Mitos y verdades del clavel del aire

De chicos solíamos observar esta curiosa planta que parecía tener sus raíces en el aire y que a menudo las notábamos prendidas a otra planta o árbol.
No le dimos más importancia y solo nos abstuvimos a observar su bella flor casi fucsia, hasta que un día alguien nos dijo que, si un árbol tenía claveles del aire en sus ramas, era porque se estaba muriendo. Peor aún, nos dijeron que justamente estos claveles aéreos eran los culpables.
Pero en vez de tantas especulaciones, pasemos a conocer mejor a estas bromelias, y preguntemos a quien realmente sabe.
Pablo Silchenko es integrante del Grupo ecologista naturista sanducero (Gensa) y desde hace muchos años, junto a la organización, vienen surcando las veredas y canteros sanduceros; escuelas, liceos y muchísimas instituciones tienen el sello de Gensa en cada árbol. ¡Y vaya que han sido tantos que no se acuerdan cuántos!
EL TELEGRAFO preguntó a Silchenko acerca de los misteriosos claveles del aire. “La Tillandsia, de la familia de las bromelias, es amplio en el Uruguay. Tenemos entre 17 y 20 especies. La mayoría tienen flores muy lindas. El ananá es de la misma familia, pero en otro género”.
“Siempre se habló de la Tillandsia recurvata, que era parásita y que atacaba a los árboles; es un clavel del aire chiquitito con una flor muy chiquita y siempre se dijo que era la que secaba a los árboles. Eso es de la voz popular. Pero según investigaciones que se han hecho, no les hace absolutamente nada a las plantas. Sucede que en el árbol cuando está con una patología, una enfermedad o sencillamente con ramas que hacen podas naturales, este tipo de Tillandsia prospera mucho”.

No son parásitos, son epífitas

Las especies de Tillandsia son epífitas, esto significa que en la naturaleza crecen sobre otras plantas para sostenerse, pero no se alimentan de ellas; crecen fuera del suelo y no son parásitas.
“Esto es importante. Simplemente hospedan a un ser y se fijan. Se alimentan a través de unos vellitos que se llaman tricomas; por allí reciben el agua y los nutrientes y la raíz es para fijarse en algún lugar”, aclaró Silchenko.
No obstante, lo que sí se puede decir es que “tienen una reproducción bastante explosiva. Es una de las Tillandsias que se reproducen mucho. Entonces cuando el árbol está débil, o enfermo, o tiene ramas secas, ellos prosperan más sobre esas ramas secas. Y puede suceder que las raíces de los claveles (Tillandsia recurvata), aprieten a las ramas verdes que pueda tener ese mismo árbol e impidan que circule la savia; si el árbol está debilitado se caen las ramas y de ahí viene ese popular dicho de que son parásitas y que secan los árboles. Pero realmente no es así”. Al respecto, Silchenko menciona que la prueba de que no son parásitas es que se prenden hasta en los cables y a los cables no les pueden sacar nada”.

El Ibirapitá de plaza Bella Vista

Del histórico Ibirapitá “hijo del árbol de Artigas” que desde 1953 permanece en plaza Bella Vista, se dice que los claveles lo están secando.
“Cuando uno planta un árbol, no solo planta y hace la acción buena, sino que hay que tener la responsabilidad de cuidarlo, de podarlo, de fertilizarlo y ver si no tiene alguna enfermedad. Pero notamos que hay cambios cuando se cae una rama y en este caso pasó eso. Donde fue plantado, el perfil de suelo que hay, es un perfil muy chico; la tosca está muy cerca. Es muy probable que a ese árbol le estén faltando nutrientes, haya que tratarlo, echarle fertilizante para que pueda recuperarse y tener vitalidad. Como todo ser vivo, al tener vitalidad, nuestro sistema inmunológico es más fuerte y nos podemos defender de cualquier tipo de microbios y bacterias. Con el clavel del aire pasa que cuando agarra un árbol que está débil, se reproduce con más fuerza”.
“La parte prensil de la planta en cierta forma hiere a la rama y ahí empiezan a entrar bacterias, se empieza a enfermar y muere”.

Soluciones posibles

“Es un árbol muy añejo, pero se podría fertilizar, ponerle no solo productos químicos sino remover la tierra, echarle un buen compost y también mecánicamente se puede hacer una poda. También ha habido unas experiencias con un preparado –yo no lo he hecho– con un kilogramo de bicarbonato de sodio en 30 litros de agua con un poco de vinagre, eso hace que combata la Tillandsia, ese clavel del aire y ver si se puede recuperar. Pero cuando se vaya a podar hay que ver bien en qué parte se va a cortar –no salir a podar a lo loco–. En Paysandú se hace un trabajo de poda, pero no se tratan las heridas”, reclamó y continuó haciendo un paralelismo entre el árbol y el cuerpo humano: “si vos te hacés una herida y la dejás abierta, las micro infecciones empiezan a entrar y te enfermás; en un árbol pasa exactamente lo mismo”. Otro factor que mencionó acerca del Ibirapitá, es que “llega un momento que las raíces no pueden avanzar y se chocan con el hormigón porque no tienen más lugar. Se empiezan a espiralar y eso es perjudicial”.
Por último y volviendo a las epífitas, EL TELEGRAFO preguntó al representante de Gensa qué sucede si en un árbol completamente vital, vemos estos claveles prendidos a las ramas, a lo que respondió que “Los dejamos. Mis árboles tienen y no prosperan más de lo normal. Yo planto bromelias en los árboles, pero la Aeranthon, que es la más común, la de la flor fucsia con el centro azul violáceo”.