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Lo
que no le va a pasar a
la
Administración Pintos
Recientemente traíamos a colación una serie de reflexiones a
propósito de los defectos constructivos en la obra del Estadio
Artigas, aludiendo a responsabilidades directas y/o indirectas del
gobierno municipal nacionalista en las desprolijidades y
eventuales omisiones que trajeron aparejada esta situación, que
si bien fue denunciada y sujeta a estudios en su momento, los
resultados y definiciones han demorado en exceso, por
responsabilidad de la Administración Pintos.
Y
si bien existen responsabilidades en la obra, aún no bien
dilucidadas, corresponde señalar que a este gobierno municipal
difícilmente le ocurra algo parecido, y no precisamente porque
sea mejor ni peor que el anterior, sino porque simplemente no hace
obras propias de relevancia, y ha definido prioridades que no
necesariamente habrán de aportar nada que valga la pena al
Paysandú del presente y del futuro. Pasará sin pena ni gloria y
no dejará ninguna obra de importancia, y la ciudad seguirá tan
gris como ahora, salvo algunos cientos de metros de la costanera.
Esta
es la realidad que surge como saldo de la gestión de la presente
administración, que se encuentra ya a más de la mitad de su
camino y que sin embargo ha hecho muy poco digno de tener en
cuenta, pese a los enunciados. Y ello se da cuando la
administración municipal ha encontrado una situación económica
muy favorable, lo que le ha permitido subir sustancialmente los
impuestos correspondientes a Patente de Rodados y Contribución
Inmobiliaria, mediante la aplicación del nuevo catastro y tasa
general de servicios, que ha comprendido a numerosos
contribuyentes, y no precisamente los más pudientes.
Ello
ha sido determinante para contar con más ingresos y el
correspondiente aumento del gasto, que sin embargo ha sido
utilizado con prioridades traspuestas, al resignar acciones
eminentemente municipales, para dedicarse a encimar competencias
en áreas que son de resorte nacional.
Es
decir, que el contribuyente que con gran esfuerzo paga sus
impuestos municipales, se encuentra con que no tiene el retorno a
que aspira en los servicios que debería prestar la comuna desde
su área específica, es decir vialidad urbana y rural,
recolección de residuos y alumbrado, básicamente.
Las
mejoras que se han anunciado suenan a poco, a remedios efímeros
ante la coyuntura, y a cobijarse en lo que se atribuye a
«herencia maldita», antes que dedicarse a hacer lo que se debe
hacer en favor del departamento.
En
esta herencia se inscribe el darle largas a una decisión
definitiva sobre qué hacer con el Estadio Artigas, y a abandonar
el mantenimiento de las controvertidas fuentes ornamentales
construidas por la anterior administración, que distan de ser un
aporte urbanístico como se pretendía, naturalmente, pero a las
que no debería dejárselas abandonadas a fin de que se
constituyan en mudo testigo ante el vecino sobre lo mal que
actuaron los que estuvieron antes en la administración municipal.
Un
caso claro es el de la rotonda de Bulevar Artigas, donde ni
siquiera se reparan las veredas que han quedado destrozadas en
accidentes de tránsito y por «mordidas» de camiones, lo que
desmerece notoriamente el lugar, y se la deja a oscuras, con la
excusa de que sigue vigente un litigio judicial, con la población
pagando los platos rotos de intereses político-electorales.
Este
gobierno tampoco se ha preocupado por hacer algo con la planta de
biodiesel de pueblo Esperanza, salvo mantenerla parada por casi
tres años, con la excusa de que el biocombustible no cumplía con
estándares de calidad y una dudosa apelación a la preservación
del medio ambiente.
No
hace falta hilar muy fino para colegir que no existe voluntad
política por continuar o siquiera mejorar un emprendimiento que
proviene de la anterior administración, que puede haber tenido
errores y que es perfectible, pero que tenía la virtud —ahora
perdida por responsabilidad de la Administradción Pintos— de
haber colocado a Paysandú a la vanguardia nacional en materia de
biodiesel.
Mientras
tanto, la Intendencia Departamental se ha dedicado a incorporar
profesionales en una diversidad de áreas, lo que no sería de
cuestionar si realmente las concreciones estuvieran de acuerdo con
esta tecnificación y enumeración de proyectos. Pero a la
inversa, mientras se habla de urbanística, se fomentan
construcciones precarias en el Sur de la ciudad y en la costa del
río Uruguay, linderas con áreas que se quiere desarrollar como
de interés turístico, lo que no resiste ningún análisis.
También
vemos al intendente demasiado preocupado por hacer buena letra y
seguir los lineamientos del gobierno nacional, tan centralista
como los anteriores, cuando debería estar en primera línea
defendiendo los intereses del departamento, en áreas en las que
Paysandú, como el resto del Interior, es reiteradamente vulnerado
en sus derechos.
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Puertas
semiabiertas
El
director nacional de Migraciones, comisario inspector Jesús De
Mello, dijo a «El País» que esta dependencia está atravesando un
proceso de cambios y de actualización con la intención de
convertir a Uruguay en un país «de puertas abiertas».
Es
que el trámite para obtener la residencia permanente en Uruguay es
complejo, pero se espera que se simplifique con la nueva ley que
también apunta a regularizar la situación de los extranjeros
ilegales y facilitar el regreso de los uruguayos al país.
La
Dirección Nacional de Migraciones da sólo diez números por día y
no tiene traductores para ayudar a los extranjeros que no hablan
español. Además, existen diversos problemas generados porque la
legislación actual, que data de 1947, no se corresponde con la
realidad.
Las
políticas migratorias pasan desapercibidas en Uruguay, pues nuestro
país está acostumbrado a despedir gente y por ende se preocupa
más por cómo son recibidos sus ciudadanos en el resto del mundo
que por cómo recibe a los extranjeros que llegan.
Sin
embargo, en los últimos años se ha incrementado el trabajo en
Migraciones. En Montevideo se tramitan diez residencias por día, a
las que hay que sumarles las que se diligencian en el interior del
país que son alrededor de tres en el mismo período. La mayoría de
las residencias provienen de Argentina, pero en los últimos años
se ha incrementado el número de europeos que aspiran a vivir en
Uruguay, como matrimonios de jubilados que desean vivir y disfrutar
de las bellezas y paz de nuestro país. Es por ello que cada vez se
hace más necesaria una actualización de la legislación, así como
la agilización de los trámites para que Uruguay pueda ser un país
de puertas abiertas, de par en par, para aquellos extranjeros que
decidan radicarse. Uruguay es, en sus raíces, tierra de
inmigrantes. Quizás, en una pequeña medida, podamos volver a
nuestras raíces.
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