ESPACIO CONTRATADO
Ante la puesta en servicio de un nuevo órgano en la Catedral de Salto que junto con el de la basílica de Paysandú enriquecen el acervo cultural de la región recordaba el título de la obra de un gran teólogo “La verdad es sinfónica”. Para los cristianos la verdad es una persona Cristo Camino Verdad y Vida. Luces colores, riqueza de lo distinto en la unidad, así es la creación en su belleza, de la que es expresión la música. El órgano, desde siempre y con razón, se considera el rey de los instrumentos musicales, porque recoge todos los sonidos de la creación y da resonancia a la plenitud de los sentimientos humanos, desde la alegría a la tristeza, desde la alabanza a la lamentación. Es capaz de dar resonancia a todos los ámbitos de la existencia humana. Las múltiples posibilidades del órgano nos recuerdan, de algún modo, la inmensidad y la magnificencia de Dios.
En un órgano, los numerosos tubos y los registros deben formar una unidad. Si en alguna parte algo se bloquea, si un tubo está desafinado, tal vez en un primer momento solamente lo perciba un oído ejercitado. Pero si varios tubos no están bien entonados, entonces se produce un desafinamiento, y esto comienza a ser insoportable. También los tubos del órgano están expuestos a cambios de temperatura y a factores de desgaste.
Esta es una imagen de nuestra comunidad en la Iglesia. Del mismo modo que en el órgano una mano experta debe hacer continuamente que las desarmonías se transformen en la debida consonancia, así también en la Iglesia, dentro de la variedad de los dones y los carismas, mediante la comunión en la fe debemos encontrar siempre el acorde en la alabanza a Dios y en el amor fraterno.

