura personal y tal entusiasmo por su causa que no pueden menos que arrebatar la admiración de todos».
«En los muros de Paysandú está escrita una historia que por nadie podrá ser contradicha. Los oficiales del buque de S.M. ‘Dotterel‘ hablan con sentido aplauso del inmenso coraje desplegado por sitiados y sitiadores. Que el Salto y el río Yí, Florida y San José digan lo que quieran; Paysandú será por siempre la página brillante de la historia Oriental, ilustrada por una gloriosa defensa y por la muerte de un mártir. Gunnybags».


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (IV)

«Gunnybags» prosigue su relato estableciendo que «Mi guía parecía creer en descrédito de Gómez, que en el último instante de su grande espíritu había desmayado, y que las lágrimas corrieron por su rostro. No fue así. La fanfarronería en el momento de la muerte puede tener la de un ladrón que sube á la horca, á los grandes criminales como Muller. Loor al valiente! Al retirarme noté en el patio una mancha oscura, y me dijeron que allí Gómez había sido traído después de fusilado, cortándosele enseguida la cabeza. Todo el oprobio de esta cobarde acción es atribuida al coronel Goyo Suárez, y la inmediata ejecución de aquella hazaña al mayor Belén. Sobre esto sin embargo, no todo concuerda y será trabajoso para los historiadores futuros el señalar al verdadero ejecutor».
«Seguidamente me fui al cementerio. En la parte superior de la entrada yacía el más que descompuesto cuerpo de un gaucho soldado. El olor que despedía, como debéis imaginaros, era insoportable».
«Empujé apresuradamente la pesada puerta de fierro y penetré al cementerio: allí, por la primera vez de mi vida sentí una pestilencia tal que hubo de causarme náuseas y desmayarme. Procedía de un cajón que estaba cerca de la entrada ante el cual pasé sin detenerme á examinarlo; seguí pues, adelante, y encontré varias señales de recientes entierros, y solamente otro cuerpo insepulto. Era éste de un anciano (a juzgar por su larga y blanca cabellera) y en un estado menos repelente que los demás».
«Como nada más había que ver, me apresuré á apartarme de aquel horrible sitio. Parecía que se hallaba completamente abandonado. Uno de los más grandes y hermosos monumentos de mármol estaba roto».
«La Gefatura de Policía es un lindísimo edificio con estatuas de mármol en su frente, etc. Este se halla horriblemente acribillado, como todos los demás por las balas de rifle y de cañón».
«En las casas opuestas encontré un piano hecho pedazos, retratos al óleo con los ojos cortados, sillas destrozadas, etc. Y no es ésta desgraciadamente, la historia de una sola casa sino la de todas».


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (III)

Con precisión en muchos aspectos, la crónica titulada «Una visita a las ruinas de Paysandú» describe: «La iglesia que da a la izquierda, una mitad de la cual es una masa de ruinas: la otra mitad está perforada en todas direcciones. En el interior la encontré llena de uniformes militares desgarrados, mochilas, gorras, etc. Pero hablando de esto, todo el recinto de la Plaza estaba sembrado de fusiles rotos, mochilas, cartucheras, sables, cientos de gorras, balas de cañón y de rifle, botellas, documentos oficiales, divisas blancas y coloradas, etc. Al lado opuesto de la ‘fortaleza‘ está la Comandancia, donde Gómez tuvo su cuartel general hasta que el edificio se vino abajo en varias partes, viéndose obligado á dejarlo. Mi amigo, el fotógrafo que viajaba conmigo tomó algunas vistas de los lugares más notables. Detrás de la comandancia tropecé con tres hombres quemados, y porqué, nadie lo sabe. Allí estaban con las manos unidas sus carbonizados esqueletos».
«A los fondos de la iglesia encontré otro cuerpo sin cabeza. Los zapatos, el poncho y el resto de su vestido estaban en buen estado pero el cadáver presentaba un aspecto demasiado horrible para que pueda describirse».
«Enseguida fui en busca de la ‘quinta de Rivero‘, donde fue Gómez fusilado».
«La señora de la casa me mostró bondadosamente el lugar de aquel hecho. En un jardín cercado de una pared baja unida á una baranda de fierro; en aquel rincón murió, el heroico Gómez».
«El sitio es triste, sombrío, cubierto de maleza, que se ve ha sido hollado. Allí cayó; su sangre estaba allí. Arranqué cuidadosamente algunas de las manchadas y descoloridas hojas y púselas en mi cartera».


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (II)

El relato del recorrido de «Gunnybags» por las ruinas de Paysandú, publicado por el «Standard» de Buenos Aires, prosigue en los términos que siguen.
«Todas las casas están desiertas, las puertas rotas, arrancadas las ventanas; ruina, estrema ruina es lo que la vista alcanza en todas direcciones. A media cuadra de la Plaza está la segunda trinchera, y mas cerca aun, se encuentra la famosa torre de los valientes defensores de Paysandú. Su forma recuerda más que ninguna otra por su singular estructura, la manera como pintan la torre de Babel. En el centro de la plaza veese el pedestal de la estatua de mármol de la Libertad. No ha quedado en pié sino el pedestal cuadrangular en cuyos lados leese las inscripciones siguientes:
Conservemos la Constitución
La educación es la base de la Libertad
La Constitución asegura todas las libertades
Erigida en el año 1859.
La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos, junto a la baranda. Como levantase yo del suelo algunos pedazos del blanco mármol, recordé cuanta verdad encierra la conocida frase; «Libertad, cuantos crímenes cométense en tu nombre!»
Trepé a la batida «fortaleza». Entre los escombros había una plancha de hierro (evidentemente de la puerta) con esta inscripción.
Paysandú año 1864
Por orden del Coronel Leandro Gómez
Construido por Antonio Martín de Lascano
Nadie al contemplar estas cosas puede dejar de sentirse profundamente admirado de la inmensa energía, perseverancia y talentos desplegados por los heroicos defensores de Paysandú. La torre está cribada de balas. Algunas anchas aberturas han sido cubiertas con sacos de lana suspendidos por cuerdas desde lo alto de la torre. Un miserable cañón de antigua hechura permanecía aun sobre ella. Por todas partes vénse manchas de sangre.»


1865

"La pobre libertad yace en tierra, hecha pedazos" (I)

Resulta sobrecogedora la crónica de una recorrida por las «ruinas de Paysandú», publicada con la firma de «Gunnybags» en el «Standard» periódico de habla inglesa que se editaba en Buenos Aires. La siguiente traducción fue realizada por el diario «El Paraná», de la ciudad de Paraná, Entre Ríos y recogida por Oscar R. Tavani Peréz Colmán en su obra «El sitio de Paysandú desde El Paraná», que reproducimos textualmente.
«Martes 31 de enero de 1865.
Una visita a las ruinas de Paysandú.
Paysandú, enero 10 de 1865.
(Traducido del Standard)
De todos los desagradables ú horribles espectáculos que me ha tocado presenciar en mi vida, me ha parecido el más lamentable el que ofreció á mi vista la ciudad de Paysandú. Por la parte del río nada de estraordinario se reserva, y el barquero os planta en tierra á la manera atrasada del país, esto es, llevándonos á babucha.
Al subir la barranca, detuvimonos en un pequeño rancho, donde fue nuestro equipaje examinado. Supe con sorpresa que el General Flores se encontraba allí. Parecióme mucho más viejo de lo que yo creía, á juzgar por sus retratos. Tiene la barba casi enteramente blanca, formando contraste con su singular y atezada catadura. Juzgo que ni aún entre los Tejes de Islandia se le tendría por hermoso. Durante los diez minutos que permanecí en el rancho, no menos de cinco chasques llegaron caballo con comunicaciones.
Por lo que se veía no había allí rodados de ninguna especie, por lo que determiné irme á pié á la ciudad, distante á cosa de una milla. No tardé en ver las señales de las balas de cañón y á poco más andar (cerca de seis cuadras de la Plaza) la primera trinchera. Estaba fuertemente construida, y tiene una zanja y un portón de hierro. Casi el espacio de media cuadra caminé entre montones de lana, papeles, ladrillos, etc, por entre las trincheras y las casas saqueadas.»


1865

Gordon: de "La Nueva Numancia" a "El estreñido"

Exiliado por razones políticas en 1864, el escritor y comerciante sanducero Eduardo Gordon se radicó en Concordia donde publicó a partir del 15 de diciembre de ese año el periódico político «El Republicano» que tuvo una vida azarosa hasta que fue clausurado por orden de las autoridades entrerrianas.
En 1865 escribió «La Nueva Numancia», obra destinada a ensalzar la heroica Defensa de Paysandú. A esa época corresponde también el drama en un acto y en verso «La Patria» dedicado al gobernador de Entre Ríos general Justo J. De Urquiza firmando sus trabajos serios con el seudónimo de «Republicano». Pero, harto de situaciones que consideraba injustas, escribió en versos anónimos «El estreñido» composición humorística con dejos obscenos criticando duramente al gobierno entrerriano. El folleto circuló profusamente pese a que la policía entrerriana incautó cuantos ejemplares pudo encontrar mientras que Gordon escapó refugiándose en Salto.
Vuelto a Paysandú se dedicó a solucionar asuntos económicos y luego viajó a Montevideo para editar «El Orden» con el apoyo del futuro dictador Pedro Varela. Cerrado el periódico viajó a Europa . Vuelto a Montevideo, en 1870 publicó un semanario de caricaturas llamado «El Garrote» que luego se fusionó con otro similar llamado «La Ortiga».
Tras componer numerosas obras, el 10 de agosto de 1876 en el Teatro San Felipe y Santiago de Montevideo se estrenó su comedia en tres actos, en verso, «El Lujo de la Miseria» que según la crítica constituyó un éxito clamoroso. Falleció en Montevideo en diciembre de 1881 a causa de un cáncer de estómago.
Desde Paysandú., una comisión presidida por Setembrino Pereda se encargó de llevar a la viuda un aporte de la ciudad para ayudarla en su difícil situación económica.


1865

La barba de Leandro Gómez (II)

En la entrevista realizada al práctico de la escuadra brasileña que se encontraba frente a Paysandú, Pablo A. Dugrós, ante la pregunta de Rossi sobre si era cierto que le habían cortado la barba a Leandro Gómez luego del fusilamiento, aquel respondió:
«_ Es cierto el dato; pero ese acto no se ejecutó como una profanación, sino como exteriorización de sentimentalismo».
«_ ¿Saben ustedes quién fue que le cortó la pera a Leandro Gómez? Pues nada menos que un primo de los viejos Ramírez, un tal Mujica, mayordomo del saladero Paysandú, que vestía en ese día, un traje de jaquet claro, prenda que recién se empezaba a usar».
«A poco de haber ocurrido lo del gaucho, llegó el señor Mujica, quien luego de contemplar los cadáveres, nos pidió permiso para cortar la pera a Leandro Gómez con el fin, -dijo- de llevársela como recuerdo a la familia de éste».
«Nosotros le contestamos que éramos simples espectadores como él; y que entendíamos que con tales propósitos, no se cometería ninguna profanación. Yo le expliqué a Nuñez, que aquí era corriente cuando moría un ser querido, que sus deudos le cortasen el cabello para hacer cuadros simbólicos o cadenas para el reloj».
«Y así fue que Mujica extrajo de una cartera de bolsillo una tijerita; y agachándose cortó con sumo cuidado la barba del general, la que ató después por el centro, con una cinta celeste que extrajo del bolsillo posterior de su jaquet».
«Observando este detalle de la cinta -lo recuerdo perfectamente bien- dije por lo bajo a mi compañero: ‘Este ha de ser blanco también‘«.
«Después... empezó a llegar más gente y nosotros nos retiramos».
Veinte años después
«Veinte años después y en circunstancias que yo regresaba de Buenos Aires, a bordo de uno de los buques de la carrera, no recuerdo si el ‘Minerva‘ o el ‘Apolo‘, a donde había ido piloteando un barco, me encontré con mi viejo amigo, el coronel Vicente Maciel, quien viajaba acompañado de su suegro y de Leandro Gómez, hijo éste del general».
«Pedí a Maciel que me presentase al joven Gómez, pues siempre tuve deseos de saber si se les había hecho entrega del recuerdo; y de boca del hijo del general, supe que Mujica había cumplido su misión entregándoles la barba que tanta marcialidad diera al enérgico rostro del bravo militar, que tan trágicamente muriera en la heroica defensa de Paysandú».


1865

La barba de Leandro Gómez (I)

El periodista y escritor Rómulo F. Rossi entrevistó, a comienzos del siglo XX, a varios testigos de la Defensa de Paysandú. Entre los consultados se encontraba Pablo A. Dugrós, práctico de la escuadra brasileña durante el bombardeo. En el marco de una extensa entrevista, relata que:
«Al acallar los cañones -repito- bajé a tierra acompañado por el capitán Núñez del «Araguaya». Caminando por la calle 18 de Julio, llegamos a la esquina de la Plaza, siendo más o menos las siete u ocho de la mañana cuando sentimos una descarga de fusilería. Sorprendidos al principio, nos detuvimos pensando que muy bien podrían ser los defensores de algún cantón que quemaban sus últimos cartuchos; pero a poco, un hombre que se cruzó con nosotros, que nos dirigíamos en dirección hacia la casa de Maximiano Ribero que era donde habían partido los tiros, nos dijo:»
«_ Ahí acaban de fusilar a Leandro Gómez y a otros compañeros más».
«Penetramos al local; y allí, en el jardín, frente a una pared que miraba hacia el oeste, estaban tendidos en el suelo, sin sus ropas exteriores, los cadáveres de Gómez, Braga, Acuña y Fernández, este último de filiación colorada pero que defendía la plaza y dicen que cuando fue fusilado, tenía prendida en su casaquilla la medalla ganada en la batalla de Caseros...»
«_ ¿Y cómo, siendo colorado, peleaba contra sus correligionarios?»
«_ Porque según lo decía el mismo, entendía que como buen militar, cumplía con su deber defendiendo al gobierno legalmente constituido».
La barba de Leandro Gómez
«_ Se ha dicho —preguntamos al señor Dugrós— que a Leandro Gómez le cortaron la barba. ¿Es verdad eso?»...


1865

La reconstrucción del Templo (II)

El acta de la sesión del 9 de noviembre de 1865 del la Comisión Económico Administrativa de Paysandú donde se resuelven acuerdos para la reconstrucción de la Iglesia sanducera, continuaba expresando:
«Enseguida el Señor Vicepresidente mandó se leyese nuevamente el contrato Poncini y Cía. celebrado con la Comisión para la reconstrucción del Templo con el obgeto de hacer conocer la nueva base introducida en el contrato, por la que va a quedar establecido que los señores Poncini y Cía. transfieren a favor de la Comisión la reclamación por perjuicios de guerra. Concluida la lectura el Señor Vicepresidente tomó la palabra y hablando con poderosas razones demostró lo favorable que era esta nueva base introducida para la Comisión como también para el país».
«La base nuevamente introducida al contrato tuvo la aprobación general de los señores de la Comisión».
«En el curso de la discusión sobre este mismo asunto el señor Don Luis Galán Rocha dijo que si debían o no pagar las torres como si se mantuviese, a lo que le fue contestado por el Señor Vicepresidente que estaba convenido que lo que estuviera hecho y lo que se suprimiría sería calculado en la medición general como si existiese».
«Siguió el Señor Vicepresidente con la palabra y propuso, haciendo ver las nuevas ventajas que se reportarían de la construcción de un aljibe al lado de la Iglesia que recibiese la gran cantidad de agua que recogían sus techos, agua que se utilizaría en la misma obra ahorrando cantidad de pesos que se gastaban en ella para la misma obra, que después de ésta quedaría siempre y podría utilizarse como una fuente pública. Fué aprobada esta indicación por todos los señores votándose se llevase a cabo».
«Siempre con la palabra el Señor Vicepresidente y en el deseo y deber de hacer conocer a la Comisión las necesidades de a que fuere preciso dar preferente atención, hizo notar la que había de que se resolviese algo para concluir con el zanjón que existía al norte en el pueblo, que en la estación lluviosa incomunicaba a ambos vecindarios».


1865

La reconstrucción del Templo (I)

Tras la Defensa de Paysandú, 1864- 65, al comenzar un período de paz, se encaró la reconstrucción de la Iglesia sanducera (hoy Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo), cuyo edificio se encontraba en etapas finales de su construcción pero resultó seriamente dañado, especialmente por el cañoneo durante los combates.
Las obras fueron encomendadas a la empresa Poncini y el contrato sufrió luego modificaciones acordadas por la Comisión Económico Administrativa de Paysandú. El acta correspondiente a la sesión en que se tomaron dichas determinaciones registra las opiniones vertidas así como otras resoluciones. El documento, registrado en la página 80 del Libro de Actas del organismo expresa:
«En la ciudad de Paysandú a los nueve días del mes de noviembre de 1865, reunidos en el local de sus sesiones los señores que componen la Comisión Económico Administrativa, presentes el señor Vicepresidente Don Pedro Alvarez, señores miembros Don Luis Dufrechou, Don Ambrosio Castagnet, Don Luis Galán Rocha y Don Pedro Britos, con asistencia del Señor Jefe Político Coronel Don José Mundel, ausente el señor Don Benito Chain. El Señor Vicepresidente abrió la sesión mandando leer el acta de la anterior lo que hecho por el Secretario el Señor miembro Don Ambrosio Castagnet, observó que se había omitido decir que el Señor Jefe sometía el asunto que traía a consideración de la Comisión a falta del Juzgado Ordinario, que saluda esta Comisión y firmaba el acta».


1866

Inauguraron Salón de Recreo

Parece ser que, pese a la lluvia, la inauguración de un «salón de recreo» constituyó una novedad de mucho interés para Paysandú. Así lo consignaba el martes 21 de agosto de 1866 el vespertino «El Comercio», en el siguiente artículo:
Redacción
«Salón de recreo».
«El domingo se inauguró el salón y el prestidigitador Cortés, que aparecía por primera vez ante nuestro público».
«El tiempo no fue propicio, llovió todo el día y un poco a la tarde, lo cual hizo que no concurriesen sino unas pocas señoras y esto hacía desmejorar el aspecto general de la sala».
«Sin embargo la concurrencia de hombres era selecta y no bajaba de cien a ciento veinte personas».
«El teatrito estaba muy bien arreglado, tenía lo que los franceses llaman chic».
«En cuanto a Cortés, trabajó muy bien y fue aplaudido frecuentemente, durante la función».
«Todas las pruebas gustaron y por eso no las describimos ni clasificamos; sin embargo una de ellas a juicio de los muchachos fue magnífica: —la de convertir un carro de repollos en dulces y servirlo a la concurrencia; con pruebas tan prácticas como ésta, Cortés será siempre popular entre la gente menuda».
«Debemos con toda confianza recomendar el espectáculo como cosa digna de verse sobre todo desde que ahora hay palco para las familias que los prefieran».
«Otras informaciones de la misma columna indicaban:»
«El domingo a la noche, un irlandés, Miguel Redman, saltó el cerco que divide esta casa de la de Burgos y entró como un furioso, rompiendo puertas, volcando muebles y poniendo en la mayor consternación a la familia que la habita. Una señorita de la casa, rompió un vidrio para dar voces a la calle, lastimándose».
«Es indudable que este hombre sufría una especie de locura producida por la bebida, y dotado de una musculatura muy vigorosa, fue difícil tomarlo sin lastimarlo. Hoy yace en el Hospital donde lo condujo la policía que lo tomó».
«Ha llovido mucho; tanto que nuestras calles están intransitables por el barro. El año sin duda estará bueno para los estancieros, y se dice que trabajarán bien los saladeros en la estación».


1866

Ni armas ni galope

Ante diversos problemas suscitados en la planta urbana de Paysandú, la Jefatura Política y de Policía del departamento dio a conocer el siguiente comunicado que reproducimos textualmente:
«Gefatura Política
Edicto
El Gefe Político y de Policía del Departamento, notando la contravención a las disposiciones vijentes, que prohíben el uso de armas por los particulares, dentro de las poblaciones y galopar por las calles
Ordena:
1º) El que se encontrase con cualquier clase de arma dentro de esta Villa, excepto en viaje, será penado con 4 pesos de multa por primera vez quedando el arma a disposición de la autoridad. Los carreteros y carniceros que precisan del cuchillo lo llevarán atado a las estacas.
2º) Los que se encuentren galopando por las calles, sin que sea en servicio público, serán conducidos precisamente a la policía para pagar una multa de 2 pesos, siendo prevención que la pagará doble el que la abonase de todo o en parte a cualquier empleado fuera de la oficina.
2º) Queda prohibida la venta de bebidas al menudeo en el mostrador de las casas de negocios, despachadas en vaso, ni menos admitir reuniones de juego o beberaje que ocasionen el escándalo; los contraventores sufrirán la multa de 20 y 5 pesos moneda nacional, en uno y otro caso.
4º) Para que no de alegue ignorancia empezarán a tener efecto estas disposiciones el 15 del corriente.
Paisandú, setiembre 6 de 1866 Ventura Torrent»


1866

Buscan al que encontró mil pesos

Un caballero, que se define como «desgraciado», perdió en el centro sanducero una suma superior a los mil pesos, cifra verdaderamente importante si consideramos en esa época un pantalón de buena calidad costaba alrededor de tres pesos.
Ante su mala fortuna, el sábado 25 de Agosto de 1866 publicó en «El Comercio» de Paysandú, el siguiente: «Aviso al público»
«El hombre que levantó los $1.007,50 perdidos al lado de la puerta del Hotel de Francia, no habiendo entregado la plata al desgraciado que la perdió, damos más abajo las señas de dicho hombre a fin de que si alguno lo conoce pueda señalarle por su nombre al señor Bertrandè, quien le gratificará con $200 si se encuentra la plata».
«Según declaración hecha por un joven al cual habló el hombre al momento de levantar la plata de la vereda diciéndole: ‘Mirá muchacho cuanta plata encuentro yo. El que la haya perdido podrá reclamarla, soy yo que la tengo‘, las señas del individuo: hombre gordo y alto, edad como de cuarenta años, cara colorada, bigotes rubios, barba corta como de quince días y muy fuerte; cuando camina le juegan un poco las espaldas. Ese día, 17 de agosto, vestía todo de gris, hasta el sombrero».
No aparece en el periódico ni en otros registros dato alguno que permita confirmar que el dinero haya sido devuelto a su propietario original.


1866

Panorama de noticias (II)

El periódico sanducero «El Comercio», en su sección «Redacción» del 30 de octubre de 1866, continúa ofreciendo las siguientes noticias.
«El Administrador de Correos se ha hecho de un mueble muy útil, que es un carrito cuadrado para traer la correspondencia del puerto. El vehículo es muy modesto, un cajón de zarazas probablemente, pintado de blanco y semejante a los que se usaban en Montevideo para enterrar pobres durante la aciaga época de la fiebre amarilla; pero sirve para su fin y felicitamos al señor Administrador por este adelanto.»
———
«La obra de la Iglesia ha empezado de nuevo y creemos que se piensan activar los revoques anteriores en virtud de algún nuevo contrato que no conocemos.»
———
«El Señor Antonio Lasarga renunció al nombramiento que le espidió la Junta de miembro de la Comisión de Inspección y no sabemos si se ha subrogado todavía.»
———
«Los ómnibus iniciadores que habían desaparecido hace algún tiempo, van a establecerse de nuevo en la carrera al Puerto, pero ignoramos todavía la estación, que hayan designado en el pueblo. Suponemos que será en la agencia de vapores en la Plaza. La semana pasada han hecho varios viajes con el fin de probar los caballos.»
———
«Dentro de poco tiempo van a desaparecer dos feas ruinas de la esquina de calle Queguay (hoy Herrera) y 18 de Julio, los propietarios de Marcos Lesnier y la testamentaria de Jhoons van a edificar buenas casas que con las que concluye de edificar el señor Miramond darán otro aspecto a esa parte céntrica del pueblo».


1866

Panorama de noticias (I)

El 30 de octubre de 1866, el vespertino sanducero «El Comercio» publicaba una serie de noticias que ofrece una interesante visión de la actividad cotidiana del Paysandú de aquella época. Bajo el título «Redacción», dice en su página 3:
«El domingo tuvieron lugar varias carreras en las cuales se nos informa que perdió el señor Fonseca, ganador de las anteriores».
«El sol era fuertísimo y hacia el fin descargó el tiempo un copioso aguacero, razón por la que no hubo música el domingo como de costumbre».
«La diligencia de Tacuarembó entró el sábado a la noche con algunos pasajeros y no trae noticias de importancia».
«El domingo a la noche hubo una reyerta en una fonda de la calle Real (18 de Julio), cerca de la Plaza (Constitución) y los serenos acudieron al rato para restablecer el orden».
«Se confirma la noticia de la próxima llegada del General Flores a visitar este departamento y el del Salto, de lo que nos felicitamos porque es natural esperar una ventaja para nuestro departamento y principalmente sus obras públicas».


1866

Pagaron 50.000 libras esterlinas por una estancia

Las apreciaciones cuya traducción transcribimos a continuación, fueron publicadas por el periódico argentino de lengua inglesa «Standard» el 7 de setiembre de 1866:
«Gran aumento del valor de las propiedades en la Banda Oriental».
«No deja de llamar la atención al gran aumento de valor que van tomando las propiedades raíces de la Banda Oriental y dudamos que se pueda producir mejor prueba de la prosperidad de una nación que el aumento sostenido en el valor de sus propiedades. Los fondos públicos, las acciones de bancos y los ferrocarriles pueden subir por medio de la especulación, pero es imposible suponer que el gran aumento del valor de las propiedades de todas clases de la Banda Oriental se deba a esta causa.
Desde los terrenos de estancia en Tacuarembó hasta los solares para edificar en La Unión, notamos una suba enorme y aunque parezca extraño los campos de la Banda Oriental hoy son más buscados que los de Buenos Aires.
(...)
«Probablemente la venta de estancia más importante ha sido la de la propiedad de Iglesias, Román Grande y Román Chico, en el Departamento de Paysandú por el Barón de Mauá al Señor Lasarga. El precio de compra es más de cincuenta mil libras esterlinas y si no estamos mal informados este mismo Señor Lasarga hace algún tiempo arrendó la Estancia de Crocker. El Señor Lasarga es hijo de italianos y se dice es bastante rico».


1866

Por un pantalón quemado con la plancha (II)

La «solicitada» publicada relatando los hechos registrados a raíz de un «pantalón de casimir que tenía la delantera quemada de la plancha», finaliza de la siguiente manera:
«El Teniente Alcalde le toleró con mucha prudencia esta bravata y muchas otras que siguieron, contestándole únicamente que se esperase hasta que cada uno expusiese sus razones que enseguida el sabría cumplir con su deber; pero, fueron vanas las protestaciones y la prudencia del juez para tranquilizar a esta persona, que ya venía predispuesta a insultar a todos los que no le ayudasen a seguir su capricho».
«En numerosas ocasiones tuve que callarme en el corriente del juicio al verme insultado delante de la autoridad y personas respetables; considerando por una parte, el sexo de mi imprudente contraria; y por otra parte, el respeto a la autoridad; hasta que al fin cesaron los gritos de aquella mujer, arreglándose en recibir dos pesos por cancelación de cuentas, que le di en el acto, abandonándole también los pantalones quemados».
«No ignoro que si un hombre honrado y decente trata con la gente inferior, ha de salir siempre perjudicado, y además esta pobre mujer no podrá devolverme la buena reputación que ella y su consorte han intentado quitarme; pero, siendo un deber social por un mandamiento expreso de ser útil al prójimo, quedarán avisadas con esta relación todas las personas decentes que deben guardarse de tratar con esa buena gente, que no sirve más que para perjuicios».
«Por lo que toca a mi parte, estoy satisfecho de la conducta que observó el comisario, y también de la sentencia del Señor Teniente Alcalde del Primer Cuartel, Don Antonio Quintana; y aún más contento de haber escapado de las uñas de esa buena gente, deseándoles la prosperidad que puedan conseguir con su deliberada determinación de dañar al prójimo».
«Paysandú, septiembre 7 de 1866 (Firmado Martín Hardoy)».
«Los insultos mencionados en la presente relación, fueron inferidos en mi casa en mi presencia, exceptuando lo ocurrido en la barbería de Don Pedro San Julián. Firma Antonio Quintana Teniente Alcalde».
«Los insultos mencionados en la presente relación y que tuvieron lugar en la barbería de Don Pedro San Julián, pasaron delante de mí, R. Astrada Comisario de Policía».


1866

Por un pantalón quemado con la plancha (I)

Todo un proceso policial y judicial tuvo lugar en Paysandú a causa de un pantalón que una lavandera y planchadora quemó. Una síntesis de los hechos está contenida en una solicitada que se publicara en el periódico sanducero «El Comercio»el martes 11 de setiembre de 1866, en su página 2, con el siguiente texto:
«Solicitada».
«Señor Redactor de ‘El Comercio‘: Sírvase V. dar publicidad a la siguiente:»
«En la noche del 1º de setiembre corriente me hallaba en la barbería de Don Pedro San Julián, cuando de improviso se lanzó hacia mí el individuo Don Pedro B. Beguerye mostrándome el puño para pegarme al mismo tiempo que me cargaba de insultos, los más soeces, diciéndome que era un pícaro y que quería robar 4 pesos que le debía a su esposa».
«Esta tropelía se cometió delante del Comisario Don Roque Astrada, quién intimó inmediatamente al agresor a ir arrestado».
«Al siguiente día comparecí al Juicio del Teniente Alcalde del Primer Cuartel, demandado por Doña Isabel de Beguerye para cobrarme lo que ella suponía que yo le debiese por cuidado de mi ropa; y en aquel acto puse de manifiesto un pantalón de casimir que tenía la delantera quemada de la plancha, y tres pares de medias cambiadas por otras inferiores en uso y calidad, para descontar los 4 pesos de su valor, con la seguridad de tener un saldo a mi favor».
«Estaba yo presente en la casa del Teniente Alcalde cuando entró el mismo Comisario Astrada para entregarle una nota por asuntos diferentes de nuestra cuestión; y habiéndose enseguida despedido el Comisario, se apareció mi contendiente Doña Isabel que se desató, al entrar, en llenarme de improperios y nuevos insultos, llegando hasta decirme que tuviese mucho cuidado en Paysandú por haber muchos vascos preparados para hacerme pedazos, porque era yo un pícaro y un miserable».
«Y, para que todos tuviésemos parte de la imprudencia y desfachatez de esta mujer le dijo al Teniente Alcalde antes de sentarse, que venía a buscar justicia; pero, habiendo visto salir al comisario de su casa, que conocía y estaba segura que no alcanzaría la justicia que venía a buscar».


1866

Construirán cuartel para la "Urbana"

El 1ª de junio de 1866 el periódico «El Comercio» destacaba la próxima construcción de un cuartel junto a la Jefatura Política y de Policía de Paysandú (hoy Jefatura de Policía) señalando:
«El nuevo cuartel».
«Publicamos a continuación un aviso de la Gefatura Política para la construcción de un cuartel para la Compañía Urbana, Banda de Música y Policía en el terreno de pertenencia pública que se halla ubicado al lado de la Gefatura de Policía. Los avisos llaman a los proponentes hasta el día 31 de mayo pero este no es un motivo fundado porque encontrándose el Coronel Mundell en campaña no se determinará sobre la propuesta presentada hasta su regreso».
«Se ve que consiguientemente habrá tiempo para nuevas propuestas y aceptación de la más ventajosa».
«El nuevo cuartel responderá a una necesidad bien sentida; propiamente hablando, hasta aquí no ha habido un edificio que pudiese servir a ese destino. El que actualmente sirve para ese objeto es insuficiente porque sirve de cárcel pública y no tiene comodidad para la música, policía, Compañía Urbana y alojamiento de policía de campaña cuando vienen al pueblo. Allí falta una caballeriza para el policía que venga de campaña, falta una pieza para la música, falta el alojamiento que corresponde a los oficiales y falta sobretodo esa separación tan necesaria entre el soldado y el preso a quien debe custodiar».
«En el plano del cuartel se prevén todas estas necesidades, y llevado a cabo esperamos que no tendrá el pueblo que criticar con justicia lo que observa hoy diariamente, una hilera de soldados haciendo campamento en la vereda y una tropilla de caballos obstruyendo la calle y espuestos todos a los accidentes de la intemperie por falta de local».
El aviso decía así:
«Gefatura Política y de Policía Paysandú, mayo 9 de 1866. Se llama a propuestas para la construcción de un edificio cuartel al lado de la Gefatura que debe hacerse con arreglo al plano que al efecto se pone de manifiesto en esta oficina, y cuyas propuestas se recibirán abiertas, en presencia de los interesados, siempre que aquellas pasen de dos».
«José Mundell».


1866

Reglamento contra vagos (II)

El texto de las disposiciones adoptadas por la «Jefatura Política de Paysandú» en setiembre de 1866, continuaba expresando:
«3º) Ningún encargado o propietario podrá sacar papeleta de peón para inscribir los que no estén conchabados en su establecimiento debiendo recoger la papeleta de los peones que despida o salgan de su conchabo, dando cuenta inmediatamente al Comisario de Policía, quedando sujeto por la infracción de esta disposición a una multa de 30 pesos por la primera vez».
«4º) Todo peón que al salir de su conchabo no haga entrega a su patrón o al Comisario de la Policía de la papeleta que se le dió para su garantía, será considerado como vago y como tal remitido a esta Gefatura Política».
«5º) Toda casa de negocios que consienta reuniones de juego y haga despacho de bebidas al menudeo para ser tomadas allí sufrirá una multa de 50 pesos moneda nacional».
«6º) Por las multas que se establecen en el edicto, o por cualquier otra que se imponga por faltas a las disposiciones policiales se darán recibos impresos que irán visados por el Gefe Político, sin cuyo requisito nadie estará obligado a satisfacerla».
Ventura Torrent
«Habiendo hecho presente el Médico de Policía que la cicuta por su fetidez puede ser muy nociva a la salubridad pública, se invita al vecindario para que la haga cortar en sus terrenos y en los frentes de sus casas».
«Previniendo que serán multados con 8 pesos o su equivalente aquellos que por indolencia no lo hubieran hecho antes del día 30 del corriente mes».
«Paysandú septiembre 17 de 1866. Ventura Torrent».


1866

Reglamento contra vagos (I)

Ante las numerosas situaciones difíciles que se presentaba en la campaña sanducera con la aparición de numerosos «vagos y mal entretenidos», la Gefatura Política de Paysandú (como se escribía por aquel entonces) dictó una serie de disposiciones destinadas a controlar la conducta de aquellos. La siguiente es una reproducción textual de las mismas:
«Edictos».
«Gefatura Política de Paisandú».
«Paysandú, septiembre 11 de 1866».
«Concibiendo que es una conveniencia general, tanto para la garantía de los intereses, cuanto para la seguridad individual y moralidad del departamento, dictar medidas que reglamenten en lo posible el modo de vivir de gran número de habitantes de nuestra campaña; cortando a la vez los abusos y perjuicios que ocasiona la vagancia en muchos casos, el Gefe Político y de Policía del Departamento ordena:»
«1º) Desde el 1º del entrante mes de octubre los dueños o encargados de establecimientos no podrán consentir más agregados en sus campos que aquellos que posean alguna hacienda y los recursos necesarios para su subsistencia».
«2º) Los propietarios o encargados de establecimientos que consientan por cualquier consideración un agregado en sus campos que no reúna las condiciones que espresa el artículo anterior sufrirán una multa de 25 pesos por primera vez siendo además responsables de los perjuicios que por tal razón hubiera sufrido el vecino».


1866

Venden el Banco Comercial de Paysandú (II)

La información brindada el 19 de junio por «El Comercio» sobre la adquisición del Banco Comercial de Paysandú, continuaba con la siguiente trascripción:
«En Montevideo, a 3 de mayo de 1866 ante mi el infrascripto escribano y testigos, compareció Don Francisco Luis de la Costa Güimaraens, Gerente del Banco Italiano y vecino de esta ciudad a quien, doy fe, conozco y dijo que confiere poder especial, tan bastante como se requiera, si es necesario para más valer a Don Ernesto de las Carreras para que contrate la incorporación del Banco Comercial de Paysandú, al que el compareciente representa; facultándolo para que firme la escritura de traspaso o cesión del activo y pasivo del mencionado banco de Paysandú al Italiano, practicando todas las diligencias que sean necesarias hasta dejar de todo punto concluido el objeto del que se le encarga».
«Paysandú 15 de mayo de 1866.»
«Convenio:»
«1º) El Banco Italiano se hace cargo del activo y pasivo del Banco Comercial de Paysandú desde el 31 de marzo próximo pasado, corriendo las operaciones desde esta fecha por cuenta del Banco Italiano».
«2º) El Banco Comercial cede al ‘Italiano‘ los beneficios que pudieran obtenerse por pérdida en la emisión circulante».
«3º) El Banco Italiano entregará al Banco Comercial 240 acciones representativas del capital realizado, debiendo tener lugar el canje de ellas al ser distribuidas las acciones a los demás accionistas».
«4º) Los accionistas del Banco Comercial mientras no sea instalado el Banco Italiano, recibirán por sus acciones igual dividendo al repartido en los semestres anteriores».


1866

Venden el Banco Comercial de Paysandú (I)

El Banco Comercial de Paysandú fue adquirido en 1866 por el Banco Italiano. Sobre la transacción, el periódico sanducero «El Comercio» informó el 19 de junio de ese año en los siguientes términos:
«Sección oficial».
«Paysandú, mayo 28 de 1866. Excelentísimo Señor Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Hacienda, etc, etc.»
«Sr. Ministro:»
«El infrascripto, Presidente del Director del Banco Comercial de Paysandú, tiene el honor de dirigirse a V.E. acompañando copia legalizada del convenio de amalgama celebrado entre la sociedad que preside y el Banco Italiano a establecerse».
«Como V.E. verá por el espíritu del convenio y las obligaciones contraídas, asume el Banco Italiano la responsabilidad de las operaciones del Banco Comercial desde el 1º de abril del corriente año».
«Dios guarde a V.E. muchos años. L Dufrechou Presidente - L Vázquez Secretario».
«Ministerio de Hacienda».
«Montevideo, junio 7 de 1866».
«Enterado insértese en el Libro respectivo, publíquese y devuélvase. Rúbrica de S.E. Márquez».


