Carlos Filoto: automodelismo en su máxima expresión

Carlos Filoto y el sueño del pibe automodelista: una pista de 23 metros de recorrido.

El público sentado en las tribunas palpita el inicio de la carrera. En boxes los equipos ultiman detalles, mientras los bólidos comienzan a rugir buscando su ubicación en el punto de partida.
Los pilotos se concentran al máximo. Aprietan fuerte el volante, como intentando fusionarse con el auto. Hasta que el semáforo habilita a acelerar a fondo, y comienza el derroche de adrenalina entre los pilotos, que buscan encarar primeros la curva inicial de un circuito que cuenta con algún sector peligroso, que amerita sacar el pie del acelerador y pasarlo al freno.
La primera vuelta se cerrará con una recta interminable, esa en la que todos quieren sacar ventaja o bien recuperar algunos de los segundos perdidos.
El cuenta vueltas va marcando el desarrollo de la carrera. Y también va marcando en la torre la posición de cada uno de los competidores.
Hasta que llega la última vuelta, el esfuerzo final, el recorrido de los últimos 23 metros de la pista. Y hay un campeón, que celebra en el podio acompañado por el segundo y el tercero.
No se trata de una historia en estos tiempos de coronavirus. Se trata de ese campeonato que cada semana corre un Gran Premio en la casa de Carlos Filoto, un sanducero que abraza el automodelismo como una verdadera pasión desde su adolescencia, y que llegó a su punto máximo hace un par de meses, cuando finalizó la construcción de una pista de ensueño.
“Arranqué con esto cuando tenía 12 o 13 años, y corría en la pista que tenían los hermanos Caporale donde hoy está la DGI. Incluso compré un auto para correr en aquella época, un Porsche que aun conservo. Iba a correr con el ‘Negrito’ Uccellini”, recordó quien con 18 años se fue a vivir a Alemania.
“Volvió en 1984 y comencé una pista en la casa de mi hermana, que se fue a Alemania y me dejó a cargo, pero otra hermana se mudó para ahí así que la terminé tirando, porque la guardé en un galpón que se llovía”, recordó.
Tuvo su revancha hace unos 10 años, cuando comenzó a armar una pista de Argentina de la marca Automundo. Pero la tercera fue la vencida: hace un año puso manos a la obra para construir este circuito espectacular, que tiene un recorrido de unos 23 metros, y que mide dos metros de ancho y 12 de largo.
“Acá hay tres pistas unidas, en realidad. Como las piezas pueden unirse, podés inventar cualquier cosa. A este circuito lo inventé yo, fui probando y me gustó así. Tiene esa recta larga para ver cómo corren los autos”, contó.
La pista es espectacular. Y tiene cada chiche increíble. “En Uruguay no he visto otra así, digital, con dos vías en las que pueden correr seis autos. No tenés cable, así que podés ubicarte en cualquier lado”.
Los autos (vienen de diferente tamaño y más o menos veloces) tienen todos los detalles. Hasta luz de freno. “Ponés el código y se programa cada auto. Se le da la velocidad a la que se quiere correr, y se controla todo”, hasta el cambio de carril, dijo. A tal punto que se puede programar hasta qué cantidad de nafta tendría el tanque. Y hay que señalar que existen diferentes tipos de cubiertas y motores. Como si se tratara de bólidos de verdad.
“La terminé hace un par de meses y tenemos un grupo de amigos, nos juntamos y una vez por semana corremos”, expresó Filoto, que asegura que “la pista en sí no es cara, porque se puede ir comprando por caja”. La más chica vale unos 100 dólares, aunque analógicas, que después pueden adaptarse a digital.
“Y cada auto vale entre 50 y 100 dólares”, informó. Luego “no se necesita mucho para mantenerla, solo cambiar cada algunos meses las escobillas y las cubiertas, que son baratas. Los autos son indestructibles, los chocamos mil veces y no hemos tenido problemas”, remarcó Filoto, quien también se ingenió para hacer las llantas de los autos y las cubiertas”.
La pista es todo un espectáculo en sí mismo. Con todos los detalles. Y las carreras, pese a la escala, son realmente emocionantes.