Martes 13/5/2008

 
 
 
 
 
 
 
 
 


 

Por Paysandú, en

todas las circunstancias
 

Es aleccionante que los sanduceros nos hayamos puesto de acuerdo para actuar en positivo y a través de una comisión dar una nueva prueba del espíritu de Paysandú latente en todos nosotros, sumando esfuerzos para reu-nir fondos que han permitido que pudiera construirse nuevamente el Monumento a la Madre, que fuera emplazado en el patio de Jefatura de Policía en la víspera de la conmemoración del Día de la Madre.

Es un motivo de satisfacción y en buena medida de orgullo que autoridades y fuerzas vivas no se hayan quedado a llorar sobre la leche derramada y se hayan dedicado a enmendar en lo posible el doloroso episodio que constituyó el robo del emblemático monumento desde su emplazamiento en avenida Debali y República Argentina.

También este episodio positivo ha servido en alguna medida para recordarnos que pese al tiempo transcurrido no se han encontrado los culpables del robo, como de tantos otros hurtos de bienes de la comunidad, sino también de actos de vandalismo por el solo hecho de infligir daño al prójimo.

Esta impunidad es a la vez un factor de desaliento y frustración para los sanduceros, y debe ser motivo de nuevos esfuerzos de las autoridades competentes en procura de encontrar a los culpables. También de generar mecanismos de prevención y vigilancia que tengan carácter disuasivo hacia los autores de tales hechos, cuando éstos ponen de relieve un grado de inconciencia que raya en la enajenación.

Al hablar en el acto de entrega del monumento que será posteriormente instalado en la vereda junto al Palacio Municipal, el intendente Julio Pintos formuló un llamado a reconstruir «la autoestima de los sanduceros», y señaló que la Intendencia Departamental, además de tapar pozos, mejorar la iluminación y los espacios públicos, está tratando de imprimirle a Paysandú la recuperación de la autoestima, «de la idea de que Paysandú puede».

Es significativa la apelación al eslogan de «Paysandú puede» de la Administración Larrañaga, un concepto que apela a la fibra de los sanduceros, a su amor por el terruño y el convencimiento de que unidos, por encima de discrepancias, podremos superar las adversidades y construir nuestro futuro.

Mencionó a modo de ejemplo las acciones que se están llevando a cabo por la reactivación del puerto, incluyendo el dragado del río Uruguay, la reactivación de la producción, la incorporación de tecnicaturas de informática y trabajos en el área social, tanto por acción directa de la Intendencia como en coordinación con el gobierno nacional.

El caso del puerto es ostensible, desde que en solo dos años se ha logrado avanzar mucho más que en décadas, a través de la voluntad política de la Administración Nacional de Puertos y de otros organismos para generar infraestructura y condiciones propicias en aras de este objetivo en proceso, en el que el gobierno departamental también ha tenido participación, como así también en otras acciones en que ha apoyado al gobierno nacional.

Pero en esta reafirmación de la «autoestima» la Administación Pintos ha dado manos de cal y de arena, porque si bien se ha alineado en determinadas acciones positivas con el gobierno nacional, también ha tenido hacia éste una postura condescendiente y ajena a los intereses de Paysandú cuando el poder central ha sido ajeno al sentir del terruño y del Interior.

Tiene por un lado disposición para impulsar el desarrollo portuario y respaldar las acciones del Ministerio de Desarrollo Social, entre otros aspectos, pero no lo vemos actuar de la misma forma ni reclamar cuando el gobierno central ignora olímpicamente a Paysandú, cuando por ejemplo el Ministerio de Salud Pública se lleva el litotriptor con promesas de traerlo de vuelta algún día, o deja morir la posibilidad de instalar el tomógrafo donado por un facultativo al Hospital Escuela del Litoral.

Tampoco cuando el Codicen se ha desinteresado de reactivar la Escuela de Hortifruticultura, tan cara para los sanduceros y que tanto esfuerzo llevó crear, y tampoco se embarca en causas comunes con otros departamentos del Interior, para descentralizar servicios que son financiados por todos los uruguayos y que se concentran muchas veces exclusivamente en Montevideo, cuando el Poder Ejecutivo no da señales a favor de estas iniciativas.

Y no basta con decirlo, sino que es preciso demostrar con acciones en todos los casos que se está mucho más interesado en la suerte de Paysandú y el Interior que en darle siempre la razón al gobierno nacional, cuando es del mismo partido.

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Violencia en las aulas

La violencia en las aulas no es una novedad. Sin embargo, ciertos casos que han tomado estado público, han puesto el tema sobre el tapete. Jóvenes que agreden a estudiantes a la salida del liceo, actos de vandalismo contra centros de estudios y su equipamiento y hasta el extremo de agredir físicamente a profesores forman parte de las conductas estudiantiles que han estado últimamente en los medios de comunicación.

Sin embargo, existen otras como el maltrato verbal entre estudiantes y docentes y hasta la práctica que ejercen algunos estudiantes que presionan a sus propios compañeros para que no se destaquen en clase como forma de bajar las exigencias del profesor, que difícilmente llegan a los titulares pero suelen formar parte del origen de conductas más violentas. Habitualmente, cuando se habla sobre la violencia que ejercen ciertos estudiantes contra compañeros y profesores, sobre la inseguridad y falta de respeto a las que se ve sometido el profesorado en su trabajo, se hace, atomizando y sacando de contexto el problema.

Las causas de la violencia que aplican estudiantes se resumen, en última instancia, en un cambio cultural por el cual se están perdiendo los valores tradicionales de respeto a la autoridad, tan necesarios para una cultura de la tolerancia y el consenso.

Los centros de estudio no son solo un lugar donde unos van a aprender y otros a trabajar. Son también un lugar donde se convive con otras personas y en esa convivencia cada uno pone lo que trae. Es por eso, que mucho de la casa, de la calle y de otras relaciones se cuece en las aulas y patios de escuelas y liceos.

No podemos perder de vista que estas manifestaciones tienen causas que no pueden ser atribuidas solo a la dinámica del espacio escolar donde ocurren los problemas, sino que la escuela o el liceo son espacios que acogen y reproducen muchas de las dinámicas de la propia sociedad.

Hablar de la violencia ejercida por estudiantes es reducir el problema, cuando en realidad debemos abordarlo con visión amplia y mente abierta para ver qué se puede hacer para darnos la oportunidad de debatir sobre la violencia —manifiesta o simbólica— existente en torno a todo el sistema educativo.


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