1866

En mayo entraron 55 y salieron 60 buques

El siguiente es el informe de la actividad portuaria de Paysandú, correspondiente al mes de mayo de 1866:
«Exportación para ultramar».
«Día 1º al 31».
«Cabal y Williams 90 pipas (toneles) de grasas, 30 toneladas de huesos, 64 cueros vacunos secos, 1302 quintales de carne; C. Libaros 3.870 kilogramos de carne, 100 pipas de grasa, 5.000 cueros vacunos salados, 15 toneladas de huesos, Vordonnaise y Cia 2.691 quintales (un quintal 46 kgs.) de carne tasajo, 12 pipas de aceite de potro, 633 cueros de potro, 960 cueros nonato, 210 toneladas ceniza, 60 toneladas de huesos, 1.800 cueros carnero, 10 kilos de cerda, 32 pipas de aceite; Antonio de C. Antequeira 175 pipas de grasa, 1.674 cueros vacunos salados, 60 toneladas de huesos, 3.977 quintales de carne de tasajo».
«Buques entrados al puerto en el mes de mayo»
«Holandés 1
Italianos 7
Prusianos 1
Nacionales 15
Argentinos 29
Brasileros 2
Total: 55"
«Buques salidos del puerto en el mes de mayo»
«Holandeses 2
Italianos 5
Españoles 1
Prusianos 1
Nacionales 34
Argentinos 17
Total 60".


1866

Comisión de agrimensores para las calles

El desorden imperante en el trazado y medición de la planta urbana hizo que la Comisión Económico Administrativa de Paysandú creara una comisión de agrimensores para planificar una regularización. Así lo comunicó el organismo al Ministerio de Gobierno según la siguiente nota: «Al Señor Ministro de Gobierno Don D. Zorrilla».
«Paysandú 18 de abril de 1866 Exc. Sr. Mtro».
«La Comisión Económico Administrativa encargada por la Ley de velar por el bienestar de esta localidad há comprendido que una de las principales mejoras que reclama urgentemente el vecindario, es la planificación regular de sus calles las que por falta de dirección competente en años anteriores y de unidad de sistemas, han venido a quedar en un estado de desorden, el más deplorable».
«Por la falta de ese sistema, sancionado definitivamente, cada agrimensor inventa el suyo, apartándose de los trabajos geodésicos que antecedieron produciendo así la confusión y el choque constantes de intereses particulares.
Este mal há llegado a producir muy serios y frecuentes desacuerdos en la población y se hace urgente remediarlo, como así mismo establecer reglas fijas para el porvenir».
«Al efecto esta Comisión ha decidido nombrar una comisión facultativa compuesta de los señores agrimensores Don Víctor Delor y Don G. Hammett asociados al agrimensor municipal para que levanten la traza regular del pueblo con arreglo a los principios de la ciencia y de los hechos existentes.
La composición de esta comisión ofrece todas las garantías necesarias, siendo los tres agrimensores designados vecinos de este departamento, conocedores y prácticos de los defectos que se han enumerado. La Comisión tiene plena confianza de que sabrán corresponder a las exigencias de su nombramiento».
«Es en vista de esto que se dirige a V.E. pidiendo la superior aprobación para este nombramiento como así mismo para los gastos que demande, Dios guarde a V.E. muchos años».


1866

Hay que pagar la Contribución (II)

De acuerdo a lo dispuesto por la Comisión Económico Administrativa sanducera, así continuaban las instrucciones dadas a los recaudadores sobre el «Modo de cobrar»: «Hará ver ésta a todos los vecinos frente a su oficina para que presten las declaraciones según la Ley, fijándose en cuanto sea posible en las declaraciones de años anteriores y teniendo presente que de un año para otro no mencionando estado de guerra, seca o epidemia, hay aumento general en la hacienda».
«El cobro del Impuesto no es necesario que se verifique en dinero. Puede usted recibir en pago órdenes contra cualquiera de los bancos existentes en esta ciudad o contra personas de respetabilidad en este vecindario».
«La Comisión Económico Administrativa há recibido orden del Superior Gobierno para terminar (siendo posible) toda la cobranza antes del 15 de mayo, pero comprendiendo que no tanto urge la rapidez de la operación como su buen resultado, recomienda a usted que ponga todo su empeño en practicar bien la recaudación aún cuando esto demandase algunos días más de demora. Debe usted bajar a esta ciudad inmediatamente que concluya una Sección para rendir cuenta de lo cobrado y verter el importe en la Tesorería Departamental, en la inteligencia que habiendo simplificado la operación por la Contaduría General del Estado, se puede practicar convenientemente en uno o dos días, quedando usted espédito para proceder a la otra Sección sin pérdidas de tiempo. Traerá usted consigo una lista de las personas que no hayan pagado en la Sección al venirse, ya sea por la distancia, ausencia u otro motivo, dando copia de esta lista por escrito al comisario para que los haga bajar a esta ciudad dentro del término de 30 días, a pagar directamente en la Tesorería Departamental lo que adeudasen de manera que concluida la Segunda Sección, pueda usted dar por terminada su comisión completamente».
«La retribución del 4 por ciento que asigna la Ley para la Oficina de Recaudadores pertenece a usted como comisionado especial y Jefe de Oficina, como asimismo todo el trabajo de recaudación, debiendo limitarse el Sr. Juez de Paz, como miembro consultor de la Comisión a poner su visto bueno en los talones de las planillas».


1866

Hay que pagar la Contribución (I)

En abril de 1866 comenzó en Paysandú el proceso para el cobro de la Contribución Directa. A esos efectos fue dado a conocer por la Comisión Económico Administrativa de Paysandú el siguiente edicto:
«Debiendo procederse a la declaración de capitales para el cobro del Impuesto de la Contribución Directa de este departamento por el presente año, de conformidad con el Decreto reglamentario de ella y con la Ley vigente sobre la materia del 19 de julio de 1862; se previene a los contribuyentes de esta ciudad y Primera Sección que se ha establecido la oficina respectiva en la Tesorería Departamental, donde deben concurrir todos los días hábiles desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde».
«En las secciones 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª y 7ª de campaña se han fijado las oficinas de recaudación en casa de sus respectivos Jueces de Paz».
«En la sección Villa Independencia (Fray Bentos) se recaudará por medio de una comisión nombrada al efecto por la Comisión auxiliar de dicho pueblo».
«Habiendo dispuesto el Superior Gobierno conceder una prórroga para el pago hasta el día 15 del entrante mes de mayo se publica por edicto para que llegue a conocimiento de quienes corresponda y no se alegue ignorancia».
Mientras tanto, a través del Libro Copiador de Notas del organismo conocemos las instrucciones que recibieron los cobradores. Las mismas son, textualmente: «Instrucciones a los recaudadores - Modo de cobrar»
«La cobranza del Impuesto Directo se hará por una comisión compuesta de Ud. como Jefe de Oficina y del Sr. Juez de Paz de la Sección como miembro adjunto».
«Salido del pueblo presentará Ud. su nombramiento al Juez de Paz y al Comisario de Policía que tiene la obligación y recibirá instrucciones para prestar a Ud. todo el concurso necesario en el desempeño de sus obligaciones».


1867

El nuevo cementerio (III)

En noviembre de 1867, la Junta Económico Administrativa resolvió aceptar la propuesta de la empresa Francisco Poncini y Compañía, para la construcción del Cementerio Nuevo de Paysandú.
La obra constaría de 450 metros de cimiento en piedra, 900 metros cuadrados de pared de ladrillo en cal y cien nichos de un metro de alto, uno de frente y dos de fondo.
La firma Drennon y Engelbrech propuso un precio total de $ 4.972, mientras que la firma de Poncini proponía un costo final de $ 4.725.
La diferencia de 247 pesos a favor de la propuesta de Francisco Poncini y Cía. determinó que la obra fuera adjudicada a esta empresa por parte de la Comisión Económico Administrativa. La resolución correspondiente fue firmada por Ambrosio Castaret como presidente y Luis Piedracueva como secretario.
Así se construyó la primera parte del Cementerio Nuevo de Paysandú, hoy denominado Cementerio Central, que ha recibido con el correr de los años sucesivas ampliaciones.


1867

El nuevo cementerio (II)

La resolución de la Junta Económico Administrativa que dispuso la construcción de un nuevo cementerio en Paysandú en el año 1867, establecía: «La propiedad adquirida en el actual cementerio (se refiere al hoy Monumento a Perpetuidad) será respetada hasta que por nueva resolución de la Junta Económico Administrativa, considerados, atendidos y aún contemplados los intereses y sentimientos de la mayoría del pueblo ordene la traslación general de restos, no pudiendo decretarse antes de tres años contados desde la última inhumación».
«La traslación general de restos de un cementerio a otro serán de cuenta de la Junta Económico Administrativa, realizada en un Día de Difuntos y ocasionando una solemne ceremonia pública».
«El nuevo cementerio constará de cuarenta mil metros cuadrados en figura de cuadro. Por el momento se utilizarán bajo de cerco 12.500 metros cuadrados.
El cementerio se dividirá en cuatro fracciones y los sitios en ellas valdrán lo que determine la tarifa que obrará».
«Con fecha 19 de octubre se llamó a propuestas para la construcción de las obras del cementerio nuevo», hoy Cementerio Central, «que se ubicará a 40 cuadras y constará por ahora de 12.500 varas cuadradas bajo cerco».
«La forma de pago sería: una tercera parte al llenar los cimientos, una tercera al concluir la obra y la restante tercera parte tres meses después de finalizada».


1867

El nuevo cementerio (I)

Con fecha 19 de octubre de 1867, en resolución firmada por Ambrosio Castaret como presidente y Luis Piedracueva, secretario, la Junta Económico Administrativa dispuso la construcción de un nuevo cementerio público en Paysandú.
El texto de la disposición establecía: «La situación actual del cementerio público a siete cuadras de la plaza principal y entrando en el área asignada a la ciudad, es a todas luces contraria a la salubridad pública y al desarrollo de la población por locales más ventajosos».
«Por tales consideraciones, pensando la Junta Económico Administrativa en el porvenir de la ciudad y cediendo a las vivas y justas requisiciones del cuerpo médico sobre la inconveniencia de la situación del actual cementerio, ha resuelto plantear uno nuevo a distancia conveniente de la población tratando de no herir los intereses de los propietarios de sepulturas en el actual y la veneración que ultratumba se tributa a los restos de quienes fueron seres queridos. Por tanto resuelve»:
«1º) Construir un nuevo cementerio a distancia de 3.500 metros de la plaza principal».
«2º) Desde que se instale el nuevo cementerio, cesarán las inhumaciones en el actual».
Así fue que, por las razones expuestas, la Junta Económico Administrativa de Paysandú dispuso en 1867 la construcción de un nuevo cementerio, hoy Cementerio Central y el cese del cementerio que se utilizaba en esa fecha, hoy declarado Monumento a Perpetuidad.


1867

Autorizan puestos de frutas, verduras y carnes

La Comisión Económico Administrativa de Paysandú concedía autorizaciones para instalar comercios. Veamos algunas comunicaciones tomadas del Libro Copiador de Notas y dirigidas al Comisario del Mercado: «Paisandú, enero 14 de 1867. Al Comisario del Mercado Don José Zubiría».
«El infrascrito, Presidente de la Comisión, hace saber á Ud. que el derecho de Mercado en el Puerto ha sido rematado por la Comisión a favor de Don León Alavain bajo la misma forma y prerrogativas que el año anterior, con la sola diferencia que los límites que ahora se le dan al Mercado del Puerto son la Calle de las Piedras (Carlos Albo) hasta el río, entre Pastoreo (Lucas Píriz) y Río Negro lo que se hace saber a V. para que le preste el auxilio que requiera para la garantía de sus derechos. Dios guarde a V. muchos años».
«Febrero de 1867. La Comisión en sesión del 28 del presente ha resuelto conceder licencia para el establecimiento de un puesto de carnes al Este de la Plaza de Frutos del País fuera del radio de ocho cuadras, que corresponde al Mercado».
«El derecho que por este puesto debe abonar a esa Comisaría mensualmente es de 15 $m/n a contar desde esta fecha lo que se comunica a Ud. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. muchos años».
«La Comisión en sesión del 28 de presente há concedido permiso a Don Bonifacio Aleman para establecer un puesto de verduras y frutas, al Norte de esta ciudad debiendo pagar mensualmente a esa Comisaría $ 4 mensuales como derecho. Lo que ponemos para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. muchos años».


1867

Flores para los artistas

En el Paysandú de 1867, los artistas circenses eran premiados con flores, según relata una crónica del diario sanducero «El Comercial» del 30 de setiembre de ese año.
Este artículo sobre la función de un circo cuyo nombre no ha quedado para la posteridad informa que «la noche, aunque fresca estaba buena y el circo lleno de gente. El baile de la cuerda, los difíciles y peligrosos equilibrios en
la columna, la bola y el caballo estuvieron bien, perfectamente. García hizo la peligrosa prueba de tragarse desde uno hasta cuatro puñales. Esta prueba es sorprendente. Horroriza ver su ejecución y la naturalidad con que la hace. Estábamos conmovidos al verla. Un hermoso ramo de flores le envió de regalo una señora.
Después vinieron los vuelos por el niño Rufino y el joven Teófilo. Estos las ejecutarían admirablemente, aunque los dos sufrieron dos caídas. Esto le ha sucedido y le sucede a los mejores pruebistas. Además que la poca luz ha sido también una causa a la cual atribuímos las caídas. Al acabar, dos hermosísimas coronas de camelias blancas con lazos celestes le fueron presentadas por nuestro redactor a los jóvenes Rufino y Teófilo.
En resumen, la función ha estado buena, las coronas preciosas y el mérito premiado por ellas ha sido alcanzado con la habilidad y la destreza de los jóvenes Rufino y Teófilo. El violinista y el del arpa tocaron y cantaron agradablemente».


1870

Poetisa y cantante lírica

Allá por 1870, la canción «El Cuchicheo» y algunas arias de Bellini y Donizetti eran las interpretaciones con las que María Salomé Luisa Rodríguez, soprano lírica, deleitaba a los sanduceros en las tertulias que se desarrollaban en los domicilios de las familias Muró, Catalá Moyano, Borges así como en la residencia de sus padres, el general Ventura Rodríguez y su esposa Luisa Collante.
Poetisa, formada en la corriente romántica en boga en la época, su producción fue editada en forma dispersa en diferentes publicaciones de Uruguay y Argentina, según sostiene el historiador Augusto Schulkin. Se destaca especialmente el hecho de que «El Indiscreto», «Semanario de Literatura, Ciencias, Artes, Teatro y Modas», insertó en el número correspondiente al 15 de octubre de 1885 un retrato litografiado de gran tamaño junto a algunos trabajos suyos.
En 1883 contrajo matrimonio con el Recaudador de Aduana Enrique Andrade y en adelante disminuyó su producción literaria, dedicándose al cuidado de sus hijos María y Enrique.
María Rodríguez de Andrade nació en Paysandú el 21 de octubre de 1855 y falleció en Montevideo en el año 1915.


1871

El Carnaval en tiempos de guerra

La Comandancia Militar de Paysandú dio a conocer en los primeros días de febrero de 1871 el siguiente «Edicto de Carnaval-Comandancia Militar: Edicto sobre el Juego de Carnaval».
«Es un hecho que la experiencia de los siglos ha demostrado que los pueblos necesitan sus días de diversión y solaz como necesitan periódicamente días de fiesta para el descanso. Entre esas diversiones, el Juego de Carnaval es un uso casi universal, es indudablemente el más popular, tiene en el pueblo raíces tradicionales que la Autoridad debe ser la primera en respetar en tanto que no sea en manera alguna comprometido el orden, cuya conservación es uno de sus primordiales deberes y de aquí nace la necesidad de dictar medidas reglamentarias que concilian la pública diversión con el orden público y estas medidas tienen que ser más o menos restrictivas atendiendo las circunstancias especiales en las que se encuentra el país, cuyos habitantes en su gran mayoría está en armas, recargada la policía con el servicio militar, además de sus funciones ordinarias obligar a los empleados a cumplir servicio de día y de noche».
«No es posible exigir mayor servicio ni lo es exponerse a desórdenes que ocurriendo en las épocas normales deben superponerse con mayor razón en las circunstancias especiales que atravesamos, en que las causas que ordinariamente los provocan se agrega la exaltación de la pasión política. Por estas consideraciones el Comandante Militar y Encargado de la Gefatura Política y de Policía dispone:»
«Artículo 1º. Se permite el juego de Carnaval en los días 19, 20 y 21 de febrero del corriente año pudiendo empezar a las 12 del día y concluirá a las 7 de la tarde horas que se anunciará con un disparo de cañón».
«Artículo 2º. Se prohíbe absolutamente el disfraz».
«Artículo 3º. Se prohíbe emplear para dicho juego los polvos de color, parches o incendiar cohetes u otros objetos que puedan dañar a los transeúntes o manchar sus ropas».
«Artículo 4º. Es absolutamente prohibido echar agua a los sacerdotes y militares».
«Artículo 5º. Todo el que infrinja esta disposición o propenda a perturbar el orden público será conducido a la Cárcel Central de Policía y pagará la multa según la gravedad del caso. Mayor Elías Borches (Comandante Militar)».


1871

Unicamente billetes de cuatro bancos

Durante enero y febrero de 1871 fueron publicados varios avisos de la Junta Económico Administrativa sanducera. Los mismos advertían sobre diversas disposiciones vigentes en estos términos:
«Junta Económico Administrativa del Departamento - Aviso.»
«Habiéndose recibido una circular del Ministro de Hacienda, previniéndose que sólo deberá recibir esta oficina los billetes de los bancos Mauá y Cia, Italiano, Montevideano y Comercial del Salto para darse cumplimiento al Artículo 13 de la Ley del 4 del corriente mes, el infrascrito Presidente de la Junta, advierte al público que el pago de impuestos, derechos y demás rentas que se recaudan por esta Oficina, sólo se admitirán los billetes de los cuatro bancos mencionados».
«Por autorización Miguel Ugarte, Secretario»
«Todos los dueños de cualesquiera clase de rodados, deberán acudir a esta oficina a sacar la patente que les corresponde desde el 1º hasta el 30 del próximo enero vencido cuyo plazo, el revisor del ramo procederá a poner multas a los que no hubieren cumplido con lo que en este aviso se previene con tiempo, para evitar toda clase de escusas y fútiles pretestos».
«Se previene a los dueños de botes, balsas y chatas que se ocupen en los ríos y pasos interiores del departamento que pueden ocurrir a esta oficina a munirse de la patente que les corresponde según lo asigna la Ley del 20 de julio de 1869 incurriendo, una vez transcurrido el plazo, en la multa que al efecto está señalada».


1871

Banderolas bordadas para los blancos

En los turbulentos años ‘70 del siglo XIX, las noticias policiales tenían mucho de política y las informaciones estaban teñidas por el color del que eran partidarios los periódicos. Así, «La Tribuna Oriental», publicación sanducera que adhería al Partido Colorado publicaba el domingo 22 de enero de 1871, las siguientes informaciones: «Crónica local»
«Banderolas bordadas para los blancos»
«Ayer la autoridad, supo que las había en una casa de Paysandú, y en el acto se tomaron las medidas para sacarlas».
«Nos dicen que las banderolas son bordadas con hilo de oro. ¡Bravo! No pueden negar las palomitas que son patriotas, también nos dicen que en la misma casa se bordaban divisas para los blancos».
«¿Y tejerían coronas también?»
«Está preso»
«Un individuo que tomó la autoridad: de apellido Ferreira y según nos dicen parece que se le ha tomado alguna correspondencia sobre política, y que es de interés. Suponemos que se estará levantando el sumario correspondiente».
«¡Cuidado blancos con la policía de crimen!»
«Tubianos tengan paciencia»
«Varios jóvenes que han venido del ejército han traído esta inscripción para que pongamos en las divisas coloradas. ¿Saben ustedes lo que es tubiano? Si no saben pregúntenselo a los blancos».


1871

Llegó recomendado por Garibaldi

La llegada de un batallón comandado por un oficial que había sido solicitado por representantes sanduceros, es consignada por el periódico local «La Tribuna Oriental» el 1º de enero de 1871. Dice así:
«Más fuerzas de infantería. Ayer llegaron de Montevideo cien hombres de línea para reforzar nuestras guarniciones al mando del Capitán Stefanelli. Están en el cuartel de la Gefatura».
«Saludamos a nuestro amigo el Capitán Stefanelli, y lo felicitamos porque el Gobierno, le ha dado los despachos de capitán de línea de la nación, este oficial es un joven distinguido que vino recomendado al Señor Presidente de la República por el General Garibaldi, bajo cuyas órdenes sirvió».
«El Capitán Stefanelli en el tiempo que lleva en nuestro país se ha hecho acreedor a la recomendación del General Garibaldi».
«En el último viaje que hizo en comisión a Montevideo el Comandante Arteaga, mandado por el Comandante Militar pidió al gobierno que mandase a Paysandú al Capitán Stefanelli con el cuerpo que mandaba y el gobierno le prometió que lo mandaría después de la batalla, hoy la promesa está cumplida y el pueblo de Paysandú debe felicitarse de tener en su guarnición un cuerpo de línea bien organizado y un oficial valiente y verdadero caballero como lo es el Señor Stefanelli».
En otras informaciones, el mismo periódico indica:
«Ultima hora. Hoy llegó el vapor ‘Río Uruguay‘ de Montevideo, confirma las noticias últimamente recibidas de la completa derrota y desbande de los blancos, los restos de la gente que le quedaba a Aparicio (el General Timoteo Aparicio) se dirigió a Cerro Largo».
«En toda la República hoy hay fuerzas del gobierno».
«Se encontró en la Batalla del Sauce».
«El capitán Don Emiliano Caraballo (hijo del General Caraballo) según se manda decir que ese día era ayudante del General Suárez, y que demostró en el campo de batalla el joven Caraballo, que es un verdadero valiente».
«No puede negar Emiliano que es sanducero, felicitamos al amigo».


1871

Hay que arreglar las veredas

El 12 de setiembre de 1871, la Comisión Económico Administrativa de Paysandú remitió la siguiente nota al Comandante Militar del departamento: «Al Señor Comandante Militar y Jefe Político de Departamento de Paysandú Don Elías Borches».
«La Comisión que presido en sesión de la fecha de ayer ha resuelto dictar la Ordenanza sobre veredas y postes que en copia tengo el honor de adjuntar a Ud. debiendo hacerse su publicación con el acuerdo de Ud., me han encargado someterla a su aprobación, para que su Exc. se digne manifestar su opinión al respecto».
«Con este motivo tengo el honor de saludarlo a Ud. a quién Dios Guarde a V.E. muchos años».
El texto de la resolución era el siguiente: «La Comisión Económico Administrativa de acuerdo con el Señor Comandante Militar y Jefe Político del Departamento há resuelto»:
«1º) Que en el radio de cuatro cuadras formado tomando como punto de partida el ángulo Este del edificio de la Jefatura, se proceda por los respectivos propietarios a la construcción de veredas ya sea de piedra labrada o de ladrillo donde no existan».
«2º) Que al mismo tiempo se corten todos los postes existentes en las mismas con excepción de los de las esquinas».
«3º) Que en las calles empedradas las veredas deberán llegar hasta el cordón que las separa del empedrado y donde éste no esté construido llegarán hasta el punto que designe el Agrimensor Municipal, quien dará previamente las líneas y niveles correspondientes a petición de los propietarios que concurrirán a solicitarle a la Secretaría de la Comisión antes de empezados los trabajos».
«4º) Señálese el plazo de dos meses a contar desde la fecha del presente para la construcción de las veredas y corte de postes; previniendo que los que en ese término no lo hubieran verificado quedarán sujetos a que la Comisión ejecute dichos trabajos por su cuenta».


1872

Suspendieron a Mac Eachen

A raíz de una denuncia fue suspendido en sus funciones el Jefe Político de Paysandú, Eduardo Mac Eachen. El proceso que culminó con la restitución del político fue informado por el periódico sanducero «La Tribuna Oriental». El día 8 de noviembre de 1872 informaba en primera página, lo que no era habitual para las noticias locales que siempre iban en la página 2 o 3, lo siguiente: «Ultima hora: El Jefe Político suspendido de sus funciones».
«El Comisionado de Gobierno, Don Pablo V. Goyena, Oficial Mayor del Ministerio de Gobierno, ha suspendido de su empleo ayer, al Jefe Político Don Eduardo Mac Eachen, hasta la conclusión y sustanciación de un sumario que se le está levantando por la participación que se le atribuye a este funcionario en elecciones de Paysandú».
«El Oficial Primero de Policía ha quedado encargado interinamente del despacho. El Señor Mac Eachen después de la suspensión no dudamos hará su indeclinable renuncia de Jefe Político de este departamento».
«Por falta de espacio no publicamos hoy los documentos relativos a este hecho».
Posteriormente, el martes 12 de noviembre de 1872 publicaba: «Sección oficial
El Comisionado del Gobierno de la República».
«Paysandú, noviembre 9 de 1872. Habiendo cesado las causas que dieron lugar a la disposición de fecha 7 del corriente recaída en la representación del Señor Jefe Político del Departamento, el Comisionado del Gobierno de la República dispone: 1º) Vuelve con esta fecha al ejercicio de sus funciones el Señor Jefe Político del Departamento, Don Eduardo Mac Eachen. 2º) Comuníquese, publíquese y dese cuenta al Poder Ejecutivo. Pablo V. Goyena».


1872

"Conato de asesinato"

El viernes 29 de noviembre de 1872 el periódico sanducero «La Tribuna Oriental», «Organo del centro del Partido Colorado del Departamento», publicó una información que daba cuenta de desavenencias y dificultades en un club político sanducero. Decía:
«Boletín del día - Conato de asesinato».
«Intencionalmente habíamos guardado silencio sobre un hecho que tuvo lugar en la noche del martes en el Puerto porque se nos aseguró que se instruía un sumario para su esclarecimiento, pero hoy que ese hecho es de dominio público, no podemos menos que ser intérpretes de la opinión trasmitiendo las noticias que al respecto corren de boca en boca».
«Se dice que habiendo ido Don Pedro R. Britos y Don Tomás Alvarez en el vapor de la nación ‘Guarda‘ a la Concepción del Uruguay para hacer imprimir las listas confeccionadas por el Club Libertad a su regreso tuvieron una reyerta de la que resultó provocaciones de duelo entre ambos; que bajados a tierra el Doctor Pedro R. Britos ofreció al Señor Alvarez toda clase de satisfacciones y que exigidas por éste por escrito, al llevar la mano al bolsillo de la levita para sacar un lápiz, Britos lo desarmó por sorpresa hiriéndolo incontinente con el mismo revólver del Señor Alvarez, huyendo enseguida».
«Este hecho si es exacto coloca a Don Pedro R. Britos en el rol de los asesinos vulgares y hasta cierto punto lo prueba el de haber fugado y no conocerse su paradero, a pesar de que se dice que se encuentra oculto en casa del actual Juez de Paz Don Leopoldo S. Montoyan».
«La herida del Señor Alvarez parece es de gravedad por lo que lamentamos sinceramente la desgracia de que ha sido víctima y van dos que en pocos días se han molado por hombres que pertenecen al reducido círculo denominado Club Libertad».


1872

¡Todos al candombe de "El Venao"

En su sección «Boletín del día» del 27 de diciembre de 1872, el matutino sanducero «La Tribuna Oriental» publicaba las siguientes noticias: «Leopoldo El Venao».
«El domingo están invitados todos los aficionados al gran candombe, pericón y mate amargo, presidido por el célebre candombero Leopoldo El Venao».
«Concluirá la función un malambo en el cual tomará parte nuestro amigo Agapito El Imberbe».
«A la función pues el domingo».
A quién corresponda
«Con justa razón vemos que se quejan algunos vecinos que los aguateros proveen a las casas de agua extraída del mismo muelle».
«Sabido es que allí el agua no es limpia y que donde nos dicen la han sacado estos días es corrompida y llena de basura como es natural por ser lugar aquel de todo el tránsito del embarque y desembarque».
«Más prolijidad y vigilancia pedimos a quién corresponda, pues el condescender con los señores aguateros a que extraigan aguas de lugares non sanctos puede reportar graves consecuencias a toda la población».
Cuatro años y Paysandú se va a las nubes
»El adelanto moral y material se viene notando ya desde hace algunos meses. Antes de ayer había en nuestro puerto 14 buques de ultramar entre ellos algunos de 600 toneladas».


1872

Reclaman más puestos de carne para el puerto (II)

La solicitada publicada por los vecinos del puerto sanducero en «La Tribuna Oriental» continuaba expresando:
«Y no sucedería esto señores miembros de la Comisión, si en vez de un puesto tuviésemos cuatro o cinco».
«Esperamos que los señores miembros de la Comisión tomarán en consideración este pedido que le hacemos de que se deje establecer libremente puestos de carnicería en el Puerto, y consultando el bien de esa Honorable Junta pueden hacer el bien a los vecinos del Puerto como otras veces lo ha demostrado, hemos resuelto elevar a manos de ustedes esta solicitud pidiendo nada menos que se nos conceda lo que tan justamente reclamamos».
Por tanto suplicamos a los señores miembros se sirvan decretar de conformidad como lo solicitamos -es justicia. Siguen 150 firmas».
El reclamo fue atendido y el martes 24 de diciembre de 1872 «La Tribuna Oriental» publicaba el siguiente anuncio:
«Comisión Económico Administrativa».
Aviso
«Queda sin efecto el aviso de esta Comisión de fecha 13 del corriente llamándose a propuestas para el remate del Mercado del Puerto. En su defecto la Comisión declara libre el derecho de establecer uno o más puestos de carne, verduras, frutas, etc. En aquella localidad para lo cual podrán ocurrir los interesados a solicitar el permiso correspondiente a esta oficina».
«Paysandú diciembre 22 de 1872».
«Por orden de la Comisión, el Secretario».
«Nota: este aviso no comprende los demás puestos de la ciudad».


1872

Reclaman más puestos de carne para el puerto

Los vecinos del puerto de Paysandú se movilizaron reclamando se autorizase más de un puesto de venta de carne en su zona. Al respecto, publicaron una «solicitada» el domingo 22 de diciembre de 1872 en el diario «La Tribuna Oriental».
Textualmente, dicha nota expresaba:
«Solicitada».
«Señor Presidente y miembros de la Comisión Económico Administrativa».
«Los infrascriptos abajo firmados vecinos de la Sección del Puerto de esta ciudad, ante esa Honorable Comisión que ustedes tan dignamente desempeñan nos presentamos y decimos:»
«Que habiendo visto los que firman un aviso de la Honorable Comisión, publicado en los diarios de la localidad, llamando a licitación para el Mercado del Puerto (esto es del único puesto de carnicería que existe). Venimos ante esta Comisión a pedir, tanto al Señor Presidente como a los demás miembros que la componen, que se nos conceda dejar que en esta Sección del Puerto se establezcan los puestos que se quieran, pagando por cada uno de ellos derecho como es natural al que trabaja en ese ramo».
«Porque con un puesto que existe hoy, resulta que el rematador de él vende la carne al precio que se le antoja, y toda la vecindad del puerto tiene que sujetarse al capricho de un rematador de un puesto solo, perjudicando de este modo tanto a los vecinos como asimismo a los buques estacionados».


1872

La historia de Paysandú (III)

Los hechos destacados del historial de Pedro «Paysandú» Zabaleta siguen siendo narrados de la siguiente manera:
«El 19 de abril de 1884 se midió con el célebre ‘Chiquito de Eibar‘ (Indalecio Sarasketa) jugando un partido a guante y a 80 tantos, en la Plaza Auskara (Buenos Aires). ‘Paysandú‘ fue vencido, atribuyendo su derrota a la clase de pelota desfavorable para su juego, llevando, además, la desventaja de la cancha, propicia para su rival, jugador de frontón en tanto que para él la cancha predilecta era la cerrada. Sin el tambur y las dos paredes, sin el share y el rebote, el notable juego de ‘Paysandú‘ quedaba reducido a la mitad de su potencia. Recuerda el viejo campeón del guante, que, jugando mano a mano fue vencido dos veces por Basilio, debido, más que al juego general al formidable saque de su adversario. Vencido fue también por el malogrado pelotari uruguayo Salvador Etcheverría, a quien daba un cuadro de ventaja. En 1892, llevando de compañero a Eskurra, jugó a guante, en el Jai Alai (Plaza Artola) contra ‘Chiquito de Eibar‘ y Garmendía obteniendo uno de sus más resonantes triunfos».
«Durante el período álgido del juego a guante, actuó en numerosos partidos interesantes en el antiguo Centro Baskongado y en la cancha de la calle San José, en los que intervinieron pelotaris de primera línea, como ‘Juancito‘, Ezcurra, ‘Francés‘, Arbiza, ‘Gallito‘, Martín ‘Criollo‘ Echarrán y otros».
«Su nombre que resonó tantas veces en las canchas en medio del entusiasmo indescriptible que provocaba al rematar el tanto reñido con magistral jugada o al ganar el partido después de titánica lucha vibra aún en muchos labios, ante el grato recuerdo de quien supo conquistar aplausos y simpatía por todas partes. En los anales del pelotarismo rioplatense, el nombre de ‘Paysandú‘ está grabado con caracteres indelebles porque su fama pelotística estuvo siempre unida a la lealtad de su corazón».


1872

La historia de Paysandú (II)

La evocación del pelotari conocido como «Paysandú» continuaba relatando:
«He aquí algunos recuerdos de su vida pelotística».
«El primer partido importante y por desafío, lo jugó en 1872 con Agustín Iturria, conocido después por Agustín el Tuerto. ‘Paysandú‘ obtuvo fácilmente el triunfo y ese estreno fue la iniciación de su paso triunfal por las canchas».
«Poco después aceptaba el reto que le hiciera Cristóbal Arrivillaga, a la sazón canchero en el Cerro».
«Concertaron dos partidos, uno ambos libres de la cancha de Valentín y el otro zurda a zurda, en el Cerro, obteniendo dos nuevos triunfos».
«De los numerosos partidos a guante que jugó en plena juventud, por el interés que despertaron en los aficionados de aquellos tiempos merecen recordarse los siguientes: uno contra Basilio, a 90 tantos, ambos con pique libre en el saque, jugado en la Unión siendo canchero Pedro Lacroix (Heleta)».
«Debido al formidable saque de su adversario, este desde el principio le sacó una ventaja de 20 tantos. Hacia los 70 ‘Paysandú‘ logró igualarlo, triunfando por más de una decena».
«‘Paysandú‘ y ‘Heleta‘, contra Basilio y Lataillade, partido jugado en la cancha cerrada de Tomás Echeverría padre de ‘Tandilero‘, el pelotari a sexta fue concertado a jugar con el rebote, circunstancia que cambiaba completamente el juego de ‘Paysandú‘ por la falta del tambor y al tener el share a la derecha».
«Hallándose en Buenos Aires en 1880, jugó contra los tres mejores jugadores de aquella época ‘Tandilero‘, ‘Pedrito del Once‘ y Lataillade. La apuesta consistía en jugar tres partidos, debiéndose ganar dos para ser vencedor. El triunfo correspondió a ‘Paysandú‘«.
«Este fue uno de los encuentros que logró concitar la mayor expectativa en todos los ámbitos. Miles y miles de aficionados concurrieron a presenciarlos donde se destacaba la presencia del primer mandatario de la Argentina en aquella época. Otro de los hechos también interesante que deparó este encuentro fue que un barco español anclado en la rada de Buenos Aires y que debía partir ese mismo día, debió suspender su marcha porque los pasajeros así lo exigían para poder presenciar el cotejo».


1872

La historia de Paysandú (I)

En una época en que el juego de pelota era uno de los pocos deportes que se practicaban, Pedro Zabaleta, apodado «Paysandú», fue una verdadera estrella en el Río de la Plata. Su vida, su carrera deportiva, fue reseñada en una nota publicada en EL TELEGRAFO el miércoles 23 de agosto de 1950.
El artículo titulado «‘Paysandú‘, puño de acero, ídolo de frontones» expresaba de la siguiente manera:
«Tributar un homenaje de admiración y simpatía al siempre recordado pelotari Don Pedro Zabaleta (Paysandú) es un acto de justicia, para aquel que por diferentes tierras del universo supo de los halagos de la victoria y de su condición de deportista. Ha sido ‘Paysandú‘ el más afamado y popular de los jugadores en ambas márgenes del Plata. A la maestría y elegancia de su juego se unían la nobleza y la honradez que constituyeron su más preciado timbre de gloria. Fue un maestro del arte pelotístico que, después de lucir sus incomparables habilidades durante cinco lustros, jubiló el guante, con el que tantos laureles conquistara, alta la frente, sin más caudal que la estima y la admiración. Supo anteponer el honor al dinero. Por eso cuando no triunfó, cayó vencido honrosamente. Es el mejor elogio que hacerse puede del que fue pelotari modelo cuyo recuerdo perdura a través de los años. No le sonrió la fortuna. Triunfó por satisfacción propia y ganó para otros. Nadie como él ciñó tantos laureles y mereció ovaciones tan entusiastas como sinceras».
«Nació ‘Paysandú‘ el 19 de mayo de 1854 en Gualeguay, Provincia de Entre Ríos, Argentina, heredando cualidades de la honrada estirpe euskalduna. Ocho años tenía cuando sus padres se trasladaron a la ciudad de Paysandú, de donde le viene el sobrenombre con el que es y fue tan conocido. A los 17, cuando ya comenzaba a descollar en el noble deporte bascongado, se radicó en Montevideo».


1872

El primer agrimensor sanducero

Don Andrés Fausto Lassarga fue el primer agrimensor sanducero.
Nacido el 12 de abril de 1847, de familia muy pudiente, ingresó en 1858 en el colegio secundario de Juan de Mula y Rojas, para luego pasar a Buenos Aires matriculándose en el Seminario Anglo Argentino, donde se destacó especialmente en dibujo y matemática.
Tras un breve retorno a su ciudad natal, Paysandú, viajó a París para realizar cursos de agrimensura y matemáticas superiores obteniendo su título a mediados de 1872.
Vuelto a Paysandú, fue su obra principal el haber delineado y compuesto el viejo cementerio público, hoy Monumento a Perpetuidad, mientras en el ejercicio cotidiano de su profesión realizó innúmeras labores de rutina.
A los 32 años sufrió un quebranto inicial de salud con la primera inflamación de sus maxilares, anticipo de un mal que sería un suplicio de más de tres lustros.
Andrés Lassarga, el primer agrimensor sanducero, falleció tras largos padecimientos el 8 de noviembre de 1894 a las dos y media de la madrugada.


