Y un día decidimos de una vez por todas perder esos kilos de más. O tal vez ya lo hemos decidido y estamos inmersos en un proceso con el que no vemos resultados. Bueno, lo que ocurre es que además del ejercicio y la dieta hay otros factores que también hay que tener en cuenta.
Para empezar se trata de un maratón y no de una carrera corta. Los primeros indicios de que vamos por buen camino recién aparecen a los dos o tres meses de comenzado un programa de adelgazamiento y puesta en forma. De ahí que siempre hay que escuchar el consejo de no obsesionarse, porque podemos llegar a abandonarlo todo si nos gana la ansiedad.
Después tenemos factores como la genética, la edad, el estrés, un descanso deficiente, los horarios de las comidas, ciertas patologías o la ingesta de determinados fármacos que pueden dificultar que la balanza refleje fielmente nuestros esfuerzos. Pero siempre hay una solución.
En cualquier caso, para que el proceso se salde con éxito es indispensable fomentar el denominado déficit calórico, es decir, ser capaz de comer menos de lo que se gasta para que el organismo haga uso de sus reservas y así logre quemar grasa. Para ello, es indispensable actuar decididamente sobre los hábitos alimenticios y eliminar de la dieta aquellos alimentos que ya se sabe que no son los más adecuados, como por ejemplo, los ultraprocesados.
Evidentemente, para generar ese déficit calórico, es obligatorio añadir a la ecuación un poco de actividad física, ya sea estructurada como un entrenamiento, o más casual fruto de un estilo de vida que prioriza el movimiento y destierra el sedentarismo. Sin embargo, para lograr perder peso de manera más rápida y eficaz hay que abogar por un enfoque conjunto entre dieta y ejercicio, y no de cualquier manera.
¿DIETA, EJERCICIO?
Porque esa es la primera clave a tener en cuenta. La unión hace la fuerza. Si pretendemos perder peso es posible que lo logremos sólo con dieta o con ejercicio, pero vamos a multiplicar los resultados si combinamos ambas cosas. De hecho, un trabajo científico publicado en la revista Obestity aborda esta cuestión y no deja lugar a dudas.
A lo largo de un año de seguimiento, aquellas personas que hicieron dieta lograron perder un 8,5% de peso, quienes realizaron exclusivamente ejercicio perdieron únicamente un 2,4% y los que utilizaron ambas estrategias combinadas para adelgazar perdieron un 10,8%. Así que parece claro que es mucho mejor hacer dieta y ejercicio que optar sólo por un solo enfoque.
¿CARDIO, FUERZA?
En términos absolutos, el cardio ayuda a quemar más calorías que el entrenamiento de pesas, por ejemplo, y tiene asociados importantes beneficios, pero no podemos obviar que para nuestra salud, y nuestro objetivo, es mejor que tratemos de desarrollar la musculatura o, en su defecto, no dar un paso atrás.
En este sentido, una investigación publicada en BMC Public Health comparó los resultados de cuatro grupos de individuos a lo largo de 12 semanas de seguimiento para arrojar luz al debate sobre si es mejor el cardio o la fuerza para adelgazar. Y la conclusión es que, tomando como referencia un grupo de control que no realizó ningún tipo de ejercicio, quienes se adhirieron a un programa conjunto fueron capaces de perder el doble de peso que quienes entrenaron sólo cardio o sólo fuerza.
Así pues, la sinergia debe ser la nota predominante a la hora de abordar una estrategia de pérdida de peso a todos los niveles. Si queremos tener éxito y notar resultados de manera más rápida y evidente, debemos hacer dieta y ejercicio al mismo tiempo y, en relación a esto último, debemos incluir rutinas de fuerza y cardio de manera conjunta. De esta forma lograremos una adecuada recomposición corporal en la que haya menos grasa y más músculo. Y lo que es más importante, nuestra salud mejorará en mayor proporción si aplicamos este enfoque.


