
De acuerdo a las estadísticas del Ministerio de Salud Pública (MSP), en Uruguay unas 15.000 personas residen en establecimientos de larga estadía para personas mayores (elepem) –eran 1.177 a comienzos de este año– y una vez declarada la emergencia sanitaria el 13 de marzo de 2020, los primeros casos positivos en los residenciales fueron diagnosticados el 22 de abril del año pasado. También fueron los primeros en comenzar a vacunarse a comienzos de abril de 2021.
En estos lugares, los protocolos sanitarios se cumplieron correctamente. De hecho, la mayoría de los casos positivos constatados en los elepem, no llegaron a declararse como brotes. Los elepem permanecen bajo la órbita del MSP y del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) en forma conjunta y ante la constatación de los primeros casos, las autoridades redactaron un protocolo específico con recomendaciones para evitar o minimizar el impacto del coronavirus. Cuando el diagnóstico es positivo, afecta a una cadena de personas que comienza en un residente, pero continúa en otros mayores que viven en el mismo lugar, sus cuidadores y en las familias.
A más de 15 meses de transcurrida la emergencia sanitaria y con la muerte de miles de personas en Uruguay, las personas mayores componen una franja etaria de alta vulnerabilidad y en el mundo entero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó la atención por la desigualdad y desprotección que sufren en plena pandemia.
En el caso de los elepem, deben agregarse las situaciones de encierro y alejamiento de sus familiares, enmarcado en un agravamiento –en muchos casos– de sus problemas de salud mental.
En paysandú
El director departamental de Salud, el doctor Carlos Leoni, aseguró a Pasividades que “los elepem enfrentaron la COVID-19 en forma loable, como se pensó. Primero, vimos que era un sector en riesgo. Son personas que pueden contraer la enfermedad con un alto porcentaje de fallecimiento, porque muchos de ellos viven todos juntos y el riesgo existe para ellos y quienes conviven con las personas mayores”.
Recordó que “lo primero fue hacer una recopilación del número de personas que vivían en los elepem junto a las personas que se dedicaban a esa actividad. Con esa información estábamos bien preparados. Además, fue la primera población que se vacunó. Eso llevó a que, cuando se produjeran los primeros casos, los resultados no fueran tan negativos con alta cantidad de fallecimientos”.
Describió que “tuvimos algunos brotes esporádicos en cuidadoras y residentes que no fueron tan graves como pensábamos. La mayoría de las personas mayores tenían las vacunas y eso evitó tener un número alto de muertos. Es decir, el operativo fue exitoso y eso se llama prevención”.
Según Leoni, “los elepem fueron informados, respetaron los protocolo y se vieron en los resultados porque no hubo brotes”.
Nuevas formas de comunicar
La soledad y el aislamiento afectan la salud mental de los mayores, aun más en tiempos de contingencia sanitaria. “Por eso, hubo que adaptarse a una nueva forma de comunicar. Mucho teléfono y videollamadas porque se han constatado problemas sicológicos después que disminuyeron las visitas o suspendieron las salidas por los fines de semana”.
Agregó que “las restricciones trajeron problemas a los adultos mayores que tuvieron que perder una conducta social tan importante como ver a sus familiares, principalmente sus nietos. Incluso nosotros, cuando fuimos consultados, aconsejamos que si una persona mayor estaba perdiendo su salud mental, se buscara un lugar aislado dentro del residencial para que lo viera su familia, con todas las medidas sanitarias”.
Alterar los valores emocionales “no es conveniente”, precisó. “Muchos familiares los veían de lejos, abrían las ventanas y se asomaban a los balcones. Había una distancia pero mantenían el contacto directo y aflojaban las tensiones”.
En el casos de las personas demenciadas, señaló que “deben realizar actividades mentales que los hagan pensar. Y una vez que todas las personas a su alrededor estén vacunados, pueden comenzar actividades con todos los cuidados para mantener agilidad”.
Todavía altos
Leoni reconoció el descenso en los casos, sin embargo, Paysandú permanece “con valores extremadamente altos. Somos los más altos del país, si bien presentamos una mejoría. Hay que recuperar las actividades de a poco. Porque cuando comienzan a verse estos efectos, las personas empiezan a perder la costumbre de hacer el distanciamiento, la higiene, desinfección y uso del tapaboca que debe ser a rajatabla”.
Encomendó a “no presionar a las autoridades a la repaertura de las actividades, porque todo debe volver en forma lenta y progresiva. De lo contrario, puede salir mal y habrá que volver todo para atrás”.
Los jóvenes
La preocupación de las autoridades está enfocada en los segmentos de la población de menor edad. “Ha registrado la enfermedad un altísimo porcentaje sin complicaciones. Pero hoy, los jóvenes son nuestra preocupación. Hemos tenido el 50% y más de personas con menos de 50 años en distintos grados de internaciones. Y en los CTI han sido la mitad jóvenes y la otra mitad, personas mayores”.
El jerarca concluyó que “evidentemente estamos frente a una enfermedad que no respeta edades. Porque incluso tuvimos personas jóvenes que fallecieron sin tener grandes comorbilidades. No hay que olvidarse de eso”.