1875

Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (II)

La Batalla de Guayabos registrada en Paysandú en octubre de 1875 se enmarca en la denominada «Revolución tricolor».
En su obra «Los gobiernos de Ellauri y de Varela», José M. Fernández Saldaña relata:
«Quedó en Paysandú, con la columna al mando del coronel Genuario González únicamente el plantel ‘19 de Setiembre‘ que era formada por elementos más veteranos entremezclados con soldados hechos».
«El gobierno del motín no estaba ocioso entretanto la revolución tomaba cuerpo en campaña. El general Borges hacía salir de Paysandú en esos mismos momentos una división como de 600 hombres, destinada a batir a González, la mayoría tropas de línea del Segundo y Tercero de Cazadores y del Tercero de Caballería al mando éste del coronel Dionisio Irigoyen».
«En la mañana del 7 de octubre, en Puntas del arroyo Guayabos que da aguas al Queguay, el comandante revolucionario Oviedo tuvo contacto con la vanguardia de las fuerzas gubernistas formada por la caballería del Tercero, la que arrolló y persiguió los escasos 80 hombres de aquél, comprometiendo pronto el total de las fuerzas de González, muy inferiores a las enemigas en número y organización».
«La infantería del ‘19 de setiembre‘ tendió sus líneas pie a tierra procurando formalizar el combate que no era posible rehuir por desigual que fuera».
«La caballería de milicia desorganizada desde el primer momento apenas si dio frente dispersándose enseguida y permitiendo que los soldados de Irigoyen impidieran la retirada de los infantes».
«Rodeada la infantería de jefe a soldado fue exterminada».
«Carlos Gurméndez que iba bien montado llevaba a su lado como ayudante a su amigo Andrés Folle. Un tiro de boleadoras inmovilizó de pronto la cabalgadura de éste. Cada minuto triplicaba el riesgo pero el comandante desmontó para cortar el lazo. Les dieron alcance, los ultimaron y los despojaron», afirma el autor. Por orden del comandante de las fuerzas de Latorre, general Nicasio Borges, más de 400 personas fueron pasadas a degüello.


1875

Centenares de muertos en la Batalla de Guayabos (I)

Varios centenares de muertos fue el saldo de la Batalla de Guayabos registrada el 5 de octubre de 1875 en territorio de Paysandú.
El autor José M. Fernández y Saldaña sostiene que en los prolegómenos del combate fue salvada la vida de Pablo de María, quien años más tarde sería rector de la Universidad de la República y ministro de la Suprema Corte de Justicia.
Así narra el hecho: «Ya en campos del departamento de Paysandú, del que entonces formaba parte el actual de Río Negro, la columna revolucionaria se aumentó con el contingente de la expedición del doctor J.M. Muñoz, desembarcada en el muelle del Saladero Sacra, sobre la costa del río Uruguay.
Las fuerzas que se agrupaban militarmente, se propuso disciplinarlas dándoles elemental instrucción y el comandante Carlos Gurméndez, teniendo por segundo al capitán Lazies, jefe de la compañía urbana de Mercedes, tomó el mando de un plantel de infantería que se designó con el nombre de ‘19 de Setiembre’».
«El coronel Saldaña resolvió, en su calidad de jefe superior, que se incorporasen a la división de Salto todos los jóvenes de ciudad que figuraban en las filas pues, lleno de consideraciones para esta gente tan entusiasta como poco avezada a la vida de campaña, quiso evitarles cuantas penalidades le fuera posible».
«Entre los jóvenes que el coronel Atanasildo Saldaña obligó a seguirle estaba Pablo de María, que se resistía a separarse del comandante Gurméndez. Se puede afirmar sin género de dudas que a la resolución del jefe de la división de Salto se debe la vida de tan eminente y honrado ciudadano», sostiene el cronista.


1876

Asaltaron a don Celestino Montauban

En su sección de noticias locales, el vespertino sanducero «El Obrero» del 28 de marzo de 1876, en su página 3, sin título, daba cuenta de la siguiente información:
«El viernes último como a las 7 de la noche llegaron a casa de don Celestino Montauban, en la costa de San Francisco, cuatro individuos y diciendo que eran de la Policía del Capitán Querido, pidieron un caballo para venir al pueblo».
«El dueño de casa, que estaba con dos peones, en la creencia de que eran policianos, fue a salir de la habitación, al mismo tiempo que los recién llegados se bajaban de los caballos y aproximándose uno le pidió un fueguito; y en cuanto salió aquel del umbral, sacaron de debajo de los ponchos machetes unos y espadas otros y colocándoselas al pecho le intimaron orden de prisión, diciendo que iban a registrar la casa porque sabían que había un desertor escondido, a lo que no pusieron el menor inconveniente».
«Sólo uno de los peones que al salir de la cocina se vió agarrado por uno de aquellos bandidos, asustándose se escapó, siendo seguido un buen trecho a hachazos y estocadas de las que felizmente libró y refugiándose ya muy tarde en un puesto de Don Pedro Tourné».
«Cuando regresó a casa encontró a Don Celestino Montauban y a su compañero libres, pero les habían robado cuanto tenían. Después encontraron en el campo una bolsa de galleta y una prenda de los ladrones».
«El que nos proporcionó estos datos nos dice que tiene ya conocimiento de este hecho el Gefe Político y no dudamos que se tomarán las medidas necesarias a fin de aprehender a esos malhechores».


1876

"Una noche de alegría" (III)

Finalmente el cronista de «El Obrero», que pese a firmar con un seudónimo parece tener el mismo estilo del director del vespertino, Bruno Goyeneche, completa la descripción de los presentes así como del agasajo que brindaban los dueños de casa:
«Otra graciosa señorita que tenía un elegante prendido de cinta azul sujeto con jazmines, me parece (sin que se ofendan las otras) que era la mejor discípula de Terpsicore».
«Otra pálida y algo melancólica (también llevaba adornos azules) fue muy atendida de un joven marino que ficó muito agradecido de las piezas que bailó con ella».
«Había una viudita que poco bailó a causa de su traje de duelo».
«Dos lindos pimpollos que empiezan a figurar en el jardín sanducero estuvieron muy obsequiadas». (...)
«Ahora nos toca hablar de las damas. La señora dueña de casa hacía con su esposo los honores de la fiesta: amable y sencilla, a todo simpática y atendía con solícita atención a sus amigas; las otras señoras que realzaban la fiesta con su hermosa y distinguida presencia, amables y finas merecieron la atención de los caballeros que estuvieron con todas muy cumplidos».
«La pequeña pero bien organizada orquesta no cesaba de hacernos oír sus armonías. El patio de la casa que está rodeado de un lindo jardín estaba adornado con mucho gusto. Trofeos de banderas de todas las naciones lo decoraban y mil farolillos con sus cristales de diferentes colores le daban un aspecto fantástico y encantador, agregando las bellas luces de bengala que a cada momento iluminaban aquella mansión de dicha y alegría».
«La sala de refrescos ofrecía a los convidados grato descanso y la mesa cubierta de suculentos y apetitosos manjares y regalados vinos era a cada momento rodeada de danzantes.


1876

"Una noche de alegría" (II)

La crónica de «El Obrero» sobre la fiesta celebrada en el Paysandú de febrero de 1876 continúa con una especial descripción de algunas de las mascaritas que se hicieron presentes en la reunión: «La más alta de ellas, que parecía una gentil palmera acariciada por las brisas de la felicidad tenía ya dispuesto a un elegante marino a echar anclas en este puerto, cuando veleidosa y coqueta cambió de rumbo como diría él, y lo dejó navegando en poca agua y expuesto a zozobrar en el piélago de las dudas».
«Una graciosa magnolia de antifaz azul prendió en los encajes de su mantilla las simpatías de otro marino que se puso al pairo, no dejando en medio de esta maniobra de mirar la estrella que le marcaba el derrotero del amor».
«Entre las mascaritas, me llamó la atención una pequeñita y juguetona, tan espiritual y entretenida, que traía al retortero a un joven amigo mío; ella no temía las luces de los ojos de mi amigo, porque a través de su antifaz le lanzaba los ardientes rayos de los suyos; esa mascarita es un diablillo con faldas, que a todos buscaba para que afirmasen su no es verdad».
«Otra que al principio estaba muy silenciosa, poco a poco se fue animando y atraía con su modesto continente la simpatía de los que adivinaban bajo aquel antifaz de seda el rostro bello y gracioso de una de las señoritas de nuestra sociedad».
«Una de cabellos de oro, tenía fascinado a un vecinito que la contemplaba con arrobamiento. Su hermana, graciosa morocha sencilla y despreocupada, gozaba con inocente placer de la fiesta; parece que su corazón está libre porque atendía con la misma sonrisa a todos los que reclamaban el favor de bailar con ella».


1876

"Una noche de alegría (I)

Una alegre y elegante velada se llevó a cabo el 9 de febrero de 1876 en Paysandú, celebrando los dueños de casa el nacimiento de su primera nieta. La fiesta, que coincidió con las jornadas de carnaval, fue reseñada en el periódico sanducero «El Obrero» en su edición del 11 de febrero, de la siguiente manera:
«Crónica - Una noche de alegría. Anoche fuimos invitados por el distinguido caballero Mariath, para asistir una reunión familiar en que festejó el nacimiento de su primera nieta, dada a sus relaciones más intimas».
«Entramos a las 10 a la sala de baile, que más bien podía llamarse una mansión de hadas. En ese momento se bailaba una cuadrilla. Todos mis lectores saben lo que es ese baile para el que se necesita soltura, donaire, elegancia; a mí me pareció aquella cuadrilla bailada por seres fantásticos y divinos. ¿Sería preciso preguntarles que les pareció a los dichosos mortales que en aquel instante se veían favorecidos por las tan lindas graciosas compañeras?».
«Al mirarlas sentí en mi corazón diversos sentimientos; todas estaban contentas, sencillas, hermosas, parecían ángeles, flores, armonía. (...)».
«Como a las 11 fuimos agradablemente sorprendidos por una pequeña comparsa de mascaritas bulliciosas y espirituales que pidiendo permiso al dueño de casa, entraron al salón diciendo chistes y agudezas que entretenían y desesperaban a algunos curiosos que en vano trataban de adivinar los encantos seductores que les ocultaba el misterioso antifaz».


1876

¡Albricias, albricias!

En su edición número 31 del 10 de febrero de 1876, el periódico vespertino de Paysandú «El Obrero» destacaba la siguiente noticia: «¡Albricias, albricias!».
«Los vecinos de la calle 8 de Octubre (Leandro Gómez) están de albricias con el cambio de la dama que, según todas las apariencias y según lo aseguran todos los vecinos, hacía largo tiempo que escandalizaba el barrio con gritos y pedradas».
«Se nos dice que el cambio de domicilio es ordenado por la autoridad, por haberla tomado in fraganti, tirando piedras. Si la noticia es cierta, diremos algunas cosas en el número próximo, que pondrán de relieve a la apedreadora y al consentidor su marido».
En los números siguientes por varios días el periódico dirigido por don Bruno Goyeneche no efectúa mención alguna de la información precedente. Por otra parte, el día 16 del mismo mes expresa textualmente:
«Ponemos en conocimiento del señor Comandante de serenos, que algunos de estos señores se quedan dormidos en sus puestos». Y posteriormente informa sintéticamente que «el guardián nocturno denunciado fue remitido preso y dado de baja al siguiente día. Aplaudimos este celo, como condenamos la falta».


1876

Escándalo en la "Academia de Antonieta"

En su sección «Crónica» del 7 de febrero de 1875, el vespertino sanducero «El Obrero», con oficina y taller en Queguay (actual Dr. Herrera) esquina Uruguay, da cuenta de las siguientes noticias: «Ayer hubo mucha concurrencia en la plaza Constitución. La Banda estuvo hasta las 10, tocando muy bonitas piezas».
«Los pomitos desempeñaron su papel, rociando a los concurrentes con su perfumado chorrito».
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«Anoche como a las 10 fue herido en el Hotel del Vapor, en el Puerto, uno de los dependientes de ese establecimiento, por un toscano. Parece que en el pago del gasto que el heridor con otros compañeros había hecho, tuvieron algunas diferencias y cuando el mozo se retiraba con el servicio, al llegar al mostrador, fue el toscano y le dio tres puñaladas, una en el brazo y dos en el costado izquierdo».
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«El sábado á la noche armó un escándalo en la Academia de Antonieta, calle 8 de Octubre (Leandro Gómez), habiendo gritos, trompadas y tiros».
«No hubo ningún herido».
«La policía llegó a tiempo y condujo a la cafúa a varios individuos, para que a la sombra se les pasara la calentura».


1876

Sin caballos (II)

Las dificultades causadas por la requisa de caballos en Paysandú siguen siendo comentadas por «El Obrero» del 20 de enero de 1876 en estos términos:
«Los vecinos de los alrededores que se vieron obligados a satisfacer esa especie de impuesto de guerra, cuando volvió el ejército a Sacra se presentaron reclamando sus animales y, los que tuvieron la suerte de hallarlos en la caballada pudieron recobrarlos, perdiéndolos los más que, no encontrándolos no hicieron mayores diligencias por creer que serían inútiles».
«El gerente de la empresa del trenvía señor Sciurano, hizo su reclamación ante el gobierno y hasta hoy sigue el espediente, con esperanza de un despacho favorable sí, pero sin haber logrado aún nada».
«Y esta demora no sólo perjudica a esa empresa sinó también al pueblo».
«Nadie hay que no conozca el impulso que al progreso de esta población dio el trenvía».
«Nadie ignora que le imprimió un nuevo movimiento de desarrollo. Los terrenos cercanos a la vía adquirieron un triple más de valor del que antes tenían».
«Las obras aumentaron considerablemente hasta el estremo de desconocerse hoy muchas manzanas que antes estaban completamente despobladas en las inmediaciones del puerto».
«Solo la calle 18 de Julio ¿cuánto no ha ganado desde que se construyó esa vía?».
«Apenas hace tres años que, casi desde el centro de la población hasta el puerto nos parecía un mal camino de campaña que calle de población. En cuanto llovía un poco, toda ella se convertía en pantano y lagunas que hacían poco menos que imposible el tránsito por ella aún a caballo».
«La vía del tren no sólo la hizo transitable en la parte de la ciudad nueva, sino que ayudó que se llevara a cabo el empedrado en la vieja».
«La calle Real (avenida Brasil - 18 de Julio) debe sus más importantes mejoras a la empresa del trenvía».
«La población de Paysandú ganó indudablemente mucho con la instalación del tren; y por esto es más sensible que se haya visto obligada la empresa a suspenderlo».


1876

Sin caballos (I)

El caballo, elemento fundamental en las actividades de la época, era también imprescindible para las acciones bélicas. Ello determinaba que en algunas circunstancias las tareas cotidianas se resintieran por la carencia de equinos.
Uno de los problemas que se constataba en Paysandú era la falta del servicio de tranvías. Tal hecho es abordado en una nota editorial del periódico sanducero «El Obrero» del 20 de enero de 1876, bajo el título «El Tranway» expresando textualmente: «Hace tres meses q’ el tranvía está parado por falta de caballos perjudicando altamente a la empresa y privando al pueblo de la comodidad que le ofrecía para hacer la travesía desde el puerto a la plaza sin fatigarse con el sol abrasador de la estación presente.
Este es uno de los tantos efectos perjudiciales producidos por las revoluciones en este país.
Siendo el caballo considerado como artículo de guerra, cada vez que el ejército ha de moverse, los que tienen caballos ven arrebatárselos sin poder impedirlo, porque desde el momento que estalla un movimiento revolucionario, dejan de ser propiedad, por más que al que los tenga le haya costado sus buenos pesos.
Esto, desgraciadamente, sucede y sucederá forzosamente durante muchos años aún.
Así le aconteció a la empresa del trenvía.
El ejército debía salir a la campaña y no podía hacerlo sin caballos, era preciso pues proporcionárselos.
Y aquella empresa vio llevarse sus caballos, se halló con sus caballerizas desiertas y tuvo que parar el tren de su curso ordinario.
Y en igual caso se hallaron muchos carretilleros y los quinteros y horneros de los alrededores de la población, a los cuales les sacaron la mayor parte de los animales que tenían destinados al trabajo. (Esto es inevitable siempre que los caballos se consideren como artículo de guerra)».


1880

¡Hay que limpiar las letrinas!

La Junta Económico Administrativa de Paysandú dictó una ordenanza disponiendo que las letrinas de las casas de la ciudad debían ser limpiadas y reparadas. Al respecto, envió la siguiente comunicación al jefe político y de Policía del departamento:
«Paysandú, mayo 28 de 1880. Al Gefe Político Coronel Don José Etcheverry. De acuerdo con la Ordenanza dictada con fecha 17 de marzo p.pdo. referente a limpieza y compostura de letrinas, la Junta con fecha 17 del corriente ordenó al Inspector de Salubridad procediese a la inspección acordada en dicha Ordenanza, resultando de esa diligencia que en varias casas cuya relación se acompaña, no se ha dado cumplimiento a esa disposición. En consecuencia pues, de acuerdo con lo que establece el Artículo 10º del Decreto Superior, fecha 13 de agosto de 1868, la Junta se permite dirigirse a Ud. pidiéndole que por intermedio de la Policía se sirva hacer efectiva la multa de $10 en que han incurrido los contraventores, intimándoles al mismo tiempo que en el perentorio término de 15 días deben dar cumplimiento a lo dispuesto en dicha Ordenanza».
«Dios guarde a V. muchos años».
Posteriormente, el 11 de octubre, envía una nueva comunicación al «Gefe» sobre el tema en los siguientes términos: «La Junta en sesión del día 8 del corriente decide reiterar a Ud. el pedido de fecha 17 de agosto pasado para la imposición de multas a los infractores de la Ordenanza Municipal sobre limpieza de letrinas».


1880

Nombran encargado del reloj de la Iglesia

Al comunicar la comisión del templo de Paysandú que el reloj ya estaba colocado, la Junta Económico Administrativa resolvió encargar al señor Kamermann el cuidado del instrumento, adquirido con fondos logrados por una comisión que presidió el señor Daniel Zorrilla. Se había dispuesto que fuera igual al de la Iglesia Matriz de Montevideo, construido por la firma Raskell de Inglaterra.
En el Copiador de Notas de la Junta se registra la siguiente comunicación: «Paysandú, mayo 28 de 1880. Señor Presidente de la comisión del templo, Don Ignacio Beraza. En contestación a la nota de fecha 30 de marzo p.pdo. comunicando que está ya colocado el reloj en la torre de la Iglesia y poniéndolo a disposición de la Junta para su guarda y cuidado, la Corporación que presido en sesión celebrada hoy ha resuelto se haga saber a Ud. que desde el 1º de junio del corriente año se hará cargo de dicho reloj, cuyo cuidado y dirección se ha encomendado al Relojero señor Kamermann, quien queda facultado para cerrar el local donde está encerrado el reloj a fin de evitar cualquier descompostura que pudiera ocasionarse si la entrada fuera libre a toda persona».
«Dios guarde a V. muchos años».


1880

Problemas por la Lotería de Cartones (II)

El acta de la sesión del 26 de enero de 1880 de la Junta Económico Administrativa de Paysandú, en relación a la adjudicación del permiso de la explotación de la Lotería de Cartones, por parte del Gobierno Nacional prosigue registrando lo siguiente: «Que estando por la Ley autorizadas las Juntas para conceder permiso para establecer la Lotería de Cartones se le privaba por la medida antedicha de una renta positiva e importante a favor de un particular que obtenía y explotaba esa concesión por un precio ínfimo, con notable perjuicio para este Municipio. Por estas y otras consideraciones análogas, dándose por suficientemente discutido el punto se dictó la siguiente Resolución: Reclámese del Superior Gobierno el derecho de conceder por el precio más ventajoso posible el permiso que anualmente se solicita para establecer el juego de Lotería de Cartones en esta ciudad y acompáñense las propuestas presentadas anteriormente con el mismo objeto y que quedaron sin efecto por idéntica causa».
«Posteriormente, en la sesión del 13 de febrero del mismo año consta en el acta: «El Ministerio de Gobierno acusa recibo de la nota de esta corporación de fecha 28 de enero próximo pasado en que se reclamaba de Resolución Superior referente a la enajenación del derecho de Lotería de Cartones; diciendo que no se puede acceder a lo pedido por estar ya firmado el contrato pero que sin embargo se tendrá presente las observaciones que se hacen en la nota que se contesta para el caso oportuno».


1880

Problemas por la Lotería de Cartones (I)

La Junta Económico Administrativa de Paysandú se sintió perjudicada por el Gobierno Nacional, ante una concesión del juego de la Lotería de Cartones en Paysandú realizada por aquel. El hecho se produjo pocos días antes de la renuncia del coronel Lorenzo Latorre, a esa altura presidente constitucional.
El hecho está registrado en el Libro de Actas del organismo sanducero, de la forma que transcribimos a continuación.
«Sesión del 26 de enero de 1880.»
«Preside el vocal Sr. Epalza por hallarse enfermo el Sr. Vicepresidente. Asisten los señores vocales Lasarga y Copello dándose principio a la sesión a las 3 y 1/2 de la tarde.»
«El Ministerio de Gobierno comunica que con fecha 17 del corriente se ha autorizado a los señores Don Juan Charlones y Cia. para establecer por el término de dos años la Lotería de Cartones en este Departamento.»
«Tomado en consideración este asunto dio lugar a una detenida discusión observándose que esa medida adoptada por el Gobierno agravaba de una manera extraordinaria la situación por que pasaba la Junta en estos momentos que no contaba con los recursos suficientes para atender las necesidades del Municipio pues, absorbidas como estaban sus principales rentas -como son la de Corrales, Patentes de Botes y Multas- quedaba reducida a las pequeñas entradas municipales que escasamente bastaban para llenar su presupuesto.»


1881

¡Cuidado con las jeringas!

Parece ser que en el carnaval sanducero de 1881 las damas utilizaban mucho, para el juego con agua, jeringas que tenían otro destino. Esto hizo que un desconocido vate sanducero compusiera unos versos destinados a las «niñas» que practicaban aquel entretenimiento y que transcribimos a continuación.
«A guisa de pasatiempo/ rogamos a ciertas niñas,/ a quienes ya suplicamos,/ no mojaran con jeringa,/ que no tomen a lo serio/ nuestra inocente bromita,/ si a repetirles volvemos/ que no se usa en nuestros días,/ salir a mojar la gente/ con tremebundas jeringas,/ que solo Dios saber puede/ a que uso las destinan./ Bien sabemos que estas frases/ no son paños de agua tibia,/ y a ellas tal vez prefieran/ algún dolor de barriga;/ pero qué hacer, cuando vemos/ que por más que se suplica/ siempre hallamos al paso,/ cuando menos se imagina,/ temibles y amenazantes/ las ya famosas jeringas./ ¿Se habrán declarado acaso/ de nosotros enemigas,/ pues si pretenden ahogarnos/ a torrentes de agua fría?/ o es que piensan por ventura/ que nos quemamos en vida,/ tal vez por haber mirado .../ silencio, lengua, no sigas!!/ que puedes sembrar, si lo haces,/ algunas duras espinas./ Pero al menos... por piedad,/ por piedad, señoras mías,/ dejadnos vivir tranquilos/ y ocultad vuestras jeringas,/ y si acaso andais buscando/ que os mojen con agua fría,/ corred al punto a arrojaros/ de cabeza en una tina./ Pero ya basta de charla y.. Abur Uno de tantos»


1881

¡Ha llegado la hidroterapia! (II)

El anuncio de la clínica médica instalada en Plata (Zorrilla de San Martín de 8 de Octubre (Leandro Gómez) a Rincón de las Gallinas ( Rincón), continúa ofreciendo:
«Igualmente posee toda clase de comodidades para la asistencia de toda clase de enfermedades que exijan el uso de aguas minerales, ya sean naturales o artificiales como agua del mar sulfurosa, yódicas, sódicas, y bromuradas. Existe también en el establecimiento toda clase de baños de vapores medicinales, baños rusos, turcos y de placer».
«Gran gimnasio médico ortopédico natural para corregir los vicios, conformación como raquitismo arteo, nervioso (huesos torcidos), desviaciones de la columna vertebral. Esta sección del establecimiento está montada a la altura de los últimos adelantos europeos».
«El establecimiento cuenta también con habitaciones confortablemente amobladas para recibir pensionistas internos».
«Siendo el deseo del Director Propietario el hacer conocer las ventajas que reporta la asistencia de las enfermedades por el sistema hidropático, ha resuelto establecer precios sumamente equitativos no tan solo para los pensionistas externos como para los internos, debiendo estos sujetarse al reglamento interno del establecimiento».
«Precios sumamente módicos. Trato esmeradísimo».
«Las horas de servicio del establecimiento son las que exigen la asistencia de los pensionistas».
«Médico consultor Dr. Don Vicente Mongrell».
«Médico Director Dr. Don Martín Majó».


1881

¡Ha llegado la hidroterapia! (I)

Los beneficios de la hidroterapia así como las comodidades que se brindaban en la moderna clínica instalada en Zorrilla de San Martín entre Leandro Gómez y Rincón, eran destacados en el anuncio publicado en el 12 de enero de 1881 en el periódico «El Paysandú». El aviso, inserto en la página 3 del periódico decía:
«Gran establecimiento hidroterápico».
«Dirigido por su propietario médico».
«Calle del Plata, esquina 8 de Octubre y Rincón de las Gallinas. Paysandú.»
«Es tal el desarrollo en estos últimos tiempos de la práctica hidrológica (agua fría) y tantos honores que se le han dispensado que bien podemos decir, sin temor de exagerar, forma por sí solo un método curativo mucho más potente que cualquiera de los demás agentes farmacológicos, aún aquellos más justamente reputados».
«Por esto el propietario de este establecimiento no ha omitido gasto ni sacrificio alguno para poder ponerlo a la altura que los adelantos modernos de la ciencia exigen».
«Puedo ofrecer a la persona que necesiten de este tratamiento aparatos completos para duchas, lluvias pulverizadoras; para la asistencia de las enfermedades reumáticas, anémicas y todos los vicios de la sangre, como sífilis, escrófulas, herpes, etc».


1882

Ajedrez y patín

En 1882, la entonces Sociedad Giribaldi de Paysandú estableció en su salón biblioteca el juego del ajedrez, desarrollándose allí interesantes partidas.
Posteriormente el juego ciencia tuvo relativa difusión, hasta que en el comienzo de la década de 1930 hubo propósitos de formar un club y llegaron a realizarse campeonatos locales y uno interdepartamental, por teléfono, con aficionados salteños.
En esa época, entre los propulsores del juego se encontraban el doctor José Miranda, los señores Miguel Baccaro, Ricardo Farall, José Macri, Benavente y Pereira Iglesias.
También por esos años comenzó a practicarse en Paysandú el «skating ring» como se le llamaba en la época al patinaje sobre ruedas que tuvo en principio muchos adeptos. La pista se hallaba en el salón de la Sociedad Nacional y con ese motivo se llevaron a cabo interesantes reuniones sociales pero, pasado el momento de entusiasmo, a fines de la década del 30 el patín desapareció para retornar recién mucho después, en los años 50.


1882

Salón de tiro

Un salón de tiro al blanco y enseñanza del manejo de armas de fuego fue abierto en Paysandú, el 11 de octubre de 1882.
El tiro fue de los primeros deportes practicados organizadamente en la capital sanducera con la fundación del Tiro Suizo en 1875.
El aviso publicitario dado a conocer en periódicos de la época anunciaba: «El reputado tirador italiano Giovanni Maffei ha abierto un salón de tiro donde los aficionados hallarán instrucción y diversión. El tirador Maffei enseñará en pocas lecciones el difícil ’Tiro al Austin’. Es inútil hacer presente a la juventud sanducera la importancia del manejo de las armas del que a veces depende la seguridad de la vida, sin contar que forma parte integrante de la educación social».
Se indicaba que el salón de tiro al blanco con premios, con carabina y pistola, estaba ubicado en la calle Sarandí números 152 - 154, es decir en la esquina de la hoy calle Treinta y Tres Orientales.


1883

"Voló la paloma"

En muchas oportunidades, las situaciones particulares eran motivo de floridas crónicas en el periodismo sanducero. Un ejemplo de ello lo es -sin duda- la siguiente titulada «Voló la paloma», que publicara «El Paysandú» el 8 de noviembre de 1883:
«Un suceso curiosísimo acaeció ayer en las inmediaciones de Bella Vista».
«Serían aproximadamente las 8 de la noche cuando una inocente paloma, que cuenta apenas 17 noviembres, queriendo remontar su vuelo a regiones desconocidas, abrió sigilosamente las puertas del palomar y viendo que en la acera de enfrente la esperaba un gallardo mancebo (vale decir gavilán) con quien andaba en trapicheos desde ha tiempo, dijose para su coleto: —¡A volar! Y efectivamente, entornando la puerta de calle envuelta en un rebozo de a cuadros, se lanzó en compañía del doncel en dirección a la Curtiembre».
«Pero hete aquí, que no habían caminado dos cuadras, cuando el papá de la mencionada, notando la ausencia del nido de la incauta paloma, toma un grueso bastón de tala que había en un rincón de la cocina y se pone en persecución de los amartelados tórtolos».
«Los alcanza y... aquí fue Troya».
«La emprende a garrotazos con el gavilán y la paloma, dejándoles las costillas en un estado lastimoso».
«Tan luego el seductor pudo zafarse de las garras del viejo tomó más que de prisa las de Villadiego abandonando el campo al papá de su adorado tormento».
«Inútil es decir que la inocente tortolita fue conducida de nuevamente al hogar, donde creemos que estará reflexionando sobre la inconveniencia de los paseos nocturnos».
«¡Pobrecita!»


1883

La piedra fundamental del Ateneo (lII)

En la reseña de los actos cumplidos con motivo de la colocación de la piedra fundamental del edificio que sería sede del Ateneo Paysandú, se destaca el mensaje del presidente de la institución. Al respecto dice la crónica:
«El discurso del Sr. Majó».
«Señores: asistimos a una fiesta del progreso, a una fiesta llena de cantos y dulces promesas para el porvenir, a una fiesta en fin que formará época en la historia de Paysandú».
«Ponemos la primera piedra de un edificio destinado quizás a ser el teatro de grandes hechos y hermosas conquistas. Es justo por lo tanto el regocijo que experimentan nuestros corazones en estos momentos».
«Indicar lo que significa la asociación a la que se destina el edificio que se va a construir, sería una redundancia sin objeto cuando su misión es conocida por todos».
«El Ateneo de Paysandú espera ser el centro verdaderamente intelectual del pueblo, a difundir todos los medios de ilustración que es la base de todo progreso. Pobre hoy, acaso mañana venga a ser lo que es el Ateneo del Uruguay, templo en el que se cultiva la inteligencia en torneos periódicos, donde cualesquiera sean las situaciones de la vida y las ansiedades que afligen al espíritu se encontrará siempre el limitivo que importa a la investigación de la verdad y las luchas incesantes del saber».
«El departamento debe y creo lo estará, enorgullecido de ver, que después de la capital, él es el que da el ejemplo en llevar adelante una obra que entraña el adelanto y bienestar de un pueblo».
«En estos momentos solemnes y en nombre del centro que tengo la honra de presidir, agradezco desde el fondo de mi alma a los que con su presencia han hecho que este acto tuviera la grandiosidad e imponencia que reviste».
«Queda inaugurado el acto.»
«Finalizados los discursos se procedió a la colocación de la piedra fundamental dentro de la cual fue encerrada el acta de estilo. Esta operación fue breve y después de efectuada, pasó la concurrencia al abundante y selecto refectorio con que el Ateneo obsequió al público».
«Así terminó esta bella gesta inaugural que esperamos ha de ser coronada brevemente con la construcción del edificio social, pues sabemos que ya están sancionados los planos y presupuestos, así como también están recolectados la mayor parte de los fondos suscriptos».


1883

La piedra fundamental del Ateneo (II)

La crónica de los actos cumplidos con motivo de la colocación de la piedra fundamental del edificio del Ateneo de Paysandú continuaba.
«No es extraño, pues, que el pueblo haya acudido a solemnizar con su presencia la colocación de la primera piedra del edificio, bajo cuya sombra han de incubarse las más importantes evoluciones de nuestra sociedad.»
«El bello sexo que no se conforma ya, felizmente, con ser bello sino que aspira también a ilustrarse, ocupaba un lugar preferente en la ceremonia. Allí vimos a casi todas las señoras y señoritas más distinguidas del pueblo.»
«Fueron padrinos del edificio el Doctor Don Eduardo Acevedo y Doña Amelia Py de González.»
«La mise en scene de la fiesta estuvo a cargo de uno de los vecinos verdaderamente progresistas y bien intencionados del departamento Don José María Guerin. Escusado es decir que, como siempre, desempeñó su misión admirablemente.»
«El frente del futuro edificio se hallaba embanderado con seriedad y gusto. En el terreno habíase colocado una gran carpa, gracias a la cual pudo la numerosa concurrencia defenderse de los abrasadores rayos del sol de aquel día.»
«El acto comenzó a las 5 y 1/2 aproximadamente, cantándose el Himno Nacional por todas las niñas y niños de las escuelas públicas que asistieron a la fiesta.»
«Enseguida varios oradores subieron a la tribuna que se hallaba preparada pronunciándose bellísimos y oportunos discursos. Hicieron uso de la palabra, en primer término el Dr. Don Martín Majó como presidente del Ateneo; después los doctores Crovetto, Acevedo, el Inspector de Escuelas Sr. Bogorja, el Jefe Político Señor Rodríguez, el Señor Pereda y otros.»


1883

La piedra fundamental del Ateneo (I)

La colocación de la piedra fundamental de lo que sería el magnífico edificio del Ateneo de Paysandú, motivó un acto de suma trascendencia en la capital sanducera.
La siguiente es la crónica de dicha celebración publicada por el vespertino «El Paysandú» el 10 de diciembre de 1883:
«La piedra fundamental del Ateneo».
«En la tarde del sábado (8 de diciembre) tuvo lugar el acto solemne de la colocación de la piedra fundamental del ‘Ateneo de Paysandú‘«.
«Esa fiesta simpática se realizó con todo el esplendor que era digno de su trascendencia. Asistieron a ella todos los elementos más conspicuos de nuestra sociedad y también un numeroso pueblo».
«Todos comprenden los altos beneficios que está destinado a prestar el ‘Ateneo de Paysandú‘. Baste decir que este será el templo de la ciencia, del teatro, de la libre discusión, el santuario en que han de mantenerse siempre vivos los grandes principios de verdad y justicia, el foco del cual han de partir como consecuencia todas las ideas que empujarán la sociedad hacia su progreso y bienestar. Su campo de acción es vastísimo. Todas las cuestiones que interesan a la comunidad caben dentro de su programa. No será el cultivo de las bellas artes el único objeto de la asociación. Entre otros, se preocupará su atención un proyecto muy serio, muy trascendente que se va a realizar inmediatamente. En el se ha congregado todos los elementos liberales ilustrados de la localidad, para estudiar y poner en práctica el mejor sistema de enseñanza, el método más fácil y más eficaz de dar al pueblo la instrucción que necesita que es el secreto de nuestra fuerza y grandeza en el porvenir».


1883

Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (II)

La información sobre el traslado de los restos de Leandro Gómez de Concepción del Uruguay a Montevideo, publicada por el diario capitalino «El Nacional» prosigue expresando:
«A su muerte, Ereño hizo traspaso del depósito a Don Pedro Aramburú, distinguido vecino de la Concepción, padre de nuestro antiguo correligionario el Doctor Don Domingo Aramburu».
«El Señor Aramburu recibió la reliquia con religioso respeto, pues conocía y tenía en gran concepto al General Gómez. De manos de Don Pedro Aramburu pasaron a los de la respetable señora de Britos, hija del coronel oriental de este apellido. Dicha señora los conservó durante nueve años en su poder, sin dar conocimiento de tal cosa ni aún a las personas de su relación más íntima».
«Øltimamente la Señora de Britos le escribió al Dr. Mongrell diciéndole que quería entregar a la familia los restos del General».
«El Doctor Mongrell le escribió en este sentido y esto motivó el viaje de Don Leandro Gómez (hijo) que fue en busca de los restos de su padre».
«Al llegar a Paysandú, de regreso de su viaje, el Coronel Tajes, Jefe del 3º de Cazadores, se acercó al joven Gómez, lamentando no haber sabido que traía los restos del General, pues le hubiera rendido los honores de ordenanza».
«El Señor Gómez agradeció la atención del Coronel Tajes pero le contestó que quería dar reposo eterno a las cenizas de su padre en el mayor silencio».
«Tenemos en Montevideo las cenizas del General Gómez, una de las figuras más nobles y más simpáticas de nuestra historia».
«‘El Nacional‘ acompaña en tan triste ocasión a la familia de Gómez, y saluda a esas cenizas veneradas que son el último recuerdo de la figura gloriosa del heroico defensor de la invicta Paysandú».


1883

Llevaron a Montevideo los restos de Leandro Gómez (I)

En el mes de noviembre de 1883, el periódico capitalino «El Nacional» informó que habían llegado a Montevideo los restos de Leandro Gómez. Los mismos fueron llevados a la capital desde Concepción del Uruguay por el hijo del héroe de la Defensa de Paysandú.
La información publicada por «El Nacional» expresa textualmente:
«Leandro Gómez».
«Desde el miércoles están en Montevideo los restos del General Don Leandro Gómez».
«El Señor Don Leandro Gómez (hijo) ha regresado de su viaje a la Concepción del Uruguay, trayendo ese precioso tesoro que se guardaba en aquella ciudad desde la época en que fue muerto el invicto héroe».
«El amor filial, conservado puro en el corazón del joven Leandro Gómez, lo llevó a cumplir tan sagrada misión».
«El Doctor Mongrell y otro caballero cuyo nombre sentimos no recordar, recogieron el cadáver del General Gómez pocos días después de su muerte, dándole sepultura en sitio reservado del cementerio de la heroica ciudad».
«Fueron exhumados pocos años después por el mismo Doctor Mongrell y entregados a Don Domingo Ereño, respetable sacerdote oriental residente en la Concepción del Uruguay y amigo íntimo del General Gómez».
«Desde ese momento Ereño se hizo cargo de aquellos restos, loco de alegría por poseer ese recuerdo que el suponía perdido».


1883

Al comisario le gustaba la timba (III)

Finalmente, en la carta remitida al vespertino «El Sanducero», el corresponsal relata el desenlace de los hechos desencadenados por la conducta observada por quien se desempeñaba como Comisario de la Décima Sección Judicial, indicando: «Apenas llegó el señor Babulla, ordenó la continuación del viaje de las carretas, las que lo efectuaron en la madrugada, poco después llegó el actual comisario capitán Don Conrado Uriarte que venía a reemplazar a Larrosa y recibió el cargo el día siguiente».
«Ya creímos terminado esto, cuando fuimos sorprendidos con la noticia de que el teniente Larrosa llegaba preso para ser sumariado por el señor Juez de Paz. A este respecto sólo podemos asegurar a ustedes la actividad con que procedió el señor Graupera que el día 25 instruyó esa sumaria y devolvió el preso a la Superioridad».
«El delito que motiva esa sumaria es el extrangulamiento del individuo Prudencio Méndez, acusado de haber perpetrado diversos hurtos y abigeos en la sección, el cual fue castigado violentamente por Larrosa y a quién le impuso una multa de 25 pesos de propia autoridad, sin dar conocimiento al Juez de Paz, ni instruido sumaria ninguna para la debida constatación del delito». -»Este hecho, excusa de todo comentario, pero faltaríamos a nuestro deber de simples relatores de lo acaecido, si al criticar la conducta de este empleado subalterno no tuviéramos una palabra de encomio para el Señor Jefe Político del Departamento por la rectitud e imparcialidad con que procedió en uno y otro tiempo».
«Poco o nada podemos decir de este nuevo comisario, pues no ha llegado aún el caso de poder apreciar su conducta: sin embargo si es que nuestros buenos deseos no nos engañan, le creemos apto, activo y recto y sólo tendremos que felicitarnos por el cambio operado».
«Deseándole a ‘El Sanducero’ muy larga vida, muy buena acogida y numerosa suscrición, me ofrezco de los señores redactores atento SS - Tiro Grullo».


