Artista de lo imposible

Cualquiera que conozca a Carmen Isabel Rodríguez Montesdeoca conocerá a una mujer joven y simpática que sabe mucho de maquillaje y que, en su salón de estética de Young trabaja con una clientela que la sigue y que la conoce más como “Carmoncha”. Es casada y tiene un hijo; para completar el retrato de “normalidad”, cuando aparece por el diario para que se le haga la entrevista, viene acompañada de su madre, un panorama familiar que tiene mucho de afecto pero que podría ser el de cientos y miles de mujeres en nuestra región.


Pero Carmen Rodríguez está en estas páginas obviamente por otra razón que la de ser hija, madre y esposa, además de maquilladora profesional. En el reciente curso de audiovisual y su cierre en el Gobbi, una de las expositoras era ella y, por lejos, la que más llamaba la atención. Porque presentaba ahí sus trabajos como maquilladora de efectos especiales, una inclinación que tiene tantas aristas que bien podría llamársela trabajo, hobby, arte, pasión y todo eso junto y mezclado.
Entre sus creaciones desfilan prácticamente todos los personajes fantásticos populares, algo que tiene mucho que ver con el cine y la televisión por supuesto. Coco, el Rey León, Cleopatra, Resident Evil, Maléfica, por supuesto que todo tipo de zombis y también dedos cortados, quemaduras, heridas de todo tipo; en fin, sangre que sale del sudor del trabajo y del talento de Carmoncha. Pero despacio, ¿de qué estamos hablando? Empecemos por el principio.

De la limitación nace la inspiración

Todo comenzó hace más de diez años cuando Carmoncha tuvo una de las varias operaciones en su mano derecha en la que padece reuma. Su espíritu inquieto no la dejaba tranquila y comenzó a probar cómo sería maquillarse una herida. Todo mientras tenía la mano derecha prácticamente inutilizada. Su afán de perfeccionismo la llevó a hacer un trabajo sumamente realista que, luego de subir a las redes, provocó primero la preocupación de sus conocidos y parientes y luego, por supuesto, las felicitaciones al saber que era una herida “fabricada” y que Carmoncha estaba sana y salva.
Sana y salva pero con un bichito que la había picado que era el del maquillaje de efectos, una picadura que se convertiría en obsesión. Como ella misma aclara “de no haber estado inhabilitada de una mano tal vez nunca me hubiese dado por esto, el no poder estar sin hacer nada me llevó a hacerlo”. Conste que esa mano con artrosis y varias operaciones nunca quedó con un funcionamiento normal, algo que no impide que el trabajo manual de Carmoncha sea sorprendente.

Única en su género

Si puede sorprender que las obras de Carmoncha surjan de una limitación, también es sorprendente que sea la única que se dedica al maquillaje de efectos. “Soy la única en Young sí, pero también me sorprendió, cuando vine a Paysandú a hacer el curso de audiovisual que tampoco aquí haya gente que lo haga. Por eso los chicos de la productora Hiroshima me insistieron para que viniera con mis trabajos”.
El nivel de detalle que puede verse en las creaciones es sorprendente y aclara que “por supuesto que soy perfeccionista, me gusta la crítica y que me digan que esto o aquello puede estar mejor, todo lo que ayude a ir mejorando. Lo mismo en cuanto a los productos que utilizo, cuando empecé solo usaba Cascola, ahora ya no. Después está lo de la innovación, siempre busco en las redes cómo se hace tal y cual cosa, miro muchas películas, sobre todo de terror y sigo a muchas maquilladoras a nivel internacional”.

Mucha diferencia

La pregunta cae por sí sola ¿por qué es el cine de terror lo que más inspira su trabajo?, a lo que contesta decidida que “prefiero lo ficticio a lo real y aquí aclaro que lo mío no es maquillaje artístico, sino de caracterización y efectos especiales, que no es lo mismo. En el artístico se usan pinturas y bases y en lo mío se utiliza látex, silicona y otro tipo de productos. También yeso, como el que me hago sobre mí para poner las prótesis. Después está el maquillaje social, que también hago, pero es también muy diferente. Hay gente que mezcla todo y al final lo de efectos es poco valorado”.
Sin embargo, esa poca valoración que observa pasó a ser reconocimiento y también admiración cuando en 2022 ganó el segundo puesto de cosplay de terror en Montevideo cómics. Fue el reconocimiento a un trabajo duro que puso en el mapa el enorme talento de Carmoncha. Aunque también dice que “allá –en Young– me cansé de pedir apoyo para hacer lo mío o para dar clases. Hay mucha gente que quiere hacer lo que yo hago pero no tiene un mango. A veces me dicen si puedo dar clases gratis pero si no tengo quien me ayude no puedo hacerlo sola”.

De ahora en adelante

Con todo ese talento a cuestas Carmoncha también cuenta que mucha gente la pregunta qué es lo que hace en Young, que porqué no se va al exterior; “es algo que siempre pienso”, confiesa. “Ahora me presenté al casting para la película No robarás las botas de los muertos, tanto como actriz como maquilladora de efectos. También pasa que la energía que se encuentra acá en Paysandú es muy diferente, el apoyo de los chicos de Hiroshima es algo único de acá. Yo soy muy vergonzosa pero ellos me impulsaron a que viniera con mis cosas. Fue muy importante para mí, como también son importantes las redes. Por ejemplo el caso de Fede Álvarez que de hacer un cortito acá en Uruguay terminó trabajando y dirigiendo en Hollywood.

