Hace hoy 113 años, tomó contacto con los sanduceros el primer ejemplar de EL TELEGRAFO, en una época enmarcada tradicionalmente en la historia universal como la belle époque, pero que sin embargo, estaba pletórica de desafíos, los que igualmente no hicieron perder el entusiasmo de nuestros antecesores, apostando a la pluma como instrumento para promover el desarrollo del solar y ser portavoz de sus inquietudes, sus esperanzas y necesidades.
Quienes se lanzaron a la aventura fueron Miguel Arturo Baccaro y Angel Carotini, unidos en el objetivo de la lucha a través de la prensa por ideales que siguen tan vigentes como hace más de un siglo, aunque es cierto que algunos de aquellos ideales, la forma de ver y vivir la vida, refieren a muchos conceptos que tal vez cueste insertar en la sociedad de hoy, con valores que han cambiado a lo largo de las décadas.
Eran principios de 1900, del nuevo siglo que recién asomaba, un período revulsivo, de grandes transformaciones para la humanidad, y que en la medida de nuestras posibilidades y proyección en el solar y en la región, tuvo a EL TELEGRAFO como gestor de ideas, de inquietudes, como motor y a veces protagonista de acontecimientos de gran repercusión, y no solo local.
Nuestro primer ejemplar apareció en un Paysandú que estuvo desde siempre asomado al río, vía de llegada y salida de la riqueza que se generaba y reciclaba en este lugar. La pluma inquieta de nuestros fundadores y de quienes les siguieron en esta cruzada periodística ha estado a tono con el desafío, con los retos del nuevo siglo, en este rincón del mundo, cuando la globalización no existía y mucho menos la velocidad con que hoy se transmiten las noticias y novedades por el mundo.
Otros tiempos, más tranquilos en cuanto al ritmo de los cambios, es cierto, pero en los que a la vez había que ingeniarse para satisfacer a un público lector para el que la prensa era no solo su forma de relacionarse con el solar, la región y el mundo, sino su forma de hacerse un lugar para trascender y satisfacer aspiraciones, inquietudes y necesidades, además de expresar su opinión sobre pequeños grandes temas de la comunidad.
Por lo tanto aquel 1º de julio de 1910 no solo fue la fecha en que apareció el primer ejemplar de un periódico más, en una época en que nacían y desparecían publicaciones todos los días, sino un hito periodístico del que nos seguimos enorgulleciendo a diario como protagonistas de la historia de Paysandú. Como contrapartida, aquellos desvelos y visión dejaron la vara muy alta para las futuras generaciones, como la nuestra, para estar a la altura de las circunstancias.
La constante, más allá de épocas y circunstancias, además es la interrelación con el río Uruguay, como lo asumieron los visionarios que en los albores del siglo buscaron su puesto de lucha por un Paysandú mejor, por su gente, por el desarrollo de emprendimientos que generaran empleo para los sanduceros.
En aquel entonces, por supuesto, el río resultaba vital para las comunicaciones, para la llegada y salida de mercadería hacia esta región, y aún hoy, en otras circunstancias y factores incidentes, mantiene vigencia este precepto, aunque no es el medio de transporte por excelencia ante el avance de otras modalidades de comunicación y de transporte, aunque Paysandú en su desarrollo y potencial sigue ligado a que se pueda potenciar el uso del transporte fluvial.
En aquel entonces, salíamos a la calle con un diario que se armaba completamente a mano, pero con un contenido basado en la calidad, agudeza y veracidad de su prédica e información, lo que contribuyó sin dudas a construir una trayectoria respaldada a lo largo de las décadas por los sanduceros.
Y por cierto la historia de Paysandú indica que se tuvo éxito en esta quijotesca cruzada, que permitió que de las inquietudes lugareñas se trascendiera hacia una región pujante y de gran proyección por su ubicación estratégica, lo que fue confirmado con el paso de las décadas. Hay grandes diferencias entre aquel mundo y el de hoy, y precisamente estos cambios han sido determinantes para que de aquellas fuentes de empleo hoy solo subsistan, y no sin dificultades, solo algunas, con todo lo que ello implica.
Con el paso de los años, y en forma gradual, otro gran desafío ha sido el de acompañar e integrar los sucesivos avances tecnológicos a nuestro diario, lo que ha demandado grandes inversiones en recursos materiales y humanos, como una forma de actualizarnos, de competir, de ofrecer la mejor calidad posible a nuestros lectores. Además, lo que antes tardaba décadas en evolución tecnológica, hoy insume apenas unos pocos años, y ello genera la necesidad de un compromiso económico imprescindible y constante.
Felizmente, a pesar de estos desafíos, con avatares y obstáculos que se fueron sorteando, hemos podido seguir cumpliendo en la medida de nuestras posibilidades con una misión que nos hemos impuesto desde aquellos tiempos, en cuanto a contribuir a consolidar los pilares para el desarrollo del solar, a sostener e impulsar el nunca desmentido espíritu de Paysandú, que hemos tratado de mantener en alto a través de nuestra prédica.
Nuestro compromiso de hoy también es el de siempre, el de hace 113 años, el que hemos reafirmado a lo largo de las décadas, y para el que felizmente siempre hemos contado con el aval de nuestros lectores. En aras de honrarlo, seguiremos dedicando nuestros desvelos a ofrecer a Paysandú y la región un diario cada día mejor, porque Paysandú se lo merece y nos obliga a ser consecuentes con el legado que recibimos y hemos abrazado orgullosamente a lo largo de toda la existencia de nuestra casa periodística.