1883

Al comisario le gustaba la timba (II)

La correspondencia publicada por «El Sanducero» el 28 de junio de 1883, fechada en la «Décima Sección Judicial de Paysandú», continúa relatando las actitudes del ex Comisario de la zona en estos términos:
«Teniendo conocimiento el Teniente Larrosa de que el comerciante Don Tomás Acosta no compraba los cueros de ese abasto y que las carretas de ese señor se hallaban en viaje para esa dispuso un embargo, no comprendiendo que podía hacerse transacción ninguna sobre esos frutos sin la correspondiente tornaguía. Sin embargo, sabemos que el señor Acosta había comprado esos muniéndose del correspondiente certificado expedido por los propios dueños de los animales, quienes los contramarcaron, como es de práctica».
«Remitido aviso a Paysandú, nos consta que el señor Acosta obtuvo del señor Gefe Político la orden disponiendo la continuación del viaje de las carretas con la competente custodia, cuya orden recibió el teniente Larrosa en la casa de negocios del señor Freitas, en circunstancias en que se hallaba en su habitual ocupación de tirar la taba. Guardó la orden y continuó en su tarea».
«Pasados algunos días nos sorprendió la venida del teniente Babulla por estas alturas. Nos consta que llegó a la casa del señor Zubillaga media hora después que Larrosa regresaba recién de lo del señor Freitas, mientras que las carretas seguían embargadas y por lo tanto paradas, sin que durante estos días el señor Larrosa se hubiese dignado practicar ninguna diligencia tendiente a averiguar la legalidad de sus actos, ni dado el menor aviso al Señor Juez de Paz que se halla a una cuadra de lo del señor Zubillaga».


1883

Al comisario le gustaba la timba (I)

En su edición del 28 de junio de 1883, el periódico «El Sanducero» publicaba una nota enviada por un corresponsal que se identificaba con un seudónimo, dando cuenta de los hechos registrados a causa de la conducta de un comisario. Decía el artículo:
«Correspondencia de campaña - Décima Sección Judicial del Departamento».
«Junio 25 de 1883. Señores redactores de ‘El Sanducero’».
«Aunque las noticias de campaña poco o ningún interés pueden presentar a sus lectores, sin embargo, hay hechos de palpitante actualidad que, apasionadamente apreciados por los otros periódicos de esa, merecen a mi juicio una rectificación».
«Por muy sensible que nos sea tener que criticar la conducta del ex comisario Don Faustino Larrosa, nos vemos en la necesidad de sacrificar nuestras afecciones particulares en obsequio de la verdad».
«Poco edificante era su conducta, dominada por la pasión del juego —en las reuniones era al primero que se le veía con la taba en la mano, y por la noche en la carpeta— donde más de una vez hemos oído a los paisanos la queja, de que cuando a él le tocaba ganar arrastraba los pesos, pero que cuando perdía tenían que contentarse con el ‘le debo’».
«Bajo tales auspicios fácil es suponer del modo que se haría la policía en la Sección, confiada a los guardiaciviles, los que no salían de la casa de negocios de Don Pedro Zubillaga, adonde había establecido su residencia el ex comisario».
«Atribuimos a esa incuria el hecho de la fuga de un carnicero, deudor de unos derechos de abasto. Pero ya fuese por esa causa como por cualquier otra, el hecho es que el hombre se fue con el santo y la limosna y ahora... échele galgos».


1883

Diligencia a Porvenir

El establecimiento de un servicio de diligencias entre la ciudad de Paysandú y la Colonia Porvenir resultaba de sumo interés en 1883.
Así lo destacaba el periódico local «El Sanducero», en su edición del 17 de junio de ese año indicando: «Ecos varios»
«El próximo domingo saldrá del acreditado establecimiento de Don Alejo Talamás una diligencia que hará la carrera entre este pueblo y la Colonia Porvenir».
«Dado el adelanto de aquel centro agrícola, único que existe en el departamento, no dudamos que la nueva empresa podrá mantenerse, rindiendo a la vez un gran servicio al comercio y al público».
«Sabido es que infinidad de colonos vienen a expender a la feria los domingos sus productos agrícolas e industriales».
«Estos obreros del trabajo con el establecimiento de la citada diligencia pueden hacer un gran ahorro, pues la traslación de los productos como ser manteca, huevos, gallinas, etc. la harán sin necesidad de vehículo propio o prestado, por un precio bastante módico».
«Aplaudimos la idea augurándole a la empresa un buen resultado».


1884

"En plena civilización"

Bajo el título «Divagaciones con motivo de un viaje», J. Sienra y Carranza publicó en 1884 una serie de artículos en los «Anales» del Ateneo. En el titulado «Tres ciudades» relata su visita a Mercedes, Salto y Paysandú. En relación a la capital sanducera, su apunte dice textualmente:
«Como ciudad, y en cuanto me es dado juzgar, Paysandú compite con el Salto en población, en movimiento, en industria, en comercio y en adelantos sociales».
«Era domingo el día siguiente a mi llegada, y tan temprano como le era admisible a un cuerpo exigente de sueño, molido por las constantes agitaciones del viaje, tomé el camino de la plaza principal. Me fue interesante la sorpresa de una feria análoga a la que anima nuestra calle del 18 de Julio los días festivos. Dos de las veredas laterales de la plaza estaban ocupadas por ella».
«Mi objeto era conocer la Iglesia, y aquel aspecto de la sociedad que se revela a la hora de la misa, porque la experiencia me ha demostrado que, más que en el teatro, en el templo puede juzgarse con un solo golpe de vista, del grado de cultura de cada pueblo».
«En Paysandú la impresión no puede ser más favorable; el viajero reconoce que se encuentra en plena civilización».
«Esta idea se vigoriza enseguida por el movimiento del tranvía y la fisonomía del conjunto de sus pasajeros; por los clubs con sus casas propias, por la edificación del Ateneo, por los edificios públicos, Jefatura y Comandancia, el Hospital de Caridad, el Teatro, semejante al del Salto, y uno y otro comparables al de Cibils o al de San Felipe».
«He asistido a una función dramática extraordinariamente concurrida, a la que faltaba el elemento aristocrático de la ciudad, pero que es una manifestación altamente plausible de su progreso».
«Momentos antes de partir me asomé al balcón del hotel y dirigí la mirada hacia el río».
«Por sobre los techos de las casas y el ramaje de la ribera descubríanse los mástiles de los buques subvente balanceados por las ondas, y sus flotantes gallardetes se me figuraron pañuelos desplegados por manos amigas que me llamaban allí donde un gran vapor me ofrecía las comodidades de los elegantes salones y del confortable camarote».


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (III)

Finalmente, la obra inédita del profesor Enrique Santos Bartaburu, «Quebracho y su adyacencia» da a conocer una serie de telegramas cifrados de la Jefatura Política de Paysandú.
Establece los siguientes textos:
«4-10-1884- TELEGRAMA - Al Sr. Presidente de la República.
«Recibí telegrama de V. E. he mandado contra orden a Guaviyú por que he sabido que lo que ha pasado del otro lado del Uruguay no tiene importancia pues se trata de un anciano que no puede ya con el bulto, sin embargo vigilo.»
«4-10-1884- CIRCULAR Nº 70 - F. 228» -
«Se da cuenta de la muerte del General Nicasio Borges».
«6-10-1884- TELEGRAMA - F. 230 - Al Jefe Político de Salto».
«Recibí telegrama de V. S. acaba de comunicarme Jefe Político de Uruguay que han arrestado allí un Mayor con quince hombres de la revolución».
«Esto biene bien con lo que V. S. me dice. He pedido detalles».
«6-10-1884- TELEGRAMA - F.230 - Al Sr. Presidente de la República».
El texto del telegrama es igual al precedente, al que se le agregó lo siguiente:
«He pedido nombres y detalles al Sr. Jefe Político pero aun no me ha contestado... Por otro conducto se que el Mayor se llama Esterniche o Scarnichia, también se que en Gualeguaychú han arrestado a Layera».
«6-10-1884- TELEGRAMA - F. 230 - Al Sr. Presidente de la República».
«En relación a tema del telegrama precedente, se le comunica que... el titulado Mayor se llama Joaquín Scarnichi y que los demás son individuos que nada significan».


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (II)

Según registra «Historia de Quebracho y su adyacencia», del profesor Santos Bartaburu, Capítulo 4 «Los movimientos revolucionarios en la zona», aparecen una serie de telegramas cifrados fechados el 3, 4, 6 y 9 de octubre referidos todos a la misma situación del telegrama descifrado anteriormente. Luego expresa:
«3-10-1884 - Nº 852 - F. 227 y 228 - Al Sr. Sub. Delegado de la 3ª Sección. El Señor Jefe Político de Colón acaba de comunicarme que ha sido arrestado ayer por las autoridades de aquel Departamento el Coronel Rada en momentos en que iva a invadir nuestro país con un grupo de gente armada. Este hecho prueba que los trabajos rebolucionarios que se hacen allí son tendentes a perturbar la tranquilidad de nuestro país. Nuestro deber es impedir por todos los medios a nuestro alcance que se lleve a cabo tan criminal atentado».
«En consecuencia ordeno a Ud. observe la más rigurosa vigilancia, especialmente sobre la costa del Uruguay, sin desatender el resto de la Sub Delegación, tomando para ello todos los hombres que Ud. crea necesarios para reforzar las Policías».
«Haga esto del modo más silencioso posible a fin de que no se alarme el vecindario».
«Téngame al corriente de cuanto suceda, trasmitiéndome por telégrafo las noticias que sepa escribiendo con la clave que le adjunto, todo lo que no deba saber nadies más que yo».
«Confiando en su celo, actividad y prudencia, lo saluda atte.». Firmado: J. Etcheverry.
3-10-1884- TELEGRAMA - F. 228 - A S. E. el Sr. Presidente de la República.
«Acabo de ordenar a Sub delegado de Guaviyú «... que tome todas las precauciones...».


1884

4 23 7 1 14 5 6 1 (I)

El Jefe Político de Paysandú J. Etcheverry utilizó un sistema de claves para enviar mensajes cifrados. A continuación reproducimos un enfoque de este tema tomado de la obra inédita «Historia de Quebracho y su adyacencia», del profesor Enrique Santos Bartaburu, Capítulo 4 «Los movimientos revolucionarios en la zona - Acciones y escaramuzas».
Textualmente expresa: «Recibí telegrama de V.S: comunicándome aprehensión del Coronel Rada que pretendía invadir este País con gente armada. A nombre propio y de mi Gobierno agradesco a V.S el servicio prestado a mi país por esas autoridades y cuente V.S. con igual proceder de parte de estas autoridades en el caso que se intente cualquier cosa contra la tranquilidad de esa Provincia».
«En relación con el telegrama precedente hay un Telegrama cifrado el que ha sido descifrado por el suscrito y que dice así en su estructura».
«El mismo fue enviado por el Jefe Político de Paysandú a S.E. el Sr. Presidente de la República»:


1885

Miles de toneladas de material para vías férreas

El viernes 18 de diciembre de 1885, el diario «El Paysandú» daba cuenta de las últimas novedades relacionadas con la próxima instalación del servicio de trenes hacia Paysandú. Indicaba:
«Un estimable amigo nos comunica los siguientes datos».
«Las obras de la prolongación del Ferrocarril Noroeste del Uruguay, ya han sido empezadas por los señores empresarios Cutbill Son y Delongo, cuyo jefe, agente y representante es el célebre ingeniero Señor Alfredo Frewin».
«El estimable caballero señor Enrique Bardy, agente de los señores Jaime, Perry y Cía de esta localidad, han sido investidos en igual carácter por esa empresa en esta ciudad y puerto».
«Doce mil toneladas de material van a ser embarcadas en Inglaterra para Paysandú y vendrán consignadas para Don Enrique Bardy, quien las mandará al Salto».
«Los trabajos serán concluidos en 18 meses».
«El Sr. D. Enrique Gale también representante de los señores Cutbill Son y Delongo partió de Montevideo en el vapor «Tagus» con destino a Londres, a fin de arreglar los asuntos relativos a la formación de una compañía, para la construcción del Ferrocarril del Noroeste del Uruguay».
«El ferrocarril recorrerá del Paso de los Toros hasta Paysandú; Salto; Isla de Cabellos y Santa Rosa, uniéndose con el ferrocarril Gran Sud del Brasil».
«De manera que es probable que en menos de tres años, los pasajeros podrán viajar por vía férrea desde Montevideo hasta Paysandú e Itaquí, y acaso hasta Río de Janeiro, evitando el espantoso viaje de navegación».


1885

Velada cultural en el Club Comercial

El sábado 11 de abril de 1885 se llevó a cabo una de las veladas musicales organizadas por el Club Comercial (¿Casino de Comercio?). Sobre el hecho , el periódico «El Paysandú» publicaba el lunes la siguiente crónica:
«Anteanoche se llevó a efecto en los espaciosos salones del Club Comercial, la velada musical, que se había anunciado desde hace algunos días».
«Como era de esperarse, lo más selecto de nuestra culta sociedad hizo de esa velada un verdadero rendez vous».
«El aspecto que ofrecían los salones a los que penetraban al recinto, no podía ser más deslumbrador ni más grato: nuestras bellas se habían dado cita todas a la soireé, y sus encantos proverbiales, unidos a lo imponente y el buen arreglo de los salones, hacían de aquella un verdadero edén, cuyos atractivos y cuyo perfume no podían menos que invitar a nuestra juventud masculina a participar hasta el fin de la pequeña fiesta».
«Como a las 8 y 1/2 dióse principio al torneo musical en el que tomaron parte las señoritas Helena Mistler, Berta Bonthoux, Luisa Buffet, Lala Cardassy, María Luisa Fuentes, María Mistler, y los señores Manuel S. Adores, F. Baldomir, V. Cardassy, E. Reynauf, Juan Ilarreghy, E. Napuñaz y E. Rompani».
«Las piezas ejecutadas fueron las que siguen: Trovador, Nocturno de Hacher, Marta, Sonámbula, Aída, Hugonotes, Rapsodia de Lizt, Romanza, Gran Vals Final de Hughes, Fausto, Rigoletto y La Estrella de Sevilla».
«En general fueron todas las partes bastante aplaudidas».
«En uno de los intermedios la inteligente niña Isabelita Viera, pequeña artista de la compañía dramática que actúa entre nosotros, declamó con sumo despejo y muy buena entonación, una bonita composición poética de Jacinto Listar titulada La Caridad».
«La soireé terminó como a las 12 y 1/4, hora en que los concurrentes se retiraron completamente satisfechos de los gratísimos momentos que acababan de pasar, y haciendo mil votos por que el club repita estos recibos con la mayor frecuencia posible».
«Por nuestra parte vaya un aplauso a ese centro por el buen éxito que está obteniendo con sus reuniones por sus afanes de colocarse a la altura en que se halla nuestra culta ciudad».


1885

Para cruzar a Colón (II)

El «reglamento» de la balsa, remolcada por un vapor, que realizaba el servicio entre Paysandú y Colón continuaba estableciendo:
«3º) Esta tarifa regirá siempre que la cantidad de animales vacunos y yeguarizos pase de 100 y el de ovejas de más de 300».
«4º) En el caso de que no pasen de ese número se pagará el pasaje por viaje y no por cantidad en la forma siguiente: de cien animales vacunos o yeguarizos tanto de corte como de cría para abajo $ 50, de 50 para abajo se pagará $ 25 y de 300 animales lanares, cabríos o porcinos para abajo se pagará $ 25».
«5º)Todo carruaje de cuatro ruedas pagará por el pasaje $10 y el de dos ruedas pagará $ 6».
«7º)Los carros y carretas cargadas pagarán $ 15 pesos por el pasaje y los vacíos $ 12».
«Sin perjuicio de lo decido en el artículo anterior se previene que la balsa no hará viaje por un solo carruaje o carreta sino mediante la suma de $ 25, pues en ese caso queda considerado el pasaje como viaje expreso».
«7º) El pago de los pasajes será al contado y en el momento de estarse efectuado en moneda oriental, oro o su equivalente».
Pastoreo y ronda
«1º) El ganado vacuno pagará por pastoreo. Por cada 10 animales vacunos o yeguarizos se pagará un peso por pastoreo e igual sumador ronda en caso de que tuviese que efectuarse».
«2º) El ganado lanar, porcino o cabrío, pagará $ 0,50 diarios por cada 100 animales e igual suma por noche».
«3º) Todo conductor de tropa tiene opción a encerrar el ganado en las mangueras y corrales del establecimiento».
«José Meglia encargado del establecimiento».
«Nota: las personas que deseen ocupar la balsa pueden dirigir sus pedidos en Paysandú al señor Don Daniel Millot o en los bretes Costa del Uruguay, Departamento Colón, a Don José Mérida».
«Los ganados que pasen de aquí a Entre Ríos y viceversa son libres de derechos».
«Enero 28 de 1885».


1885

Para cruzar a Colón (I)

A comienzos de 1885 fue dada a conocer una circular que informaba sobre la reanudación del servicio de balsa, destinado al transporte de ganado, carruajes y carretas entre Paysandú y Colón. Dicha circular decía textualmente:
«Al público».
«Habiendo refaccionado convenientemente y puesto de nuevo al servicio público la balsa conocida como de Don Ovidio Escalada, hoy propiedad de Don Daniel Millot, el que suscribe, encargado de dicho establecimiento, pone en conocimiento del público que a fin de organizar de modo debido el servicio de dicha balsa, se ha fijado el reglamento que a continuación se transcribe por todo el año presente de 1885».
«Al mismo tiempo debo manifestar que tanto la balsa como el vapor se encuentran en perfecto estado y no se sufrirá demora de ninguna especie en los pasajes».
«La balsa tiene comodidad suficiente para transportar en cada viaje doscientos novillos y por consiguiente puede pasar 2.500 a 3.000 novillos y ganado de cría en proporción».
«La oveja tiene local para 800 en cada viaje y pasar diariamente cerca de 11.000. En cuanto a pastoreo cuenta el establecimiento con un buen campo todo cerrado con alambrados, aguadas superiores naturales, corrales, mangueras y todas las comodidades que se requieren para las haciendas».
«Reglamento de la balsa conocida como de Don Ovidio Escalada hoy propiedad de Don Daniel Millot».
«1º) Durante el presente año de 1885 regirá en el establecimiento el presente reglamento para el pasaje de ganado».
«2º) La tarifa de precios para ganado será la siguiente: animales vacunos de corte, cada uno $ 0,50».
«Animales vacunos de cría $ 0,40».
«Yeguarizos de carga y yeguarizos de corte $ 0,50, de cría $ 0,40. Ovejas, cabríos y porcinos $0,08».


1887

Tragedia en Plaza Constitución (IV)

Finaliza su relato el Padre Baldomero Vidal refiriéndose a las víctimas del accidente y relatando la casualidad que salvó la vida de un joven dependiente de una botica cercana al lugar de la explosión.
«Recordamos a Don Martín Leúnda, buen vizcaíno que trabajaba en el Saladero de Casa Blanca, que estaba contemplando la fiesta desde el atrio de la iglesia, a más de cien metros del lugar donde estalló el mortero, y fue alcanzado en pleno vientre por un casco que le introdujo en las vísceras unas monedas de cobre, de las antiguas de dos vintenes, que tenía en el bolsillo del chaleco, de resultas de lo que perdió la vida.»
«Muchas otras personas, alcanzadas por los trozos de la explosión, tuvieron la suerte de que sus heridas fuesen sin importancia.»
«Pero suerte o providencia, fue la del joven Juan Salaberry. Estaba empleado este en la Botica del Pueblo, que se hallaba en la esquina de las calles Florida y Zorrilla de San Martín, en la finca que ocupó después la Administración del Ferrocarril Midland. El referido joven contemplaba los fuegos sentado en una silla colocada delante de la puerta de dicha botica, cuando llegó una persona a comprar unas pastillas de goma, por lo que él se levantó y entró en el negocio, en el preciso momento en que, estallando el mortero, un casco del mismo destrozaba la parte inferior de la puerta de la farmacia. De haberse quedado donde estaba, hubiera recibido en pleno pecho el mortífero proyectil".
«No hace falta agregar que después de lo sucedido, cesó la fiesta".
«Los más serenos y decididos trataron de socorrer a los heridos: los otros, después de buscar con la consiguiente zozobra, a sus familiares, al encontrarlos ilesos o levemente heridos, volvían a sus casas, mientras las autoridades y médicos tomaban la debida intervención en el hecho".
«Y así fue como aquel 25 de Agosto de 1887, que con tan buenos auspicios había comenzado, terminó dejando en Paysandú un recuerdo de tristeza y de tragedia".


1887

Tragedia en Plaza Constitución (III)

Tras «pintar» un panorama de patriótico festejo, el relato del sacerdote cobra toda la intensidad de un hecho tan inesperado como contrario al objetivo de celebración que se procuraba. Dice el relato:
«En el ángulo Noroeste de la plaza estaba, con su mortero, el encargado de tirar las bombas, que se sucedían con ininterrumpida frecuencia; era el punto culminante de la fiesta; ya se habían encendido varios fuegos y la alegría y el entusiasmo habían contagiado a todos los presentes».
«De pronto se oye un estampido seco y aterrador, distinto del que produce el continuo estallar de las bombas, y al mismo tiempo se percibe como el paso de proyectiles que desgajan ramas de los árboles o se incrustan en sus troncos. Un silencio temeroso, que dura pocos instantes, ahoga las voces que se sentían flotar en el ambiente; al silencio suceden ayes dolorosos o gritos desgarradores, que surgen de diversos puntos de la plaza. ¿Qué había sucedido? Una imprudencia de trágicos resultados».
«El pirotécnico había introducido una bomba encendida en el mortero y, al ver que no salía al tiempo calculado, impaciente por no interrumpir la sucesión de estallidos, encendió otra y la metió en el mismo mortero, y se produjo lo fatal: la primera bomba, no hallando salida por la otra que se lo impedía, estalló dentro del mortero, hizo estallar a la que había acabado de entrar y el mortero, caldeado ya por el tiempo que llevaba funcionando, también estalló en mil pedazos, que se esparcieron por todo el ámbito de la plaza. Su resultado fue desastroso: cinco personas de las que llenaban la plaza recibieron en parte vitales los cascos del destrozado mortero, falleciendo algunas en el acto y otras al cabo de poco tiempo, como consecuencia de la herida».


1887

Tragedia en Plaza Constitución (II)

La descripción del Padre Vidal de la fiesta que se vivía aquel 25 de Agosto de 1887, prosigue de la siguiente manera:
«En el centro se erguía un elevado mástil del cual irradiaban en todas direcciones los alambres que, por la noche, habían de sostener los farolitos de la iluminación, que empezaba apenas se ocultaba el sol en el horizonte».
«Luego, los fuegos artificiales. Eran muchos y ocupaban todos los vacíos de la plaza. Nunca faltaba un grandioso castillo que solía ubicarse en el costado Norte y constituía el número central de la quemazón».
«¿Y la batería? Esta era formidable. Se colocaba en el costado Este, frente al templo parroquial, y la formaban un rosario de bombas, terminado por una colosal, cuyo estrépito semejaba un cañonazo de una pieza de largo alcance. Era la última que se encendía y después de su explosión todo el mundo se retiraba con la cabeza atronada por el rimbombo del petardo final».
«Desde el atardecer la población se había volcado a la plaza».
«Allí se oía música, se paseaba, se hacían comentarios anticipados de los fuegos que se habían de quemar por la noche y se pasaban unas horas de sencilla y animada expansión patriótica».
«Trasladémonos a una de estas lejanas conmemoraciones patrias. Estamos en 1887: es el 25 de Agosto».
«La plaza rebozaba de gente: los chiquillos, que en gran número se han comedido a acarrear los farolillos para alcanzárselos a los encargados de colocarlos en los alambres, alborotan la plaza con sus gritos sonoros y argentinos, aplaudiendo el encendimiento de un fuego o saludando con un grito prolongado el estallido de una bomba en el espacio; la gente mayor se pasea pacatamente por las aceras de la plaza, trasladándose como en masa hacia el lugar donde se enciende un fuego, para verlo más a su sabor; unos permanecen estacionados en la gradería del atrio de la iglesia, desde donde se ve el espectáculo con más comodidad, mientras otros prefieren recorrer toda la plaza y curiosearlo todo».


1887

Tragedia en Plaza Constitución (I)

Pocas veces se ha registrado en tiempos de paz en Paysandú una tragedia como la ocurrida el 25 de agosto de 1887. Un grave error del encargado de disparar los fuegos artificiales causó por lo menos cinco muertos y numerosos heridos.
El padre Baldomero Vidal en su libro «Estampas sanduceras», publicado en Montevideo en 1948 ofrece el siguiente relato: «Un 25 de Agosto trágico».
«Los que alcanzamos el último tercio del Siglo XIX, cuando en Paysandú no se conocía la luz eléctrica, ni los autos, ni otros adelantos que hoy son cosas corrientes y molientes, recordamos con cierta nostalgia las fiestas patrias que en aquellos tiempos se hacían».
«Gran solemnidad revestía entonces sólo el 25 de Agosto, que era la fiesta patria por antonomasia, fiesta realmente sentida y esperada con patriótico afán por todos, grandes y chicos».
«Hoy, que nos han llenado con tantas conmemoraciones de hechos y hazañas propios y extraños, sobre todo extraños, muy dignos de conmemorarse en los países donde se realizaron, se nos ocurre que el entusiasmo patrio se ha diluido demasiado y no le damos a lo nuestro todo lo que se merece. Pero volvamos al 25 de agosto, como se conmemoraba hace más de medio siglo».
«Era de cajón que hubiese iluminación y fuegos artificiales en la plaza. Pero, ¡Qué iluminación! Y ¡Qué fuegos!»
«Por supuesto, que la primera no podía ser a base de focos eléctricos, en aquel entonces desconocidos. Los clásicos farolitos venecianos, de papel de colores, alumbrado por una velita de estearina, eran de un efecto fantástico; los había de todas formas y colores: cilíndricos, esféricos, abombados, panzones y esbeltos, y dejaban la plaza envuelta en una plácida media luz que parecía aumentar la cordialidad entre los ciudadanos».


1888

Sociedad «La Protectora» (I)

A mediados de 1888 se constituyó en Paysandú una sociedad cuyo objetivo era unir y defender a los trabajadores de los saladeros locales. Con tal motivo, se labró la siguiente acta:
«Sociedad ‘La Protectora‘«
«En la ciudad de Paysandú a veinticuatro días del mes de mayo de 1888 reunidos los abajo firmados, trabajadores en los saladeros de este departamento en los ramos de desollado, charqueada, desposte y descarne convinimos lo siguiente:» «Artículo 1º) Los abajo firmados constituyen desde esta fecha una asociación bajo la denominación de La Protectora».
«Art. 2º) la duración de la sociedad será por el término de diez años pudiéndose prorrogar mediante resolución de la mayoría de los socios asistentes a la asamblea que con tal objeto tenga lugar».
«Art. 3º) La asociación ‘Protectora‘ tiene por objeto la unión de todos los gremios de trabajadores a fin de protegerse mutuamente, prestarse las facilidades del crédito y de trabajo que lo permite el estado social».
«Art. 4º) Por ahora la sociedad queda constituida por los abajo firmados, trabajadores de saladeros en los ramos de desollado, charqueado, desposte y descarne, obligándonos mutuamente a lo siguiente:»
«1º) No trabajar por menos precio del que asigna la siguiente tarifa: Desollada, por cada cien animales se cobrará $ 25, Charqueado $ 10, Desposte $ 4, Descarne $ 3».


1888

Odontología con "Gas Hilariante"

A mediados de 1888 se anunciaba la presencia en Paysandú de un dentista estadounidense que utilizaba métodos muy modernos y trabajaba también los días de lluvia.
El anuncio decía textualmente:
«Volverá el 18 de julio Don John S. Burnett, dentista americano. Tiene el agrado de participar a sus amigos y numerosa clientela que por haber empezado mucho más trabajo de lo que puede concluir en los treinta días marcados, ha resuelto volver inmediatamente para continuar y concluir sus operaciones».
«Ruega hacer notar que no podrá postergar su viage la segunda vez. Por tanto todas las personas que quieran aprovechar sus servicios profesionales, no deben perder tiempo».
«Deben pedir para cuanto antes, para hacer extracciones sin dolor por medio del inofensivo Gas Hilariante y varios otros medios que garante sin dolor».
«Ondicaciones o emplomaduras de oro es su especialidad».
«Tengo dentífricos para limpiar los dientes y fortificar las encías - y cepillos de los mejores».
«No dejen para última hora. Los días de lluvia se trabaja lo mismo».
«No se postergará el viaje. Hotel de París».


1888

Un rayo mató tres bueyes

El 8 de junio de 1888 el vespertino sanducero «El Paysandú» daba cuenta de las graves consecuencias que provocara la «caída» de un rayo en las cercanías de la ciudad. Dice el periódico:
«El día».
«El Sub Delegado de la Primera, Capitán Larcebó, ha puesto en conocimiento de la Jefatura Política que el día 31 de mayo próximo pasado a eso de las 5 a.m. venía el GC (guardia civil) de la expresada Sub Delegación Santiago Morales, conduciendo una carreta cargada con leña para el servicio de la policía, cuando se desencadenó una fuerte tormenta, no pudiendo seguir caminando, se guareció Morales bajo la carreta, cayendo en este instante un rayo o centella que le mató tres bueyes, dos delanteros y uno de pértigo, propiedad de Don Manuel Cáceres y lastimó además gravemente a la mujer del ya referido Morales, que venía sobre la leña que traía el vehículo en cuestión».
«Las heridas que presenta la mencionada mujer son unas grandes ampollas en toda la espalda».
«La ropa que cubría esta parte fuele quemada completamente por el rayo».
«La pobre mujer vertía sangre por la cara, narices y oídos».
«El estado de la infeliz es en estos momentos sumamente delicado».
«Se le asiste en su casa con los auxilios que la oficina a cargo del señor Larcebó le proporciona».
En ediciones posteriores el periódico no informa sobre el estado de la damnificada, por lo que es de suponer que mejoró de sus lesiones.


1888

"Sublevación de peones"

Un incidente con el personal del ferrocarril registrado en las inmediaciones de Porvenir, produjo la siguiente noticia publicada en el diario «El Paysandú» del 11 de julio de 1888:
Sublevación de peones
«El domingo hubo una especie de sublevación entre los peones del ferrocarril que trabajaban bajo la dirección de Don Juan Bracheto».
«Dicha sublevación tuvo origen en haberles manifestado el referido Bracheto, después de pagarles sus respectivos jornales, que desde ese momento quedaban en libertad para ir a trabajar a otra parte».
«Como la cosa amenazaba tomar mayores proporciones, creyese prudente avisar a la policía de la Colonia Porvenir, la que concurriendo in continenti, puso paz entre los revoltosos haciéndolos retirar unos por un lado y otros por otro».
Diligencia
«El Señor Don Antolin Montiel acaba de comprar la que pertenecía a su hermano Santiago y que hace la carrera entre esta ciudad y el Paso de Andrés Pérez».


1888

Cuestión de honor (II)

La primera respuesta de los padrinos de Setembrino Pereda continuaba de la siguiente manera:
«Expuestas por nuestra parte las causas que dieron margen al incidente a que nos hemos referido, obtuvimos la siguiente contestación: que él por su parte hallábase dispuesto a retirar toda ofensa que puede haber inferido al señor Don Setembrino Pereda en el lamentable incidente del que se trata, siempre que este último manifieste a su vez no haber sido su móvil ofenderlo con la actitud asumida en la emergencia suscitada entre ambos».
«Oídas por los que suscriben las declaraciones que anteceden, cumplen con el deber de llevarlas a su conocimiento, congratulándose de dar cuanto antes a esta enojosa cuestión promovida entre dos personas igualmente estimables, un corte definitivo y amistoso».
«Saludan a Ud. ante sus Afmos. y SS. M. Bascans y Apolinario G. Vélez»
A lo que Setembrino Pereda responde: «Señores Bascans y Vélez. Presentes. Mis amigos: En respuesta a la carta de ustedes debo manifestarles aquí lo que dije ayer al mismo Señor Legar en presencia de varias personas: que yo no había dudado ni dudaba de su rectitud de escribano; que si dudara se lo espresaría claramente y sin ambajes, como acostumbro hacerlo, pues dueño de mis actos jamás rehuyo la responsabilidad de mis ideas y acciones».
«Pueden pues, ustedes, declarar lo que dejo espuesto, porque es la pura verdad dicha sin vacilaciones cobardes».
«Agradeciéndoles su noble proceder les saluda su amigo y SS. S.E. Pereda».
«Junio 17 de 1888»
Finalmente, el escribano Legar daba por terminado el entredicho con la siguiente nota: «Señores Máximo Bascans y Apolinario G. Vélez. Presentes. Estimados amigos: En vista de las seguridades que ustedes me han dado, de que el Señor Don Setembrino E. Pereda no había tenido el ánimo de inferirme ningún tipo de ofensa en el lamentable incidente que tuvo lugar ayer en mi oficina, doy a ustedes amplias facultades, para que digan al Señor Pereda, que yo por mi parte no tengo inconveniente alguno en dar como no producido el suceso de referencia».
«Queda de Uds. Atento y SS. Eloy J. Legar, C.D. Junio 17 de 1888».


1888

Cuestión de honor (I)

En el Paysandú de fines del siglo XIX las agresiones verbales eran motivo de enfrentamientos honoríficos que podían llegar hasta la reparación por las armas.
Una situación de esta naturaleza se suscitó a mediados de 1888 entre Setembrino E. Pereda, hombre de letras, historiador y político y Eloy J. Legar, escribano público.
Los hechos registrados en el escritorio de este último y las actuaciones posteriores para zanjar el diferendo, quedaron registradas a través del intercambio epistolar efectuado en un solo día.
El trámite comienza con la siguiente nota:
«Señores Don Máximo Bascans y Don Apolinario G. Vélez. Presentes».
«Mis apreciables amigos:»
«He sido gravemente ofendido, en su escritorio y delante de varias personas, por el señor Don Eloy J. Legar, y necesito reparar decorosamente el agravio».
«A fin de evitar pugilato por las calles impropios de personas serias, me dirijo a ustedes para que, a mi nombre y representación, se acerquen a ese señor y le pidan amplias esplicaciones, pues se me ha agraviado sin yo dar motivo justificado para ello».
«Quedan, por lo tanto, autorizados cuando preciso sea para obrar al respecto, prometiendo acatar sus determinaciones, que confío han de responder a mi firme propósito de reparación, por las vías conciliatorias o por las vías estremas».
«Desde ya les es deudor de ese servicio su Afmo y SS S.E. Pereda».
«Paysandú, junio 17 de 1888».
Ese mismo día, Bascans y Vélez responden:
«Paysandú, junio 17 de 1888.»
«Señor Don Setembrino E. Pereda. Presente».
«Estimado amigo:»
«Cumpliendo con el cometido que nos confirió Ud. en su carta de fecha de hoy nos apersonamos al señor Don Eloy J. Legar con el propósito de pedirle en su nombre las esplicaciones del caso sobre el incidente personal ocurrido ayer entre usted y aquel señor en el escritorio de este último en presencia de varias otras personas».


1888

"Tomá, metete"

Las jóvenes sanduceras de fines del siglo XIX no siempre actuaban con recato y timidez, como la certifica esta información publicada por el vespertino «El Paysandú» el 25 de junio de 1888:
«Tomá, metete»
«Una de las noches pasadas paseaban dos muchachas de largo cerquillo por la calle Ituzaingó».
«Al llegar a una esquina, un jovencito varioloso, feo pero muy emperifollado les dijo algunas tonterías».
«Creyó este que su piropo le valdría por lo menos una sonrisa; pero lo que le valió fue una bofetada de una de ellas».
«Enojose entonces el dandyy asestó un golpe con la varita a una de ellas».
«Las dos muchachas se le echaron entonces encima y le dejaron a rasguños más fea la cara que lo que la tiene; le rompieron el sobretodo, le asestaron golpes con piedras y hasta le echaron tierra en los ojos».
«Debido a la intervención de algunos jóvenes, dejaron las muchachas de vapulear al mozalbete».
«Llamó este a los vigilantes pero estos no acudieron, y las malhechoras pudieron huir, muy satisfechas de su hazaña».
«Al que le toque por mujer una de esas belicosas orilleritas se ha sacado la lotería».
«Lindo, ¿no?»


1888

Hay que pagar para disfrazarse (II)

Las disposiciones de la policía sanducera para el carnaval establecían también que:
«5º) Queda también prohibida la venta de artículos que se mencionan en el artículo 3º sufriendo una multa de $ 50 cada persona que se le encuentre con aquellos y de $ 10 los que infrinjan las demás disposiciones contenidas en el presente edicto. Tanto el producto de las multas como el de las tarjetas de disfraz será destinado a la comisión de las fiestas de carnaval».
«6º) Se ordena a los señores Comisarios y demás agentes de policía dar el más fiel cumplimiento a las disposiciones de este edicto procediendo en los casos de contravención a lo dispuesto, a la aplicación de las penas correspondientes».
«Paysandú, enero 28 de 1888. Ricardo Tajes».
Posteriormente, el 15 de febrero, «El Paysandú» reseñaba lo acontecido de la siguiente manera:
«Como lo presumíamos, este año ha revestido el carnaval en esta ciudad un carácter de animación sólo comparable al que tuvo lugar allá por el año 1872».
«Nuestras calles han presentado durante esos tres días de locura un espectáculo digno de las grandes capitales».
«En el corso figuró un número crecidísimo de carruajes, conduciendo a nuestras principales familias que salieron este año de su retraimiento habitual».
«Se observó fielmente el orden del programa, siendo digno de anotarse que durante los días del carnaval y no obstante la gran multitud que poblaba calles y plaza, no se produjo el más mínimo incidente que introdujera el desorden».
«La comparsa que ha llamado principalmente la atención es la ‘Edad Feliz‘, se supone que tenga el premio al que se alude en el programa de fiestas».
«De los carruajes, los que llamaron mayormente la atención fueron aquellos en que iba la familia del Dr. Mongrell tirado por dos soberbios broncos y el pequeño carro que dirigía un niño del señor Alberto Santa María. Los premios destinados a los carruajes mejor adornados los obtendrán por cierto aquellos que acabamos de hacer mención».


