¿Perros potencialmente peligrosos o humanos altamente irresponsables?

Es un tema recurrente en nuestro país, y en el mundo en general, el de los llamados “perros o razas potencialmente peligrosos”.
Dicha “clasificación tiene en cuenta principalmente, más que la conducta, la capacidad física de causar daños graves en caso de ataque a otro animal o a una persona, considerando factores como el tamaño, la musculatura o la mandíbula y la dificultad que puede tener su propietario para retenerlo en tales circunstancias, debido a la propia fuerza del animal” (National Geographic 13/03/23 – www.nationalgeographic.com.es).
Estos factores mencionados, son todos aspectos físicos; no se menciona el carácter del animal. El carácter de un perro, no lo indica exclusivamente su raza (o sea el factor genético). “La raza determina menos del 10% del carácter” (National Geographic 13/03/23 – www.nationalgeographic.com.es). Lo que más influye en el carácter de un perro es su crianza, su educación y ambiente.
Explica con claridad la especialista Verónica Ventura (bióloga etóloga especializada en comportamiento, diplomada en Bienestar Animal, técnica en Intervenciones Asistidas y consultora en Conducta Canina): “Ningún rasgo del comportamiento es 100% genético. Todos los comportamientos son poligénicos, o sea que hay muchos genes involucrados, y en toda la expresión de los comportamientos influye la genética y el ambiente, la interacción con el ambiente. La agresión implica un montón de factores y es una conducta natural para poner distancia con un otro; no es querer matar. Hay diferentes umbrales de agresión y diferentes tipos de mordidas y diferentes tipos de ataques (patrones motores). Pero la conducta en sí no tiene que ver con la heredabilidad exclusivamente”.
La crianza, la educación, la interacción con el ambiente del perro es, mayoritariamente, responsabilidad de su tenedor.
En la medida en que sigamos castigando a determinados perros, por determinadas conductas, que ciertamente pueden llegar a ser de una entidad desastrosa, triste y dolorosa, no solucionaremos el problema. Los responsables somos nosotros, los seres humanos. Nosotros decidimos integrarlos a nuestras vidas y ese privilegio conlleva deberes.
Todos los tenedores de animales (perros y gatos para empezar) deberíamos ser educados en tenencia responsable. En las cinco libertades básicas de los animales, en conducta animal y en convivencia responsable con el resto de la sociedad. A decir verdad, todos los seres humanos deberíamos ser educados en convivencia y tenencia responsable. Si esta educación comenzara en nuestros niños seguro estaríamos mucho mejor preparados para hacernos cargo y para enfrentar la convivencia con respeto y tolerancia.
Pero como en todos los derechos, la contracara es la obligación. Y ante el incumplimiento debe existir una sanción. Porque siempre hay personas que no saben o no quieren convivir respetuosamente. Y esas personas deben ser sancionadas.
También se podría aprovechar esta discusión para prohibir la compra-venta de animales domésticos y de esa forma ayudar a que ciertos tipos de perros, “utilizados” para ciertos tipos de fines, no sean entregados a personas irresponsables, solo por el hecho de que pueden pagarlo.Y de paso recordar, el perro no es una alarma, ni un sereno, ni un guardián de un terreno. Pero si los entrenamos para no dejar acercar extraños o generar miedo, si los lastimamos de chicos para que obedezcan, si los maltratamos al tenerlos en condiciones de vida inadecuadas, entonces seguramente puedan suceder desgracias.
Integrar un animal a nuestra familia es un privilegio, pero conlleva responsabilidades y obligaciones. Primero hacia el animal y luego hacia el resto de la comunidad con la que vivimos.
Avancemos en soluciones que no estigmaticen razas y que provean herramientas a los tenedores para ser realmente responsables. Y a los tenedores irresponsables, maltratadores y abusadores, no debe permitírseles tener animales a cargo.
Se precisan más políticas de Estado para resolver estos temas porque falta control al no haber suficientes inspectores del INBA; faltan lugares donde llevar los animales que son retirados (que hoy son llevados a refugios particulares que los reciben honorariamente pero que están todos desbordados); faltan sanciones más duras para los maltratadores; y falta educación, que es la base de todo.
Ya que el estado somos todos (“La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio” – art. 1º Constitución Nacional) recordemos que “habitamos” con humanos pero también con otros animales, todos somos habitantes del país. Hagamos nuestra parte asumiendo la responsabilidad que nos toca.
Dra. Verónica Ortiz, diplomada en Derecho de los animales – UMSA