El ejercicio físico ha demostrado ser una perfecta vía para ralentizar los perjuicios de el envejecimiento en muchos sentidos. Mantenerse activo no solo reduce los trastornos y enfermedades que acortan la esperanza de vida, sino que también facilita una mejor calidad de vida. Y esto no favorece únicamente al corazón y otros órganos clave, sino que se ha demostrado que también protege al cerebro de los efectos perjudiciales del paso del tiempo.
La última muestra de los beneficios de las actividades físicas ha sido mostrada por una investigación de la Universidad de Texas con una comparación entre adultos y jóvenes.
La profesora Chandramallika Basak quiso profundizar en la posible relación entre dos de los campos en que más ha investigado, el envejecimiento y las capacidades cognitivas del cerebro, así que reclutó a una serie de individuos de diferentes edades para una serie de pruebas mentales. Los participantes tuvieron que completar diferentes tareas. Podían ser retos de memoria o de reconocimiento de patrones y en ocasiones debían ser resueltas al mismo tiempo, mientras se registraban sus cambios de oxígeno en la sangre y otros factores de control cognitivo.
En colaboración el laboratorio de Neurociencia del centro, la experta comprobó la capacidad de los hombres de completar las tareas, actualizar la información o incluso anticiparse en las pruebas que se desarrollaron.
Los resultados mostraron que había un grupo de adultos de edad avanzada (una edad media de 73 años) cuyo córtex prefrontal trabajaba de manera similar a lo de los jóvenes. Es decir, que se activaba con más facilitad y funcionaba de manera más eficaz en una zona que está considerada el centro de control cognitivo del cerebro para las tareas mentales más exigentes. También podían recurrir al lóbulo parietal, un área diferente, lo que suponía también una diferencia con el resto.
Mente sana en cuerpo sano
De este modo, los experimentos respondieron a los interrogantes planteados por los científicos. Los autores de la investigación habían dividido a los adultos de mayor edad en un grupo que estaba muy en forma y en otro con un estilo de vida mínimamente activo en cuestiones físicas. Los registros presentaron que los perfiles de las personas que con más frecuencia desarrollan actividades físicas fuertes como correr, nadar, montar en bicicleta, jugar partidos individuales de tenis, el baile aeróbico o esquiar eran los que habían logrado pausar los efectos del envejecimiento en el cerebro.
Las pruebas también mostraron una menor diferencia entre los adultos activos y los jóvenes que entre los adultos activos y los sedentarios.
“Descubrimos los efectos protectores en aquellos sujetos que regularmente realizaban actividades extenuantes y exhibían una alta aptitud cardiorrespiratoria, lo que compensa el declive de la cognición que normalmente vemos con la edad”, explicó en la presentación de los resultados la profesora Chandramallika Basak, autora principal del estudio y habitual investigadora de la memoria de trabajo.
Según la experta en habilidades complejas neuronales y envejecimiento, el estudio revela que las actividades físicas más exigentes como el entrenamiento de cardio y el ejercicio vigoroso pueden resultar muy provechosas porque favorecen un mayor despliegue del cerebro. “Demostramos que los altos niveles de actividad física y la alta aptitud cardiorrespiratoria permiten reclutar regiones cerebrales adicionales que ayudan a compensar y mantener los niveles de precisión. Por lo tanto, parece que hay efectos independientes de la aptitud física que pueden permitirnos contrarrestar algunos efectos del envejecimiento”, insistió la especialista en la adquisición de habilidades complejas neuronales y predictivas.