1888

Hay que pagar para disfrazarse (I)

El carnaval sanducero de 1888 resultó de los más exitosos pese a que se adoptaron algunas medidas restrictivas y se debía abonar para poder disfrazarse. Estas son las normas establecidas en febrero por la Jefatura de Policía:
«Edicto. Previendo tener lugar próximamente las fiestas de Carnaval y siendo un deber de la autoridad reglamentar la forma en que han de celebrarse, para prevenir cualquier clase de abuso que esté en oposición con el grado de cultura que debe observar toda sociedad civilizada, la Jefatura de Policía con autorización Superior dispone:»
«1º) en los días 12, 13 y 14 del mes de febrero entrante se permitirá el adorno iluminación de las calles y edificios, como también se permitirán bailes públicos debiendo para esto solicitar permiso de la Jefatura».
«2º) Toda persona que quiera disfrazarse concurrirá a cualquiera de las Comisarías de las ciudad, donde previo pago de $0,50 se le munirá de una tarjeta que le servirá para los tres días del carnaval, la que colocará en paraje visible para acreditar que ha cumplido con esta disposición, prohibiéndose para el disfraz el uso de traje militar, el del clero, así como el que represente cualquier sociedad o comunidad religiosa, como también aquel que ofenda la moral pública».
«3º) Prohíbese en absoluto arrojar agua, cáscaras de todas clases, huevos de cera, emplear bombas de goma o de papel, o cualquier otros objetos que puedan dañar u ofender al transeúnte, exceptuándose de esta prohibición el juego con pomitos que es enteramente libre».
«4º) Prohíbese el uso de armas, no pudiendo llevarse éstas sino figuradas cuando el disfraz así lo requiera».


1888

Bienvenida con incidentes (III)

La información brindada por el periódico «El Paysandú» sobre la bienvenida al Jefe Político de Paysandú, Ricardo Tajes, se complementa con el siguiente artículo, publicado en la misma página que la crónica del recibimiento:
«Anoche, poco antes de disolverse la manifestación, se produjo un ligero incidente entre algunos de los manifestantes y varios miembros del club ‘General Borjes‘ que estaban sentados obstruyendo el paso en la vereda de la casa de comercio de Don Clemente Apotheloz».
«Corren varias versiones al respecto, siendo una de ellas —la que consideramos más verídica— que de las voces de viva al Señor Jefe Político, etc., partieron algunos mueras que se atribuyen a los caballeros etcheverristas».
«Esto dio margen a que hubiera cambio de palabras y creemos que también algunos trompis y bastonazos de una y otra parte».
«Más tarde apareció herido el capitán Valentín Quintana de una puñalada cerca de la tetilla derecha, aunque creemos que de poca importancia».
«El herido fue caminando y dejando un reguero de sangre desde la calle Treinta y Tres, esquina 18 de Julio, a la calle 8 de Octubre (Leandro Gómez) y Montevideo, donde al enfrentar a la Mayoría del 4º de Cazadores, debilitado por la gran pérdida de sangre, cayó al suelo siendo alzado por oficiales de dicho cuerpo».
«Acto continuo acudió a practicarle la primera cura el médico de la policía, doctor Don Vicente Mongrell. Más tarde fue también examinado por los doctores Don José Parietti y Don Manuel Olaechea».
«Quintana pasó toda la noche lo mismo que esta mañana en asistencia en la referida Mayoría, siendo esta tarde conducido en un catre, dentro de una zorra del tranway, a la casa de su familia».


1888

Bienvenida con incidentes (II)

Las crónicas de «El Paysandú» sobre la bienvenida al Jefe Político Ricardo Tajes, continúa en los siguientes términos.
«A las 8 y 3/4 con una banda de música al frente, partió la manifestación por la calle 18 de Julio, doblando en la calle Comercio (19 de Abril) para luego tomar la de 8 de Octubre (Leandro Gómez) hasta llegar a la Jefatura Política, en medio de entusiastas vivas al Señor Jefe de Policía, al Presidente de la República, al comercio de Paysandú, a la «Liga Patriótica» y a todos los hombres honrados.
Una vez en dicho local, el Señor Tajes invitó a la numerosa concurrencia que pasaran adelante. El espacioso patio de la Jefatura fue pequeño para dar cabida en el a aquella inmensa masa de manifestantes, por cuyo motivo las dos veredas de la calle frente a esta repartición pública veianse cuajadas de gente que ansiaba penetrar, pero se hacía imposible por la causa mencionada.
El agrimensor señor Juan Basso fue el primero que hizo uso de la palabra a nombre de la población extranjera de la localidad. El público pidió que hablaran los señores Don Joaquín Silván Fernandez, Don Eduardo R. Fernández, Don Setembrino E. Pereda y Don Carlos G. Parsons quienes accedieron a las reiteradas instancias del auditorio y tomando el aljibe de la Jefatura pronunciaron entusiastas discursos, realzando la personalidad de nuestro digno Jefe Político que escuchaba conmovido la voz del pueblo que le aclamaba.
El Señor Tajes agradeció en breves palabras aquella demostración de simpatía y prometió al pueblo allí reunido que sabría cumplir con su deber como funcionario público.
Acto continuo la manifestación salió de la Jefatura acompañando al Señor Jefe Político hasta el Hotel Concordia donde tiene su domicilio, en cuyo paraje hizo nuevamente uso de la palabra agradeciendo una vez más a la distinción de que era objeto.
Allí se retiraron los manifestantes tomando calle Real abajo hasta doblar por la calle Asamblea (Setembrino Pereda), luego la Florida y enseguida la Treinta y Tres Orientales y finalmente 18 de Julio en dirección a nuestra plaza principal donde se dio el acto por terminado, repitiéndose las vivas, entre ellos al «ejército amigo del pueblo».


1888

Bienvenida con incidentes (I)

El retorno a Paysandú de Ricardo Tajes, jefe político del departamento que había presentado su renuncia a dicho cargo, provocó la realización de una manifestación en su apoyo así como incidentes por enfrentamientos con «etcheverristas», partidarios del coronel José Etcheverry que en ese momento era presidente de la Junta Económico Administrativa de Paysandú y que había sido comandante de un cuerpo del ejército revolucionario en 1875. Las páginas del vespertino «El Paysandú» registraron los hechos. El 7 de enero de 1888 publicaba el siguiente aviso: «Debiendo regresar mañana de la capital el Señor Jefe Político Don Ricardo Tajes después de haber satisfecho los deseos generales retirando la renuncia que elevó al cargo que tan dignamente desempeña, invitamos al pueblo nacional y extranjero a la manifestación que con objeto de saludar al recto funcionario y demostrar las simpatías a que se ha hecho acreedor se verificará mañana a las 8 p.m.. Punto de reunión: Plaza Constitución. Paysandú 7 de enero de 1888. Siguen numerosas firmas, entre ellas Comas, Corbert, Basso, Manuel Centoya, Julio San Román, Miguel Horta, Adolfo Horta, Pedro Etchemendy, Antonio Iglesias, Fernando Leyes», a las que siguen muchas más.
Posteriormente, el 9 de enero se publicaba la siguiente crónica: «Anoche tuvo lugar la manifestación anunciada en honor al Señor Jefe Político del Departamento, Ricardo Tajes. Más de 3.000 almas se congregaron en la Plaza Constitución, paraje designado para reunirse los manifestantes».


1888

Sepultaron a destacado masón sanducero

El sepelio de un destacado miembro de la Logia masónica sanducera era dado a conocer por el periódico «El Paysandú», el 5 de mayo de 1888, en los siguientes términos:
«Ayer a las 8 A.M. fue conducido al Cementerio Público el cadáver del Señor Don Rosendo de la Sienra».
«Asistió a ese acto una regular y escogida concurrencia, compuesta en su mayor parte de miembros de la Logia Fé de Colón, a la que había pertenecido el finado siendo uno de sus fundadores».
«La banda correspondiente a su grado, que era el 18, y que durante la noche la tenía colocada en el pecho, fue puesta sobre el féretro hasta llegar al cementerio».
«Una vez en dicho paraje, los miembros de la Logia presentes le hicieron los honores de estilo, pronunciando el venerable Don Mariano Pereda una breves palabras en honor a la memoria del hermano extinto».
De inmediato, tras la noticia anterior, se brindaba la siguiente información: «A consecuencia de apoplejía, al llegar a las 2 y 1/2 de la tarde exhaló su postrer suspiro la estimable señora Doña Isidoro Rojas de González, esposa del conocido vecino de esta localidad Don Tránsito González».
«La Sra. De González, encaminándose el sábado a la noche en compañía de dos de sus hijas hacia la casa donde se velaba el cadáver del señor De la Sienra, sintió de repente como un golpe a la cabeza y sin embargo de ello, siguió para la casa mortuoria, permaneciendo allí aunque bastante molesta, por espacio de un par de horas. Ayer de mañana se le hizo una sangría, la que no dio resultado satisfactorio, falleciendo la señora de González a la hora anteriormente anotada y siendo sus despojos mortales conducidos a la última morada hoy a las 9 de la mañana, seguidos de un numeroso cortejo fúnebre».


1888

Amontonar la basura los sábados

La Jefatura Política y de Policía de Paysandú tomó una serie de disposiciones sobre los residuos domiciliarios. Al respecto, en setiembre de 1866 daba a conocer el siguiente aviso:
«Edicto. Gefatura Política y de Policía del Departamento».
«Paisandú, septiembre 25 de 1866».
«Teniendo en vista que la limpieza pública no solo es obligatoria en todos los pueblos por decencia y comodidad, sino que es necesaria como medida higiénica,»
«El Gefe Político de acuerdo con la opinión del médico de Policía hace saber al vecindario que están en el deber de cumplir las disposiciones siguientes»:
«1ª) Los días sábados antes de las 10 de la mañana deberán estar amontonadas las basuras que se hallan diseminadas en toda la extensión del frente de cada casa y terreno».
«2ª) En la basura de la calle no pueden ponerse las que haya en el interior de las casas, que deberán sacarse a la puerta cuando llame el basurero, cuyo servicio se hará la mañana de los mismos días sábados».
«3ª) Se prohíbe absolutamente arrojar a las calles, huecos o sitios, basuras o desperdicios de cualquier clase que sean».
«4ª) Todas las fondas, bodegones, chancherías y cualquier casa que reúna mayor cantidad de basura en el interior, está obligado el inquilino o habitante principal a hacerla sacar fuera del pueblo dos veces en la semana sin esperar el día sábado».
«5ª) Las basuras se conducirán por ahora al Sud de esta ciudad, tras las tapias, donde serán quemadas».
«6ª) Se recomienda el cumplimiento de estas disposiciones previniendo que el que así no lo haga será multado. Ventura Torrent»


1888

Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (II)

Ante la nota remitida en abril de 1888, el Poder Ejecutivo accedió a lo planteado para concretar la donación del Asilo de Mendigos por don Luis Galán y Rocha, mediante la siguiente resolución:
«Ministerio de Gobierno. Montevideo, marzo 15 de 1888. Visto el escrito en que se pide aclaración de la Resolución del Gobierno de fecha 24 de mayo de 1886 y considerando que de los términos precisos de este Decreto se desprende que el Gobierno acepta la donación que ofreció el Señor Don Luis Galán y Rocha de las dos manzanas de terreno de la ciudad de Paysandú y del edificio a construirse para un asilo de mendigos».
«Considerando que esta última obligación figura como condición del contrato y por consiguiente es inalterable tanto respecto al donante como del donatario, se resuelve declarar que la donación que hace el Señor Don Luis Galán y Rocha a la población de Paysandú de dos manzanas de terreno y de un edificio a construirse para asilo de mendigos, es bajo la condición bien entendida de que no se desnaturalizará con ningún pretexto, sea el que fuere, el objeto de la donación, en cuya virtud la propiedad materia de esta donación será a perpetuidad asilo de mendigos, pudiendo no obstante servir accesoriamente y cuando la capacidad del edificio lo permita para establecer escuela de huérfanos».
«Queda autorizado asimismo para una vez terminado el edificio aceptar en escritura pública la donación total de las cosas comprendidas».
«Autorízase a la Junta Económico Administrativa para escriturar a favor del Señor Galán y Rocha la fracción de terreno comprendida entre las dos manzanas de la cual el Gobierno hace donación al expresado Señor para complementar el terreno que se reputa necesario para el fin propuesto».
«Comuníquese y vuelva a la Junta Económico Administrativa a sus efectos. Tajes, Herrera y Obes».


1888

Acuerdo para donar el Asilo de Mendigos (I)

En las últimas etapas previas a la donación del Asilo de Mendigo, luego Hospital de Paysandú, la siguiente nota fue remitida en abril de 1888 al Ministerio de Gobierno de la República: «Al Excelentísimo Señor Ministro de Gobierno Doctor Don Julio Herrera y Obes
Excelentísimo Señor: Luis Galán y Rocha en las gestiones que ha iniciado ante la Junta Económico Administrativa de Paysandú y elevada por ella a conocimiento del Superior Gobierno para suprimir la calle Artes (Vizconde de Mauá) entre la Rampla del Sud y la calle Solís en aquella ciudad, a V.E. respetuosamente expongo: Que el Señor Fiscal de Gobierno al pronunciarse sobre mi solicitud manifestó que debía hacerse constar en la respectiva escritura de donación del Asilo proyectado, la cláusula de que a los quince años de inaugurado oficialmente el establecimiento, el gobierno tendría la facultad de destinarle a cualquier otro uso público reclamado por la necesidad del departamento, prescindiendo del fin concreto a que lo destinase el donante.
Aún cuando este punto no fue considerado en la resolución del Gobierno tampoco puede decirse que fue absolutamente resuelto y bien podría suceder como hoy hay ya precedentes que fuese después de materializada la donación que pretendo realizar, que se hicieran concurrir a fines diversos a mis propósitos. Pretendo construir y donar un Asilo para pobres y quiero que sirva para ese fin y no para otro alguno y solo a esa condición realizaré el acto.
Juzgo además, Excelentísimo Señor que es necesario la sanción legislativa para que quede suprimida la parte de la calle pública citada así como la introducción del exterior libre de derechos de tirantes y vigas de hierro, de pino, baldosas, tejas, tierra romana, pórtland, etc., etc. en cuanto sea necesario para la construcción de la obra. Luís Galán y Rocha»


1888

Entre la seca y la "coqueluche"

En febrero de 1888 la seca causaba serios problemas en Paysandú y la coqueluche (tos ferina - tos convulsa) se extendía por la campaña sanducera.
Así lo informaba el diario «El Paysandú» en su edición del 6 marzo de ese año, indicando textualmente:
«Tal era la seca que se venía sintiendo que algunos albañiles han tenido que paralizar las obras comenzadas a causa de que los aguadores cobraban la friolera de $0,80 por pipa».
«Por otra parte, los carreros cobran un peso por cada carrada de arena, esto mismo los pocos que tienen caballos para hacer ese servicio; los demás han tenido que cruzarse de brazos, pues no pueden pagar la cantidad de $15 por cada carrada de pasto, que es lo que cobran actualmente los poseedores de ese artículo».
«Felizmente el tiempo ha empezado a descomponerse, de manera que revela que vamos a tener agua una porción de días consecutivamente».
«La coqueluche continúa extendiéndose en la campaña»
«De la estancia del señor Bernabé Silveira de Andrade, donde existían diez niños atacados por esa maligna dolencia, ha pasado al establecimiento de su señor hermano Don Felipe, donde existen ahora dos víctimas más».
«En las costas de San Francisco, según nos informan, son numerosas también las criaturas que padecen de la misma enfermedad».
«Las autoridades deberían de preocuparse en adoptar medidas tendientes a evitar que el mal tome mayores proporciones, haciendo esas medidas igualmente extensivas a las ciudades que a la campaña».


1888

Lo nuevo en fotografía

A comienzos de 1888, se publicaba en el vespertino «El Paysandú» el siguiente aviso:
«Fotografía a vapor al foco estereoscópico de Juan Bautista Alassio».
«Pintor y fotógrafo».
«El que suscribe avisa al público sanducero que en su casa se hace cualquier clase de retratos al óleo, a lápiz, a carbón, acuarelas y reproducción de todas clases de tarjetas, por antiguas que estas sean».
«Por la hermosa galería con que cuenta su establecimiento, está habilitado para sacar excelentes fotografías en grupo por grandes que estos sean».
«En lo tocante a los retratos instantáneos de criaturas, se cree en el deber de advertir a los interesados que la hora más propicia es de las 9 de la mañana a las 3 de la tarde».
«Para los otros retratos, de personas mayores, de 7 a 5 p.m.».
«Para los que quieran retratarse a caballo la casa cuenta con excelentes comodidades, pudiendo hacerse retratos del tamaño de 35 por 45 centímetros».
«Calle Asamblea esquina Ituzaingó».
«Juan B. Alassio».
«El Paysandú, 2 de enero de 1888».


1890

El primer observatorio de Paysandú

Paysandú contaba con un observatorio astronómico en 1890, según se desprende de la siguiente nota publicada el 2 de diciembre de ese año por el vespertino sanducero «El Día»:
«El que pasando por calle 8 de Octubre (Leandro Gómez) esquina sudoeste de la calle Independencia eleva su vista en la dirección indicada, aparecele una torrecita de rara forma con un cazar abierto como si fuera una gran sandía que le han sacado una tajada. Al abrigo de ese extraño aparato existe un hermoso telescopio, donde nuestro particular amigo Don Lorenzo Kropp estudia el movimiento de las diversas constelaciones de nuestro azulado firmamento. El señor Kropp a fuerza de sacrificios ha logrado colocar su observatorio en un grado superior a todo elogio, máxime tratándose de una obra exclusivamente particular de la cual no saca otro beneficio que el placer que experimenta haciendo prácticos los conocimientos en astronomía que posee».
«Paysandú contribuye con sus luces a ayudar al gran movimiento astronómico del mundo, puesto que las observaciones que hace con todas las anotaciones y dibujos correspondientes son remitidas al observatorio de Francia, para cuyo efecto está unido por correspondencia confidencial y oficial con el reputado sabio Camile Flammarion».
«La modestia del señor Kropp nos ha privado hasta ahora de tener el honor de hacer conocer a los habitantes de la localidad el resultado de sus estudios, que serían honrados con la justicia que merecen. Desde hoy ‘El Día‘ pone sus columnas a disposición del señor Kropp para que nos honre con los trabajos que tenga a bien hacer públicos».


1890

¿Y el dinero de las Patentes de Rodado?

El gobierno «retó» a la Junta Económico Administrativa de Paysandú por haber gastado todo el dinero proveniente de las Patentes de Rodados. Ante tal situación, la corporación respondió en los términos que transcribimos. «Paysandú, julio 11 de 1890. Excelentísimo Señor Ministro de Gobierno Don Juan A. Capurro.
Exmo. Sr. Enterada la Corporación que tengo el honor de presidir del contenido de la Circular del Ministerio de fecha 18 de junio del corriente año, en sesión celebrada el 9 del actual, se resolvió relacionar a Ud. los datos de cuanto ha producido en el Departamento el Impuesto de Patentes de Rodados en el Ejercicio 1889-90 y cuanto se ha invertido en obras de viabilidad autorizadas por el Art. 11 de la Ley de su creación en el mismo ejercicio.
Cumpliendo, pues, lo dispuesto por la Junta tengo el honor de manifestar a V.E. que las Patentes de Rodados de dicho ejercicio produjeron $ 6.806 y se han invertido en compostura de calles de esta Ciudad y de pasos de caminos nacionales y departamentales que se hallaban en condiciones intransitable $7.270,80. El excedente que resulta se ha cubierto con las demás entradas generales que tiene la Corporación.
Haciéndome eco ó expresando mejor dicho el sentimiento unánime de los señores miembros de la Corporación debo manifestar a Ud. que al proceder de tal manera jamás ha tenido ni siquiera la intención de revelarse contra las disposiciones superiores, pero como no escapará al ilustrado criterio de V.E. la Ley de Patentes de Rodados como el Impuesto establecido por la misma haría excepción del Departamento cuyas vías tanto de la ciudad como de campaña se encuentran en condiciones intransitables.
Por lo expuesto, Exmo. Sr., queda demostrado que esta Corporación guiada por un sentimiento opuesto tal vez al noble propósito del Superior Gobierno, expresado en la Circular de V.E. no tan sólo ha invertido el total del Impuesto de Patentes de Rodados del ejercicio fenecido en mejoras de viabilidad del Dpto. sino que en ese propósito ha tenido necesidad de disponer de otras rentas para el pago de los trabajos respectivo.
A pesar de lo expuesto, debo manifestar a Ud. que esta Corporación en lo sucesivo dará estricto cumplimiento, a lo ordenado en la Circular de referencia.
Aprovecho la oportunidad para ofrecer a Ud. las protestas de mi mayor consideración.»


1890

¡El municipio gasta casi $ 380 por mes en sueldos!

Según el registro correspondiente, el presupuesto de la Junta Económico Administrativa de Paysandú del mes de marzo de 1890 fue el siguiente:
Oficina Sueldo Líquido
Secretario Luis J. Lambert $75 $74,25
Contador Tes. Eduardo J. Debali $54 $53,45
Auxiliar Bernabé L. Pradines $45 $44,55
Portero José A. Espíndola $15 $14.85
Alquiler casa Sr. Engelbrecht $50 $49,50
Gastos de oficina $30 $29,70
Salubridad
Comisario Mayor de
Salubridad Pedro J. Pulido $36 $35,64
Cementerio
Sepulturero Manuel Machado $16,50 $16,34
Peón Julián Baztarrica $13,50 $13,37
Jardinero Miguel Saverio $18 $17,82
Reloj oficial
Encargado Eduardo Kamermann $7,50 $7,43
Tablada
Inspector Justiniano Soria $19,12 $18,93
Totales $379,62 $375, 83
Paysandú 10 de marzo de 1890


1896

Empréstito para dragar Almirón (V)

El acta de la sesión del 21 de enero de 1897 de la Comisión Administradora del Empréstito para el dragado del Paso de Almirón, continúa estableciendo:
«1º) Pasar nota al Ministerio de Fomento solicitando la draga perteneciente al Estado, una vez terminados los trabajos que actualmente efectúa en el río Negro, a fin de practicar un simple dragaje de 25 a 30 metros de anchura en el brazo Oriental del río Uruguay que facilite la navegación, utilizando para ello los estudios hechos por la Comisión científica que presidió el Ingeniero Don Julio Leroy».
«2º) Solicitar igualmente del Superior Gobierno se sirva destinar a la ejecución de ese dragaje el personal que ha efectuado el del río Negro».
«3º) Que, como según los cálculos efectuados, el importe del dragaje ascenderá próximamente a siete mil pesos, se sirva autorizar a esta Comisión para disponer de los Títulos de Deuda de Liquidación del Banco Nacional que la Ley de 4 de Febrero destinó a ese fin los cuales están depositados en el Banco Londres y Río de la Plata, y más con las sumas que esta Comisión obtendrá en carácter de donativos».
«Quedando de ese modo íntegros los demás recursos creados por la ley referida para cuando sea el caso de realizar las obras definitivas».
«Por último se confirmó el cargo de Presidente de la Comisión en la persona del Doctor Don Joaquín Silván Fernández y se designó para Secretario de la misma al Vocal Señor Don Clemente Apotheloz».
«Siendo las 10 a.m. se levantó la sesión. (Firman) Silván Fernández- Presidente. C. Apotheloz».
No existen registros de que se hayan cumplido otras reuniones de la comisión. Es de hacer notar que pocos días después, en marzo de 1897, el Partido Nacional se levantaría en armas por lo que se establecía una situación de guerra.


1896

Empréstito para dragar Almirón (IV)

El acta de lo que fue la última reunión de la comisión que debía administrar el empréstito para el dragado del Paso de Almirón establece textualmente:
«En Paysandú a 21 de enero de 1897, se reunieron en el salón de sesiones de la Junta Económico Administrativa del Departamento los Señores que componen la Comisión Honoraria Administradora de las obras proyectadas en el Paso de Almirón del río Uruguay, Presidente Dr. Don Joaquín Silván Fernández, Tesorero Don Juan Chaplin, Vocales Don Eusebio Salvatella, Don Antonio Lasarga y Don Alejandro Vázquez y actuando como Secretario Ad- Hoc el vocal que suscribe la presente».
«A las 9 a.m. el Señor Presidente declaró abierto el acto mandando se diese lectura a una nota de la Comisión nombrada para recolectar los fondos para las obras de Almirón, en la cual da cuenta del resultado obtenido y adjunta tres listas: una de los suscriptores que han entregado las sumas que habían suscripto, otra de suscriptores que se han negado a pagar y otra de suscriptores que no han sido vistos por encontrarse ausentes y que no han podido ser entrevistados por la Comisión sin originar gastos».
«Oído lo expuesto en la comunicación referida se resolvió: Que en virtud de no haber probabilidades de que se realice íntegramente el Empréstito en las actuales circunstancias, sin perjuicio de que más adelante se reanuden los trabajos para obtener su integración, se devuelvan las sumas entregadas, comunicando esta resolución por vista al señor Tesorero de la Comisión y a la Comisión Recaudadora, a quien se le agradecerá al mismo tiempo los esfuerzos hechos en el desempeño de su cometido».
«Acto seguido se adoptaron las resoluciones generales que siguen:»


1896

Empréstito para dragar Almirón (III)

La información publicada por «El Paysandú» el 27 de febrero de 1896 finalizaba expresando: «No siendo para más el acto se mandó levantar la presente, firmándola para constancia, debiendo designar la J.E.A. el día y la hora para proceder a la constitución de la Comisión Administradora dando la posesión del cargo a los electos. (Firman) Alberto Santamaría, F.Capurro, Francisco Serra, Clemente Apotheloz, S.A. Giuffra, E. Garrasino, Eugenio Plottier, Fernando Biq, José Fontans, Buzzio y Sevres, P.P. del Banco de Londres del Río de la Plata, Sydney W. Roberts, Cleto B. López, Nicolás Casaretto y Hno., Juan Chaplin, Antonio Sconamiglo, Agustín Solari, S.E. Pereda, Antonio Estévez, Fernando C. Pereda, José Molinari Hnos., Fortunato Bozzo, Santiago y Luis Casaretto, José Palmieri, J. Buonvicini, William Warren, José Parietti, Antonio Lasarga, Eduardo González Pérez, E. Andrade, J. Silván Fernández, Pedro Etchevehere, V.C. Pradines Secretario».
Transcurre luego casi un año durante el cual se cumplen diversas gestiones, hasta que el 21 de enero de 1897 el mismo periódico publica lo siguiente: «Almirón. Hoy a las 9 de la mañana celebró sesión la Comisión Honoraria del empréstito Almirón en el local de la Junta Económico Administrativa. Asistieron a él todos los miembros de la Junta, el presidente de la comisión antes nombrada Don Joaquín Silván Fernández y el tesorero de la misma Don Juan Chaplin. En dicha reunión se trató varios puntos importantes referentes a las obras proyectadas».
«Habiendo cesado el secretario de dicha comisión Don Esteban Garrasino, miembro de la Junta anterior, fue designado para desempeñar ese cargo honorífico el vicepresidente de la corporación Don Clemente Apotheloz. Serían las 10 de la mañana cuando se dio por terminada la sesión.»
En realidad, en esa reunión, en la práctica se dispuso finalizar las actividades y devolver el dinero a quienes habían aportado, según consta en el acta respectiva, la última levantada según consta en el archivo correspondiente».


1896

Empréstito para dragar Almirón (II)

El acta de la reunión por el empréstito para el dragado de Almirón, según informa «El Paysandú», continúa en los siguientes términos:
«Sancionada la Ley que autoriza a esta Junta para llevar a efecto la canalización del Paso de Almirón; siendo el propósito de la Junta que la Comisión Administrativa creada por la misma Ley tenga amplia intervención en todos los detalles de las obras a efectuarse desde su iniciación y considerando que aún cuando por precepto de aquella Ley debería esperarse que esté totalmente suscrito el empréstito para constituir tal comisión, nada obsta que se constituya desde luego con el mero carácter de provisoria, la Junta Económica Administrativa resuelve:»
«Convóquese a los señores suscritores al Empréstito mencionado para la reunión que se efectuará el día jueves 27 del corriente a las 8 y 1/2 en los salones de la Junta a fin de que elijan los dos miembros que provisoriamente deban integrar la Comisión Administradora».
«Una vez suscrita la totalidad de la suma del Empréstito cesarán en sus cargos aquellos miembros convocándose a una nueva elección que han de ejercerlos en carácter definitivo».
«Al efecto pásense las invitaciones respectivas a los señores suscritores del departamento y publíquense asimismo avisos en los diarios locales invitándoseles para el día indicado».
«Acto continuo el Señor Presidente invitó a los señores accionistas para que procediesen a la elección de los dos miembros que en carácter provisorio han de integrar la Comisión de Administración habiéndose resuelto que a la vez se eligieran dos suplentes y que la votación sea por balotas nombrándose para el escrutinio a los señores Santamaría, Sierra y Capurro. Repartidas y suscritas las balotas respectivas dieron el resultado siguiente: para titulares señores Juan Chaplin y William Warren».
«Para suplentes Eugenio Plottier (h) y doctor José Parietti».


1896

Empréstito para dragar Almirón (I)

Por ley, se autorizó en 1896 la integración de un empréstito con aportes particulares para concretar el dragado del Paso de Almirón, necesario para el mejor desenvolvimiento del puerto sanducero.
Al respecto, el vespertino «El Paysandú» informaba en su edición del 27 de febrero de 1896 lo siguiente:
«La reunión de hoy en la Junta».
«Esta mañana a las 8 y 1/2 como estaba anunciado, tuvo lugar en el salón de la Junta la reunión de los accionistas del empréstito de Almirón, con existencia de 28 de estos».
«El Vicepresidente de la Junta Dr. Joaquín Silván Fernández, expresó: que la Corporación municipal no obstante establecerlo así la ley respectiva, había creído conveniente dar desde ya participación a los accionistas en todos los actos preliminares para la consumación y cobranza del empréstito».
«La ley, dijo, establece que la comisión administradora sea integrada al cubrirse el empréstito; pero la Junta ha resuelto que esa comisión se integre desde ya con dos miembros elegidos con carácter provisorio».
«Los miembros efectivos, serán electos más tarde o sea de acuerdo con la ley del empréstito».
«Los miembros efectivos, serán electos más tarde, o sea de acuerdo con la ley del empréstito».
«Por indicación del señor Perila (S.E.) se procedió acto continuo por medio de balotas a la elección no sólo de dos titulares sino también de dos suplentes. He aquí el acta labrada en dicha reunión: ‘En Paysandú a los 27 días del mes de febrero de 1896, reunida la Junta Económico Administrativa del departamento en presencia de los señores suscritores al Empréstito para la Canalización del Paso de Almirón, que suscriben la presente, el Señor Presidente declaró abierto el acto demandando dar lectura a la resolución adoptada por la Junta y que se transcribe a continuación:» 


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (IV)

Con paso cansino los caballos seguían llevando el «trenvía» por sus rieles en el centro de la calzada de 18 de Julio y allí, en la acera Sur, antes de llegar a Perú (hoy Gutiérrez Ruiz) se veía el Templo Protestante de sobria fachada; luego pasaron por calles Méjico (Michelini) y Entre Ríos, una zona de manzanas casi sin construcciones de importancia y el matrimonio comentó que en este paraje debería construirse algún tipo de paseo público para integrarlo a la actividad ciudadana.
Pasando primero Piedras (Carlos Albo) y luego Daymán (Silván Fernández), comentaron que hacía tiempo que no venían a comprar al Almacén Apolo, de don Juan Biancardi, que era la principal estructura de la acera Norte.
Dejando atrás calles Libertad, Junta E. Administrativa (Baltasar Brum) y Misiones (Luis Batlle Berres) pasaron por la Cervecería Piumatto y la zona del centro de la ciudad, no sin antes hacerles notar al llegar a calle Asamblea (Setembrino Pereda) que allí había un desvío en la vía para la línea que de ese punto en adelante subía por 8 de Octubre (Leandro Gómez), pasaba por la plaza Flores (ahora José Pedro Varela) y llegaba a la Estación del Ferrocarril.
Finalmente, descendieron en la Plaza Constitución que se veía muy agradable con el imponente marco del templo parroquial de fondo y sus diagonales internas trazadas por árboles de mediana altura. Sin embargo, ya se hablaba de remodelar la plaza, incluso de construir algún elemento ornamental en el centro de la misma.
Nota: Este relato fue realizado en base a la información contenida en el «Plano Topográfico y Guía de Paysandú 2ª. Edición por J.C. Calonge, 1896» que fuera especialmente preservado por el coleccionista sanducero Luis Alberto Peculio.


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (III)

Al son de la corneta del jinete que iba adelante anunciando el paso del «tranway», la yunta de caballos de tiro se puso en marcha desplazando por la vía el carruaje con ruedas de hierro.
Habían partido prácticamente frente al Hotel del Vapor, un edificio de dos pisos especialmente frecuentado por marineros y pasajeros de los buques de ultramar. Por la misma acera Norte se destacaba la Agencia Marítima Rizzo. El matrimonio recordó los comentarios oídos en más de una tertulia, de que don Francisco Rizzo proyectaba una residencia de grandes proporciones para su familia. Incluso alguien había bromeado de que sería un «palacio».
Cruzando calle Colonia, apreciaron las grandes instalaciones de la estación del «Trenvía» (hoy Plaza Colón), capaces de albergar no sólo el centenar de caballos que utilizaba la empresa sino también sus 14 coches, equipos y comodidades para el personal.
Al pasar la esquina de Garzón, por ésta hacia el Sur a mitad de cuadra vieron el local de la Escuela de Niños No. 3 y poco después, en la acera Sur el almacén de don Andrés Cattaneo, de mucha importancia en la zona. Pasando calle Paz, se apreciaba en la esquina las importantes construcciones del establecimiento Mac Coll que llegaba a producir 150.000 lenguas conservadas por año exportándolas especialmente a Londres y Buenos Aires.
En la otra esquina de la misma manzana, sobre calle Progreso (Ledesma) se veía en plena actividad la Agencia Marítima de Santa María y Beraldo, mientras que en la acera Este de aquella calle se alzaban las torres de la Iglesia San Ramón.


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (II)

Cuando se encontraban en la explanada pasaron frente a ellos dos militares que lucían uniformes distintos a los que estaban acostumbrados a ver en la ciudad. Uno de ellos, muy joven, tenía pantalón y chaqueta de color celeste grisáceo con botones dorados y franja roja, lucía un quepis del mismo color con penacho corto rojo y correaje de cuerno negro. El otro, de más edad, llevaba pantalones de montar azul claro con franja roja, botas altas negras, chaqueta roja con festones dorados, gorra roja con penacho del mismo color y galones dorados, correaje marrón y sable levemente curvo de gran tamaño. El caballero, que tenía algunos conocimientos de temas militares, afirmó que el joven era alumno de la Escuela Militar mientras que el otro hombre seguramente se trataba de un oficial de caballería.
Una nueva sorpresa y motivo de alegría para los chicos surgió cuando el padre anunció que regresarían al centro de la ciudad en tranvía. Y no faltó una pequeña discusión sobre el nombre, ya que algunos lo llamaban «tranway», otros «trenvía» y los más «tranvía».
En la esquina de calles Marina y 18 de Julio (actuales Viera y avenida Brasil), ascendieron a un coche de los abiertos pues si bien la empresa tenía también coches cerrados, el día estaba agradable y no era necesaria protección. De los 14 asientos con que contaba 9 quedaron ocupados y el padre de familia abonó los 24 centésimos correspondientes a 4 pasajes hasta la plaza Constitución.


1896

Del puerto a la plaza en "tranway" (I)

La familia completa había ido al puerto a despedir a unos familiares que visitaron Paysandú y tomaban el barco para retornar a Buenos Aires.
La despedida familiar fue, especialmente para los niños, una fiesta. Los chicos estaban deslumbrados con el muelle, la serena placidez del enorme río, los numerosos barcos de carga y, muy especialmente, con el «gigantesco» barco de pasajeros impulsado, según ellos veían, por dos enormes ruedas de paletas. El papá explicó a los niños que al vapor se le llamaba precisamente así porque era impulsado por la fuerza del vapor que producían enormes calderas que expelían humo por dos enormes chimeneas y, si bien no les quedó muy claro cómo el vapor movía las ruedas, el ejemplo de una caldera hirviendo fue suficiente porque los niños tenían mucho para ver y preguntar.
Hubo muchos besos y abrazos en la despedida y luego nuestra familia sanducera quedó largo rato en el muelle viendo cómo el barco de pasajeros se deslizaba río abajo con destino a Concepción del Uruguay.
Para la ocasión, el caballero vestía un pantalón con franja vertical de brillo y un saco de doble abotonadura, luciendo una galera de corte ceremonial; su esposa llevaba un vestido entero de tela a cuadros de tonos rosa y gris y cubría sus hombros con un echarpe tejido de color negro. La niña tenía un vestido con falda corta, por debajo de la rodilla, medias de muselina y zapatos de charol y una pequeña capelina, mientras que el chico, muy a tono con el lugar, lucía su traje de marinero, sin sombrero y con botas cortas acordonadas.


1897

El monumento a los caídos del Quebracho

Al no resultar suficientes los fondos recolectados para levantar un monumento a los caídos en la Batalla del Quebracho, la comisión encargada de llevar adelante la iniciativa hizo llegar a numerosas personalidades la siguiente circular:
«Montevideo, enero 25 de 1897. Señor: Por motivos especiales relacionados con deberes de familia y amistad, algunos de los que firmamos esta nota nos trasladamos hace algún tiempo a los campos del Quebracho y Palmares de Soto, donde se libraron los combates del 30 y 31 de marzo de 1886 y tuvimos ocasión de observar que se hallaban insepultos y arrojados en las márgenes de los caminos muchos restos de los caídos en aquellos combates».
«Impulsados por sentimientos piadosos, ajenos a toda idea partidista o política, resolvimos, en unión de otras personas, disponer lo necesario para recoger los referidos restos y trasladarlos al Cementerio de la ciudad de Paysandú, al mismo tiempo que nos preocupamos de reunir por medio de suscripción, los fondos necesarios para la creación de un modesto monumento conmemorativo».
«Se recolectó la suma de $1.050, pero como el monumento fue encargado a Europa y llegado ya cuesta $1.200 y hay que pagar además los gastos de conducción y colocación en el cementerio y los de compra de terreno en el mismo, resulta que faltan aproximadamente $600 para el completo pago de la obra».
«A fin de reunirlos, hemos resuelto levantar una nueva subscrición».
«El gobierno, en consideración al fin humanitario y patriótico que se persigue, ha ordenado por resolución del 7 del corriente mes, el despacho libre del pago de derechos aduaneros de los bultos que contienen las distintas piezas que constituyen el monumento. Rogamos a Ud. que si se digna prestarnos la colaboración que solicitamos tenga a bien anotar en la lista adjunta la suma con la que se suscribe y entregarla al portador Don Mateilo Azcarate, quien se halla autorizado para recibirlo».
«Oportunamente se publicará por la prensa el nombre de los contribuyentes así como la cuenta detallada y justificada de la inversión de los fondos recolectados».
«Saludan a Ud. con nuestro mayor aprecio Juan José Megget, Pablo de María, Jacinto Casaravilla, Enrique Azarola».


