Este Mini Morris, versión de 1993, estaba allí estacionado y obviamente sus características y su excelente estado de presentación en lo que hace a la estética eran la causa de que se robara las miradas de los transeúntes, fueran entendidos o no tanto.
Es que desde que apareció en la escena reservada a los automóviles de Turismo, y asimismo los deportivos allá por 1959 hasta el 2000 cuando cesó su producción, el Mini Morris supo ganarse la admiración y el respeto de aquellos que gustan de los “fierros” realmente.
Este “pequeñín”, pero excelente automóvil, no solamente se destacó entre los autos de serie fabricados para su uso civil, sino también en el campo deportivo, donde llevó a cabo excelentes performances.
Distintos modelos, cilindradas que variaron entre los 1.000 y 1.300 cc, estabilidad, buen andar, motores de excelente comportamiento y ese “sabor” tan especial que deja un vehículo de estas características.
Así, pintado en tono crema, con dos bandas negras sobre el capó, la clásica parrilla horizontal, los grandes faros más otros dos adicionales, el techo negro, el baúl trasero, sus dos puertas pautan los detalles externos de este Mini Morris de nota.
Sí, es como para pedirlo para ir, sentarse frente al volante y dar una vueltita…

