Se ha repetido hasta el cansancio la definición del estado de salud de la Organización Mundial de la salud, pero hoy me tomaré la libertad de volverla a recordar: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Sentirse bien es una sensación agradable por la satisfacción del momento que se está transitando, donde esa persona desea permanecer y moverse permanentemente hacia un estado de confort físico y emocional, que en ausencia de padecimientos físicos termina por ser el estado ideal pero incluso, en situación de enfermedad física, el bienestar emocional contribuye en forma determinante para la sanación.
Ese estado de confort emocional no es puramente dependiente de la decisión personal sino que juega un papel trascendente el entorno que lo rodea y ese entorno suele depender de la actitud de las demás personas que lo conforman.
De acuerdo a la sensibilidad de cada uno, hay estados emocionales adversos que desencadenan enfermedades físicas, sobre todo cuando la persona no encuentra en el horizonte un bálsamo para su sufrimiento emocional pero la cercanía empática de su entorno, contribuye a atenuar ese padecimiento.
La cercanía, la comprensión, el aliento, la solidaridad, la empatía si bien no curan, genera alivio, fe y esperanza; por lo tanto, es un combo terapéutico tan o más importante que las drogas prescriptas.
Por todo lo comentado, es imprescindible que el humanismo esté en la primera línea de cualquier vademécum que no necesita receta, pero no viene en crema, ni comprimidos ni en ampollas, porque simplemente se transmite y el paciente se lo lleva impregnado en su cerebro y hace latir con alegría el corazón.
La empatía muchas veces viene integrada en cada persona y si no se tiene hay que tratar de cultivarla y el que no la tiene o no la logra es preferible que elija trabajar con máquinas que sólo requieren de la habilidad del operador, de la inteligencia de su creador y la experticia suficiente para su funcionamiento perfecto. Pero cuando se trata de personas, la empatía jamás podrá estar ausente, sobre todo cuando se pretende actuar sobre la salud de un semejante.
Por todas estas razones, el Colegio Médico del Uruguay pone tanto énfasis en la promoción entre sus colegiados en cultivar los conceptos de bioética y en el humanismo médico para contribuir más eficientemente en la sanación no solamente física sino mental, para cumplir con las premisas de la Organización Mundial de la salud.
Dr. César Suárez, consejero Regional
Norte del Colegio Médico del Uruguay