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (IV)

En la última parte de su crónica «Para los ciclistas - De Salto a Paysandú» publicada en la capital salteña en diciembre de 1897, Horacio Quiroga, a la sazón de 19 años, relata:
«6 y 30. Nos levantamos a pesar del tiempo y emprendimos camino a las 6.50. Anochece pronto; en pleno campo como nos hallamos, es una locura seguir adelante. Ya de noche, damos vuelta a las máquinas y retrocedemos».
«7.55 p.m. Otra vez estamos en lo de Gago. A cenar y a dormir».
«4.45 a.m del 27. Levantámonos, tomamos mate y café».
«5.55. Frío y fuerte viento. Seguimos, cortando campo, por ahorrarse de esa manera, como dos leguas».
«7.15 a.m. Quebracho Estación y pulpería de Baucelira. Telegrafiamos a Paysandú».
«7.20 a.m. Salimos. Estamos en el campo».
«8.05 a.m. Arroyo Quebracho».
«8.30. Continuamos».
«9.35. Llegada a Estación Queguay, y a las 9.50, salida».
«El día ha llovido mucho y los caminos comienzan a estar detestables».
«10.30. Casa de comercio de Tomás Agesta. Almorzamos y descansamos un rato. Continuamos a las 12 a.m.».
«Los arroyos San Francisco están bastante crecidos y demoramos largo rato en pasarlos».
«La entrada a Paysandú es pésima; verdad que tomamos el peor camino».
«4.30 p.m. Estamos en el centro de Paysandú, en el Hotel Concordia».
«La distancia entre ambas ciudades es ésta: De Salto a Estancia de los Cerros 5,5 leguas. De Los Cerros a Chapicuy 2,5. De ésta a Guaviyú 5 leguas. De Guaviyú a Quebracho 2 leguas. De Quebracho a Queguay 4,5 leguas. De Queguay a Tomás Agesta 3 leguas. De Tomas Agesta a Paysandú 7 leguas. Total: 29 leguas y media. Nos referimos al viaje por camino».
«Hemos pasado como treinta corrientes de agua y saltado 80 veces los alambrados. En resumen: con tiempo seco y sin viento alguno de frente, el viaje es sumamente factible».


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (III)

Enfrentando las dificultades que presentaba el ¿camino? y la fuerte tormenta de lluvia y viento, Horacio Quiroga prosigue su viaje a Paysandú en bicicleta, según el relato que publicara «La reforma» de Salto en 1897:
«Refugiámonos debajo del puente del Carpinchurí y almorzamos bajo agua corrida».
«La lluvia se transforma en diluvio y el viento en huracán. Las barras laterales del puente -anchas de 40 centímetros- nos cubren algo del agua; pero como son bajas, tenemos que doblar completamente las cabezas».
«En otra ocasión pareceríamos cariátides del Siglo XIX, sosteniendo puentes, no frontones. Se arremolina el viento y el agua que nos empapa de pies a cabeza. Las mangas del saco son bombas al moverse. Por todos lados el cielo está lívido. El campo triste, mojado, algo fantástico a través de la gasa que produce el agua al chocar en el puente. Si continúa la lluvia de esa manera, muy pronto el arroyo va a desbordarse y a arrojarnos de su lecho».
«10.30 a.m.- Resolvemos seguir la marcha, tiritando de frío, bajo un cielo descompuesto. Las ruedas ceden sin avanzar; el viento sopla cada vez más y nuestra cintura se esfuerza casi inútilmente en recobrar su posición vertical: los músculos se atensionan como cilindros de acero que han perdido su elasticidad. Se siente -marchando mucho tiempo sobre el paso- una sensación especial y dolorosa en el estómago, fuertemente sacudido».
«Nos arrastramos penosamente, ya encima de las bicicletas, ya marchando al lado de ellas. De este modo, tardamos cinco horas en hacer 5 leguas».
«Pasamos los puentes de Guaviyú y llegamos a la casa de comercio -pulpería-Manuel Gago a un kilómetro de la vía. ¡Por fin!»
«A las 1.30 a.m.- Estamos rendidos, locos de hambre y de cansancio. Las últimas leguas nos han destrozado».
«Almorzamos sardinas, galletas y queso; todos los comestibles. El viento nos impedía seguir. Dormimos».


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (II)

El relato de Horacio Quiroga de su viaje en bicicleta a Paysandú continúa aportando detalles de las peripecias sufridas. Escribía el autor de, entre otros, los «Cuentos de amor, locura y muerte» lo siguiente:
«Una senda de 0.20 m trazada en el pasto, basta para nuestro paso. Como el camino es poco transitado, la gramilla no está muy corta y nos hace casi saltar».
«Subida que es la pendiente, cae sobre nosotros, perpendicular al manubrio, el viento sur, más fresco y con violentas sacudidas que nos detienen. Hay que hacer un esfuerzo y doblarse en dos sobre la manivela».
«Queda a nuestra derecha la Estancia de Los Cerros; formamos escuadra con su frente norte y seguimos de lleno el callejón, el peor de los trozos de camino que hayamos encontrado. Nos vemos obligados a bajar cada cinco minutos y llevar arrastrando las máquinas por 200 a 300 metros».
«6.50 a.m.- Al querer pasar -sin desmontarme- entre varias piedras, choqué con ellas y caigo de costado sobre una piedra triangular y aguda. Quedó cinco minutos sin poder mover la pierna derecha».
«7.35 a.m.- Chapicuy. El jefe de estación Domingo Martínez nos obsequia mucho. Adquirimos datos y seguimos a las 8 a.m.».
«A la legua -aproximadamente- de esta estación abandonamos el camino real y marchamos al costado de la vía férrea».
«La marcha se hace muy dificultosa, pues el pasto duro y alto, entorpece el movimiento de las ruedas».
«9.00 a.m.- El cielo, ya muy encapotado, comienza a dejar caer el agua, no perpendicular sino en ángulo de 30 grados: tal es el viento».


1897

Horacio Quiroga vino a Paysandú, en bicicleta (I)

En los comienzos de su vida de aventuras, de profusa y valiosa producción literaria, Horacio Quiroga realizó en 1897 un difícil viaje en bicicleta desde su ciudad natal, Salto, hasta Paysandú.
La crónica de esta experiencia fue publicada en el periódico «La Reforma» de Salto el 3 de diciembre de 1897. El entonces muy joven periodista y escritor relata textualmente:
«Para los ciclistas. «De Salto a Paysandú».
«El viernes 27 de noviembre pasado salimos en bicicleta con destino a Paysandú. A las 3.40 a.m. emprendimos el viaje. Marchamos a una semiluz peligrosa, pues se confunde mucho la vista».
«La madrugada está fría y ventosa. Nos preocupa algo la idea de pasar al Daymán mas por suerte encontramos un paisano oficioso que, entre charla y preguntas, nos pasó a remolque con su caballo. Al efecto, démonos embarcado en un bote con nuestras máquinas. Tardamos diez minutos en pasar y seguimos viaje a las 4.40».
«El trayecto a Piñeyrúa es tal vez de los mejores caminos que hemos hallado. Pocas ondulaciones y piso firme. El sol comienza a despejar las nubes y el viento a sentirse con más fuerza, por desgracia, lo llevamos de frente».
«5.20 a.m. —Pasamos por la Parada Piñeyrúa. Nuestras máquinas están empapadas de rocío, alcanzándonos el agua a mojar hasta la rodilla».
«6.40 a.m. -En el arroyo Ceibal Grande almorzamos ligeramente y fumamos con tranquilidad uno o dos cigarros».
«Montamos de nuevo a las 6.50 a.m. y emprendemos la subida de un cerro casi perpendicular. Hasta ahora el camino no ha sido malo».


1899

Critican ubicación de nueva cárcel (II)

Al conocerse la intención de construir una nueva cárcel junto al edificio de la Jefatura Política y de Policía de Paysandú, más de sesenta vecinos del lugar presentaron a la Junta Económico Administrativa una carta solicitando que la misma no fuese emplazada en plena zona céntrica. De acuerdo con el registro de actividades de la citada Junta, las actuaciones prosiguieron de la siguiente forma:
«Junio 17 de 1899»
«Con esta fecha, en sesión celebrada con asistencia del Señor Jefe Político y de Policía Don Manuel Stirling fue tomado nuevamente en consideración este asunto y después de un detenido y largo debate y oído lo expuesto por el Señor Jefe Político, se dictó la resolución que sigue. Conste».
«Resolución»
«Junio 17 de 1899»
«Desígnase en Comisión Especial a los señores miembros de la Corporación Vicepresidente Don José M. Copello y Vocales Don Juan José Megget y Don Eugenio M. Sacarello, para que en unión del Señor Jefe Político, estudien los medios más pertinentes, hasta llegar a un acuerdo respecto al lugar en que ha de ser construida la cárcel proyectada, cuyo informe será sometido a la Junta por dicha Comisión a fin de que resuelva lo que juzgue más del caso».
Finalmente el emplazamiento no fue modificado, la obra se realizó en el lugar proyectado originalmente, y la nueva cárcel fue inaugurada en 1902.


1899

Critican ubicación de nueva cárcel

A fines del siglo XIX numerosos vecinos consideraron inconveniente la construcción de una nueva cárcel, junto al edificio de la Jefatura de Policía de Paysandú en pleno centro. Ello motivó diferentes acciones y un debate que fue documentado en el registro de actividades de la Junta Económico Administrativa. Las distintas actuaciones están reseñadas en el archivo correspondiente de la siguiente forma:
«Paysandú, junio 16 de 1899»
«Extracto»
«Varios vecinos de la localidad manifiestan que teniendo conocimiento de que piensa construirse en esta ciudad cárcel pública en el mismo antiguo local contiguo a la Jefatura Política y siendo una amenaza para la salud pública y un gran inconveniente para la tranquilidad y seguridad del vecindario, la construcción de la cárcel y cuartel en un paraje tan céntrico piden que de acuerdo con las facultades que nuestra Constitución y Leyes especiales le acuerdan a esta Corporación, adopte las medidas necesarias para que la citada obra proyectada se ubique en terreno y paraje más adecuado que el que parece se tiene ahora en vista».
«Resolución»
«Junio 16 de 1899»
«Invítese al Señor Jefe Político del Departamento Don Manuel Stirling, para una sesión extraordinaria que celebrará mañana esta Corporación a las 7 pm con el objeto de cambiar ideas con dicho funcionario respecto al lugar donde será construida la cárcel pública que se llevará a cabo en breve, para después adoptar esta Junta la resolución que crea pertinente».
«Observación»
«Junio 17 de 1899»
«Con esta fecha se dirige nota Nro. 383 al Sr. Jefe Político, conste».


1899

La ciudad tendrá alumbrado eléctrico (II)

Como se ha indicado, la Junta Económico Administrativa de Paysandú comunicó al empresario Don Martín Etchebarne la aceptación de su propuesta para la instalación del alumbrado eléctrico de la ciudad. Pasarían casi dos años hasta que el 8 de setiembre de 1901 fue inaugurada la Usina de Luz Eléctrica de Paysandú, propiedad de Don Martín Etchebarne. Su instalación estuvo a cargo de la Sociedad Gramme, de París, en un predio ubicado frente al río Uruguay, donde hoy se encuentra la piscina cerrada del Club Remeros.
La planta generadora consistía en una caldera Niclausse, un motor Piguet horizontal monocilíndrico de 200 caballos de fuerza que movía dos dínamos Gramme, generando 100 y 200 voltios de corriente continua. Con este equipamiento la usina podía alimentar mil lámparas de 16 bujías. Ese mismo año se efectuaron ampliaciones estimándose la potencia total de generación en 600 kilovatios. En 1901 la tarifa era de 30 centésimos el kilovatio.
El alumbrado público eléctrico instalado en Paysandú consistía en 44 arcos voltaicos desde calle Artes (Vizconde de Mauá) a Independencia y desde Florida a Sarandí actuales, incluyendo 4 en el centro de la Plaza Constitución y 4 en la Plaza Flores, hoy Varela y 4 entre el puerto y el muelle de pasajeros. Salvo estos últimos que duraban hasta el amanecer, los demás se apagaban a medianoche siendo sustituidos por 36 lámparas de 10 bujías. Luego había un alumbrado de 38 lámparas de 16 bujías a lo largo de 18 de Julio hasta el puerto.
Una declaración de las autoridades sanduceras afirmaba que el servicio de alumbrado público «ha sido mejorado admirablemente al pasar de la mortecina luz producida por las candilejas de petróleo, a la esplendente que irradian los focos y lámparas eléctricas que hoy felizmente iluminan nuestras calles y plazas».
En 1919 la Administración General de Usinas Eléctricas y los Teléfonos del Estado tomó a su cargo el suministro de energía a Paysandú, adquiriendo en 115 mil pesos la Usina de Martín Etchebarne. Para estimular el consumo procedió a rebajar la tarifa a 18 centésimos el kilovatio.


1899

La ciudad tendrá alumbrado eléctrico

Mediante la nota número 367, la Junta Económico Administrativa sanducera comunicó al empresario Martín Etchebarne que su empresa había resultado ganadora de la licitación correspondiente para la instalación del alumbrado eléctrico en la ciudad. La citada nota expresaba textualmente: «Paysandú, octubre 30 de 1899. Señor Don Martín Etchebarne.»
«La Junta Económico Administrativa que tengo el honor de presidir, en sesión ordinaria de ayer y previo informe de una Comisión especial nombrada en el seno de la misma, dictó la Resolución que para su conocimiento y demás efectos se transcribe a continuación, cuyo texto dice así: Junta Económico Administrativa Paysandú, octubre 29 de 1899. Acéptase la propuesta del Señor Don Martín Etchebarne para la instalación del alumbrado eléctrico en Paysandú en virtud de ser la más ventajosa y contemplar también los intereses públicos por las condiciones económicas que en ella se establecen. En consecuencia extiéndase el contrato respectivo dentro del término establecido en el Artículo 52 del pliego de condiciones, debiendo este pliego formar parte íntegramente del mismo contrato a cuyo efecto se insertará por entero en él. Igualmente se considerarán como parte integrante del mismo contrato, los planos presentados por el Señor Etchebarne y a fin de que esos planos tengan la debida autenticidad, se dispone: Que los señores miembros de la Comisión nombrada para estudiar los presupuestos los suscriban, debiendo hacer lo propio el escribano autorizante de la escritura. Comuníquese al Señor Etchebarne la aceptación de su propuesta a los efectos del ya citado Art. 53 recabándose el acuse de recibo correspondiente. José M Copello Vicepresidente B.C.Pradines Secretario».
«En consecuencia, se servirá Ud. acusar el recibo correspondiente pudiendo concurrir a esta oficina tan pronto le sea a Ud. posible para constatar en los originales de referencia las notificaciones del caso. Saluda a Ud. con la más distinguida consideración».


1901

Llegó la luz eléctrica (IV)

Resultó sin dudas un momento muy emocionante para los sanduceros el encendido de la iluminación eléctrica del centro de la ciudad.
El cronista del periódico local «El Paysandú» expresaba en ese sentido, el 9 de setiembre de 1901: «Los cuatro poderosos focos de la Plaza Constitución y los colocados en las bocacalles, difundieron una luz blanca, clara, casi sin oscilaciones, a favor de los cuales podíamos considerarlos que estábamos en pleno día».
«Muchos carruajes entre los cuales vimos algunos con familias, recorrieron la ciudad a esas horas y el aspecto de las calles, no obstante la circunstancia del mal tiempo, fue animado y bullicioso hasta cerca de las 12».
«La hermosa fiesta tuvo su apéndice en una de las salas de los altos de la Usina, donde hallándose reunido un núcleo de invitados y estando presente el señor Etchebarne, el Jefe Político, el Juez Letrado y otros caballeros, el doctor Crovetto pronunció un elocuentísimo tough en que poniendo en parangón las corrientes eléctricas positivas y negativas que producían las armonías de la luz, con los partidos políticos uruguayos de corrientes también diametralmente opuestas, hizo votos porque ese choque de ideas encontradas resultara en la ‘armonía tan anhelada por la familia oriental‘«.
«La bien organizada Banda Departamental tocó escogidas piezas en el vestíbulo de la Usina, durante el acto de inauguración».
«Tales son, descriptas cálamo currente, las impresiones recibidas en la fiesta de anoche, que como decimos constituyó un acontecimiento para Paysandú».


1901

Llegó la luz eléctrica (III)

La celebración de la inauguración del alumbrado público eléctrico continuó con otros discursos para luego producirse el encendido según continúa describiendo la crónica del acontecimiento:
«El señor Jefe Político siguióle en el uso de la palabra, pronunciando un oportunísimo brindis, felicitando a la vez al señor Etchebarne en nombre del Superior Gobierno por la obra de progreso con que acababa de dotar a la ciudad de Paysandú y haciendo votos por la prosperidad de la empresa y felicidad personal de su concesionario. Tanto las palabras del señor Etchebarne como las del señor Jefe Político fueron saludadas con unánimes aplausos».
«El señor Cecilio Copello a nombre de la Junta Económico Administrativa, leyó un discurso que mereció también la aprobación de los concurrentes siguiéndole el señor Venancio F. Nicolini, quien leyó el telegrama dirigido por el diputado señor Copello a la Junta Económico Administrativa».
«Hubieran continuado evidentemente los discursos pero ya era tarde, muy cerca de las 9, y se dio orden de poner nuevamente en movimiento las enormes moles de acero, esta vez para iluminar el radio de la ciudad donde se habían instalado los focos de arcos voltaicos».
«Y la luz con su diáfana claridad apareció simultáneamente en dicho radio donde una numerosa concurrencia llenaba las calles y plazas a pesar del tiempo, lluvioso a intervalos, esperando el momento de producirse el nuevo alumbrado».


1901

Llegó la luz eléctrica (II)

La crónica de «El Paysandú» describe luego la fiesta realizada en la usina que se inauguraba, expresando:
«En el gran salón de las máquinas habíanse instalado mesas para el servicio de lunch, esmeradamente servido por el Café Central».
«Unas cincuenta personas se encontraban allí defiriendo a la atenta invitación del señor Etchebarne, entre las que recordamos al Jefe Político Don Manuel Stirling, miembros de la Junta señores Copello, Rodríguez, Sacarello, Valentín, Nicolini, Barú y Casas y Garrasino, Juez Letrado doctor Vásquez Varela, Eduardo Spalter Saint Romain, De Feo, Doctor Crosé, Coronel Rodríguez, Julio y Enrique Olivera Talamet, Capitán González, Pedro Etchemendy, Juan Galeano, Alberto Sacarello, Alberto Santamaría, Juan Beraldo, Bossio, Selves, Comandante Vázquez, Luis Mongrell, Millot Lasarte, Dr. Giribaldi, Hegui, Dr. Crovetto, Dr. Schweizer, Adolfo Horta, Sydney Roberts, Murray Lees, Rodríguez Diez, Rivero, Ferrero, Padre Mosser, Giró, De Andrade, Huffnagel, Acosta y Lara, Córdoba, Benito Montero, Carzolio, Márquez, Guimaraens y algunos otros».
«Llegado el momento de los discursos se ordenó parar el movimiento de las máquinas cuyo ruido impedía se oyeran las palabras. Se hizo así en efecto y el salón de la Usina quedó iluminado sólo con lámparas de kerosene».
«El señor Martín Etchebarne habló primero expresándose en términos sencillos pero elocuentes, poniendo al amparo de la progresista ciudad de Paysandú el nuevo adelanto del alumbrado eléctrico que en aquellos momentos se inauguraba. Tuvo buenas palabras de reconocimiento para los colaboradores de su obra señores Termitt y Chenet, agradeciendo además la concurrencia de personas presentes en aquel acto».


1901

Llegó la luz eléctrica (I)

Con orgullo, Paysandú celebró la inauguración del alumbrado eléctrico el 8 de setiembre de 1901. El hecho la transformaba en una de las pocas de América del Sur y la primera de Uruguay después de Montevideo en contar con el moderno adelanto.
En su edición del día 9 de setiembre de ese año, el periódico «El Paysandú» publica una extensa y entusiasta crónica de los festejos realizados. Dice el vespertino: «El día»
«Inauguración de la luz eléctrica - Fiesta expléndida»
«Paysandú cuenta desde anoche con un nuevo y valioso adelanto que lo coloca a la altura de las primeras ciudades de América, el alumbrado eléctrico, que ha resultado como era de esperarse, inmejorable».
«En los salones de la Usina se festejó el acontecimiento con una fiesta que también resultó expléndida, y en la que hicieron acto de presencia las autoridades locales, representantes del cuerpo consular, prensa, foro, comercio, e industria, especialmente invitados por el concesionario señor Etchebarne».
«El frente del establecimiento presentaba un magnífico aspecto, todo iluminado con lamparillas eléctricas, además de dos focos que derramaban su blanca luz sobre la fachada del edificio y los alrededores, cuajados por una multitud inmensa que había acudido de todas partes de la ciudad a contemplar el aspecto de castillo luminoso que presentaba la Usina».
«Una vez en el interior del edificio donde las poderosas máquinas estaban en pleno movimiento preparando la fuerza motriz que momentos más tarde, habría de llevar la corriente productora de luz al radio céntrico de la ciudad, la impresión no podía ser más agradable para el observador al conciliar todo lo que es capaz de dar el esfuerzo y la perseverancia inquebrantable de hombres tan emprendedores y progresistas como Don Martín Etchebarne, y de vastos conocimientos científicos como los del Ingeniero electricista Mister Termitt que nos ha traído a Paysandú los más modernos adelantos en materia de instalaciones eléctricas que, podemos decirlo bien alto, no los tienen todavía ninguna de las ciudades del Plata».


1901

Palizas, robos y fugas (II)

La nota publicada por «El Paysandú» el 8 de junio de 1901, bajo el título «Crónica Policial», luego del subtítulo «Apéndice policial» decía lo siguiente:
«Ha sido la comidilla predilecta de los corrillos de desocupados la escena que pasamos a narrar en términos semi velados, tras los cuales podrá sin embargo el lector trasparentar a los protagonistas de la misma: La muchacha era en verdad apetitosa, y él ha demostrado no ser lerdo en cuestiones amorosas y entre un etcétera y otro etcétera, consiguió cautivar el corazoncito de aquella dejando de paso, diremos, con un palmo de narices, a uno de nuestros jóvenes por la traviesa y vivaracha cantaora. Y la fuga quedó concertada».
«Anoche, aprovechando los momentos en que sus padres se hallaban cenando, ella abandonó su hogar... y allí empezó la odisea, en la que a la policía le tocó actuar en buena parte».
«La enamorada pareja se dirigió al puerto y allí embarcaron en un bote con el inocente propósito de dar una vueltecita por la bahía, pero una vez que se hubo alejado del muelle él manifestó al botero... que lo llevara al otro lado. Como es natural, el interpelado se negó a ello, pretestando que no había obtenido el correspondiente permiso de la Capitanía, aparte de que allí debían dar su nombre».
«Esto contrarió a los enamorados, y regresando a tierra anduvieron vagando sin resolución fija por las inmediaciones del puerto...»
«Entretanto los padres de la muchacha que habían notado la desaparición de ésta, pero creyeron prudente no avisar a la policía por no dar mayor trascendencia a la cosa».
«La policía, sin embargo, teniendo conocimiento del hecho, poniendo en juego todas sus actividades, dio al fin con el paradero de los prófugos, en el Hotel de Scarabini, a las 12 de la noche».
«El afortunado galán estaba solo y después de muchas evasivas confesó que su bella compañera de fuga estaba allí cerca, en un sitio baldío, y que el se había adelantado para arreglar hospedaje».
«En efecto, allí estaba la Colombina Foturnata, haciendo quién sabe que conjeturas sobre la difícil situación en que se hallaba colocada».
«Fue restituida en el acto a sus padres».


1901

Palizas, robos y fugas (I)

La crónica policial sanducera resultaba muy variada y a veces indiscreta al comenzar el siglo XX. Una prueba de ello resulta la nota publicada el 8 de junio de 1901 por el periódico «El Paysandú». Bajo el título «Crónica policial», relata: «Silvio Villanueva propinó ayer a la mujer Justa Benítez, con quien vive en concubinato, una buena dosis de palos, por puro gusto según ella declara».
«Villanueva fue aprehendido por la policía del puerto y al ser reducido a prisión, amenazó a la autoridad con hacer publicaciones del hecho en un diario local, poniendo de manifiesto la injusticia que con él se cometía».
«No faltó quien dijera que no es la primera vez que este individuo aplica palizas a su mujer, pues según lo han declarado algunos de sus vecinos, aquellas se repiten siempre y la Benítez no ha dado cuenta de ello a la autoridad porque Villanueva la amenazó que si una vez así lo hiciera le daría muerte».
«Y vá de palizas»
«— Esta tarde, siendo próximamente las 3, el peón de la panadería de los señores Santiago y Luis Casaretto, José Pasalla, suministró a su mujer una bárbara paliza, por causas que ignoramos. Esto dio lugar al consiguiente escándalo en el barrio donde aquella vive (Monumento departamental)».
«La policía de la Primera procedió a la detención del héroe».
«— Ayer se presentó en casa de Don Antonio Cazaza, Uruguay 68, Carmelo Casavieja, cuñado de Francisco Molinelli, pidiendo a la esposa de éste en su nombre, la escopeta y un puñal de plata».
«La señora le entregó lo que aquel solicitaba y más tarde súpose que este individuo había sido despedido de su trabajo por Molinelli a causa de su mala comportación».
«En vista de tratarse de un robo la policía trató de dar con el autor del mismo no pudiendo capturarlo hasta la fecha. Se supone que Casavieja se halla actualmente en Casa Blanca».


1901

Retén frente al Juzgado

Con particular estilo, el semanario sanducero «La Idea» informaba sobre la presencia de un grupo nacionalista acampado frente a un juzgado de la ciudad.
El periódico que aparecía los domingos, en su número 15 del 21 de julio de 1901 decía:
«La Semana - Chuscazo».
«No deja de tener gracia por su originalidad el espectáculo que ofrecía un retén del ejército nacionalista que vivaqueaba el domingo pasado, en media calle, frente al Juzgado de Paz de la Primera Sección (33 Orientales entre Uruguay y Charrúas) durante la inscripción de ciudadanos en el Registro Cívico. Era de ver como aquel grupo, rodeando su asador y su caldera, departía alegremente entre chupón de mate y bocado de asado que trinchaban con toda destreza sirviéndose de los dientes incisivos, por tenedor, sin cortarse la punta de la nariz, con sus filosos cuchillos.
Entre los concurrentes a la inscripción apareció por allí un colorado muy campante con una rosita roja en el ojal de la solapa izquierda. Fue tal el susto que se llevó cuando vió el fogón aquel de la guardia o imajinaria referida, que no atinó sino a arrancarse del ojal la rosita y huir sin pensar siquiera en inscribirse, mientras los del vivaque le decían «no se asuste amigo que pronto nos verá de cientos». Apenas volvió la cabeza hacia su ronda tropezó con un Guardia Civil de servicio por allí y le dijo «¿Qué es aquello? -Y el Guardia Civil le contestó con sorna «Yo no tengo órdenes ninguna». ¡Tableau!»


1901

En la óptica de la prensa porteña

El periódico «Progreso Sudamericano», de Buenos Aires, publicó en setiembre de 1901 una nota sobre la capital sanducera. Titulado «Paysandú», el artículo que adolece de algunos errores históricos, dice textualmente:
«Pocas poblaciones uruguayas tienen los antecedentes históricos de esta ciudad legendaria, en cuyo seno se han desarrollado luchas heroicas en defensa de la integridad del suelo, y luchas intestinas al calor de un exagerado partidismo tradicional, que por su atavismo funesto, aún divide a los hijos de este pueblo hermano, en que la naturaleza ha brindado riquezas mil».
«La fundación de la ciudad de Paysandú, data del año 1772 y debido su origen a una lucha puramente económica, pues los habitantes de Misiones de Uruguay y los de Montevideo tenían cuestiones por los animales vacunos que pastaban entre los ríos Yi y Río Negro, atribuyéndose ambos su propiedad. El entonces gobernador de Montevideo, Don Francisco de Zabala, mandó una veintena de familias bajo las órdenes de Don Juan Soto, llevando como capellán a Fray Policarpo Sandú, y débese al talento que éste último desplegó, tras seducir a los indígenas, valiéndose de la música y mil ardides, para cautivar a las tribus nómades, compuesta de charrúas indómitos, que esa ciudad lleve el nombre de Paysandú».
«Fray Policarpo Sandú, si no pudo atraerse muchos indígenas, consiguió, no obstante, influir poderosamente para que aquellos respetaran las familias de los pobladores, y lo que es más civilizar a muchos de ellos que comenzaron a dedicarse a las faenas domésticas».
«Paysandú viene así a ser un derivado de Fray Policarpo Sandú».
«Si el venerado capellán empleaba la música como argumento y medio de cautivar los charrúas indómitos y guerreros, la ciudad que lleva su nombre fue belicosa desde principios del siglo pasado, luchando con denuedo contra la dominación extranjera».


1901

"Suicidio nuevo siglo (II)"

La crónica publicada el 22 de febrero de 1901 con el título «Suicidio nuevo siglo - Escenas de la vida conyugal», tiene finalmente un desenlace un tanto inesperado. Dice:
«Todo el mundo se había echado a muerto cuando brilló un rayo de esperanza. La enferma se había incorporado sobre el lecho y conteniendo dolorosamente un hipo, declaró que se resolvía a tomar el contraveneno si la dejaban sola con el juez y con el médico. Se satisfizo inmediatamente aquel capricho de la moribunda y cuando el médico alcanzaba, revolviendo, el terrible vomitivo, la paciente, haciendo un último esfuerzo, declaró en mayor secreto, que no tomaba el contraveneno... porque no había tomado el veneno... ¡El médico y sobre todo el juez intentaron indignarse ante la indigna farsa, pero la suicida se arrojó a sus pies y los desarmó contándoles que su fatal resolución había tenido por causa la perversidad de su marido. Era recién casada y, sistemáticamente, la dejaba sola hasta las 3 de la mañana...»
«Un momento después el médico y el juez abandonaron a la enferma. Serenos, tranquilos, declararon ante la familia que se había triunfado al fin y que el vomitivo había surtido su efecto».
«Estalló el júbilo de circunstancia, comenzaron los abrazos de orden. Y el marido rebelde juró por el mal de sus futuros hijos no apartarse de su esposa en las horas de la noche. Y muy doloroso nos sería que este suelto, tal vez algo indiscreto, lo llevase por el viejo cariño...»


1901

"Suicidio nuevo siglo (I)"

Los «chismes» y los rumores casi siempre verídicos tenían su espacio en los periódicos sanduceros a comienzos del siglo XX. Un buen ejemplo de este tipo de material periodístico es la información publicada en el diario «El Paysandú» el 22 de febrero de 1901.
Bajo el título de «Suicidio nuevo siglo - Escenas de la vida conyugal» se afirma lo siguiente: «Hace algunos días, en un hogar joven y nada desamparado, se produjo repentinamente una batahola tremenda. Se había suicidado la señora... Se desesperó la mamá, se desesperó el papá, pareció desesperarse el marido y un momento después estaban en medio de aquella desolación las autoridades médicas, civiles y militares, dispuestas a tomar las medidas del caso».
«Papá, mamá, marido, autoridades médicas, civiles y militares rodearon el lecho de la moribunda. La pobrecita estaba espantosa; le saltaban los ojos; le saltaba el estómago, se le iba la vida... El médico pulsó rápidamente y recetó uno de esos vomitivos extremos, de esos que dan vuelta a una persona con tanta facilidad como a una media...».
«El vomitivo vino y cuando todo el mundo empezaba a respirar, todo el mundo se heló de espanto. Es que la enferma se negaba a tomar la droga. De balde lloraba la mamá, suplicaba el marido. De balde clamaba el juez ‘señora tomad la droga... es dulce... os lo mando en nombre de la Ley... no me obliguéis a recurrir a la fuerza pública‘. La infortunada quería morir».


1901

Una fiesta "expléndida" (II)

La crónica titulada «El baile del Casino» continúa ofreciéndonos una particular descripción de los atuendos, especialmente telas y colores, que lucieron las damas sanduceras en aquel baile de carnaval reseñado el 20 de febrero. Indica al respecto: «Debemos a la galantería de una amable lectora los siguientes datos referentes a las toilettes, llevadas por algunas de las damas concurrentes al baile del Casino y con lo cual damos término a esta reseña».
«»Juana S. de Vázquez, traje de seda crema con encajes. Carolina S. de Parietti, de terciopelo negro, adornos de seda violeta y aceros. María E. Valdez, de seda negra, con encajes blancos y aceros. Orfila E. de Carzolio, de seda crema con encajes y flores. Margarita C. de Rombys traje de seda negro.
Señora de López traje de seda negro. Señora Roldán traje de seda negro. Señora San Román, Señora Mautone, Childs, Señora Ida C. de Stirling, todas de negro.
Señora de Griffin traje de seda negro. Señora Liz dominó negro. María B. de Meyer de seda blanca con encajes. Margarita Saint Romain de seda celeste adornado con lentejuelas. Eugenia Saint Romain de seda crema, con flores. Margarita Rombys de raso celeste con flores rojas. María Angélica Rombys, rosa con encaje crema. Ana Bernasconi de seda celeste, tapado de gasa blanca y flores rosadas. Celia Epalza dominó de raso negro con vivos rosa. Ana Stirling dominó negro y celeste. Lila Childs dominó negro y celeste. Señorita Joy rico traje de seda negro adornado de pasamanerías. América Megget dominó de raso negro y vivos rojos. Ema Megget dominó de raso amarillo y encajes negros. Celia Freitas dominó de seda crema con encajes. Silvia Freitas dominó de raso celeste con encajes. Adela Roldán de seda celeste y flores rojas. Blanca Roldán de seda celeste con encajes crema. Ida Mautone de seda crema con encajes del mismo color. Carmen Coronel, dominó negro y celeste. Ofelia Picard dominó negro y rosa».


1901

Una fiesta "expléndida" (I)

El día 20 de febrero de 1901 se publicó la siguiente crónica social en «El Paysandú»:
«El baile del Casino. Fiesta expléndida.»
«El baile realizado el sábado de Carnaval en los salones del Casino del Comercio resultó -como era de presumirse dada la circunstancia de tratarse del extreno del nuevo y expléndido local- uno de los más animados y más concurridos de los que lleva efectuados aquel simpático centro recreativo».
«Fue un baile de los que hacen época por su brillo y explendidez, y constituyó la más alta nota de sociabilidad en las últimas fiestas de Carnaval».
«Desde las 11, hora en que una orquesta organizada con buenos elementos bajo la hábil dirección del Maestro Manfredi tocó la primera pieza, hasta las 5 y 1/2 de la mañana, en que terminó aquella agradable fiesta, la animación no decayó un solo instante».
«Desde el momento en que se penetraba al gran salón de baile, resplandeciente de luz, alimentada por 28 focos eléctricos, los que producían mágico efecto sobre el rojo de los tapices -poblado aquel por una gran parte de lo que Paysandú tiene más distinguido, de lo más chic- y llenando el espacio las notas armoniosas de una excelente orquesta -un ambiente de cordialidad, de buen tono y de distinción generaba en el espíritu del concurrente de la más íntima satisfacción».
«No menos de sesenta señoras y señoritas y otros tantos caballeros se habían congregado en aquel regio local -elegantemente ataviadas muchas de ellas con costosísimos toilettes, o vistosos trajes de fantasía, y cubiertos sus rostros algunas, tal vez las más bellas con antifaces tan indiscretos sin embargo que dejaban entrever, la vagarosa sonrisa de unos labios rojos o ya los vívidos detalles de unos ojos resplandecientes de luz y de vida».
«El Casino ha inaugurado su nuevo local de una manera brillante. Puede estar enorgullecida la comisión del éxito alcanzado y estamos seguros que éste será el primero de una nueva era de verdadero renacimiento para el viejo y aristocrático centro».
«Casino del Comercio, for ever».


1901

"Seiscientos sesenta kilómetros en bicicleta"

El 30 de enero de 1901, el periódico «El Paysandú» publicó la siguiente nota sobre la visita de dos ciclistas montevideanos a Paysandú. Bajo el título «Seiscientos sesenta kilómetros en bicicleta», dice así:
«Van enseguida unos curiosos apuntes del viaje en bicicleta que acaban de realizar los jóvenes Jorge Swiuden y Julio Rolando: ‘Salimos de Montevideo el 9 del corriente enero por la mañana. A mediodía llegamos a San José bajo fuertísimo temporal. Continuamos con camino difícil y molesto llegando a Mercedes el día 13 a las 11 de la noche, bajo una lluvia de cuatro horas. En Mercedes permanecimos los días 14 y 15 saliendo el 16 al amanecer para Fray Bentos donde llegamos en menos de tres horas de marcha’».
«‘El 18 continuamos, descansando después de una larga jornada en «La Latita», paraje de aquel departamento. El 19 completamos la marcha hasta Paysandú, en cuya ciudad entramos a las 7 de la mañana. Allí fuimos informados de que el estado de los caminos y los grandes pastizales y bañados, tendrían que dificultar en mucho nuestra marcha, como en efecto así sucedió’».
«‘Resolvimos entonces permanecer allí para fortalecernos y prepararnos para la nueva resistencia’».
«‘Desde el día 19 hasta el amanecer del 22 visitamos la ciudad y todos sus alrededores usando siempre de nuestros pedales’».
«‘Prontos para continuar viaje salimos de allí a la tarde tropezando desde los primeros instantes, con las dificultades previstas. Caminos malos; zanjas de trecho en trecho y por último pastizales los que muchas veces cubrían nuestras máquinas. En no pocas ocasiones nos vimos obligados a alzar sobre los hombros nuestras bicicletas, con 15 kilos de embalaje, y recorrer así largo trayecto’»..
«’De nuestro cálculo, perfectamente exacto, se deduce que hemos recorrido una extensión de 660 kilómetros’».
«‘El tiempo empleado fue de 7 días y medio o sean 180 horas. Es de advertir que sólo hemos marchado durante las horas del día’».


