Las lanas uruguayas constituyen un importante y destacado producto de exportación que, actualmente, es buscado por la industria de la moda de lujo en Italia o la industria automotriz alemana para realizar tapizados de autos de alta gama o asientos de clase ejecutiva en aviones. Las exportaciones alcanzan cada año aproximadamente 25.000 toneladas y se dirigen a más de 40 países, siendo Europa el principal destino, con aproximadamente el 50% de las compras.
El aprecio por las lanas uruguayas hacen que seamos el tercer país exportador mundial de lana en estado natural y el primero de América Latina, así como el sexto exportador mundial de tops de lana (medido en dólares).
Se trata de una producción ganadera tradicional que ha sabido incorporar la innovación en sus procesos productivos y que, además, tiene la característica de ser una actividad con una importante base de inclusión social.
El rubro ovino ha sido determinante para asentar la escasa población rural uruguaya, generando ocupación laboral en distintos lugares del territorio nacional. Existen también en diferentes lugares del país cooperativas de tejedoras y empresas que ocupan mano de obra en el sector de hilados y tejido artesanal y han permitido a mujeres rurales contar con ingresos y oportunidades de capacitación y práctica de un saber tradicional que forma parte de la identidad nacional.
Por otra parte, la forma en que se trabaja con las ovejas y los procesos que se desarrollan permiten cumplir con un requisito insoslayable en el mundo actual: la sustentabilidad ambiental.
Hoy en día, la calidad de la lana y su relación saludable con el medio ambiente son factores de diferenciación muy importantes que deben estar incorporados desde el momento de la cría del animal, lo cual se sustenta en tendencias mundiales de los consumidores, que demandan productos naturales y sostenibles.
“El slow fashion busca una producción sostenible a largo plazo para lograr productos perdurables y de alta calidad, que sean incorporados en una cadena de valor con principios éticos y trabajo digno. Muestra de esto es el caso de la diseñadora británica Amy Powney, quien en la búsqueda de transformar su marca Mother of Pearl a una 100% sostenible, recorrió el mundo buscando fibras sustentables, que ofrecieran alta calidad y fueran producidas sin maltrato animal ni precarización laboral. Fue en Uruguay donde encontró el proveedor ideal para su colección”, señala un informe sobre el sector elaborado por Uruguay XXI titulado “Lana uruguaya: un producto de calidad para consumidores conscientes”.
Los sistemas de producción ganaderos extensivos y a cielo abierto durante todo el año, principalmente basados en pasturas naturales, con ovinos y bovinos pastando en forma conjunta y complementaria contribuyen al bienestar animal, a la calidad de los suelos y el pasto, al control de las malezas y a generar más trabajo para las familias productoras.
La lana es un producto natural, renovable y reciclable que en Uruguay se produce de manera sostenible, con procesos y productos amigables con el medio ambiente y, en muchos casos, certificados.
En este sentido, cabe recordar que Uruguay fue el primer país de América Latina en contar una Guía para la Producción Ética de Ovinos, tratándose de un avance en la protección del bienestar animal en la producción ganadera, que atiende lineamientos internacionales en la materia.
Por otra parte, como señala el informe antes referido, muchos productores uruguayos del sector cuentan con la certificación internacional Responsible Wool Standard (RWS), desarrollada por el conglomerado estadounidense Textile Exchange, que incluye aspectos medioambientales como el cuidado de suelos, pasturas y su biodiversidad, y aspectos sociales como las condiciones laborales dignas para los trabajadores.
A diferencia de las fibras sintéticas, la lana no genera micropartículas contaminantes y puede ser reciclada y reutilizada, como bien lo hacían nuestras abuelas con los buzos que tejían y destejían para adaptarlos a la moda o el crecimiento de los integrantes de la familia. Y, por si fuera poco, las ovejas producen un vellón cada año, lo que convierte a la lana en una fibra completamente renovable. El moderno –y justificado– interés por las cuestiones ambientales y la producción natural y sostenible ha demostrado también la lana contribuye a la captura de carbono del medio ambiente y que la mitad de su peso es carbono capturado dado que las fibras albergan una cantidad significativa de carbono orgánico que deriva del proceso de crecimiento de las ovejas. Este carbono tiene su origen en el dióxido de carbono presente en el aire, que es absorbido mediante la fotosíntesis por el pasto que luego las ovejas consumen. De esta manera, a medida que las ovejas ingieren estas plantas, el carbono se integra en sus tejidos, incluyendo el desarrollo de la lana en su cuerpo.
La especialización y el desarrollo tecnológico también han acompañado la evolución del rubro y, en ese sentido se destaca que al igual que las carnes, las lanas uruguayas cuentan con trazabilidad.
“Uruguay ofrece trazabilidad a nivel de lote para la producción ovina, lo que significa que la lana puede ser rastreada hasta su origen en una propiedad específica. El sistema de trazabilidad es obligatorio por ley desde el año 2006 e indica el compromiso del país con la transparencia de la cadena de suministro, ofreciendo confianza y garantías a los mercados externos”, señala el informe antes mencionado.
La información vinculada a la cosecha y acondicionamiento de lanas en el momento de la esquila es digitalizada y es posible verla en tiempo real mediante el uso de una herramienta desarrollada localmente para productores, que permite acceder a la información de la esquila y acondicionamiento de la lana.
Uruguay también cuenta con un sistema de certificación local acordado entre el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y los operadores laneros, que asegura que la lana obtenida es libre de contaminantes y clasifica los diferentes tipos de lana que se producen.
Todo lo anteriormente expuesto fundamenta y explica por qué no existen dudas sobre la valoración de las lanas uruguayas. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que en la actualidad la internacionalización es una estrategia clave para la supervivencia del sector lanero que, a nivel nacional ha sufrido el cierre de emprendimientos industriales y pérdida de mano de obra especializada.
Teniendo en cuenta el contexto internacional de dificultades en la comercialización de lanas y las estadísticas del primer cuatrimestre de este año, que muestran que las exportaciones de lanas uruguayas aumentaron en cantidad pero se facturó menos debido a la disminución de la colocación de las lanas de mayor valor, resulta crucial estar atentos a las tendencias y la demanda del mercado para tomar decisiones acertadas.