Lo práctico

Meterse en la cabeza de Carmoncha es, evidentemente, entrar en un mundo de fantasía donde los personajes más impensados se vuelven una especie de realidad, sin embargo, sus habilidades también pueden aplicarse a algo muy práctico: los simulacros de accidentes. “Colaboro honorariamente con Cecilia Techera que es inspectora y educadora de Educación Vial. Hicimos uno que fue espectacular en el centro, otro en Paso de la Cruz y otro en la Plaza Artigas de Young. Por supuesto que las heridas que hay que hacer de, por ejemplo, un choque las hago muy reales, es más, en el primer simulacro los doctores se llevaron las heridas y se sacaron selfies con ellas, habían quedado muy asombrados. Y bueno, uno trata de hacerlo lo más real posible”, cuenta con una humildad asombrosa.

El tiempo


Detrás de toda esa pasión hay mucho, pero mucho tiempo. Sus creaciones no son un capricho que se realiza en un ratito, sino que llevan horas de trabajo. “Cuando me estoy maquillando puedo estar seis o siete horas. Me maquillaba incluso embarazada, por suerte soy bastante ambidiestra ya que en la mano derecha tengo, como te decía, cuatro operaciones y una prótesis. Pero aprendí mucho a usar la izquierda”. Yendo aún más profundo Carmoncha no duda en decir que “para mí también es un tipo de terapia, cuando estoy horas haciéndolo todos saben que tengo mi tiempo y mi espacio”. O también “a veces me pongo a mirar las cosas que he hecho y yo misma no lo puedo creer, me emociono”.
Cuando lo cuenta así parece que su pasión por este tipo de maquillaje fue un camino que se abrió fácilmente ante ella, pero no todo es tan fácil en un medio como el uruguayo y menos en el interior del interior. “Me costó mucho mostrar lo que hago, es que en Young siempre preguntan dónde te capacitás y yo aprendí por mi cuenta, no necesito un diploma, eso no te hace mejor, yo creo que ya estoy capacitada. De todas maneras hay mucha gente a la que le encanta lo que hago, pero tengo más gente que me valora afuera, como acá en Paysandú que allá, es un poco complicado y más siendo la única que hago esto”, explica.

Todo confluye

Por supuesto que la relación entre su trabajo como peluquera y maquilladora “tradicional” y su pasión por el maquillaje de efectos pueden parecer muy saparados entre sí, pero para ella se relacionan. Tanto así que en su salón de estética, donde su clientela va a cortarse el pelo, maquillarse o hacerse las uñas, las máscaras creadas por Carmoncha también están. Colgadas en la pared le dicen a quien quiera verlas que están ante una maquilladora y peluquera muy dotada, pero también ante una artista. “Incluso tengo un báculo que me hizo mi marido para Maléfica”, cuenta haciendo notar que en su casa el apoyo es constante.
Por otra parte, hay que pensar que, para todo lo que hace necesita materiales de todo tipo y eso sale de su trabajo diario. “Si me falta una pintura, un color o látex, me lo tengo que comprar. Todavía no me capacité para trabajar con silicona, pero lo quiero hacer”, comenta revelando sus ganas de siempre ir a más.

Crear un monstruo

Con tanta película de fantasía y terror dando vueltas en las plataformas no se puede dejar de preguntar a Carmoncha sobre su próximo trabajo y no da una respuesta ambigua sino absolutamente directa: “el Frankestein de la película de Guillermo del Toro; tardaban 12 horas en hacerlo, vi todo el making off y por supuesto que apenas vi la película me dije que tenía que hacerlo”. Y todo esto sale de la cabeza de una joven younguense, algo bastante extraño si vamos al caso. “Hay gente con la que comparto mis trabajos por las redes que me pregunta qué hago acá y yo les digo que mi meta es irme, pero tengo que esperar a que mi hijo sea más grande, también tiene sus cosas con la diabetes, así que no puedo desligarme tan fácil”, detalla en su faceta como madre.

Talento y humildad

En cada respuesta Carmoncha demuestra mucha seguridad pero también mucha humildad. Desconocedora de la importancia de su propio talento pregunta qué fue lo que nos interesó de ella para hacerle esta nota. Cuando le decimos que lo que más nos atrajo, además de la calidad de su trabajo es que es la única que lo hace dice que “cuando vine a Paysandú y me enteré de que nadie lo hacía quedé en shock, si los gurises de Hiroshima no me daban manija yo no traía nada de lo que hago. Cuando me decían de otras productoras que les encantaba mi estilo de trabajo yo no sabía ni qué contestar porque no lo podía creer, pero por otro lado si no tuviese confianza en lo que hago ni lo haría”.
Así que mientras hace una trenza, maquilla a su clientela o hace las uñas, en la imaginación de Carmoncha se acumulan todos los seres imaginarios de los sueños más dulces y las pesadillas más tremendas. Una chispa que se encendió de su ansiedad por hacer algo cuando más limitada estaba y que se convirtió en una galería de creaciones impresionantes.
Tras su apariencia de madre y esposa convencional se esconde una artista de fuste. Ahora solo falta que el mundo la descubra y lo que sigue será otra historia.