1901

Los restos de Leandro Gómez (II)

En su carta dirigida al doctor Domingo Aramburu, fechada en Montevideo el 2 de enero de 1901, Setembrino Pereda continúa formulando las siguientes precisiones en relación a la forma en que fueron tratados y los movimientos realizados con los despojos mortales de Leandro Gómez:
«Sacados los restos del osario, fueron conducidos a mi casa paterna, puestos en un cajón, hechura de baúl, arreglado y forrado con hule por el mismo señor Lenguas».
«Yo tenía entonces cinco años de edad, y tomando aquel cajón por un baúl, me senté muchas veces en él».
«Algún tiempo después, el moreno Estanislao Gómez, que se había criado al lado de mi padre, condujo los restos del General Gómez al Puerto Norte, llamado «de los aguateros», a la altura del actual muelle del Ferrocarril Midland Uruguay, en una carretilla, de una vara y dos ruedas, sin que nadie fuese en su compañía».
«En la costa del Río Uruguay, paraje indicado, lo esperaba un botero que transportó dicho cajón a Concepción del Uruguay».
«Estos datos los he recogido de labios del mismo Estanislao Gómez; ratificando las referencias de mis mayores y de otras personas verídicas».
«Hasta 1891, año en que falleció mi señor padre, existían en mi casa paterna, como un recuerdo histórico las ruedas de la carretilla a que me he referido».
«Don Leandro Gómez (hijo) debe ser conocedor de los hechos que dejo relacionados, pues me dijo un día: ‘tengo deseos de conocer a su señor padre porque me consta su proceder para con el mío después de su muerte’».
«Mi padre era amigo íntimo del General Gómez, y si bien fue por esto perseguido, reduciéndolo a prisión, y registrada continuamente su casa, no le guardaba rencor; era un corazón sin hiel, un hombre incapaz de ejercer la innoble pasión de la venganza y a nadie tuvo jamás animadversión».
«Sin más, Saluda a Ud. Atte. SS y amigo Setembrino E. Pereda S.C. Yí Nº 208».


1901

Los restos de Leandro Gómez (I)

A raíz de un artículo publicado en el periódico capitalino «Siglo», Setembrino Pereda remitió una carta en la que aclara algunos puntos y brinda valiosa información directa sobre los hechos relacionados con el destino de los restos de Leandro Gómez.
La carta dice textualmente:
«Montevideo, enero 2 de 1901»
«Dr. Domingo Aramburu»
«Presente»
«Distinguido compatriota; en su artículo ‘Paysandú‘ aparecido en ‘El Siglo’ de ayer, incurre Ud. en un error, que conviene rectificar en honor a la verdad histórica».
«Dice Ud.: ‘una noche supimos de labios venerables que los restos de Leandro Gómez y de sus heroicos compañeros -que algunos amigos apasionados creyeron, sin razón sin duda, expuestos a ser arrojados al osario común, habían sido exhumados clandestinamente, transportados en secreto al Uruguay y se encontraban allí, en nuestra propia casa’».
«Es exacto que los restos del General Gómez no fueron arrojados al osario común como usted lo afirma. A rectificar ese dato de su artículo tienden precisamente estas líneas».
«Los restos del General Leandro Gómez, como los de muchos otros defensores de Paysandú, fueron arrojados al Cementerio Viejo, hoy Monumento Departamental a Perpetuidad. Don Pedro Lenguas, amigo íntimo de mi padre Don Mariano Pereda, conociendo la influencia que este tenía, por sus vinculaciones con el partido vencedor se valió de él para exhumar los últimos despojos del Jefe de la Defensa».
«Hallándose en el osario, confundidos con multitud de cadáveres, ¿cómo es posible, se preguntará usted, extraer los restos del General Gómez y reconocerlos? El doctor Don Vicente Mongrell, personalidad saliente en la Defensa, único médico que tuvo Paysandú durante toda ella, se encargó de justificar la identidad de aquel, y lo reconoció por una cicatriz que tenía en la cabeza».


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (V)

La batalla de flores, realizada en la noche del 1º de enero de 1901, fue un momento culminante de la celebración de la llegada del Siglo XX. Así lo destaca el diario sanducero «El Paysandú» en su crónica publicada el 2 de enero.
«Anoche La batalla de flores La iluminación»
«La batalla de flores organizada anoche fue otra nota social llamativa de la fiesta del Nuevo Siglo. Ha sido todo un éxito inesperado. A las 9 1/2 se organizó la batalla habilitándose para el efecto la parte de la calle 18 de Julio comprendida entre la Plaza y la de Asamblea (Setembrino Pereda), expléndidamente iluminada «A giorno» en ese trayecto.»
«70 carruajes, en su mayoría descubiertos y ocupados por numerosas damas y caballeros desfilaron en un vaivén incesante mientras que los ramitos de flores y las serpentinas en profusión cruzábanse de un punto a otro.»
«A las 11 de la noche terminó la batalla de flores, iniciándose el desfile de carruajes que resultó magnífico. Ocupando los coches del corso vimos a las familias de Fontans, Coronel, Rodríguez Diez, Rivero, Dufrechou, Horta, López, Mendoza, Megget, Borges, Rodríguez, Larrauri, Stirling, Childs, Pestaña, Montero, Puig, Pou, Farinha, López, Decamili, Nelsis, Malbar, González, Arteaga, Freitas, Cortonda, Epalza, Borches, Balbi, Defeo, Taboas, Santamaría, Escayola, Mongrell, Roldán, Piazza, Wick y otras. Mientras tanto, en la plaza había también mucha concurrencia. La Banda de Música daba allí retreta, elevábanse globos y encendianse lanchones de bengalas.»
«Además de la iluminación de la calle 18 de Julio que fue profusa, notábase también la del frente de la Sociedad Española, Escuela Cívica Colorada, casa de la señora Doña Nicolasa A. de Stirling y otras.»
«Tales han sido descriptos al correr de la pluma los festejos organizados entre nosotros en ocasión de la entrada del Nuevo Siglo. ¡Paso al Siglo XX!»


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (IV)

Las regatas fueron un punto muy destacado de la programación cumplida en Paysandú para celebrar la llegada del siglo XX. Así lo consigna «El Paysandú» en su crónica:
«Las regatas. A las 2 pm comenzó a afluir mucho pueblo al puerto. La tarde se presentaba espléndida brillando el sol en todo su esplendor mientras una brisa fresca del sur contribuía la benignidad del tiempo. Horas más tarde, sin embargo, cuando la fiesta marítima estaba en todo su apogeo, las nubes volvieron a jugar una mala pasada, cubriendo el espacio y convirtiéndose en una garúa fina e incómoda pero, como lluvia de verano, cesó; el sol tornó a aparecer y la calma volvió a los espíritus de muchos de los que se preparaban a tomar las de Villadiego al menor amago de aguacero».
«A las 3 y 1/2 de la tarde la concurrencia, era ya enorme en el puerto y a las 4, el muelle, la aduana, las calles adyacentes y la playa estaban materialmente llenos de gente. Era aquello una verdadera ola humana».
«Nunca se había visto tanta muchedumbre en aquel punto de la población».
«Entretanto, numerosas familias ocupaban los diversos vapores surtos en el puerto puestos galantemente a disposición de la Comisión».
«El ‘París’ sobretodo, estaba lleno de espectadores entre los que figuraban muchas de las principales familias de nuestra sociedad».
«También habían familias en el ‘Cardiff’, ‘Cívico’, ‘Telégrafo’, ‘Mignon’ etc., algunos de los cuales como el ‘Cardiff‘ estaban magníficamente adornados con columnitas y cenefas de verde follaje matizados con gallardetes multicolores».
«Además todas las embarcaciones estaban empavesadas presentando en conjunto el más alegre aspecto. Todas las embarcaciones del tráfico del puerto y cabotaje en número de treinta y tantos estaban situados en doble fila de norte a sur formando calles a los que debían tomar parte en las regatas. Por otra parte, todas aquellas embarcaciones estaban también cuajadas de gente».
«Fueron hasta la isla situada frente al Saladero Sacra, volviendo después hasta el puerto como formando un semicírculo para desfilar frente al vapor ‘París’ donde había aún algunas pocas familias. En el ‘Fortuna’ iba la banda de música».


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (III)

Refiriéndose ya a lo acontecido el 1º de enero de 1901, la crónica titulada «Las fiestas del Nuevo Siglo en Paysandú» expresaba:
«El día de ayer amaneció lloviendo, pero era una lluvia mansa que no impidió a nadie salir de su casa y lanzarse a la calle».
«Por todas partes veíanse banderas ondeando al viento y la calle principal estaba vistosísima con la multitud de arcos y gallardetes colocados en el trayecto de la Plaza a la calle Asamblea (Setembrino Pereda)».
La Misa Campal
«En la Plaza Constitución estaba todo pronto para la Misa Campal. En el atrio, cuyas columnas estaban revestidas de rojos tapices, habíase preparado el altar para el oficio divino».
«Concurrió el Batallón Urbano, muy bien organizado y correcto y formó cuadro presentando armas. Eran las 7 de la mañana y se dio principio a la Misa bajo la garúa».
«Mucha gente había en la Plaza, pero mucho mayor hubiera sido si la lluvia no hubiese puesto en dispersión a gran parte de ella».
«Los soldados con sus jefes y oficiales al frente, aguantaron el chubasco con sus quepis en la mano. El acto fue breve, terminado el cual la banda situada en el atrio tocó algunas piezas, procediéndose enseguida que cesó la garúa a la organización de la...»
Procesión Cívica
«Esta recorrió las calles adyacentes a la Plaza Constitución. Formaron diversas Sociedades precedidas por la Banda de Música ocupando la columna tres cuadras de extensión. Cada hilera formábanla 10 personas».
«Cohetes y bombas atronaban en ese momento en el espacio».
«Al pasar la columna por la Iglesia arreció la lluvia y entonces fue aquello un ¡sálvese quién pueda! Disolviéndose en pocos instantes la manifestación».


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (II)

La reseña de lo acontecido en Paysandú celebrando la llegada del Siglo XX continúa así: «La marcha au flambeaux
A las 9 y 1/2 se organizó en la plaza una columna de 600 personas más o menos, las que precedidas por la banda lisa de la Compañía Urbana, y llevando numerosas antorchas, tomó por 18 de Julio, Asamblea (Setembrino Pereda), 8 de Octubre (Leandro Gómez) y Montecaseros para volver al punto de partida.
En el trayecto unióse a la columna mucha gente y tomó aquella una extensión de dos cuadras.
Cohetes y bombas quemáronse en gran cantidad durante el trayecto.
En la Plaza eleváronse algunos globos.
En la Iglesia
Cuando a las 11 y 1/2 se abrió la entrada del Templo, la muchedumbre se agolpó llenando en pocos minutos las amplias naves de la Iglesia Parroquial. La ceremonia religiosa se componía de un Responso General a los Muertos del Siglo XIX, y a las 12 en punto se cantó la Misa de Gloria por el Nuevo Siglo, llenando las bóvedas del Templo las armonías de la música y los cantos religiosos entonados por un coro de distinguidas señoritas.
Fue aquella una ceremonia imponente, magestuosa.
Desde el primero de dichos actos religiosas formaban el coro las señoritas Blanca Mongrell, Lila Childs, Estela y Ana Larrauri, Carmen Pereira Iglesias, Teresa y Ana Carzolio, Angélica Severo, Adela y Blanca Roldán, Adela Paz, Sara Serra, María Mac Gough, María E. Krup y María Crevoisier.
En la Misa de Principio de Siglo cantaron las mismas señoritas más Ida Mautone, Felicia Solari y Lola Serra.
En la orquesta tomó parte como primer violín la inteligente señorita Amancia González.
El Padre Guerra, con la elocuencia que le caracteriza, dirigió después una alocución a los fieles haciendo a grandes rasgos una historia del Catolicismo a través de los siglos.
Entretanto, en la plaza había también mucha gente.
Una banda de música y la banda lisa de la Urbana tocaban dianas, saludando el nuevo Siglo hasta la 1 de la mañana en que todo terminó en la Plaza.
Todavía a las 2 de la mañana era mucha la concurrencia que había en las calles.


1901

Bienvenida al Nuevo Siglo (I)

La llegada del siglo XX fue recibida en Paysandú con gran alegría y numerosas celebraciones. Una crónica muy completa de las actividades organizadas por un comité especial fue publicada por el diario «El Paysandú», el 2 de enero de 1901 en los siguientes términos:
«Las fiestas del Nuevo Siglo en Paysandú. Crónica a vuela pluma».
«Han adquirido las grandes proporciones que se preveían, las fiestas del nuevo siglo entre nosotros».
«De todas ellas ha participado la mayor parte de la población y Paysandú ha presentado durante dos días un aspecto inusitado de ciudad populosa bullanguera».
«Las notas salientes han sido, fuera de dudas, las regatas y el corso de las flores, asimismo que los otros números del programa no han carecido de relativa importancia y lucidez».
La víspera
«En la Plaza Constitución se congregó durante las últimas horas de la tarde del 31 una gran muchedumbre compuesta en su gran mayoría de muchachos y mujeres de los alrededores».
«¿Cuál era el motivo? Que una compañía de saltimbanquis se había posesionado de uno de los ángulos de la plaza y allí al aire libre y gratuitamente, ejecutaba diversidad de ejercicios acrobáticos, mientras un payador auténtico divertía a la concurrencia».
«La gente se solazó en grande hasta la puesta del sol, hora en que se retiraron los acróbatas».
«Por la noche, la misma plaza volvió a llenarse de concurrencia. Desde todos los puntos de la población afluía un gentío inmenso a aquel paseo público ya que iba a presenciar la marcha au flambeaux, o para ocupar los mejores sitios en la Iglesia así que sus puertas fueron abiertas, y era el objeto que llevaba la mayoría».


1902

Arrendaron islotes

La Junta Económico Administrativa de Paysandú resolvió el domingo 4 de diciembre de 1902, arrendar tres islotes del Río Uruguay que se encontraban en su jurisdicción.
La resolución fue adoptada en el marco de la continuación de la sesión iniciada el día anterior. El acta respectiva expresa:
«Junta Económico Administrativa- Sesión del domingo- Continuación de los asuntos tratados».
«Carlos Cerverite solicita en arrendamiento los pequeños islotes denominados, ‘Sombrerito’, ‘Dos mellizos’, situados entre Barrancas y Guaviyú, jurisdicción de este departamento».
«Resolución- Concédese en arrendamiento los islotes de la referencia por el tiempo de duración de la presente Junta con la obligación expresada por parte del arrendatario de plantar un minimun de doscientos álamos por año; debiendo pagar los arrendamientos por anualidades adelantadas y con estricta sujeción al Decreto Reglamentario sobre montes públicos del 19 de septiembre de 1881».
«Notifíquese al interesado y abonado que sea el importe de la primera anualidad, formúlese el contrato en el libro en la forma establecida, debiendo remitirse copia al ministerio respectivo».
Las islas «Melliza de Afuera» y «Melliza de Adentro» se encuentran a la altura del kilómetro 277 del Río Uruguay, frente a la desembocadura del Arroyo Barranca Grande, mientras que la isla «Sombrerito» está ubicada a la altura del kilómetro 283 frente a la costa de la zona de la colonia «Horacio Ros de Oger», en el departamento de Paysandú.


1902

La limpieza pública

El 11 de marzo de 1902, el periódico «El Paysandú» informaba sobre las disposiciones tomadas en torno a la limpieza pública ciudadana de la siguiente manera:
«Propuestas para el servicio de limpieza pública».
«Junta Económico Administrativa».
«Cinco propuestas se presentaron a la Junta Económico Administrativa para efectuar el servicio de limpieza pública de la ciudad con arreglo al pliego de condiciones respectivo:»
«Fueron las siguientes:»
«Primera propuesta. Don Dionisio Pastorini propone efectuar el expresado servicio de limpieza pública, por un año y con estricta sujeción al pliego de condiciones respectivo, por la suma de $ 147 mensuales y ofrece como garantía a Don Natalio Belvise».
«Segunda propuesta Don Domingo Marino se compromete a efectuar el mismo trabajo con sujeción al pliego de condiciones respectivo por el precio de $ 165 por mes y ofrece como garantía a Don Adolfo Bell».
«Tercera propuesta. Don Rafael Ubeda se compromete a efectuar el mismo trabajo con sujeción al pliego de condiciones respectivo por la cantidad de $ 120 mensuales y ofrece como garantía al Señor Don Ambrosio Guidale».
«Cuarta propuesta. Don José Delperez ofrece efectuar el mismo servicio y con arreglo al pliego de condiciones existente por el precio de $ 125 oro mensuales, proponiendo como garantía a Don Carlos Bonfil».
«Quinta y última propuesta. Don Lorenzo Delperez presenta la siguiente propuesta: realizar dicho trabajo por el precio de $ 449 oro mensuales y que a más de cumplir el pliego de condiciones se compromete a hacer el carpido y barrido de las calles centrales de la ciudad y también el desagote de los pozos negros o letrinas de las oficinas públicas por medio de la bomba de aire comprimido».
«Propone como garantía de esas obligaciones al vecino de esta ciudad Don Pedro Falcón».
«Resultando de las cinco propuestas que quedan consignadas, que la más conveniente para los intereses municipales es la de Don Rafael Ubeda, fue aceptada así como la garantía ofrecida».


1902

Van a delinear un pueblo en Guichón

El diario «El Paysandú» informaba el 27 de junio de 1902, la próxima realización de las tareas destinadas a la demarcación de lo que sería el pueblo de Guichón. Concretamente establecía:
«Delineación de un pueblo en Guichón».
«Estos días es esperado del Salto el conocido agrimensor señor José Princivalle. Inmediatamente seguirá viaje a la Estación Guichón, donde procederá a la demarcación y delineación de solares para la formación de un pueblo en ese punto».
«A propósito de esta delineación: nos consta que la escuela del Estado allí establecida está situada en un terreno muy irregular».
«La delineación que se proyecta, se regularizará en lo posible la forma de dicho terreno, pero como en la escritura de donación constan las dimensiones que constituyen su configuración, sería necesario obtener la aquiescencia previa de la Comisión Departamental de Instrucción Primaria -que después se certificaría por escritura- para poder trazar las calles sin subordinarlas a la forma irregular del precitado terreno escolar».
«Creemos que la comisión referida y el vecindario de Guichón, una vez convencidos de la necesidad de reformar la configuración del solar referido, se cotizarán gustosos para correr con los gastos que demandará la nueva escrituración».
«La escuela ganará, porque además el terreno estará situado en un pueblo, tendrá una forma regular y lindará así con tres calles de un núcleo de población proyectada».
«Dentro de poco habrá pues dos nuevos pueblos en la línea del Midland, al Sur Merinos, donde el fuerte comerciante señor Crawley, como lo notició oportunamente ‘El Paysandú‘ ha comprado 300 cuadras para subdividirlas en solares y adjudicarlos en condiciones ventajosas a los que quieran poblar allí -y Guichón de quien nos ocupamos hoy, —sin contar Algorta que si bien no constituye un pueblito demarcado y delineado, es considerado como tal por el número creciente de casas que rodean su concurrida estación».


1902

"Un caso original"

Llamó mucho la atención un hecho ocurrido el 30 de julio de 1902 en la calle Sarandí. El suceso fue consignado ese mismo día por el vespertino «El Paysandú» de la siguiente manera:
«Un caso original».
«Serían las 3 y 1/2 de la madrugada de hoy, cuando el Teniente, jefe del servicio de serenos, iba por la calle Sarandí en compañía de un sargento. De pronto, vio o creyó ver, que de una pequeña laguna formada en plena calle por las últimas lluvias, salían innumerables chispas, un verdadero juego pirotécnico que le llamó poderosamente la atención, obligándole a aproximarse al charco donde el fenómeno se producía».
«Al acercarse notó con creciente asombro, que el agua se hallaba en plena ebullición, y creyó por un momento que era víctima de una alucinación producida acaso por su lectura reciente de la obra de Julio Verne ‘Un viaje al centro de la Tierra‘«.
«Pero no; lo que tenía a la vista era un fenómeno real, tangible, que no admitía dudas de ningún género».
«El agua ardía, en efecto, de ella salía gran número de chispas que parecían brillar con luz siniestra en la oscuridad de la noche».
«El Teniente Cánepa llegó hasta pensar en la formación de algún cráter volcánico».
«Ordenó al sargento, que se hallaba a caballo, que pasara por sobre la laguna con su cabalgadura. Obedeció aquel, pero el caballo, asustado, cayó al suelo como herido por un rayo, y así permaneció algunos momentos agitando compulsivamente sus remos».
«El sargento, sorprendido, lleno de estupor, permaneció al lado del pequeño charco de agua como quien ve visiones y se halla próximo al paroxismo».
«Después de muchas idas y venidas; de anuncios a la Comisaría respectiva y comunicaciones con la Usina de la luz eléctrica, se vino a saber que un hilo del teléfono se había roto poniéndose en comunicación con los cables de la luz eléctrica, y recibiendo en consecuencia una corriente continua que al comunicarse por medio de aquel alambre con el agua de la charca hacía hervir a esta en medio de una verdadera lluvia de chispas».


1902

La celebración de los ingleses (II)

La descripción del festejo de la colectividad inglesa de Paysandú, cumplida el 10 de agosto de 1902, celebrando la coronación de Eduardo VII prosigue en los siguientes términos:
«Las banderas inglesa y oriental ondeaban entrelazadas al tope del palo enjabonado plantado en el centro del lugar de la comilona, en el cual instaláronse también rompecabezas y otros juegos propios para los muchachos invitados».
«Una numerosa multitud presenciaba el interesante espectáculo, presentando el lugar el aspecto de una romería».
«Serían las 12 cuando se dio principio al almuerzo terminando cerca de la 1. El menú componíanlo fiambres, asado con cuero, vinos de la granja ‘XX de Setiembre‘ y como postres, dulces y naranjas. Nunca se las habían visto tan gordas muchos de los centenares de rapazuelos que participaron de aquel verdadero banquete».
«No hubo discursos, pero se vivó repetidas veces a los ingleses y a su Rey».
«Terminaba el almuerzo cuando llegó la Banda Departamental, la que tocó ‘God save de King‘, el popular himno inglés, permaneciendo después toda la tarde en el paraje mencionado, que amenizó con escogidas piezas».
«La concurrencia de curiosos fue enorme por la tarde».
«El día hermoso que tuvimos era favorable efectivamente para gozar de aquel agradable espectáculo al aire libre».
«Muchas familias hicieron también acto de presencia comunicando al lugar un aspecto animadísimo».
«La coronación de Eduardo VII ha sido pues dignamente festejada en Paysandú».
«Nuestras felicitaciones más sinceras a la comisión iniciadora de la fiesta filantrópica de ayer».


1902

La celebración de los ingleses (I)

La colectividad inglesa de Paysandú, en aquellos tiempos muy numerosa, resolvió integrar un comité para organizar el festejo de la coronación de su monarca Eduardo VII. El acto principal fue un almuerzo al aire libre, del que participaron más de un millar de niños cadenciados según la crónica respectiva. Esta, publicada el 11 de agosto de 1902, establece:
«Festejando la coronación. La fiesta infantil».
«Más de mil comensales. Un espectáculo interesante».
«Ha constituido una nota interesante y nueva para Paysandú, el acto del banquete campestre con que se obsequió ayer a más de mil niños menesterosos, en honor de la Coronación del Monarca Inglés Eduardo VII».
«Es la primera vez, en verdad, que el aspecto filantrópico se ha dejado sentir entre nosotros en una forma como esta, congregando en un lugar determinado a un número tan crecido de criaturas pertenecientes a familias pobres para servirles con mano cariñosa un abundante y suculento almuerzo, en medio de ciertas comodidades que carece tal vez habitualmente la mayoría de los que ayer participaron de tal beneficio».
«Contiguo a la vía férrea, y a pocos pasos de la estación del Midland, en un terreno que mide aproximadamente una manzana de superficie, cuatro largas mesas en forma de ángulos rectos eran ocupadas a uno y otro lado por aquel pequeño mundo infantil, que entregado a las más francas expansiones, daba repetidas vivas a los ingleses y a los iniciadores de la fiesta».


1902

Gesto del Club Remeros(II)

El texto de la correspondencia intercambiada entre vecinos de Concepción del Uruguay y el Club Remeros Paysandú, prosigue en los siguientes términos:
«Esta contribución particular de los donantes está caracterizada por la espontaneidad con que ha sido hecha, reflejándose en ella la mejor prueba del deseo de que los vínculos afectuosos que ligan a Paysandú y a los remeros del mismo con el Uruguay se conserven tan sinceros como fue posible apreciarlos en nuestras fiestas del XX de septiembre y en el mismo Centenario del General Urquiza».
«A nombre de los donantes, en el mío personal, nos es grato saludar al Señor Presidente y a los miembros de ese club en mi más alto aprecio. (Sigue una lista de personas que donaron para integrar el giro)».
«Señor D. Gibson Spilbury, Concepción del Uruguay. Tengo el honor de acusar recibo de la comunicación de Ud. fecha 10 del corriente adjuntando a ella un giro por la suma de $ 93,28 moneda nacional oro».
«Por el contexto de la nota recibida y los antecedentes expuestos en el diario ‘La Juventud‘ de esa misma fecha en el que se publica la siguiente nota (la que va más arriba), se desprende que un grupo de ciudadanos se han cotizado a fin de adjudicar el premio ganado por el Club Remeros de Paysandú en ocasión de las fiestas del Centenario del General Urquiza».
«El Club Remeros de Paysandú no se ha considerado jamás acreedor a deuda alguna por parte de sus nobles y dignos vecinos los habitantes de Concepción del Uruguay, y no tendría derecho en tal sentido el aceptar el premio que se le adjudica».
«La Directiva que presido reconoce perfectamente los altos móviles que ha guiado a la comisión de señores que Ud. preside al efectuar una colecta de fondos para cubrir el importe del premio de honor ganado por el Club Remeros y en sesión de fecha de hoy, resolvió agradecer a Ud. el envío manifestando que ha resuelto hacer donación de dicho premio al Hospital de Caridad de esa ciudad, a cuyo fin adjunto su giro por igual cantidad a la recibida, suplicando a Ud. se digne en nombre de este club que presido, efectuar la referida donación».
«Saluda a Ud. con su consideración más distinguida, suscribiéndome Atte. SS Eduardo Espalter Presidente, Teófilo Faig Secretario».


1902

Gesto del Club Remeros

Destacada actitud tuvieron tanto vecinos de Concepción del Uruguay que juntaron el dinero que correspondía al Club Remeros, como esta institución que donó dicha suma a un hospital de aquella ciudad entrerriana.
Los hechos están consignados en la siguiente información que publicara «El Paysandú», el 12 de junio de 1902 de la siguiente forma:
«Club Remeros Paysandú».
«Las siguientes notas cambiadas entre un núcleo de vecinos de Concepción del Uruguay y el Club Remeros Paysandú, dan cuenta de la forma cómo se arbitraron los recursos para hacer entrega del premio ofrecido por la Comisión del Centenario de Urquiza a dicho club, y de la resolución de esta de donar el importe de dicho premio a un establecimiento de beneficencia de Concepción del Uruguay».
«Si plausible es la iniciativa de los vecinos de Uruguay de cotizarse para cumplir una deuda que no fue cumplida por la comisión de fiestas que debió hacerlo, lo es también el generoso desprendimiento de nuestro Club de Remeros».
«Aquí el texto de las notas a que hacemos referencia: ‘Señor Presidente del Club Remeros de Paysandú Don Eduardo Espalter. Distinguido señor: Un grupo de vecinos de esta ciudad, interpretando los sentimientos del pueblo de Uruguay, ha considerado que no debía dejarse subsistente por un día más la deuda sagrada de que es acreedor el club de su digna presidencia».
«Me refiero, Señor Presidente, al premio que tan meritoriamente ganaron los remeros de Paysandú en las fiestas del Centenario del General Urquiza, y que por motivos que no entro a juzgar, la Comisión Central de los festejos no se ha preocupado antes ni se preocupa hoy de hacer efectivo».
«En esta situación, el grupo de vecinos que al pie de esta se nombra, se ha cotizado personalmente y se complace en remitir a Ud. por mi intermedio un giro que representa el valor del premio que la Comisión Central ofreció».


1902

La boda Peel - Escayola (II)

La crónica social de la boda Peel-Escayola prosigue refiriéndose a la despedida de soltero ofrecida al contrayente:
«Rodeaban la mesa además del obsequiado, el Señor Peel, los señores Cattos Fuller, Alberto Santamaría, Eduardo Santamaría, Eugenio M. Sacarello, Manuel Stirling, Juan Escayola, Pedro Etchamendy, Domingo Carzolio, Jesús Gil, Allan Burton, Justo Leal, Martín Sabatyo, Enrique Andrade, Alejandro Vázquez, Augusto Goldenzoph, Teofilo Fae, Manuel Crovetto, Francisco Serra, Juan Giribaldi Heguy, Pedro Menditeguy, Juan Galeano, Ricardo Pedoja, Alejandro Legendre, Eugenio Legendre, H. Elan, Lorenzo Lombardini, Carlos Cash, Antolín Relassus, Juan D. Schweizer, José Fontans, Juan Beraldo, Arturo Nelcis, Lorenzo Casaretto, Teodoro Larrauri, S. Meyer, José Stirling, M, Donant. Mandaron tarjetas de adhesión varios de los caballeros que figuraban en la lista de comensales, excusando su inasistencia».
«Esta mañana a las 11 y 1/2 se consagró civil y religiosamente el matrimonio del Señor Peel con la distinguida señorita Delia Escayola teniendo lugar ambas ceremonias en el domicilio de la familia Escayola».
«La novia vestía con distinción suma un elegantísimo toilette de raso blanco que realzaba su natural gentileza. Fueron testigos en la vía civil los señores Ricardo Crochet, Carlos Fuller, Dr. Fernando Triani, Lorenzo Peel, Alberto Sacarello y Juan S. Escayola. En la parte religiosa fueron padrinos las señoras Catalina Ll. de Peel madre del novio y el Dr. Don Fernando Triani».
«Después de consagradas ambas ceremonias se sirvió un regio banquete del que participaron todos los asistentes al acto, acto que congregó a gran parte de nuestra sociedad en cuyo seno la señorita Escayola y el señor Peel gozan de generales y merecidas simpatías».
«Los regalos recibidos por la estimable pareja forman por sí solos un hermoso bazar de innumerables objetos de subido valor artístico».
«Los recientes cónyuges partieron en el tren de esta tarde con destino a la estancia del Señor Peel en el Queguay donde pasarán la luna de miel, siendo acompañados hasta la estación del Midland por gran número de sus relaciones las que ocupaban una extensa fila de carruajes».
«Unimos nuestros votos a los innumerables que ya han recibido por su eterna dicha.»


1902

La boda Peel - Escayola (I)

Un destacado acontecimiento social sanducero constituyó la boda del señor Roberto Peel con la señorita Delia Escayola. La crónica correspondiente, publicada en «El Paysandú» el 1º de agosto de 1902 expresaba textualmente: «Sociales. Boda Peel Escayola».
«Anoche se llevó a cabo en el flamante edificio del nuevo Hotel de París, el banquete con que despidieron de su vida de soltero al señor Don Roberto Peel, sus numerosos amigos. La mesa se hallaba dispuesta en forma de herradura, secundada de hermosas plantas tropicales, que formaban singular contraste con el blanco níveo de los manteles y la lujosa vajilla completamente nueva, lo que unido a la profusa iluminación eléctrica, daba al amplio comedor un aspecto magnífico y confortable».
«Una banda de música se situó en el hall del hotel, adornado convenientemente, amenizando a intervalos la hermosa fiesta, que dejó indelebles recuerdos en los concurrentes».
«Ofreció el banquete al señor Peel el Doctor Juan Giribaldi Heguy en bellísimas y oportunas frases que merecieron justísimos plácemes».
«Siguiole en el uso de la palabra el Doctor Don Fernando Triani, quien pronunció un brindis, en el que como en el anterior campeaban los votos más fervientes por la felicidad del nuevo hogar a formarse, elogiando de paso las bellas dotes físicas y morales de la novia, la interesante señorita Delia Escayola».
«Luego brindaron en el mismo sentido varios otros de los señores presentes en el acto».
«El servicio del Hotel de París, a pesar del término perentorio de que se dispuso para organizarlo, fue excelente habiendo recibido por tal motivo muchas felicitaciones sus propietarios».


1902

"Los viejos amigos"

El «drama» del remate de los viejos paraísos de la plaza Constitución, fue dado a conocer por el vespertino «El Paysandú» el 25 de julio de 1902. Posteriormente, el día 28, bajo el título «Los viejos amigos» fue publicada la siguiente nota dado punto final al tema:
«Fueron llevados ayer a su última morada (y quien sabe si será la última) o mejor dicho les dio piadosa sepultura, el martillero señor Ugarte, —los paraísos ya difuntos, desarraigados, que se hallaban cual gigantes muertos, tendidos en el amplio cuadrilátero de nuestra plaza Constitución. Entre ellos había no pocos jovenzuelos, que queriendo aparentar los viejos méritos de los antiguos y encariñados con nuestros antepasados y con nosotros mismos, puesto que muchas veces les hicimos también confidentes de nuestros pensamientos íntimos y de nuestras travesuras».
«Lo cierto es que el amigo martillero los colocó del siguiente modo: a J. Leoni 1 lote; L.Pandolfo 1 id; C.G. González, 1id, J, Beongoechea 2 id; L. Branca 5 lotes (propietario de la importante mueblería que estaba ubicada en la planta baja del edificio de 18 de Julio y Zorrilla de San Martín, que recientemente se incendiara); A. Santamaría 1 id y a J. Zannoniani 1 id».
«Esos doce lotes formaban un total de 136 paraísos, por los que se obtuvo la suma de $ 105,70».
«Al felicitar al señor Ugarte por el brillante éxito de su martillo, vamos también a dar la despedida más tierna a nuestros antiguos confidentes, esos paraísos perdidos».
«Esos paraísos fueron reemplazados, en el mes de setiembre del mismo año, por plátanos. Estos fueron encargados por la Junta Económico Administrativa de Paysandú a una importante firma montevideana. Se había establecido que los ejemplares debían ser sanos, fuertes y medir por lo menos tres metros de altura. Los enviados no cumplían estas condiciones por lo que hubo muchas idas y venidas hasta que finalmente se plantaron los plátanos».


1902

Las rutas del correo sanducero

El itinerario de verano del servicio de distribución de correspondencia de Paysandú vigente del 1º de octubre de 1902 al 30 de marzo de 1903, era el siguiente:
«Para Punta del Queguay Grande por Sacra, Isletas, San Francisco, Piedras Coloradas, Bacacuá, Duraznal, Ñacurutú, Capilla Vieja, Guayabos, Santana, Paso de Andrés Pérez, Cerro María Piqué, Queguay Chico, Cerro de Itacabó y Pantanoso de Corrales sale todos los sábados».
«Para Horqueta del Queguay Chico por San Francisco Grande y Chico, Paso de las Piedras del Queguay, Paso de Araújo, Paso de Soto, Paso de los Carros, Puntas de Sauce del Queguay Chico, Buricayupí, Puntas del Guarapirú, Puntas de Molles Grandes, Cuchilla de San José y Horqueta del Queguay Chico los días 1º, 8, 16 y 24».
«Para Paso de Andrés Pérez del Queguay por San Francisco Grande, Ombú de Francia, Puntas de Bacacuá Chico, Bacacuá Grande, Capilla Vieja, Paso de las Cotorras, Ñacurutú, Guayabos, Santana y Cerro María Piqué los días miércoles».
«Para Paso de Andrés Pérez del Queguay Chico por Parada Guichón y Santana, los días lunes».
«Para Tacuarembó y Rivera por Estación Porvenir, Piedras Coloradas, Algorta, Guayabos, Merinos, Tres Arboles, Francia, Paso de los Toros, Cardozo, Achar, Cuchilla de la Pampa, Piedra Sola y Tambores, San Bentos, los días lunes, jueves y sábados».
«Para Saladero Casa Blanca, todos los días».
«Para Colonia Porvenir los días miércoles y domingos».
«Para Saladero Nuevo Paysandú, todos los días».


1902

Regalan terrenos en Villa Elisa (II)

La información de «La Campaña» de Merinos, continúa especificando las condiciones en que se efectuaría la donación de terrenos en Piñera:
«Pues señores esos terrenos de tanto porvenir, como no escapará a la penetración de nadie, pasa con ellos un caso nunca visto; los regala la empresa a quienes se hagan dignos pobladores de ellos en las condiciones siguientes:»
«1ª) La donación es de un solar a cada uno».
«2ª) Todo poblador es obligado a edificar una casita de material».
«3ª) Tendrá que ser de buena y reconocida reputación ante la opinión pública».
«4ª) A excepción de la empresa no se admite comercio de ninguna especie».
«5ª) Todo poblador necesita ser rentista, hacendado o que posea un arte, profesión u oficio, de modo que pueda vivir sin perjuicio ni perjudicar a otros».
«6ª) De cada arte, oficio o profesión sólo se admitirá un poblador».
«7ª) En la oportunidad la empresa fraccionará inmediato a Villa Elisa chacras que arrendará en condiciones favorables a colonos reconocidos honrados y laboriosos».
«8ª) La empresa tendrá oportunamente carruajes a precios módicos a propósito de los señores viajeros como puede ser corredores y otros que se les ofrezca sus excursiones por el sur y norte del Queguay».
«9ª) Deseando la empresa que este bello lugar por lo céntrico y bien situado que se halla, llegue a ser de reunión y recreo de las familias y hacendados del departamento, tratará por los medios que le sean posibles que los aficionados opten por venir a correr en este lugar las carreras de caballos importantes que se corran en el departamento, ofreciéndose para eso a los interesados las comodidades que se hagan necesarias».
«10ª) La empresa llama la atención de los hombres de campo y gente de buen gusto de la ciudad sobre las ventajas ofrecidas como para que no pierdan la oportunidad de elegir un solar en el futuro Tosquin uruguayo, donde pueden hacer una linda e higiénica casa quinta para veranear y así respirarán sus pulmones el aire puro de las alturas, a la vez que descansarán algún tiempo de su vida gastada y bulliciosa de la ciudad».
«Los que puedan interesarse diríjanse al Gerente Administrador de la empresa, Parada Piñera Ferrocarril Midland».


