Miércoles 26/3/2008

 
 
 
 
 
 
 
 
 


 

Lo que no le va a pasar a

la Administración Pintos


Recientemente traíamos a colación una serie de reflexiones a propósito de los defectos constructivos en la obra del Estadio Artigas, aludiendo a responsabilidades directas y/o indirectas del gobierno municipal nacionalista en las desprolijidades y eventuales omisiones que trajeron aparejada esta situación, que si bien fue denunciada y sujeta a estudios en su momento, los resultados y definiciones han demorado en exceso, por responsabilidad de la Administración Pintos.

Y si bien existen responsabilidades en la obra, aún no bien dilucidadas, corresponde señalar que a este gobierno municipal difícilmente le ocurra algo parecido, y no precisamente porque sea mejor ni peor que el anterior, sino porque simplemente no hace obras propias de relevancia, y ha definido prioridades que no necesariamente habrán de aportar nada que valga la pena al Paysandú del presente y del futuro. Pasará sin pena ni gloria y no dejará ninguna obra de importancia, y la ciudad seguirá tan gris como ahora, salvo algunos cientos de metros de la costanera.

Esta es la realidad que surge como saldo de la gestión de la presente administración, que se encuentra ya a más de la mitad de su camino y que sin embargo ha hecho muy poco digno de tener en cuenta, pese a los enunciados. Y ello se da cuando la administración municipal ha encontrado una situación económica muy favorable, lo que le ha permitido subir sustancialmente los impuestos correspondientes a Patente de Rodados y Contribución Inmobiliaria, mediante la aplicación del nuevo catastro y tasa general de servicios, que ha comprendido a numerosos contribuyentes, y no precisamente los más pudientes.

Ello ha sido determinante para contar con más ingresos y el correspondiente aumento del gasto, que sin embargo ha sido utilizado con prioridades traspuestas, al resignar acciones eminentemente municipales, para dedicarse a encimar competencias en áreas que son de resorte nacional.

Es decir, que el contribuyente que con gran esfuerzo paga sus impuestos municipales, se encuentra con que no tiene el retorno a que aspira en los servicios que debería prestar la comuna desde su área específica, es decir vialidad urbana y rural, recolección de residuos y alumbrado, básicamente.

Las mejoras que se han anunciado suenan a poco, a remedios efímeros ante la coyuntura, y a cobijarse en lo que se atribuye a «herencia maldita», antes que dedicarse a hacer lo que se debe hacer en favor del departamento.

En esta herencia se inscribe el darle largas a una decisión definitiva sobre qué hacer con el Estadio Artigas, y a abandonar el mantenimiento de las controvertidas fuentes ornamentales construidas por la anterior administración, que distan de ser un aporte urbanístico como se pretendía, naturalmente, pero a las que no debería dejárselas abandonadas a fin de que se constituyan en mudo testigo ante el vecino sobre lo mal que actuaron los que estuvieron antes en la administración municipal.

Un caso claro es el de la rotonda de Bulevar Artigas, donde ni siquiera se reparan las veredas que han quedado destrozadas en accidentes de tránsito y por «mordidas» de camiones, lo que desmerece notoriamente el lugar, y se la deja a oscuras, con la excusa de que sigue vigente un litigio judicial, con la población pagando los platos rotos de intereses político-electorales.

Este gobierno tampoco se ha preocupado por hacer algo con la planta de biodiesel de pueblo Esperanza, salvo mantenerla parada por casi tres años, con la excusa de que el biocombustible no cumplía con estándares de calidad y una dudosa apelación a la preservación del medio ambiente.

No hace falta hilar muy fino para colegir que no existe voluntad política por continuar o siquiera mejorar un emprendimiento que proviene de la anterior administración, que puede haber tenido errores y que es perfectible, pero que tenía la virtud —ahora perdida por responsabilidad de la Administradción Pintos— de haber colocado a Paysandú a la vanguardia nacional en materia de biodiesel.

Mientras tanto, la Intendencia Departamental se ha dedicado a incorporar profesionales en una diversidad de áreas, lo que no sería de cuestionar si realmente las concreciones estuvieran de acuerdo con esta tecnificación y enumeración de proyectos. Pero a la inversa, mientras se habla de urbanística, se fomentan construcciones precarias en el Sur de la ciudad y en la costa del río Uruguay, linderas con áreas que se quiere desarrollar como de interés turístico, lo que no resiste ningún análisis.

También vemos al intendente demasiado preocupado por hacer buena letra y seguir los lineamientos del gobierno nacional, tan centralista como los anteriores, cuando debería estar en primera línea defendiendo los intereses del departamento, en áreas en las que Paysandú, como el resto del Interior, es reiteradamente vulnerado en sus derechos. 


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Puertas semiabiertas


El director nacional de Migraciones, comisario inspector Jesús De Mello, dijo a «El País» que esta dependencia está atravesando un proceso de cambios y de actualización con la intención de convertir a Uruguay en un país «de puertas abiertas».

Es que el trámite para obtener la residencia permanente en Uruguay es complejo, pero se espera que se simplifique con la nueva ley que también apunta a regularizar la situación de los extranjeros ilegales y facilitar el regreso de los uruguayos al país.

La Dirección Nacional de Migraciones da sólo diez números por día y no tiene traductores para ayudar a los extranjeros que no hablan español. Además, existen diversos problemas generados porque la legislación actual, que data de 1947, no se corresponde con la realidad.

Las políticas migratorias pasan desapercibidas en Uruguay, pues nuestro país está acostumbrado a despedir gente y por ende se preocupa más por cómo son recibidos sus ciudadanos en el resto del mundo que por cómo recibe a los extranjeros que llegan.

Sin embargo, en los últimos años se ha incrementado el trabajo en Migraciones. En Montevideo se tramitan diez residencias por día, a las que hay que sumarles las que se diligencian en el interior del país que son alrededor de tres en el mismo período. La mayoría de las residencias provienen de Argentina, pero en los últimos años se ha incrementado el número de europeos que aspiran a vivir en Uruguay, como matrimonios de jubilados que desean vivir y disfrutar de las bellezas y paz de nuestro país. Es por ello que cada vez se hace más necesaria una actualización de la legislación, así como la agilización de los trámites para que Uruguay pueda ser un país de puertas abiertas, de par en par, para aquellos extranjeros que decidan radicarse. Uruguay es, en sus raíces, tierra de inmigrantes. Quizás, en una pequeña medida, podamos volver a nuestras raíces.

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