De acuerdo al último informe de SEG ingeniería, Uruguay comenzó este año con una matriz eléctrica con un 96,7 por ciento de origen renovable, producida durante el mes de enero, mientras que en el pasado 2025 también prácticamente la totalidad de la generación fue a partir de energías limpias.
Es decir, hay una prevalencia muy significativa de energías renovables en la matriz eléctrica, contrariamente a lo que ocurría hasta no hace muchas décadas, lo que da la pauta de un avance real en el país en el cambio de la matriz energética estructural, y ubica al Uruguay entre los países con los mayores cambios positivos en esta materia.
Del 96,7 por ciento mencionado para enero, se da que la mayor participación en la generación eléctrica proviene del agua, es decir energía hidráulica de las represas, con un 43,6, en tanto la eólica aportó el 33,7 por ciento del total de generación, siguiéndole la biomasa con el 14,3 por ciento y la solar con un 4,9 por ciento.
A la vez, ha quedado en un lejano 3,4 por ciento de participación la generación por hidrocarburos, es decir combustibles fósiles, cayendo un 20 por ciento en términos interanuales.
En 2025 nuestro país había obtenido el 98 por ciento de la electricidad a partir de fuentes renovables, siempre con la hidroelectricidad con el mayor aporte –del orden del 50 por ciento– y naturalmente, con su porcentaje condicionado por la disponibilidad de agua en las represas, que depende del régimen de lluvias, pero con la salvedad –que no es menor– de que cuando existe el recurso de apelar a impulsores no permanentes como el viento o el sol, se puede ahorrar agua en los embalses para la generación hidráulica cuando no están disponibles los de otro origen.
Estamos pues ante una balance de necesidades, picos estacionales y disponibilidad que felizmente ha dejado ya lejanos los tiempos, sobre todo los de la década de 1970, en los que la generación no alcanzaba para satisfacer la demanda y hubo que recurrir a los apagones programados, cuando había crisis de disponibilidad de agua que no era compensada por otros generadores, como las usinas movidas por hidrocarburos, siempre caros y generadores de dependencia. Por aquéllos tiempos se decía que cuando encendían la Central Batlle, se disparaba el precio del dólar en Uruguay.
No es de extrañar, con estos elementos expuestos, que Uruguay ocupe un lugar destacado en el mundo, en cuanto a la participación de fuentes renovables en la matriz eléctrica, y ello es producto de que más allá de matices y declamaciones, los sucesivos gobiernos han seguido aplicando políticas de Estado en la materia. Es que sin dudas la continuidad de los procesos es fundamental para el éxito de estas políticas energéticas que se apoyan en el uso de recursos propios y renovables para reducir dependencia y agresión al medio ambiente.
Es pertinente además ver cuál es el escenario mundial en la materia, y en este sentido tenemos que según la prestigiosa revista Science, en 2025 por primera vez estas fuentes limpias superaron al carbón en la generación de electricidad a nivel mundial.
Ello se da luego de que durante más de un siglo, la electricidad mundial se sostuvo sobre una base dominada por combustibles fósiles, en especial el carbón. Ese equilibrio comenzó a resquebrajarse de manera acelerada en 2025, cuando la combinación de energía solar y eólica superó por primera vez al carbón en la generación eléctrica global.
Para Science, lo ocurrido en 2025 no constituyó una mejora incremental, sino un cambio de paradigma. Las fuentes renovables no solo crecieron en términos absolutos, sino que cubrieron la totalidad del aumento de la demanda eléctrica global durante el primer semestre del año. En paralelo, alcanzaron más de un tercio de la matriz de generación eléctrica mundial, con un 34,3 por ciento, y desplazaron al carbón, que quedó en 33,1 por ciento según datos recopilados por el grupo de análisis Ember.
Claro, también es pertinente separar los tantos, porque para el consumidor doméstico, para el aparato productivo, para el funcionamiento de un país, tan o más importante que el origen de la generación eléctrica, lo es el precio que se paga por este servicio, y en este sentido, al revés de los primeros puestos en preservación medioambiental, estamos en el fondo de la tabla en la región y en el mundo.
Hablando de electricidad, y en un país como Uruguay, con una electrificación que alcanza prácticamente al 100 por ciento de su territorio, nos encontramos con que pese a esta plausible contribución al medio ambiente y a reducir dependencias por el uso de energías renovables, el gran obstáculo a superar, y que viene ya desde hace muchos años, es el alto costo con que se ofrece este servicio a los hogares y los sectores empresariales. Y el saldo no es bueno: seguimos teniendo la electricidad más cara del continente –los combustibles no le van en zaga, sino que acompañan este escenario– lo que indica que más allá del origen, hay otros problemas estructurales que hacen que toda la energía que se usa en el país, provenga de donde provenga, es cara, lo que se inscribe además en un país caro. Por ende, ello indica que más allá del alentador avance en generadores renovables, el problema a resolver es mucho más complejo, porque hay una escala de costos estructurada que no se ha podido cambiar, y que se ha tornado en un círculo vicioso que no hemos podido quebrar a lo largo de muchos años, con gobiernos de todos los partidos.
La consultora uruguaya SEG Ingeniería ha presentado un análisis sobre el precio de la electricidad para los países del Cono Sur (que comprende (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay), tanto en lo referente al sector residencial como al industrial de media tensión, y Uruguay encabeza la lista regional en el precio más alto para el residencial, con 269 dólares/MWh.
Chile se ubica en segundo lugar en los valores residenciales, con 258 dólares/MWh; seguido por Brasil, con 203 dólares/MWh; y Argentina con 112 dólares/MWh. Paraguay muestra el precio regional más barato, con 68 dólares/MWh.
En el sector industrial, es Chile el que lidera con el precio de la electricidad más caro, 174 dólares/MWh.
En este segmento le siguen Uruguay, con 141 dólares/MWh; Argentina, que marca 96 dólares/MWh; Brasil, 115 dólares/MWh; y Paraguay, 39 dólares/MWh.
Si bien estos datos son ya del año pasado, la variación ha sido mínima y en muchos casos inexistente, por lo que estamos ante parámetros prácticamente inamovibles, más allá de la situación interna en cada país.
Con electricidad y combustibles muy caros frente a nuestros competidores directos, más otros altos costos internos, es evidente que llevamos las de perder a la hora de salir al exterior o competir con similares importados, por cierto.
Y lamentablemente ello pesa mucho más en nuestra economía, quiérase o no, que los galardones que implican los avances en materia de preservación del medio ambiente en todos estos años. Avances que sin embargo no se ha tenido en acotar el gasto público, la burocracia, la ineficiencia, en mejorar la productividad. Porque además, para afrontar este gasto, tanto UTE como Ancap deben aplicar fuertes impuestos a la energía que venden, para volcar a Rentas Generales, y de ahí la encerrona que nos deja empantanados, sin poder despegar, y eternamente expuestos a los avatares, como una hoja a merced del viento.