1902

Regalan terrenos en Villa Elisa (I)

En procura de formar un poblado en Villa Elisa, hoy Piñera, en el Este del departamento de Paysandú, la empresa propietaria de las tierras de la zona dispuso regalar terrenos en dicho lugar y bajo determinadas condiciones. Al respecto, el semanario de Merinos «La Campaña» publicaba el 30 de noviembre de 1902 la siguiente información:
«Villa Elisa (Parada Piñera)».
«Remitido por un suscriptor de Parada Piñera, hemos recibido la siguiente publicación: Nada menos que regalar terrenos en Villa Elisa, pueblo recientemente trazado por el agrimensor Juan Basso a tres horas de viaje de Paysandú, situado en la Parada Piñera, Departamento de Paysandú por la empresa de negocios ‘La Comercial‘«.
«Villa Elisa hállase situada en el paraje más delicioso que hay en todo el trayecto que recorre el F.C.M. de Paso de los Toros al Salto y la actual Parada Piñera de este ferrocarril establecida en Villa Elisa, será por su grandiosa situación la estación más importante de esta vía en un porvenir no muy lejano».
«Villa Elisa tiene un panorama tan hermoso que pocas veces la naturaleza se ha mostrado tan caprichosa; pues sería necesario la pluma de un poeta para describir tanta belleza, es un paraje alto, pintoresco y sano, muy apropiado para sanatorios, casas quinta, chalets, palacios, etc. Hace tres meses era, si así queremos llamarla, un desierto, pero es tanto el interés de las personas de buen gusto por ubicarse en Villa Elisa que en tan poco tiempo existen parada de ferrocarril, comercios, herrería y carpintería, fábrica de ladrillos, quintas, paseos, plaza embellecida con árboles de buen gusto y hallándose en construcción varias casas por cuenta de hacendados e industriales debiendo darse muy próximo principio al Juzgado de Paz, Escuela y la gran casa y galpones que edificará esta empresa para registro, almacén y barraca de frutos, etc.»


1902

¡Escasez de leña en Merinos!

Resulta sorprende que a comienzos del siglo XX hubiera escasez de leña en Merinos. La situación resultaba tan problemática que hasta se llevaba desde Paysandú, distante 140 kilómetros.
El problema era planteado por el periódico «La Campaña» de Merinos, departamento de Paysandú, en su edición del 30 de noviembre de 1902. El comentario publicado expresaba textualmente: «La Leña».
«Parece mentira que en este pueblo situado a dos leguas de los espesos montes del Queguay, no se pueda conseguir una carrada de leña, luchándose con gran dificultad para conseguirla y pagándose más de diez pesos la carrada».
«El motivo de esta escasez, está, principalmente, en que los estancieros vecinos, que tienen montes, no quieren vender, alegando que no precisan dinero y otros han cerrado los caminos que conducen al Paso del Potrero, de cuyo punto se traía antes».
«En estos días se ha tenido que traer leña de Paysandú distante 28 leguas por no poderla conseguir aquí».
«Así que, mientras no formemos montes artificiales, tendremos que luchar con estas dificultades, siempre que haya estancieros que no necesiten dinero, y otros que cierren caminos a vista y paciencia de las autoridades y comisiones de vialidad, que más bien deberían llamarse de pasividad».
«La Campaña» era un «Periódico semanal independiente. Merinos, Departamento de Paysandú». Su director Pedro S. Grane, Administrador Santiago Boschetti y Redactor José Fernández. Imprenta, Redacción y Administración se encontraban en «Avenida 18 de Julio». 


1902

Expropian terrenos en Paso de las Piedras

El hecho de que terrenos de la costa sobre el Paso de las Piedras del Queguay estuvieran cercados causaba grandes dificultades, especialmente para el cruce de tropas en aquel único paso del «camino al Salto». Por ello, fue recibida con especial satisfacción la noticia de que se había aprobado la expropiación respectiva. Sobre el particular, «El Paysandú» publicaba el 23 de abril de 1902 la siguiente información:
«El Paso de las Piedras. Expropiación de terrenos».
«La Junta Económico Administrativa recibió ayer un telegrama del diputado por este departamento Don Setembrino E. Pereda, comunicando que por moción suya, apoyada fundadamente por su colega el Doctor Silván Fernández, pidiendo la sanción definitiva de la solicitud de aquella corporación elevada hace algún tiempo al cuerpo legislativo, sobre expropiación de dos fajas de terreno situadas a ambas márgenes del Queguay, en el Paso de las Piedras del mismo, ese alto cuerpo concedió la expropiación pedida».
«Esta resolución legislativa viene a favorecer grandemente el tránsito por dicho paso, donde el movimiento es bastante importante».
«Luego de problemas que se registraban, la Junta Económico Administrativa a la espera de esta resolución debió firmar un convenio con el propietario Don Luis Barescattá, según por el cual por el término de un año vencido en febrero próximo pasado mediante una retribución de $ 350 aquel consintió en retirar a una distancia conveniente el alambrado construido en dirección casi paralela a la margen izquierda del río Queguay».


1902

"El entierro del Carnaval (III)"

En el tramo final de la reseña del carnaval de febrero de 1902 aparecen hechos más positivos, según la opinión del cronista del periódico sanducero: «Constituyó la nota cómica del corso la presentación de un carro alegórico simulando el entierro. Dentro del vehículo, cuya forma era igual al de los carros fúnebres, aunque grotescamente exornada, iba una mujer llorando desconsoladamente el carnaval muerto».
El corso de anoche
«Estuvo como decíamos bastante animado, pues concurrieron carruajes en número superior a los días anteriores (de 40 a 50), muchas familias conocidas y el juego con papelitos, serpentinas y flores llegó a realizarse con entusiasmo. Hay quien asegura que se jugó anoche tanto como los tres días del carnaval reunidos».
«Hubo con tal motivo mucha animación en las calles principales y Plaza Constitución, que estaban llenas de gente».
«A las 11 y 1/2 todavía desfilaban en carruajes por la calle 18 de Julio».
«Carruajes adornados presentáronse solamente dos, el del señor Bengoechea y el del señor Santos».
«La iluminación fue inmejorable con la ayuda del reflector eléctrico instalado en los balcones del Casino».
«Tal ha sido el epílogo de las fiestas del carnaval. El éxito no puede considerarse brillante, porque una causa principal, la crisis, se ha opuesto a ello pero con todo puede decirse que en Paysandú ha estado bastante bien el carnaval».
«He aquí los premios concedidos ayer por la Comisión de Fiestas de Carnaval.
«A la comparsa mejor organizada Premio de Honor Pirámide de metal con reloj termómetro a «Obreros del Porvenir».
«Primer premio: Un tintero de metal a ‘Marinos Uruguayos‘«.
«A la bicicleta mejor adornada, Primer Premio: Dos aros de oro y plata al niño hijo de J. Frese».
«Premio de Honor a Fervo Bernasconi, cigarrera de plata dorada».
«Mejor carro alegórico al carruaje mejor adornado, Primer Premio una jardinera de metal a Dubosc y Gardil».


1902

"El entierro del Carnaval (II)"

El cronista de «El Paysandú» continuaba su reseña de los festejos del carnaval de 1902 en Paysandú indicando que: «El juego durante el desfile fue casi nulo. Constituyó una nota interesante y nueva el desfile de bicicletas. Presentáronse ocho o diez de éstas, en su mayoría muy bien adornadas, llamando la atención sobre todo la del niñito Frese, la de los jóvenes Bernasconi, Debali, Solari, etc. Por el buen gusto con que habíanse adornado».
«La plaza Constitución y la calle 18 de Julio en su parte central estuvieron la noche del sábado bastante concurridas hasta las 11 próximamente».
«Torneo de comparsas y corso de ayer».
«A las 6 y 1/2 de la tarde se efectuó ayer en la bocacalle del Casino (18 de Julio y Zorrilla de San Martín), en uno de cuyos balcones estaba instalada la comisión respectiva, el torneo de comparsas al que concurrieron ‘Los Obreros del Porvenir’, ‘Marinos Uruguayos’, ‘Hijos de la Unión’ y ‘Los Deudores del Botero’».
«Mucha gente había en esos momentos en la plaza y sus adyacencias. Las tres primeras comparsas cantaron sus mejores canciones llamando sobremanera la atención el vals cantado por los ‘Marinos Uruguayos’ que fue aplaudido por el auditorio».
«No obstante, el primer premio fue adjudicado a ‘Los Obreros del Porvenir’, por lo que es de suponerse que el premio ofrecido lo sería para la comparsa mejor organizada y no por su parte de canto».
«Terminado el torneo de comparsas tuvo lugar el desfile de bicicletas, en la misma forma de la noche anterior y luego el corso, en momentos en que entraba la noche».
«La concurrencia de carruajes fue menor aún que los corsos anteriores y lo que más afeaba el desfile comunicándole un aspecto rural fue sin duda alguna el contingente de caballería que siguió a aquel en su trayecto».


1902

"El entierro del Carnaval"

El carnaval sanducero de 1902 parece no haber sido de los más exitosos, aunque hubo algunas acciones de destaque y presentaciones interesantes.
El vespertino sanducero «El Paysandú» ofrecía una reseña de estos festejos en su edición del 17 de febrero de 1902.
Bajo el título de «El entierro del carnaval», expresaba:
«A no haber sido por el corso de anoche que estuvo bastante animado, las fiestas de entierro de carnaval habrían pasado dejando el mismo recuerdo ingrato que los últimos días de carnestolendas».
«El mismo abatimiento general, la misma falta de entusiasmo, reinó en la noche del sábado y durante el día de ayer».
«Los comerciantes, a pesar de la rebaja introducida en los precios de las serpentinas y los papelitos no consiguieron asimismo vender la totalidad de dichos artículos para el juego, que otros años llegaban a agotarse bien pronto».
El corso del sábado
«El sábado a la noche tuvo lugar el corso anunciado que resultó pobrísimo, por la escasa concurrencia de carruajes y familias que a él asistió».
«El corso salió de la Plaza Constitución a las 9 de la noche, abriendo la marcha la banda lisa del Urbano, a la que seguía la Banda de Música Departamental, las bicicletas, las comparsas «Obreros del Porvenir», «Marinos» y «Rumpislaque, llevando estas infinidad de farolillos encendidos, y por último los carruajes en doble fila».
«Recorrió aquel la calle 18 de Julio, Asamblea (Setembrino Pereda), Treinta y Tres Orientales, y 18 otra vez para volver al punto de partida».
«Se ha hecho notar la circunstancia de que por la calle 8 de Octubre (Leandro Gómez), a pesar de haber sido adornada, no ha pasado ningún corso este año ¿por qué sería?»


1902

Finalmente instalaron la Junta

Tras muchas idas, venidas, consultas a Montevideo y otros etcéteras, pudo instalarse la Junta Económico Administrativa de Paysandú, electa en los comicios de fines de 1901. Así lo informaba el diario «El Paysandú» en su edición del 9 de enero de 1902:
«La Junta - Su instalación definitiva».
«Ha sido al fin, satisfactoriamente zanjada la dificultad con que venía luchando la nueva Junta Económico Administrativa para quedar debidamente constituida».
«Anoche logróse el quórum necesario para proceder a la designación de presidente y vice efectivos, recayendo las designaciones en los señores Dr. Juan Giribaldi Hegui y Juan Buzzo respectivamente».
«Asistían al acto los señores Dr. Giribaldi Hegui, Pedro Etchebehere, Alberto Quintana, José Garrasino, José Valentín, Manuel Rodríguez y Eugenio Sacarello, habiéndose designado en calidad de presidente ad hoc al señor Garrasino». «Acordóse por mayoría que la distribución de los demás cargos se hiciera cuando regresasen a la localidad los miembros de la Junta actualmente en Montevideo».
«Resolvióse también comunicar al gobierno la forma en que se había constituido la Junta y solucionado el incidente originado por la forma de su instalación».
«Análoga comunicación se hará hoy a las demás oficinas públicas de la localidad».
«Con este temperamento transaccional quedó todo arreglado, pasando la situación violenta con que había iniciado sus gestiones la actual corporación municipal».
«El Dr. Hegui designado para ocupar la presidencia pidió y obtuvo permiso para ausentarse por algunos días de la localidad, y como también se halla ausente el Vicepresidente, se designó al señor Pedro Etchebehere para que interinamente ocupe la presidencia».


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (III)

El artículo publicado por «El Paysandú» sobre el nuevo edificio que ocuparía el Hotel de París, hasta entonces ubicado en 18 de Julio, describe la planta alta de la flamante construcción:
«Pasemos ahora al piso alto. A la entrada del patio a la derecha una escalera de mármol de 2,5 metros de ancho y con su respectiva baranda da acceso al piso alto, llamando la atención a primera vista la bonita galería de cristales y los grandes corredores».
«Este piso dispone de diecisiete cuartos, entre ellos un salón grande dividido por una mampara que se puede sacar con facilidad para las grandes reuniones. Esta sala tiene frente a la calle 8 a la cual dan tres ventanas».
«Todas las piezas tienen sus balcones a la calle y su altura es de 5,20 mts». «También cuenta el piso alto con dos cuartos de baños, dos W.C. y un lavatorio todo revestido con baldositas, no faltando los surtidores de agua, para lo cual cuenta el establecimiento con un molino que la extrae de un pozo del aljibe indistintamente, la distribuye por todo el hotel en abundancia, por medio de cañerías».
«En el fondo existe, por último, una escalera de servicio caracol y otra escalera de hierro para subir a la azotea».
«Todo el edificio cuenta con ochenta picos de luz eléctrica además de los dos focos del frente los que le proporcionan una iluminación ‘a giorno‘«.
«Los datos que dejamos ligeramente consignados darán idea al lector de las comodidades con que cuenta el nuevo hotel y la magnitud de su edificio».
«No terminaremos estas líneas sin dirigir nuestras felicitaciones a los dueños del Hotel de París, a quienes debemos que Paysandú cuente hoy con un edificio como este que es un verdadero palacete, al director de la obra señor Briega y porqué no decirlo al Señor Eugenio Sacarello, pioneer de los progresos locales, a cuya iniciativa se debe principalmente esta soberbia construcción».


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París (II)

La nota publicada por el periódico vespertino «El Paysandú» describiendo el flamante edificio construido para el Hotel de París, continuaba en los siguientes términos:
«Cuenta con dos entradas, una por la calle Treinta y Tres y otra principal por la calle 8 (hoy Leandro Gómez) teniendo un vestíbulo de tres metros con una gran portada al centro que da al patio principal, espacioso, que ocupa una superficie de 450 m2. A él, da frente el gran comedor que mide 10 metros de largo por 7 de ancho teniendo alrededor un zócalo alto de pino de tea. Su amoblado es sencillo pero elegante: cuatro hermosos espejos con su pedestal y un marco ancho también de pino de tea, 12 mesas rectangulares y 3 redondas de la misma madera y 4 pilares con 4 cariátides simulan sostener las vigas que forman el artesonado del techo».
«El alumbrado del comedor se hace por una gran cantidad de picos eléctricos y cuenta con una comodidad más: dos ventiladores».
«El piso bajo del hotel dispone de ocho cuartos y un comedor particular ventilados y bien acondicionados pues tienen más o menos de 4 a 4,50 y de 3 a 4,55 metros de altura con todas las ventanas al frente. Llaman la atención los dos confortables cuartos de baño, con sus surtidores correspondientes para agua caliente como para agua fría y de lluvia así como cuatro WC con inodoros de porcelana, tapas de cedro y sus depósitos respectivos, y además un lavatorio general y un orinal, todos estos compartimientos revestidos de baldosa barnizada, y contando con surtidores de agua. Completa la planta baja un buen sótano, dos piezas más, una despensa y la cocina, esta última toda revestida de baldosa barnizada con sus piletas correspondientes y surtidores de agua».


1902

Está pronto el nuevo edificio para el Hotel de París

A fines de agosto de 1902 quedaron finalizadas las obras del nuevo edificio del Hotel de París en la capital sanducera. Considerada una obra de trascendencia, el diario «El Paysandú» del 23 de agosto de ese año publicó la siguiente nota:
«El nuevo Hotel París. Una obra importante.»
«Un reporter oficioso nos remite lo siguiente: Se ha dado por terminada la construcción del nuevo Hotel de París. Tuvimos ocasión de visitarlo, saliendo de nuestra visita agradablemente impresionados ante el confort y la suntuosidad del nuevo hotel».
«El edificio ocupa una superficie de mil metros cuadrados dando frente a las calles 8 de Octubre (Leandro Gómez) y Treinta y Tres Orientales, con 24 metros a la primera y 59 metros a la segunda».
«Es de altos, de aspecto elegante aunque sobrio, siendo su altura total de 13 metros».
«Los dos frentes tienen un cuerpo avanzado en el centro pero el de la calle 8 tiene un avance de un metro, con cuatro columnas, dos a cada costado de sus capiteles jónicos y un tapizado estilo moderno, ostentando un vasto balcón en el centro con sus columnitas. Este cuerpo es sostenido por cuatro cariátides de hombres, de mucho mérito artístico. Todo el frente está hecho a imitación a piedra, teniendo sus balcones techados a la calle Treinta y Tres y con sus balaustradas modernas en la calle 8. Esto unido a la seriedad de sus líneas le dan el aspecto de un verdadero palacio».


1902

Por razones de estética femenina

En su edición del 8 de julio de 1902 el diario «El Paysandú» daba a conocer una serie de mejoras proyectadas para el Teatro Progreso, hoy «Florencio Sánchez, una de ellas destinada a facilitar el lucimiento de la belleza de las damas que asistían a las diferentes funciones.
Esta es la información:
«Mejoras en el Teatro
El empresario del Teatro señor Fidel Córdoba está empeñado en llevar a cabo algunas mejoras en Progreso si es que obtiene para algunas de ellas el concurso de la comisión respectiva.
Acaba de colocarse en la boletería los aparatos telefónicos de las dos empresas locales, necesidad esta que se hacía sentir bastante en noches de función.
Entre los palcos se construirá por razones de estética femenina, un sobre pico que disminuirá la altura de las respectivas barandas, y así nuestras bellas que concurran a esas representaciones podrán lucir mejor su belleza y sus toilettes.
El Señor Córdoba tiene el propósito de seguir adelante ante la comisión del Teatro, sus gestiones para que se instale el alumbrado eléctrico, y se cree que obtendrá resultado pues algunos miembros de aquella se hallan animados de los mejores deseos para implantar esa nueva mejora en aquel establecimiento público.
Progreso es un teatro bonito, elegante, considerado por los visitantes como el mejor del Litoral, pero le falta todavía la luz eléctrica, y esta circunstancia disminuye sus méritos cuando ya existen otros inferiores que han adoptado ese sistema de alumbrado.
Por eso consideramos que la comisión del Teatro no pondrá reparos para que se cambie el actual alumbrado a petróleo por el moderno de electricidad».


1902

¡Rematan los paraísos de plaza Constitución!

Muchos se lamentaron cuando la Junta Económico Administrativa de Paysandú decidió vender en remate, los añejos paraísos que ornamentaban la plaza Constitución. Así lo consigna el artículo publicado en «El Paysandú» el 25 de julio de 1902, titulado «Los paraísos de la plaza Constitución en remate». Dicho artículo establece:
«En un aviso que los lectores hallarán en la sección respectiva, se anuncia el remate de los cuasi históricos paraísos que adornaban nuestra plaza Constitución».
«Nuestros ediles van a cometer un sacrilegio decía hoy casi sollozando a uno de nuestros reporters, una asidua y sensible concurrente a aquel paraje. —¡Esos paraísos han sido confidentes de tantos coloquios amorosos! —Se han desarrollado a su sombra, al rumor gemebundo de sus hojas, que diría algún poeta melenudo, tantas y tan tiernas escenas pasionales. Son tantos los Romeos y Julietas que han ido a esperar bajo su verde follaje el canto de la alondra que había que traerlos al mundo de la realidad, siempre periódica y necia, que al pensar que el hacha del leñador al herirles implacable hasta convertirlos en pequeñas astillas, destinadas acaso a encender el fuego que habrá de llevar un poco de calor a los miembros ateridos de algún viejo decrépito, una se siente con ganas de salir a la calle a protestar en voz alta y hasta pedir la cárcel para los que así condenan al exterminio a esos testigos protectores y discretos de tantos episodios felices».
«Quién así se expresaba no había leído aún el provecto aviso de remate que publica hoy en nuestras columnas el martillero señor Ugarte. Cuando este aviso llegue a su conocimiento es seguro que se desmaya».
Mientras tanto, el anuncio de referencia expresaba textualmente: «Remate. Por Antonio Ugarte. De todos los árboles que adornaban la plaza Constitución. Cien paraísos. El próximo domingo a las 10 de la mañana en la misma plaza Constitución».


1902

Fundaron el Club Ciclista de Paysandú

El 26 de octubre de 1902 fue fundado el Club Ciclista de Paysandú. Al otro día, 27, apareció en el diario «El Paysandú» la siguiente información:
«El Club Ciclista».
«En el Ateneo Paysandú se celebró ayer la anunciada reunión de jóvenes para deliberar sobre la base de la fundación de un club ciclista entre nosotros».
«La reunión fue numerosa además de fecunda, resultando todos muy entusiasmados con la realización del pensamiento unánimemente acogido en el seno de la juventud».
«El joven Enrique Bianchi Preve perfiló ligeramente la idea, entrándose de lleno después a las deliberaciones que eran del caso. Se eligió luego una comisión provisoria que quedó compuesta de los titulares Enrique Bianchi Preve, Justo Agesta, Federico Schweiser, Angel Solari, Angel Volonterio, Ferbo Bernasconi, Abelardo Mellada y un número igual de suplentes. Fue presentada a consideración de la asamblea por uno de sus miembros allí presentes, un proyecto de estatuto, los cuales previo ligeras modificaciones que fuese menester introducir, fueron aprobados y sancionados en el mismo acto, quedando con esto definitivamente formado el Club Ciclista».
«Se han reglamentado dos records para carreras de bicicletas, hasta tanto no se cuente con un velódromo, en cuyas instalaciones se harán más adelante, una de resistencia y otra de distancia, como igualmente otras bases que deberán observarse en la misma. Los señores elegidos para componer la comisión provisoria se reunirán mañana a las 8 p.m. en el mismo local para proceder al discernimiento de cargos y resolver asuntos relacionados con la reciente fundación del centro. Deseamos las mayores prosperidades al nuevo centro».
«En días siguientes se informaba: ‘Celebraron reunión los jóvenes que componen la comisión directiva del Club Ciclista de Paysandú recientemente fundado en esta localidad para proceder al discernimiento de cargos. Estos se distribuyeron de la siguiente forma: Presidente Enrique Biachi Preve, Vicepresidente Angel Volonterio, Secretario Angel Solari, Tesorero Ferbo Bernasconi, Vocales Federico Schweiser, Justo G. Agesta y Alberto Mellada. Hay idea de instalar cuanto antes el velódromo para lo cual se buscará una forma factible’».


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (IV)

Culmina la crónica publicada por el vespertino «El Paysandú» consignando la información en los siguientes términos:
«En eso llegaba el Comisario Martínez que al sentir la detonación, corrió en auxilio del Señor Jefe, y dando un tirón al malhechor, cayó este exánime a un lado».
«El muerto resultó ser el mismo Suñel a quién se buscaba».
«Averiguado que era lo que había ocurrido con el sargento, este dijo que los tiros los había lanzado al aire en vista de que viendo acercarse dos individuos estos no atendieron la voz de alto que fue hecha por tres veces».
«Al ver la actitud del sargento, uno de ellos que resultó ser el moreno Suárez, se entregó y el otro que era Suñel se dio a la fuga».
«Indudablemente cuando este penetró en un matorral se encontró con el Jefe Político».
«A la mujer de Suñel se la encontró después oculta en el matorral».
«Tales son los detalles del suceso de anoche y que es objeto de mil comentarios, porque demuestra que es justa la alarma que hoy reina en la campaña».
«La bala que produjo la muerte del malhechor interesóle la vena aorta. Fue también la única recibida».
«El Señor Stirling prestó esta tarde su primera declaración ante el Juez Letrado. Nombró su defensor al Doctor Giribaldi Hegui».
Hasta aquí, la crónica de «El Paysandú». Debe establecerse que el Jefe de Policía de Paysandú, Don Manuel Stirling, fue separado de su cargo mientras se le instruía el sumario correspondiente por los hechos relatados. Al desprenderse de la investigación realizada que la actuación del mismo fue correcta, Stirling fue repuesto en el cargo el 18 de mayo de 1902.


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (III)

Prosigue la información publicada por «El Paysandú» el 26 de abril de 1902, relatando los hechos de la siguiente manera:
«Como por las inmediaciones no había otro escondrijo que aquel, resolvieron rodearlo el señor Stirling, el comisario Martínez y los dos empleados. Iban a efectuarlo cuando se oyeron detonaciones de arma de fuego en la dirección que se hallaba el sargento».
«Inmediamtanete se ordenó a uno de aquellos fuera a ver lo que ocurría mientras el señor Stirling y los demás se pusieron en acecho junto al matorral, a regular distancia unos de otros y revólver en mano».
«El Señor Jefe se hallaba en esa situación cuando de pronto sintió un ruido como de persona que caminaba entre las maciegas, presentándose enseguida un sujeto ante su presencia».
«Al intimarse la voz de alto por el señor Stirling, aquel dando un alarido de desafío se dirigió a él en actitud amenazadora, blandiendo una chuza cuyo largo no era menos de un metro».
«El Señor Jefe volvió a intimarle se diera preso, que era la autoridad, pero el sujeto lejos de hacerlo exclamó: ‘¡Qué me voy a rendir!‘, y diciendo y haciendo alzó la chuza para descargarla con toda su fuerza sobre el señor Stirling, pero éste sin perder la serenidad dio dos pasos atrás para evitar el golpe y descerrajole la carga de la pistola. Al ir retrocediendo, el Señor Jefe tropezó y cayó hacia atrás, recalcándose la mano izquierda al sostener su cuerpo con ella y hacer menos sensible la caída».
«El desconocido, herido ya, se le fue encima todavía con su arma en la mano y al pretender descargarle un nuevo golpe, aquel le evitó desviándole con una mano y abrazando al malhechor para impedirle todo movimiento».


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (II)

La crónica de los hechos policiales ocurridos en las cercanías de Porvenir continuaba de la siguiente manera:
«El resultado de la pesquisa fue la aprehensión de un tal Baldomero Sosa, quien parece denunció como cómplice a Wenceslao Suñel (alias ‘Berrinche‘), individuo este de malísimos antecedentes, que había despertado también sospechas de la Policía».
«En consecuencia se ejerció una severa vigilancia sobre la mujer de Suñel, que vive en los alrededores de la ciudad, y ayer por la tarde el comisario señor Martínez avisó al Jefe Político que aquella había salido en dirección a Colonia Porvenir en compañía de un sujeto que resultó ser el moreno Francisco Suárez».
«Momentos después el Señor Stirling, el Comisario de la Primera Señor Martínez, dos empleados y un sargento se dirigían en carruaje, a fin de no despertar sospechas, tomando los mismos rumbos de aquellos. Se presumía y con fundamento que la mujer y el moreno irían al lugar donde se encontrase Suñel».
«Al llegar al Pantanoso, casi en los lindes de la Colonia Porvenir, y siendo ya noche cerrada, perdiéronse de vista los perseguidos, pero al poco de andar y después de haber descendido del carruaje el Jefe y sus acompañantes, encontraron un caballo atado junto a un alambrado».
«Resultó ser el caballo en que iba el moreno Suárez, y creyendo ya asegurado el éxito de la pesquisa, el Señor Jefe Político ordenó que el sargento permaneciese al cuidado del caballo mientras él y sus acompañantes penetraban a pie al campo inmediato».
«A dos cuadras divisaron un matorral a la luz de la Luna que ya empezaba a salir y allí se dirigieron».


1902

El Jefe de Policía mató un cuatrero (I)

Un suceso policial de trascendencia tuvo lugar el 25 de abril de 1902 en la zona del arroyo Pantanoso, cercanías de Porvenir. Al respecto, la crónica publicada por el periódico «El Paysandú» el 26 de abril resulta de particular interés. Informa el periódico que dirigía Máximo Bascans:
«El bandolerismo en acción - El suceso de anoche». «El Jefe Político atacado por un cuatrero - Muerte de éste. Todos los detalles».
«Los más incrédulos se vienen convenciendo ahora de que la situación por que viene atravesando en estos momentos la campaña es efectivamente mala, que el cuatrerismo existe y que hay la necesidad imperiosa de que los poderes públicos se ocupen de poner término a este estado de cosas».
«Lo ocurrido anoche en el Pantanoso, a cinco leguas de la ciudad, en que el mismo Señor Jefe Político casi resultó víctima en manos de un cuatrero armado de una chuza, prueba que se trata de gente que está preparada para todo, dada la clase de armas que tienen en uso para su defensa».
Los detalles
«La prensa local denunció días pasados la frecuencia con que se producían carneadas en el establecimiento del señor Arocena, Salinas y otros del Rabón, Celestino y Valdez».
«El Jefe Político ordenó inmediatamente al escaso personal de que dispone, iniciar una activa pesquisa para capturar a los cuatreros, y no conforme con esto, el mismo funcionario en persona, poco confiado tal vez de la actividad de algunos de sus subalternos, hizo varias recorridas nocturnas por los alrededores de la Colonia, suponiendo que se tratara de gente pobre de esos contornos, que aguijoneada por el hambre cometiera esos delitos».


1902

¿Violaron territorio argentino? (II)

Ante la denuncia publicada en el periódico «La Nación» de Buenos Aires, sobre una posible violación del territorio argentino por autoridades militares uruguayas, el 13 de enero el diario «El Día» de Paysandú publicaba lo siguiente:
«A propósito de la noticia de que se han hecho eco los corresponsales de los diarios de esta localidad, sobre una supuesta invasión del territorio argentino por oficiales de la Urbana de Paysandú, creímos conveniente entrevistarnos con el Capitán Don Genaro González, Jefe de la mencionada Urbana, el cual nos dijo lo siguiente:»
«Que el día 9 del corriente, dos soldados de su compañía fueron, como de costumbre, a pescar y bañarse a la Isla de la Caridad, situada frente a nuestro puerto; —Que el botero que los llevó comprometiese en ir más tarde en su busca, lo que no hizo por olvido quizás; —que entonces los soldados viendo que las horas pasaban y el botero no aparecía pidieron desde la costa al patrón de una embarcación que pasaba, que les hiciera el servicio de mandarles un bote desde el puerto de Paysandú; — Que en esos momentos el llegaba a la Aduana, a objeto de tomar un baño en el Uruguay, y en conocimiento de lo que ocurría, resolvió trasladarse a la Isla de la Caridad para traer a los soldados que habían sido olvidados por el que los llevara, regresando con ellos, —De todo esto se desprende que no ha habido tal violación del territorio argentino ni tal captura de desertores como lo presumen las autoridades de la vecina Villa de Colón».
«Lo que se ha hecho al respecto no pasa según lo que declara el Capitán González, de una novela forjada por algún desocupado».


1902

¿Violaron territorio argentino? (I)

El 14 de enero de 1902 el diario «La Nación» de Buenos Aires informó sobre una supuesta violación del territorio argentino frente a Paysandú. La nota enviada por el corresponsal del matutino porteño en la Villa de Colón establecía textualmente:
«Colón. Entre Ríos 13. De fuente fidedigna sé que la autoridad marítima de este puerto hallase empeñada en comprobar un hecho que, a resultar cierto, por la substanciación del sumario ya instruido, implica nada menos que un acto violatorio de este territorio por parte de las autoridades uruguayas».
«El hecho de que se trata, que es ya de dominio público y muy comentado en la vecina ciudad de Paysandú, pues se efectuó sin misterio alguno, ocurrió del siguiente modo».
«El día 8 del actual por la tarde desertaron de la Urbana destacada en aquella población, dos soldados, uno de los cuales aparentaba no tener más de 15 años».
«Dichos soldados atravesaron el río y se refugiaron en la Isla de la Caridad, pidiendo alojamiento al isleño Miguel Otonni, ambos llevaban puesto el uniforme del cuerpo al que pertenecían. Como a las dos horas de pisar territorio argentino, llegaron a la misma isla, en un bote de la Capitanía de Paysandú, dos personas con traje civil y un marinero con uniforme, quienes avanzando hasta la casa de Otonni dieron la voz de preso a los desertores que no tuvieron tiempo de huir, y tomándolos por los brazos, los llevaron a empellones hasta el bote, que los condujo inmediatamente al punto de procedencia».
«Dícese que uno de los que efectuaron esta captura, en forma tan vituperable y audaz, era el mismo jefe de la Urbana, Capitán Jenaro González, quien llevaba traje de particular».


1902

Poderoso reflector para la Aduana

Una importante mejora significó la entrega al puerto de Paysandú de un reflector para vigilancia, considerado el más potente instalado en la zona del Río de la Plata. Al respecto, el diario «El Paysandú», el 13 de enero de 1902 informaba:
«Un adelanto más. El reflector de la Aduana».
«Anoche fue inaugurado con éxito completo, el reflector eléctrico con que el progresista concesionario Señor Etchebarne ha dotado a la Capitanía del Puerto».
«Demás estaría mencionar los servicios que está llamado a prestar ese aparato para la vigilancia de la bahía y sus adyacencias».
«Baste decir que su potencia es tal que se ve con la mayor precisión las costas y los objetos más distantes».
«Su luz alcanza fácilmente hasta el Saladero Casa Blanca, situado a una y media o dos leguas de nuestro puerto».
«El reflector eléctrico de nuestra Aduana es tal vez el único y de mayor potencia que existe hoy en el Plata».
«Una chata a pique. Carga averiada».
«La chata ‘Atalaya‘ que venía a remolque del vaporcito ‘Lobo‘ con procedencia de Salto conduciendo carga para ser trasbordada al vapor ‘Tritón‘ se fue a pique ayer a las 3 de la mañana, frente al Paso del Brete, entre Nuevo Paysandú y la vecina ciudad argentina de Colón».
«El siniestro se debe a que debido a la extraordinaria bajante del río, la chata chocó contra el ancla de una boya abriéndose un rumbo».
«Inmediatamente se procedió a embicarla en la costa consiguiéndolo, pero cuando ya las aguas habían penetrado en la bodega».
«La ‘Atalaya‘ traía 550 fardos de carne tasajo del saladero ‘La Conserva‘ del Señor Dickinson y 55 fardos de lana de Concordia. Sólo 37 fardos de lana consiguió salvarse».
«El resto de la carga quedó averiada».


1902

"Expedición" a Merinos, para fundar un pueblo (I)

El periódico sanducero «La Democracia» publicaba, el martes 26 de agosto de 1902, una crónica de las actividades cumplidas por un contingente de sanduceros que había concurrido a Merinos con el propósito de participar de los actos inherentes a la fundación del pueblo. Bajo el título «Las Fiestas Patrias, días 24 y 25 a Merinos», relataba:
«A pesar del intenso frío y no obstante la temprana hora, enorme fue la concurrencia que en la mañana del domingo afluyó a la Estación del Ferrocarril Midland. Se trataba de conmemorar en Merinos un aniversario glorioso y la conmemoración se efectuaba de manera digna para la República, fundando un pueblo. Por eso la expedición tenía verdadero aspecto de ejército victorioso, pero de ejército de la civilización, del adelanto, del fomento moral y material del país.
Respetables matronas y hermosas y simpáticas señoras daban mayor brillo y esplendor a la gira. El sexo feo se extasiaba con la contemplación de belleza tanta, olvidando gracias a semejante atractivo y en honor a la fecha la demora conque llegó la música de Concepción del Uruguay acogida con un estruendoso ¡Siga la baila! Que bien le vendría al señor empresario del tranway local.
A las ocho menos cuarto, esto es con una hora de retraso, partió el tren oyéndose estruendosos vivas, hurras y aplausos que contrastaban con la glacial temperatura en un legítimo día de invierno con plétora de heladas y otros perendengues que ponían la nariz y los dedos como carámbanos.


1903

La necesidad de canalizar Almirón (II)

La nota publicada por «El Paysandú» concluye de la siguiente manera:
«Para reafirmar más y más la necesidad de llevar a la práctica el proyecto de canalizar Almirón, se hizo presente que sólo las casas de A. Santamaría y Huffnagel, Plottier y Cia. enviaban al puerto de Buenos Aires por más de cincuenta mil toneladas de carga anuales.
El Señor Ministro de Fomento, abundó en el orden de las consideraciones como diciendo que no cabían ya dos opiniones relativamente a la importancia capitalísima que tiene, no sólo para Paysandú sino para toda la república, la canalización del Uruguay en condiciones que haga de Paysandú un puerto habilitado para el comercio exterior, complementario por decirlo así, del gran puerto de Montevideo».
«Pero... opinó también el Señor Ministro, que no le parecía viable el proyecto planeado por el comercio local, esto es, de confirmar al gobierno argentino la realización de estas obras, pues aparte de que acaso no esté en el interés de ese gobierno la canalización inmediata del Uruguay en el Paso de Almirón, por no requerirlo así las necesidades actuales de su comercio, carecía de material de dragado accesorio para llevar a cabo la empresa, puesto que según informes recientes todo el material que venía empleado en la canalización de algunos pasos del Uruguay, será estos días llevado para el Río Bermejo, donde se va a llevar trabajos de larga duración. Hubo entonces entre las personas presentes un cambio general de ideas y aunque no se arribó a ninguna fórmula precisa, se aceptó el pensamiento fundamental de la formación de un empréstito, en parte ya suscripto por el comercio local, que servirá de base al gobierno para abordar de nuevo la empresa en forma que garantice también la consecución de las obras que se realicen».


1903

La necesidad de canalizar Almirón (I)

En todas las épocas, pero más aún cuando el transporte por vía fluvial era realmente intenso, la canalización del Paso de Almirón era una medida reclamada de continuo por los sanduceros.
Véase al respecto la información que publicaba el periódico «El Paysandú» el 13 de abril de 1903:
«La Directiva de este importante centro fue convocada hoy a una reunión extraordinaria con el objeto de recibir en su local de sesiones al Señor Ministro de Fomento (José Serrato)».
«A las 9 y 1/2 se hallaba reunida ya dicha directiva, haciendo también acto de presencia los señores Alberto Santamaría, padre e hijo, actualmente empeñados en la realización de un proyecto de frigorífico anexo a su gran establecimiento saladeril».
«A las 10, minutos más o menos, llegó al local el Señor Ministro acompañado por el Jefe Político Señor Epalza, el Presidente de la Junta Económico Administrativa, Doctor Giribaldi Heguy, el Oficial Primero del Ministerio de Fomento Doctor Pacheco y los señores Conrado Rucker, N. Storace e Ingeniero Víctor Benavídez».
«Después de las presentaciones de estilo y de haber pasado al local de sesiones, se abordó la cuestión capital de la canalización de Almirón. El señor Plottier hizo una exposición tan circunstanciada como convincente sobre las obras que debieran realizarse en ese paraje y la necesidad cada vez más imperiosa de su ejecución inmediata».


1903

«Foot Ball», los equipos

El histórico primer partido de fútbol en Paysandú ha finalizado. En la crónica publicada por «El Paysandú» al otro día, el 27 de julio de 1903 se brindan los detalles del espectáculo:
«Todos los jugadores tanto del Midland como del Libertad han demostrado mucho bríos en el juego así como serenidad, bastante extraño por cierto tratándose de un primer partido de co