El mundo científico todavía no tiene claro cómo va a proseguir, o si es que va a terminar, la enfermedad COVID-19, pero hay bastante consenso en que la etapa pandémica se acerca a su fin. El mundo político sí tiene bastante más claro que, al menos a efectos prácticos, esta situación no se va a sostener demasiado tiempo más. La población, pero sobre todo –y especialmente–, la economía global no resistirá mucho tiempo más sin una reactivación poderosa.
El mundo aún transita por la gran ola de infección provocada por la variante ómicron del SARS-CoV-2. Se estima –en base al modelo del Institute for Health Metrics and Evaluation, IHME– que en el entorno del 17 de enero hubo 125 millones de infecciones “ómicron” por día en el mundo, es decir más de diez veces el mayor registro durante la ola “delta” en abril de 2021. Esta ola ha llegando a todos los continentes y solo unos pocos países no han sufrido aún sus embates. Las estimaciones indican que más del 50% de la población se habrá infectado con ómicron para fines de marzo próximo.
También se habla de un subregistro, en tanto se sugiere que las infecciones diarias globales han aumentado más de 30 veces desde finales de noviembre de 2021 hasta el 17 de enero de 2022, mientras que los casos informados de COVID-19 en este período solo han aumentado seis veces.
Esto se debe a que la proporción de casos asintomáticos o leves ha aumentado en comparación con las anteriores variantes. La tasa global de detección de infecciones disminuyó del 20% al 5% a nivel mundial. Una revisión basada en variantes anteriores del virus sugirió que el 40% de las infecciones eran asintomáticas. Un estudio sobre 230 pacientes en Sudáfrica reveló que más del 90% de las infecciones fueron asintomáticas en ese país Sudáfrica. Al mismo tiempo, en Estados Unidos, la proporción de hospitalizaciones por COVID-19 disminuyó en aproximadamente un 50% en la mayoría de los estados en comparación con los picos anteriores. También se indica que la proporción de pacientes hospitalizados que requieren intubación o están muriendo ha disminuido hasta de un 80 a un 90% en Canadá y Sudáfrica.
Las infecciones asintomáticas se están detectando en pacientes que consultan o acuden por otras dolencias y son sometidos a pruebas de detección al ingreso a los hospitales.
En medio de este panorama las señales políticas muestran una mayor cercanía de la apertura absoluta, o casi absoluta al menos.
Sin ir más lejos desde la semana pasada se han adoptado nuevos protocolos para el ingreso a nuestro país.
“Entra en vigencia la modificación para el ingreso al país tanto de turistas, como ciudadanos uruguayos y residentes. Ahora se deberá presentar test de antígenos el cual no deberá superar las 72 horas de realizado”, anunció el Ministerio de Turismo a través de sus canales oficiales el viernes 18. Esta medida permite agilizar muchísimo, pero sobre todo abarata significativamente los costos para quienes deseen ingresar al Uruguay, una medida muy importante pensando en el sector turístico, que como se ha repetido largamente –aunque no por ello deje de ser cierto– ha sido el más golpeado por la crisis originada por la emergencia sanitaria.
Pero las señales de apertura también se ven a nivel internacional. Esta semana se produce en Ginebra una esperada reunión entre los máximos referentes de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Mundial de Turismo, “para mantener conversaciones de alto nivel sobre la reanudación del turismo a medida que se suavizan las restricciones de viajes en muchas partes del mundo”, anunció la OMT.
El secretario general, Zurab Pololikashvili, y el director general de la OMS, Thedros Ghebreyesus, “debatirán la necesidad de seguir levantando las restricciones, tras haber advertido repetidamente de su ineficacia y del daño que las prohibiciones generalizadas de movilidad pueden tener en el bienestar económico y social”. Las conversaciones también referirán a “la búsqueda común de la OMT y la OMS de unas normas y reglamentos más claros y coherentes en relación con el turismo y la salud, que permitan restablecer la confianza en los viajes internacionales y poner en marcha la recuperación”.
El secretario también tiene en agenda reuniones con las máximas autoridades de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, IATA, y de la Asociación Internacional de Líneas de Crucero, CLIA. Y a ellos le seguirá una visita oficial a la sede de la UEFA, la confederación del fútbol europeo.
Es de esperar que solo buenas noticias surjan de estos encuentros, y más pensando en que estamos en un año en el que tendrá lugar el evento deportivo de mayor convocatoria: la Copa del Mundo de la FIFA, en Catar, sobre fines de año. Este evento puede ser el que dé un impulso decisivo a la reactivación turística global, más allá de que por sus particularidades –y no solo climáticas– el país sede no es de los que naturalmente más convoca al turismo.
Claro que todo este optimismo se puede revertir rápidamente en caso que la situación sanitaria se revierta con una nueva cepa dominante más agresiva para las personas que reemplace a la ómicron con igual nivel de contagiosidad, porque seamos claros, no han sido efectivas contra ella las medidas de prevención –aislamiento, tapabocas, desinfección, etcétera– que sí habían frenado las variantes anteriores. Así que por ahora tengamos mesura y toquemos madera, que nunca está de más.

