“Un poco de amor, un poco de paz”, dice la canción de Los Wawancó, considerada la banda fundacional de la cumbia en Argentina y una infaltable de las fiestas tradicionales en nuestras latitudes. Y pese a algunos episodios violentos ocurridos en barrios aislados de la ciudad, el resto de la población disfrutó de la Nochebuena y la Navidad en familia o con amigos.
Desde temprano, el 24 de caracterizó por el desfile de personas principalmente en la zona céntrica, entregando las cartas para Papá Noel a último momento y haciendo las compras que faltaban para preparar después el menú de la cena. Esta vez, tal como se viene registrando hace unos años, un alto porcentaje de la población optó por la comodidad y practicidad de adquirir con antelación diferentes opciones saladas y dulces en emprendimientos gastronómicos que se preparan para la ocasión.

prefirieron tomar un taxi o esperar a algún familiar que los fuera a recoger.
Otros, fieles a la acostumbre, eligieron preparar cada bocado en sus casas, para lo cual incluso se involucró a toda la familia. Similar fue la postal en las diferentes parrillas de la ciudad, que vendieron importantes volúmenes de lechón, cordero y pollo, trabajando mediante la modalidad de encargue, aunque siempre con algún remanente para quienes se durmieron y buscaron carne a último momento. En diferentes barrios podrían también apreciarse las parrillas encendidas como parte de la tradición familiar.
Un importante número de jóvenes y adultos pudieron comenzar la celebración horas antes de la habitual juntada a la noche, ya que –como en años anteriores– hubo espacios bailables que hicieron fiestas de “previa”, como fue el caso de la realizada en la tarde del domingo en un comercio “18 horas” de Enrique Chaplin y Río Negro, o la del pub París Londres en la cuadra de Treinta y Tres Orientales entre Leandro Gómez y 18 de Julio.
A la hora cero puntualmente, el estruendo de los fuegos artificiales marcó la llegada de la Navidad, el nacimiento del niño Jesús para los cristianos, el arribo de Papá Noel para los más pequeños. Entre festejos, abrazos, alegría y emociones encontradas –de quienes este año tuvieron sillas vacías– la fecha más esperada comenzó a hacer su magia. Como en la vida misma, tan solo unos minutos nos hacen experimentar una mezcla de emociones, pero esa es la esencia de la Navidad, una fecha que no debería ser considerada como un día más, sino la opción de volver a “nacer” en lo que cada uno necesite, volver a apostar, a creer… tal vez volver a empezar.

En medio de festejos, mientras algunos aprovechaban a hacer fiesta en sus casas al ritmo de la música, los más jóvenes comenzaron a prepararse para asistir al clásico baile del Golf. Sí, ese al que no dejaron ingresar a nuestro fotógrafo –aún exhibiendo su credencial como prensa– pero en el que los asistentes pudieron disfrutar de la música y el alcohol, tal como se reflejó en las postales tomadas a la salida, donde los concurrentes cargaban con conservadoras ya vacías, pero con alegría de haber disfrutado entre pares.



