
Carla Kruk es investigadora de Facultad de Ciencias y del Centro Universitario Región Este (CURE) de la Universidad de la República. Viene trabajando desde el año 2013 en el río Uruguay, en el embalse de Salto Grande y el Río de la Plata, sobre la distribución de las cianobacterias, las toxinas que estas producen. Pero el trabajo incluyó una revisión de la información disponible sobre este fenómeno desde los años ‘60, “que es cuando este empiezan a aparecer. Lo que ha ocurrido es que ha aumentado drásticamente la cantidad de cianobacterias”, asociada a la construcción, en los años ‘70, de Salto Grande. Pero es especialmente a partir del año 2000 que, asociado al aumento de la producción agroindustrial en los territorios de la cuenca del río Uruguay, que hay un aumento exponencial en la presencia de las bacterias en el río. Eso, dijo, “está directamente relacionado con el aumento de la superficie dedicada a los cultivos que usan fertilizante, el paquete industrial con fertilizantes y plaguicidas”. Principalmente aparece la producción de soja y cambia drásticamente, “de 0 a un 50% por ciento casi de la cuenca va a estar dominada por cultivo de soja, y es ahí donde hay un incremento brutal de la cantidad”.
EVENTOS
Kruk refiere que en la primera década de este siglo OSE dejó de operar algunas tomas de agua desde el río Uruguay. Así ocurrió por ejemplo en 2008 en la localidad de Nuevo Berlín, desde entonces abastecida por agua de perforaciones. “Es tal la cantidad de cianobacterias que no conviene, digamos, potabilizar el agua tomándola de allí, entonces cierran”, señaló.
El cierre de la toma de agua de Nuevo Berlín está referenciado en diferentes documentos con citas al “Informe sobre el comportamiento de las cianobacterias en el agua bruta de Fray Bentos”, publicado por OSE en el año 2009, no disponible en Internet. “Eran plantas que no estaban preparadas, no tenían las herramientas para sacar las floraciones, como carbón activado o alguna otra alternativa, entonces cerraron”, dijo.
Fuentes locales consultadas por EL TELEGRAFO indicaron que no habría sido ese el único factor, ya que también existía, por ejemplo, un error en la ubicación de la toma. De todos modos actualmente hay un problema con el exceso de arsénico en el agua subterránea y por el momento no se ha considerado rehabilitar la toma desde el río, corrigiendo el problema de ubicación. Por otra parte la investigadora también cita como un antecedente a considerar el caso de la intoxicación de una persona en 2011, en el embalse de Salto Grande. También dijo que desde 2010, asociadas a la dinámica de las lluvias, la presencia de las cianobacterias empezó a registrarse aguas abajo.
Lo otro que fue que se generó, a partir de este aumento, ese semáforo que hay en el río Uruguay en la página. Semáforo cuya última actualización fue hace más de un año. Los datos se recolectan pero no se publican, aparentemente por una discrepancia entre las delegaciones.
CAUSAS Y EFECTOS
La evidencia demuestra que no hay margen de dudas en cuanto a que el desarrollo de las cianobacterias está asociado a la mayor presencia de nutrientes y que la fuente de estos son los cultivos. “Cuando se extienden a largo de todo el río y se acumulan en las costas del Río de la Plata, tiene que ver con la dinámica de las lluvias y con los caudales, la apertura y cierre de las compuertas en el embalse de Salto Grande”. También ingresan desde el río Negro, en cuyos embalses proliferan.
