Tras el “tironeo” encabezado por el Pit Cnt y parlamentarios radicales en el sentido de que el gobierno imponga un “1 por ciento de impuestos a los más ricos”, y la decisión del ministro de Economía y Finanzas Ec. Gabriel Oddone, de instrumentar medidas tendientes a mejorar el clima de negocios en Uruguay, han quedado claramente expuestas visiones contrapropuestas dentro del partido de gobierno, tal como ocurriera en períodos anteriores con dicotomía entre “astoristas” y grupos vinculados a la izquierda radical sesentista.
El titular de Economía, de sólida formación académica, considera, como la enorme mayoría de sus colegas, que en la economía los facilismos y los voluntarismos a la corta o a la larga van precisamente contra aquellos sectores a los que se dice querer favorecer, y que lo importante es la sustentabilidad.
Así, con medidas de “mejora del clima de negocios” se ha lanzado la denominada agenda pro crecimiento del Ministerio de Economía, en una decisión que desde el ministerio se estima que bajará en unos 20 millones de dólares los costos al comercio exterior, lo que está en línea con el objetivo de bajar costos productivos y acelerar el ritmo de crecimiento de la economía.
Esto ocurre en el marco de la elaboración del proyecto de la Ley de Presupuesto, que es donde se definen los recursos a asignar para llevar adelante las políticas gubernamentales en diversas áreas, y es el momento decisivo para aterrizar lo que se puede hacer y lo que no, a partir de los fondos limitados de que se puede disponer. El titular del Ministerio de Economía habló de “modificaciones”, sobre lo que indicó que las autoridades gubernamentales consideran “aspectos que involucran la variación del gasto y aspectos que comprenden la variación de los ingresos” a lo largo del período.
“En las proyecciones que hacemos, incluimos la evolución del ingreso y del gasto previsto. Eso incluye aspectos que tienen naturaleza tributaria en el marco de lo que es la legislación vigente con algunas modificaciones”, expresó Oddone, para agregar que “todavía es prematuro avanzar” en esta materia “dada la situación fiscal compleja”, por lo que subrayó que la intención del Poder Ejecutivo es que “la presión fiscal se mantenga estable a lo largo del tiempo”.
A la vez el ministro fue consultado acerca de la propuesta del Pit-Cnt de gravar al 1% más rico de la población, luego que una delegación de la central sindical se reuniera con el presidente Yamandú Orsi y, entre otros temas, planteó esta iniciativa como aspecto central. “Solamente con un 1% al 1% más rico se podría recaudar un monto equivalente al 1% del PBI. ¡Vaya si se podrán hacer cosas en ese sentido!”, indicó Marcelo Abdala, presidente del Pit-Cnt, en rueda de prensa tras el encuentro.
Pero poco después Oddone relativizó esta posibilidad, haciendo hincapié en que “la forma en que uno resuelve problemas en materia de distribución del ingreso y de desigualdad tiene que ver esencialmente con política de gasto, y no es la política tributaria la que lo resuelve”, para explicar en este sentido que la política tributaria “tiene que ser lo más neutra posible a los efectos de maximizar la recaudación”, lo cual “no quiere decir que tenga que tener elementos de progresividad”.
“Soy de los que creen que hay que recaudar lo más posible para poder, desde el gasto, realizar distribuciones de ingreso”, sintetizó Oddone, en una postura atendible, pero controvertible desde el punto de vista de que el Estado no debería ser distribuidor del ingreso, sino creador de condiciones para promover la inversión, con la consecuente generación de oportunidades de trabajo y hacer sustentable la mejora de los sectores más vulnerables a través de su propio esfuerzo.
En cuanto al uno por ciento del “impuesto a los más ricos”, –que nunca fue aplicado por los anteriores gobiernos del Frente Amplio, debido a su jamás demostrada utilidad y conveniencia– señaló que desconoce la “evidencia contundente” citada por la central sindical en la materia, y consideró que estos estudios tendrían que ser “muy contundentes” para que su opinión cambiara respecto a la que “siempre” ha tenido.
En cambio, el ministro Oddone anunció la semana anterior medidas que apuntan a simplificar los trámites de los negocios de comercio exterior y bajar sus costos, en el marco de una vía estructural para mejorar la competitividad, atraer inversiones y lograr mayor crecimiento económico.
En estas medidas el objetivo central es facilitar procesos de comercio exterior e inversiones, con la reducción en un 75% de los documentos exigidos actualmente, buscando eliminar o disminuir regulaciones o requisitos considerados redundantes e innecesarios y que le significará un ahorro cercano a los 20 millones de dólares al sector privado.
Las empresas alcanzadas involucran a unos 50.000 empleos, informó el titular del Ministerio de Economía y Finanzas. “Creemos que es el rumbo que este gobierno pretende poner sobre la mesa, claramente marcado a la mejora de la regulación de la administración pública”, dijo, y evaluó que si bien existe un problema de competitividad, producto de un conjunto de factores, la forma de resolverlo no es con la política macroeconómica. “Una devaluación de la moneda no va a resolverlo”, insistió.
Entre otros puntos, las medidas incluyen revisar gravámenes, sustituir certificados por declaraciones, eliminar licencias administrativas, digitalizar, optimizar determinados instrumentos, mejorar procesos de registro de productos regulados, cambiar intervenciones preceptivas por optativas, como parte de un conjunto de medidas que serán sucesivamente anunciadas durante el período y se originaron luego de más de 40 reuniones de trabajo en las que se detectaron unos 500 procesos para mejorar, según fuentes gubernamentales.
Lo que sin dudas no es la gran solución para una economía estancada ya desde hace varios años, pero sí un pequeño paso adelante que atiende una demanda del sector empresarial, del actor privado cuyo esfuerzo y búsqueda de la eficiencia mueve la economía del país a pesar de la burocracia estatal, y de los recurrentes intentos de grupos nostálgicos que siguen reivindicando que la gran solución es de vez en cuando “prender una velita al socialismo”, que no es otra cosa que espesar el dulce de leche en el que reman los actores reales de la economía.