Algunas especies de peces del río Uruguay como dorado, boga, sábalo y surubí, presentarían una significativa contaminación por plaguicidas, metales y otros elementos que se vuelcan al curso de agua, por lo que se recomienda no ingerir más de media a dos porciones al mes, según el informe de un técnico argentino filtrado a la prensa del vecino país y que se atribuye a la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU).
Sin embargo, fuentes del organismo binacional explicaron que el texto difundido sería solo uno de los varios informes de los distintos técnicos que luego son estudiados por un grupo de científicos de la CARU, instancia que aún no se ha cumplido para finalmente informar a las delegaciones. Detallaron que el procedimiento es que varios técnicos envían sus informes, luego los analizan los científicos, después se reúnen con los que analizan la pesca y finalmente se hace el informe oficial, teniendo ya todas las opiniones evaluadas y ponderadas. En este caso se trataría del informe primario de un técnico argentino filtrado a la prensa del vecino país sin el rigor del análisis científico de CARU, dijeron a EL TELEGRAFO.
CONTAMINACIÓN CON PCB Y AGROQUÍMICOS
De acuerdo a la versión difundida por la prensa argentina, se reveló en los peces de determinados tramos del río Uruguay la presencia de distintos policlorobifenilos, compuestos aislantes que eran usados como refrigerantes y lubricantes en transformadores y condensadores eléctricos que, por su nivel de toxicidad y persistencia, fueron prohibidos en la década del ’80.
El estudio también registró en los tejidos de los peces presencia de plaguicidas como endosulfan, prohibidos en Uruguay y Argentina, los que van dar al lecho del río Uruguay por su uso en cultivos de la región, a través de los respectivos afluentes al “paterno”.
“De los 13 herbicidas analizados, sólo 4 (25%) de ellos fueron detectados al menos una vez en una muestra de músculo o de hígado (acetocloro, atrazina, metolaclor y metilmetsulfurón)”, señala el documento al que accedió ERA Verde, publicación ambiental de Paraná, entre Ríos.
En cuanto a “metales no esenciales”, como cromo (Cr), plomo (Pb) y mercurio (Hg), el informe marca una baja de su presencia en relación a campañas anteriores, aunque las “muestras de Concepción del Uruguay presentaron los valores promedio más elevados”.
A fines de 2023 se elaboró el informe anual correspondiente al período anterior del Subprograma Residuos de Contaminantes en Peces del Río Uruguay, para la CARU. En el trabajo se da cuenta de la presencia de distintos productos nocivos relevados en muestras de la fauna íctica, con resultados llamativos respecto a la contaminación de peces, en tanto el estudio también plantea la necesidad de continuar con los monitoreos.
El informe se realizó en base a los relevamientos de las campañas de verano e invierno de 2022 que llevó adelante el mencionado subprograma. El estudio proporcionó “información sobre la concentración de 138 sustancias diferentes en 96 muestras de músculo y 32 de hígado de 4 especies de peces colectadas en 4 localidades en dos momentos del año distintos. Ello representó un conjunto de 17.664 datos que fueron ordenados, curados y analizados”, a partir de los cuales se desprenden los principales resultados del relevamiento.
Uno de los puntos señala que “pese a su prohibición desde hace ya varias décadas, los PCB (policlorobifenilos), aún persisten en el ambiente y son acumulados en los peces. De los 38 analizados, un mínimo de 3 y hasta 33 fueron detectados en una misma muestra de músculo”, observa, “siendo el PCB 153, el PCB 138 y el PCB 149 los más relevantes en cuanto a frecuencias y concentraciones. La frecuencia de detección de los PCB totales fue 100%, la concentración máxima 171,2 g/Kg, la promedio de 13,8 microgramos/Kg y la mediana de 6,33 microgramos/Kg. No presentaron diferencias entre tejidos, temporadas o localidades, aunque en Concepción del Uruguay se observaron los valores promedio más elevados”, señala como dato particular.
Aclara que “las concentraciones medidas (de PCB) no representarían un riesgo para la supervivencia, crecimiento o reproducción de los peces y no se observó un patrón de biomagnificación, pero sólo se podrían comer de forma segura 2 raciones o media ración al mes, considerando puntos finales no carcinogénicos o carcinogénicos, según criterios de la Usepa (sigla en inglés de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos).
Las concentraciones máximas tuvieron el valor histórico más alto desde 2012. Por ello, se recomienda continuar su relevamiento”.
En lo que respecta a Polibromodifenilos (PBDE) un compuesto bromado de amplio uso y que se encuentra restringido a nivel mundial, se indica que su detección fue más relevante en las muestras de boga, que “tuvieron en promedio valores más elevados que las de sábalo y los dorados.
También las tomadas en Concepción del Uruguay contaron con “valores promedio más elevados que otras localidades”: Mocoretá, Puerto Yeruá y Villa, lugares seleccionados de modo que pudiera cubrirse “diferentes sectores del tramo del río Uruguay bajo jurisdicción de la CARU”, se argumentó.
PLAGUICIDAS
Por otro lado, el muestreo analizó la presencia de 34 insecticidas. “La frecuencia de detección para los insecticidas totales fue de 94%, la concentración máxima, media y mediana fueron 394,0 microgramos/kg, 68,56 microgramos/kg y 31,76 microgramos/kg. La principal familia de insecticidas por su frecuencia de detección y concentraciones en el músculo fue la de los neonicotinoides (imidacloprid, tiametoxam).
Las familias de los organofosforados (diclorvos), piretroides (cipermetrina y cialotrina) y biorracionales (triflumurón) mostraron ocasionalmente concentraciones elevadas, pero las frecuencias fueron menores al 50%, y la de los carbamatos (carbofurán) no fue detectada en este tejido”, se apuntó. En este ítem “no se encontraron efectos significativos de la especie, tejido, temporada o localidad sobre las concentraciones de insecticidas totales en las muestras. Sin embargo, los promedios más altos se encontraron en muestras de Mocoretá y Puerto Yeruá”, se señaló.
En cuanto a los “siete metales analizados”, sobre los “no esenciales”, los datos más relevantes de las muestras “por sus frecuencias de detección y concentraciones en el músculo fueron el Cr (cromo) y el Hg (mercurio), aunque su frecuencia de detección fue menor al 50% y concentraciones máximas, promedio y mediana de 1,41; 0,07 y 0,04 mg/Kg para Cr y 0,97; 0,08 y 0,03 mg/Kg para Hg.
En general hubo un efecto asociado a la localidad, pero en la mayoría de los casos las muestras de Concepción del Uruguay presentaron los valores promedio más elevados, salvo para el mercurio, que fue Mocoretá.
El estudio concluye que “en todas las familias de contaminantes” analizadas “hubieron compuestos que excedieron sus MRL (mínimos permitidos para que no dañe) o bien mostraron tendencias de concentraciones en aumento, por lo que se recomendaría continuar con el relevamiento de todas ellas”. También en lo metodológico, se solicita que siga funcionando “la logística de muestreo” reforzando las “capturas” y los “artes de pesca” para mantener el Subprograma de Relevamiento de la lctofauna.


