Acelerando a fondo

Las ventas de automóviles y otros vehículos eléctricos no dejan de crecer en nuestro país y, aunque todavía sigue siendo raro verlos en el tránsito diario, dado que en el total del parque automotor siguen siendo relativamente pocos los vehículos de este tipo, el país ha dado señales claras de que el objetivo es electrificar la movilidad. En este sentido se han conocido anuncios oficiales como el de UTE, que para fin de este año espera tener 300 puntos de carga para vehículos eléctricos y se ha planteado como meta disponer un cargador cada 50 kilómetros. Según los números presentados por la consultora Autodata, en el año 2020 se vendieron 200 unidades, pasaron a comercializarse 697 en 2021 y el número creció a 1.225 el año pasado. Los datos a setiembre de este año mostraban que ya se habían vendido más y que 2023 batirá otro récord. En un país que no para de celebrar logros en materia de generación eléctrica a partir de fuentes renovables, que sigue viendo crecer proyectos como el que publicáramos pocos días atrás, y con el gobierno comprometido, promoviendo acciones que favorecen la electrificación –como el programa Subite– y que se ha planteado el objetivo de alcanzar la neutralidad de emisiones para 2050, parece una tendencia consolidada.
Pero –mal que nos pese– estamos insertos en un contexto mundial, en el que si bien en los últimos años hubo un fuerte crecimiento de la fabricación de vehículos eléctricos, las ventas han estado por debajo de las previsiones y empiezan a aparecer señales que podrían desalentar al mercado.
Una de estas señales es un pormenorizado informe que días atrás dio a conocer el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), en el que advierte que, lejos de ralentizarse, la producción se combustibles fósiles va a seguir creciendo hacia 2030. “Los gobiernos planifican producir un 110% más de combustibles fósiles por encima del nivel de producción requerido para limitar el calentamiento global a 1,5 °C; cifra que representa un 69% más de la producción máxima permitida para cumplir con el objetivo de 2 °C”, señaló. Lógicamente que la noticia más preocupante de ese enunciado es que los estados van a incumplir sus compromisos ambientales, lo cual es una señal en sí misma. Una pésima señal. Pero también es un indicador de que no se espera, al menos en lo que queda de la década, que decaiga el ritmo de producción petrolífera –ni el consumo, ni se diga–.
Pero las predicciones en este sentido se estiran hasta la mitad del siglo, cuando se suponía que el mundo debería estar en los umbrales de la neutralidad. “Las estimaciones científicas más recientes sugieren que la demanda mundial de carbón, petróleo y gas alcanzará su punto máximo en esta década (2020-2029), incluso sin tener en cuenta nuevas políticas a favor de la extracción de combustibles fósiles que puedan surgir en el resto de década. Debido a ambos factores, los planes actuales de los gobiernos conducirían a un aumento de la producción mundial de carbón hasta 2030, y de la producción mundial de petróleo y gas al menos hasta 2050, lo que crearía una brecha cada vez mayor en la producción de combustibles fósiles a lo largo del tiempo”, sostiene. Si, como argumentan los científicos, el mundo depende de que se cumplan estos compromisos, estamos “en el horno”, como dicen los muchachos.
Pero como si esta señal por sí sola no alcanzare, el mismo mercado automotriz empieza a dar muestras de que hubo una sobreestimación del impacto del eléctrico y hay ánimos de corregir el rumbo.
Lo primero que hay que decir es que la fiebre del auto eléctrico se inició con un conocido caso de éxito, que fue el de la empresa Tesla; sí, la de Elon Musk, que tuvo un fuerte crecimiento bursátil y el mercado lo percibió como una tendencia a futuro. Hoy el panorama para muchas de las empresas que quisieron hacia la movilidad eléctrica es poco menos que desolador, o mismamente desolador. “Ante los signos de aumento de los inventarios y ralentización de las ventas, los ejecutivos de la industria automovilística han admitido esta semana que sus ambiciosos planes sobre coches eléctricos están en peligro, al menos a corto plazo”, dice un artículo de la versión en español de la revista especializada en negocios Bussines insider (businessinsider.es).
General Motors anunció que abandonó sus objetivos de fabricar 100.000 vehículos eléctricos en la segunda mitad de este año y otros 400.000 en los seis primeros meses de 2024. El mismo Musk advirtió recientemente en la presentación de resultados de Tesla que “las preocupaciones económicas llevarán a una disminución de la demanda de vehículos”. Mercedes-Benz confirmó que ha rebajado el precio de sus autos eléctricos para seducir clientes y considera que “estamos en un escenario bastante brutal”, según reconoció el director financiero Harald Wilhelm. Hay marcas que están vendiendo por debajo del costo de producción. Los concesionarios indicaron que los compradores en el mundo están preocupados “por el coste, los problemas de infraestructura y las barreras del estilo de vida para adoptarlos”.
Habrá que seguir de cerca la evolución de estas señales que llegan desde afuera, que se suman a otras, como el creciente discurso de negacionistas del cambio climático y que reniegan de la temática ambiental, discursos que han encontrado eco en proyectos políticos que han sido exitosos en el mundo y en la región.
Uruguay ha sido pionero y líder en materia ambiental, la preocupación por lo natural forma parte de la marca país desde hace ya un buen tiempo, y por más que se han cuestionado apartamientos de ese discurso del “Uruguay natural”, sigue siendo un marco de referencia para todos. Seguir transitando este camino de la electrificación y convertirse en el ejemplo de éxito que tal vez el mundo esté necesitando para que vuelva a tomar impulso la transformación, va a depender de que se atiendan esas preocupaciones que marcaron los concesionarios. Sin embargo estaremos expuestos a que el mercado mundial nos deje a la intemperie, y esto puede ocurrir en la medida que las grandes marcas abandonen la investigación y el desarrollo para hacer mejores, más baratos y más eficientes vehículos eléctricos. Hay una oportunidad, una gran oportunidad para el país en la medida que pueda ser socio de este desarrollo. También hay un buen riesgo de que las inversiones que se realicen en el proceso pierdan sentido, si el auto eléctrico no se consolida como alternativa.