La semana anterior el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Fernando Mattos, viajó hacia Brasil, para mantener una reunión de trabajo con su par del vecino país, la ministra de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento, Tereza Cristina, con las prioridades centradas en intercambiar opiniones sobre aspectos claves entre ambos países a nivel productivo.
Previamente y en este contexto, se llevó a cabo en la sede de Farsul en Expointer, una reunión entre el ministro Mattos, la cónsul general del Uruguay, Liliana Buonomo, la secretaria de Estado de Agricultura, Pecuaria y Desenvolvimiento Rural (SEAPDR), Silvana Covatti, el secretario de Defensa Agropecuaria, José Guilherme Leal y la superintendente Federal de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (MAPA) de Rio Grande do Sul, Helena Pan Rugeri y los directores de Servicios Ganaderos, Diego de Freitas y de Sanidad Animal, Martín Altuna, teniendo en cuenta sobre todo que el estado de Río Grande del Sur pasó desde este año a ser libre de aftosa sin vacunación y se acordó la necesidad de fortalecer la agenda entre Brasil y Uruguay en materia de colaboración técnica, entrenamiento conjunto, e intensificación de vigilancia de fronteras.
El ministro Mattos destacó que dicho estatus fue una meta definida en el plan hemisférico de erradicación de fiebre aftosa y que nuestro país, actualmente “observa la evolución”. Subrayó que “Uruguay no ha tomado la decisión, ni técnica ni política, de dejar de vacunar”.
En ese sentido, el secretario de Estado dijo que “las enfermedades no conocen fronteras” y que “la única garantía es a través del sistema de coordinación y equipos técnicos”, en tanto aclaró que para Uruguay “dejar de vacunar representa un riesgo grande para la economía y no vemos un beneficio claro”, aunque enfatizó que Uruguay “está para colaborar”.
Posteriormente, el jerarca del MGAP junto al director de los Servicios Ganaderos, Diego De Freitas y el director de Sanidad Animal del MGAP, Martín Altuna, mantuvieron una reunión con integrantes de los servicios veterinarios del vecino país a efectos de considerar la perspectiva inmediata de continuar y reforzar conjuntamente el seguimiento epidemiológico de enfermedades, por lo que los técnicos uruguayos y brasileños, coinciden en que se deberá articular mucho más la vigilancia entre fronteras y predios.
Y no es para menos, teniendo en cuenta los antecedentes y la decisión de estados brasileños de dejar de vacunar para lograr mejores precios. Ya desde principios de la presente década está primando en los países productores y exportadores de carne del Cono Sur Sudamericano, su disposición a encarar la mejor forma de coordinar las acciones para prevenir el azote de epizootias que en su momento diezmaran al ganado bovino fundamentalmente, y en otras alcanzara para afectar las perspectivas de exportación de sus productos a un mejor precio, ante la exigencia de los mercados.
Nuestro país es parte del corazón de esta producción, y precisamente resultó uno de los más afectados cuando la última gran crisis producto de la epidemia de aftosa. Desde 2001 a la fecha, cuando la gran epidemia de fiebre aftosa, que fue uno de los orígenes –no el único– que precipitó la crisis que vivió nuestro país entonces, ha habido consenso en los países productores, bajo la coordinación de organismos técnicos y políticos, de actuar en forma conjunta para preservar la riqueza ganadera, en el entendido de que ante la amenaza continua de focos en zonas endémicas, había que mantener el esquema de vacunación, pese a sus costos y cierta pérdida de valor de la carne.
Se trata siempre de una relación costo – beneficio, naturalmente, que se mantiene vigente hasta nuestros días, solo que en base al tiempo transcurrido hay países, como Brasil, que entienden que es pertinente dejar de vacunar para acceder a estos mercados, ante un riesgo de contagio que ha descendido.
Precisamente el análisis con los costos y beneficios que implicaría a futuro dejar de vacunar contra la fiebre aftosa en Uruguay, forma parte de la tarea de una consultora que trabajó desde hace un tiempo en el tema, la que señaló que un dato a tener en cuenta es que Uruguay destina unos 37 millones de dólares anuales para vacunar contra la fiebre aftosa, asegurarse el acceso a los mercados con su ganado en pie, carne y subproductos, además de los análisis que prueben que no hay circulación viral.
Igualmente, las gremiales de productores han reafirmado su postura tradicional –lo hizo también hace pocas horas el ministro Mattos en Brasil– contraria a dejar de vacunar contra la fiebre aftosa.
Pero una cosa es la visión y la realidad brasileña y otra la de Uruguay, donde sus productores y técnicos consideran que la carne bovina de nuestro país, desosada y madurada, puede entrar en mercados de primera línea como Estados Unidos, Unión Europea, Corea del Sur y Japón.
Los productores uruguayos, como ha señalado uno de sus voceros, mantienen recelo en cuanto a dejar de vacunar, “porque tenemos muy pendiente lo que ocurrió en 2001, con una epidemia que se extendió con más de dos mil focos activos detectados por el país. De alguna manera, lo que se está invirtiendo es como un seguro, porque no hay ningún impedimento de acceso a los mercados de mayor potencial porque estemos vacunando contra la aftosa”, en tanto el costo de la lucha activa contra la enfermedad “no justificaría el riesgo de infectación que se correría si surgiera algún problema”.
Precisamente en un subcontinente donde el Uruguay y otros países vecinos tienen a la carne como un valor preciado de exportación, resulta vital la cooperación e interrelación entre los que comparten el recurso para preservarlo y potenciarlo, porque además al no existir fronteras sanitarias un problema puntual en determinada zona puede llegar a extenderse hasta lugares recónditos, cual reguero de pólvora, como ya ha ocurrido.
Al ser la aftosa endémica, aunque bajo control, el interés común de los países que comparten el recurso es establecer reglas de juego claras y controles adecuados para evitar que se den emergencias como las que arrastraron a Uruguay a una crisis sin precedentes y que dinamitó por determinado tiempo nuestras posibilidades como exportadores de carne, y que en 2001 naturalmente no solo afectaron a nuestro país. Los eventuales escenarios de focos episódicos reafirman la necesidad de que las redes de vigilancia en la región sigan en estado de alerta permanente, ante la fragilidad de las fronteras y la forma en que en varios países de la región se maneja la cría de animales, sin los controles y acciones protocolares correspondientes para preservar esta riqueza, con un contagio potencial siempre presente.
Estos elementos deberían bastar para compartir plenamente las reservas de Uruguay y otros países de la región para mantener los esquemas de vacunación, de forma de no asumir riesgos de perder de un plumazo el status sanitario y el escenario que ha costado tanto trabajo lograr en una región siempre complicada en esta problemática, y más aún con buena parte del Brasil sin vacunación.
