La violencia hacia los animales como forma de violencia hacia la mujer y el rol pasivo del Estado

La relación de los humanos con los animales ha venido cambiando a lo largo del tiempo y en muchos casos tenemos hoy familias conformadas por humanos y animales, generalmente perros y gatos. Este vínculo humano animal es definido por la Asociación Americana de Medicina Veterinaria como “relaciones dinámicas y mutuamente beneficiosas que incluyen conductas que impactan en el bienestar de los humanos y animales implicados”. La dinámica familiar está, en muchos casos, modificada para incorporarlos en sus rutinas, vacaciones, paseos y teniendo en cuenta sus necesidades diarias de comida, descanso y disfrute.

En este contexto, la familia que sufre violencia por parte de un maltratador, se ve afectada en su totalidad. El violento no suele ser violento con una sola persona, sino con todo su núcleo familiar. Mujeres, niños y animales de estima son sus víctimas, colocados en situación de vulnerabilidad frente a él. Pero hoy queremos llamar la atención sobre un tipo de violencia recurrente y muchas veces menospreciada que es la que el violento ejerce hacia el animal de estima como forma de someter, coaccionar, amenazar y/o lastimar a la mujer (y/o a los niños y niñas). El hombre violenta a la mujer a través de la amenaza de daño o del ejercicio efectivo de violencia hacia su animal de estima, configurando un tipo de violencia psicológica o emocional, reconocido en el art. 6 numeral B de nuestra ley de violencia hacia las mujeres basada en género (Ley 19.580).

Es paradigmático el estudio realizado en 1993, en EE.UU., en el cual el 74% de las mujeres encuestadas relatan que habían tenido un animal de estima en los últimos 12 meses y de esas mujeres, el 71% informó que su esposo o novio había amenazado con dañarles o los había maltratado y/o matado. Asimismo, un 87% de esos incidentes fueron en presencia de las mujeres. Son, también alarmantes, los números obtenidos por el Programa Viopet de España: el 80% de las mujeres maltratadas que tienen un animal de estima, asegura que su agresor la amenazó con acabar con la vida del animal.

Lamentablemente no contamos con números oficiales en nuestro país, pero casi todos conocemos un caso real en que esta dinámica abusiva se repite. Y este dolor profundo al que la mujer es sometida, esta violencia continua, es muchas veces incomprendido por los servicios que deben protegerlas, proponiendo como solución el abandono del animal para salvar la vida de la mujer. Esa no puede, ni debe, ser la única opción. Esta solución permite al violento seguir en control del animal de estima y por tanto, seguir violentando a la mujer. Y nuestro Estado perpetúa dicha situación, en tanto no respeta ni considera en debida forma el vínculo humano – animal afectado.

Hay mujeres que demoran su salida de un hogar violento, porque no tienen adónde ir con sus animales, ya que los refugios para mujeres víctimas de violencia de género de nuestro país no contemplan la familia multiespecie.
Todas las formas de violencia hacia las mujeres deben ser erradicadas, combatidas y denunciadas. La utilización de los animales de estima contra la mujer, debe ser considerada por nuestro Estado, proporcionando soluciones que no impliquen perpetuar la violencia, poniendo en riesgo la vida, la salud emocional y mental de la mujer y la vida del animal involucrado. Un enfoque actualizado de las nuevas formas de relacionamiento y de la sintiencia animal redunda en una mayor y mejor protección hacia las mujeres. Es un deber constitucional del Estado la protección de sus ciudadanos y nuestro Estado está siendo omiso en este aspecto. Cada día que pasa sin cambios, es un día más que llegamos tarde a proteger a una mujer.

Dra. Verónica Ortiz, Diplomada en Derecho Animal, Presidente Comisión de Derecho de los animales del CAU

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