Los pájaros en 18 de Julio y la higiene en la semipeatonal

En los últimos tiempos el problema de la suciedad provocada por bandadas de tordos que pernoctan en el centro se ha vuelto un tema político. Esta situación no se da en cualquier lugar, sino principalmente en los árboles de la cuadra de 18 de Julio entre Montevideo y Treinta y Tres Orientales, elegidos por cientos de aves para posarse y descansar. El problema se genera por las deposiciones que caen sobre la calle y los bancos de la semipeatonal que están justo debajo.

El reclamo político viene por el lado de la higiene, y algunos ediles plantean que se lave la calle con mayor frecuencia o hasta insinúan que la solución pasaría por eliminar los árboles del centro.
Este fenómeno no es nada nuevo en el centro. Seguramente los ediles mocionantes –o al menos alguno de ellos—recordará que hace algunos años, antes de que se construyera la semipeatonal, ya sucedía lo mismo en la esquina de Treinta y Tres Orientales y 18 de Julio, al frente de donde hoy está ANDA. Allí había un gran árbol donde se posaban los pájaros, justo sobre un estacionamiento de motos. Esto ocurrió durante años hasta que la solución llegó por el lado de talar el árbol, que coincidió con la instalación del comercio en esa esquina.

Los pájaros entonces buscaron otro lugar cercano, y eligieron éste, donde pernoctan actualmente.

LIMPIEZA E HIDROLAVADO

Ante esta situación, la actual administración municipal ha dispuesto el hidrolavado de la acera y las comodidades debajo de los árboles en cuestión. Esto se viene haciendo con frecuencia desde hace años –más allá de que el tema recién se haya planteado en la Junta Departamental– y se realiza en horario nocturno próximo a la medianoche en días de semana, cuando el tránsito vehicular y peatonal es menor. Sin embargo, en poco tiempo las superficies lavadas vuelven a quedar blancas por la suciedad de los pájaros, por lo que para quienes no ven el trabajo que se hace, parece que nunca se limpia.

Lo cierto es que sí se hace, y es una tarea que insume mucho trabajo, varias horas en las que trabaja uno o dos funcionarios municipales, con un equipo de hidrolavado que funciona a nafta y una camioneta que transporta el agua.

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EL PROBLEMA DE LOS RUIDOS

Este trabajo que la mayoría de la gente no ve, en cambio sí se escucha; o al menos sí los vecinos de la semipeatonal. Ocurre que el equipo a nafta utilizado para la tarea es sumamente ruidoso, y aunque no sabemos objetivamente cuántos decibeles genera, no caben dudas que está por encima de lo que se aconseja para la salud auditiva; tanto que de seguro un prevencionista sugeriría que los operarios utilicen protección auditiva para trabajar. Todo ese ruido durante más de dos horas en la madrugada también supone un problema ambiental, tanto que vecinos de la cuadra nos han hecho llegar su malestar por no poder descansar en la noche hasta que se termina la tarea.

LA SOLUCIÓN

Para los ciudadanos más conservadores, la solución pasa por cortar los árboles, por aquello de “muerto el perro, se acabó la rabia”. Afortunadamente esta arcaica forma de ver las cosas para la mayoría ha quedado en el pasado, y ya son muy pocos los que siguen defendiendo la matanza indiscriminada de canes para evitar una posible enfermedad.

Está claro que talar los ejemplares del centro sería una aberración, y que significó un gran avance ecológico, urbanístico y ambiental lograr que se vuelvan a plantar árboles en el centro, donde antes era imposible siquiera caminar durante una calurosa tarde de verano.

Quedan entonces pocas alternativas reales para seguir. Por lo pronto, lo más razonable parece ser continuar con lo que se viene haciendo, o sea lavar con la mayor frecuencia posible y llegado el caso quitar los bancos que están debajo de los árboles, que al fin y al cabo hace unos años ni siquiera existían, y nadie los reclamaba. Quizás en ese caso el mayor problema lo tengan las tiendas que en forma totalmente irregular se instalan hasta con percheros en las islas de descanso, utilizando el espacio público y los bancos para uso comercial, y que ven su mercadería ensuciada por los inocentes plumíferos que se posan en las alturas. Respecto a los ruidos molestos –que realmente son muy molestos–, la Intendencia debería buscar una alternativa para evitar generar inconvenientes a los vecinos.

Esta podría ser arreglar el silenciador del motor de la hidrolavadora, o si realmente es así de ruidosa y no está funcionando mal, modificarlo instalándole un atenuador de ruidos de escape más efectivo. Incluso también se pueden silenciar mucho los ruidos de la admisión del motor instalando un filtro de aire externo más cerrado; todas modificaciones que un mecánico municipal seguramente sabe y puede realizar a muy bajo costo. En todo caso, la alternativa que jamás puede ser considerada es cortar los árboles.