También han investigado los efectos de la presencia de estas floraciones y las noticias no son buenas. “En particular en las que aparecen asociadas a estos proceso de eutrofización, que forman floraciones en el río Uruguay, ha pasado a haber una dominancia por un grupo de especies muy similares que es el complejo microcystis aeruginosa”, refirió. Estas cianobacteas producen hepatotoxinas que “afectan el sistema digestivo, afectan los riñones, afectan el hígado, tienen efectos agudos que afectan esos esos órganos y además tienen algunos efectos un poco secundarios, pero cada vez más frecuentes, que tienen que ver con la inhalación”. De esta forma la toxina también puede afectar a las personas por vía aérea. “Nos pueden enfermar si vivimos siempre en lugares con cianobacterias porque pasan a estar en el aire, en el spray digamos, en las microgotitas, y pueden ingresar por inhalación”, explicó. En estos casos los efectos son neurotóxicos. Kruk indicó que producen cientos de toxinas, pero que en particular en el río Uruguay detectan cuatro variedades porque son las que permiten los métodos disponibles. También se analizan los genes de estas cianobacterias para determinar si son capaces de producir toxinas. En el río Uruguay “todas las poblaciones tienen esos genes. Son poblaciones tóxicas, que producen toxina y pueden generar diferentes tipos de toxinas”.
POTABILIZACIÓN
Ante este panorama cabe preguntarse si los sistemas de potabilización que se están empleando son efectivos para garantizar la seguridad de la población. Y la respuesta sencilla es que sí, pero con varios “peros”. “En los lugares donde hay cianobacterias si el sistema de potabilización cuenta con sistemas de remoción a través de carbón activado, las estarían sacando. El problema es que cuando hay mucha concentración es mucho el esfuerzo que hay que hacer para potabilizar”, dijo. Además, sale más caro hacerlo. Por ello sostiene que “idealmente habría que evitar que hubiese floraciones en el agua, o por lo menos tratar de que haya menos”. Esto debido a que “todo el proceso está siendo forzado, porque hay una cantidad enorme de cianobacterias y toxinas. Entonces, si bien la tecnología existe para sacarlas, el hecho de que todo el tiempo estén aumentando es realmente un desafío”.
Para Kruk este desafío será el que afrontará el proyecto Neptuno. “Lo van a instalar en la costa de Río de la Plata, que tiene floraciones todo el año”, a diferencia del río Santa Lucía –de donde se obtiene hoy el agua para el área metropolitana– “que tiene floraciones esporádicas”. Esto favorecerá “que pueda haber errores más frecuentemente, digamos, porque todo el tiempo está muy exigido el sistema de de potabilización”.
PERMANENTE
La investigadora recordó además el episodio de 2019, año en el que las floraciones llegaron a la costa atlántica, favorecidas por factores climáticos como la lluvia y el viento, que las concentraba en la costa. Pero también señaló que en algunos puntos, como la costa del departamento de Colonia, en Carmelo y Nueva Palmira, “las floraciones están todo el año, incluso en invierno. Las temperaturas no llegan a ser lo suficientemente bajas como para matarlas. Nunca baja de 13 grados, 14 grados, 12 grados como mucho, y para que estas cianobacterias desaparezcan, tienen que bajar de 10, 8 grados, cosa que no pasa en nuestras aguas”.
POCA FE EN LAS MEDIDAS
El Ministerio de Ambiente están llevando adelante y evaluando aplicar medidas para combatir el problema. Sin embargo las perspectivas de que den resultados no son muy alentadoras, según Kruk.
De hecho en la costa de Federación, en el embalse del río Uruguay, del lado argentino, ya se está usando un sistema que emplea ultrasonido, “que no ha logrado tener éxito”. Explicó que son herramientas pensadas para pequeños lugares, “que no es el caso del embalse de Salto Grande ni del río Uruguay”, y más si no dejan de ingresar más nutrientes. “Primero hay que parar, que no entren más los nutrientes”, enfatizó.
El ultrasonido lo que hace es romper las vacuolas de gas que hacen que la cianobacterias floten. Así se evita que completen su ciclo. El otro método consiste en arcillas que “atrapan” el fósforo, de forma que no quede disponible para las cianobacterias y se vaya al fondo.
“Son dos herramientas bastante caras, diseñadas para ambientes pequeños, controlados, y en los que el agua no se esté trasladando. Entonces no tienen sentido, no van a ser efectivos en ambientes tan grandes y tan dinámicos como el río Uruguay”, concluyó.
