Viernes 9/5/2008

 
 
 
 
 
 
 
 
 


 

La inflación tiene quien la aliente


La nueva suba en el precio de los combustibles, sobre todo del gasoil, que afecta directamente a los sectores productivos y al transporte, es un ingrediente inflacionario que seguramente va a echar por tierra con la tregua que había dado abril en la suba de precios, cuando el Índice de Precios al Consumo había arrojado un alentador 0,33 por ciento. La suba del precio internacional del crudo ha sido determinante para que los combustibles estén incidiendo cada vez en forma más generosa sobre los costos de los formadores de precios, a la vez de generar expectativas que los operadores tratan de cubrir con subas ante la eventualidad de nuevas alzas, contribuyendo así a realimentar la espiral inflacionaria.

Es que la inflación tiene un alto componente de expectativas y no alcanza con que el dólar se mantenga «planchado» para contener los precios, desde que hay otros elementos que pesan en los costos y que son determinantes para que también tengamos inflación en dólares, incluyendo a los salarios. Con el gasoil el país viene arrastrando problemas que datan ya desde hace muchos años, cuando se instrumentó la decisión política por la cual se establecieron subsidios cruzados entre las naftas y el gasoil, con las primeras subsidiando al carburante diesel, en el entendido de que éste es extensamente utilizado por los sectores productivos y el transporte, como una forma de abatir costos.

Pero claro, los usuarios percibieron el mensaje y gradualmente se fue «dieselizando» el parque automotor, al punto de que la demanda de gasoil triplica la de las naftas, y como la refinería de Ancap produce un volumen más o menos equivalente de ambos combustibles a partir del crudo que procesa, se llegó a esta enorme distorsión en la demanda.

Como directa consecuencia de estas políticas, Uruguay todavía debe seguir importando gasoil para atender esta sobredemanda, y a la vez vender las naftas que le sobran como consecuencia del refinado del crudo en La Teja. La situación hubiera sido muy distinta si nuestro país importara combustibles refinados, porque de esta forma compraría solo los volúmenes que necesita, pero para defender una presunta «soberanía» y sobre todo la burocracia de Ancap, se mantuvo contra viento y marea este esquema irracional. La Administración Vázquez ha continuado con la tendencia anterior de tender a equiparar los precios de ambos carburantes, y es así que gradualmente, mediante modificaciones en la carga tributaria, el gasoil ha subido de precio en mayor proporción que las naftas, al punto que en el último reajuste del 5,3 por ciento, el carburante diesel se vende ya por encima del precio de la nafta común y casi al mismo valor que la súper. Igualmente, se mantiene la distorsión en la demanda, aunque se ha reducido, al mantenerse circulando gran parte del viejo parque automotor, y pese a que prácticamente ya nadie compra gasoleros de paseo cero kilómetro, persiste un sobreconsumo de gasoil que obliga a compras adicionales en el exterior. El punto es que si bien las empresas que trabajan dentro de la legalidad pueden descontar IVA hasta cierto tope para sus compras de gasoil, los sucesivos incrementos inciden negativamente en los costos, y hay sectores de pequeños productores que no tienen esta posibilidad, por lo que deben trasladar la suba a los productos con los que trabajan. Por otro lado, estamos en año preelectoral, con el Poder Ejecutivo anunciando que va a gastar 319 millones de dólares más en la rendición de cuentas, en lo que apunta como un nuevo carnaval electoral, con el Estado gastando dinero a manos llenas por la vía de la imprevista generosidad del ministro-candidato Danilo Astori.

Ante este escenario, el gobierno debería poner las barbas en remojo y hacer lo que se debe hacer: contener el gasto, para no oprimir más a los sectores productivos y a los consumidores, y analizar cuanto antes fórmulas para que esos 300 millones de dólares se vuelquen realmente a abatir los costos que afectan a los sectores reales de la economía.

Lo que sería una actitud racional, para no someter al país a los avatares que inevitablemente sobrevendrán si por intereses político-electorales se continúa «tirando la pelota para adelante», le toque a quien le toque.

 

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Circulación ágil


«No queremos más estacionamientos, sino que los camiones no estacionen, queremos que circulen», plantearon los representantes de las gremiales de camioneros que integran la Intergremial de Transporte Profesional de Cargas ante la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados. Les preocupan los problemas que afectan a los transportistas en los pasos de frontera, tanto con Brasil como con Argentina y los reclamos son a simple vista atendibles.

En la frontera con Brasil el paro de los aduaneros ya cumplió 50 días y en la frontera con Argentina la realidad es también adversa en el tránsito, impedidos por piqueteros en el puente «General San Martín» y profundas demoras para concretar la tramitación correspondiente en el «General José Artigas».

Más allá de los perjuicios económicos para las empresas transportistas, que seguramente son elevados y preocupan al sector como tal, están también los inconvenientes personales que deben sobrellevar los choferes para cumplir con la entrega de la carga. El abarrotamiento de camiones en las inmediaciones del puente internacional que une Paysandú con Colón es tan evidente como lo son las condiciones en las que deben permanecer los trabajadores que los conducen. Allí los vimos esperar bajo el implacable sol del verano y ahora con los incipientes fríos permanecer estoicos sin una infraestructura mínima que les permita cumplir con necesidades tan básicas como comer o bañarse en un espacio adecuado. La gremial informó que el promedio de demora va entre dos y cuatro días, tiempo que demorarán en poder regresar a sus domicilios, ya que mientras el camión permanece cargado custodiar la carga es su responsabilidad.

A dos años de implementado el corte del puente «Gral. San Martín» el proyectado espacio para estacionamiento es una alternativa que deberá gestionarse con celeridad. Sin embargo, parece correcto que los esfuerzos se concentren en garantizar un ritmo fluido de circulación. Para permitir que los camiones cumplan en tiempo y forma su tramitación y sean liberados rápidamente no deben eliminarse controles ni trámites vitales, sino optimizar los procedimientos. En atención a las necesidades humanas de los camioneros, atender algunos de los requerimientos planteados resulta urgente.

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