“El hombre de la flor en la boca”: Una puesta en escena somnolienta

EL HOMBRE DE LA FLOR EN LA BOCA, de Luigi Pirandello. La Farola, Colonia del Sacramento. Dirección: Mercedes Rusch. Sonido y Luces: Andrea Hernández. Con: Bruno Gea, Mario Núñez. XIX Bienal de Teatros del Interior. Espacio Cultural Arteatro. Domingo 15 octubre 2023.

Dos personajes. Uno que trata de ocuparse en las cosas deteniéndose en los detalles insignificantes y tratando de huir de quien identifica como su mujer que a lo lejos lo persigue, pero en realidad es la muerte que lo espera; el otro, definido como el “parroquiano pacífico” en el texto de Pirandello, está preocupado por cosas comunes, como su familia, haber perdido el tren, cosas así. Los dos coinciden en un Café de una estación de tren de donde acaba de partir uno, precisamente el que debía tomar el hombre tranquilo. La obra se convierte prácticamente en un monólogo, porque el personaje que ha perdido el tren no puede reaccionar ante lo que escucha, mientras el hombre de la flor en la boca habla todo lo que puede, aprovechando lo poco que le queda de vida.

No hay caso, por más que se hagan esfuerzos la muerte está allí, esperando. Por eso se debe vivir cada momento, exprimirlo. Un concepto que en los años veinte del siglo pasado venía muy bien, en época de posguerra. Se trata de una obra corta, definida por el autor como “diálogo en un solo acto”, pero que exige dos actores dúctiles, capaces de “pintar” las frases, capaces de transmitir al espectador la soledad que ambos padecen, por diferentes razones.

En esta puesta en escena no hay realmente un juego de personajes, el texto se mueve pesadamente, casi también agonizando, esperando su final, su propia muerte.

La planta, además, está mal ejecutada. La idea inicial es que los dos actores ocupen dos mesas separadas, lo que aquí se respeta. Pero uno de los actores -el hombre tranquilo- pasa toda la obra sentado y en un tres cuartos cerrado, casi dorsal (de espaldas), lo que lo aleja totalmente del público. No se ven sus expresiones, no hay acción con el rostro. Habitualmente -por no decir en todas- en las puestas de esta obra los actores están de frente o costado al público. Esta vez no, lo que solo ayuda a la debilidad de la realización. No se logra transmitir el valor de la obra, una pequeña joya de Pirandello. E.J.S.