El Gordo Verde, un cura extraordinario

El miércoles 31 de enero, muchos sanduceros tuvimos la grandiosa oportunidad de ver y escuchar al Padre Juan Andrés Verde, un cura católico muy querido, por su carisma tan especial, sobre todo con los jóvenes.
Llegó al Colegio invitado por nuestro Párroco Ruben para festejar a San Juan Bosco, el inspirador de los Salesianos. De inmediato respondió a la invitación, porque, según dijo, Don Bosco es su santo preferido, desde que estudiaba en el Colegio Pío, en su adolescencia. Dice no ser salesiano en realidad, pero se siente como tal. Se siente hijo de Don Bosco. Son notables su bonhomía y su humor, que atraen a los jóvenes, y a todos. Vive en un asentamiento, en Carrasco norte, en el barrio de la capilla Santa Eugenia. Está al servicio de los más necesitados, ayudándolos a construir viviendas dignas, y enseñándoles con su palabra y su ejemplo de vida. Hace lo mismo, regularizando otro asentamiento en Canelones en el límite con Montevideo, donde ya se han levantado muchas viviendas dignas.
Jóvenes sanduceros salesianos, del Colegio y otros grupos, organizaron un sketch, en el que intervino el Gordo Verde (todos, hasta él mismo, lo identifican así) y a través del cual lo entrevistaron, entre bromas y risas, en un clima de afecto y confianza.
Bromeó con su remera, de talle difícil de encontrar. Fue deportista, jugador de rugby, realizó distintas actividades antes de descubrir su vocación sacerdotal. Asistió a los colegios Monte VI, Pío y Juan XXIII, y en sus patios aprendió a amar a don Bosco y a María Auxiliadora. (Nació un 24 de mayo, el Día de Ella). Sus experiencias en esos patios le dejaron una huella imborrable. A través de Don Bosco, en las buenas y en las malas, conoció a María Auxiliadora.
Más adelante hizo un Voluntariado en Sarandí del Yí, Durazno, en el Paiva, una institución educativa para jóvenes rurales, donde se les enseña toda clase de actividades para defenderse en la vida. Fue allí donde aprendió la importancia de la generosidad, de la empatía con el más necesitado. Y fue allí donde sintió el llamado para ser cura.
Contó algunas anécdotas muy divertidas, a propósito de la ignorancia, la ingenuidad, la sinceridad y la generosidad de los muchachos del Paiva, 70 alumnos.
Había un tal Kennedy, no entendí si era apellido o sobrenombre, que motivó una graciosa anécdota. Resulta que un día alguien dejó una galleta de campaña sobre el Sagrario. El cura que oficiaba la misa y él, se asombraron, y se preguntaban quién habría sido. El Gordo escuchó que alguien lo llamaba ¡Azul! (porque así le decían a él). Era el K, escondido, ahí cerquita. ¡Fui yo!
¡Cállese!, le respondió.
-Vaya a fijarse, ¡está enterita! Era mi desayuno, le traje a Jesús para que comiera. ¡Pero el hombre no tenía hambre y no salió a comer!!
Es que le habían enseñado a ofrecer todo a Jesús. Así el Gordo aprendió “a chocarle los 5 al Sagrario”, es decir, a tratar a Jesús familiarmente. “Nunca más me olvidé”, dice.
Ante la pregunta de una joven sobre de qué manera vive Don Bosco en la actualidad, él responde: “Por ejemplo, hay una hermana salesiana misionando en Angola, ayudando a 5.000 negritos. Don Bosco está en cada aula, aquí en Paysandú, como en muchos lugares y países. Hay aquí muchos que son salesianos en su manera de actuar, pero se necesita más gente dispuesta a servir, siguiendo el ejemplo de Don Bosco”.
Más anécdotas. Había una misionera italiana, divina ella, tenía “bigotes”. Un día se vistió de paisana, un joven le dijo: -¡no se afeitó el bigote! El Gordo no sabía dónde meterse. Retó al muchacho, y éste, se sacó la boina y le pidió perdón.
Miraba Subrayado en la TV, cada vez que alguien saludaba en la pantalla, él se sacaba la boina y saludaba. “Lo agarraban pal chijete”, los compañeros. Un día El Gordo le preguntó: “Aldo, ¿usted no se cansa de que le tomen el pelo? ¡¿Cómo me voy a cansar, si son mi familia?!”, le respondió. Ese muchacho lo ayudó a valorar su familia.
Un día Aldo estaba en el hospital, porque “agarró” un estafilococo. Estaba muy dolorido porque lo curaban sin anestesia. Entonces él le dijo que ofreciera a Jesús todos sus dolores, y le pidiera a Dios por alguien especial a quien quería mucho. Al otro día, Aldo decía: “!Estoy regalando mis dolores por los curas, que los quiero mucho!”
Juan Andrés agradeció a los jóvenes que prepararon el sketch, con el espíritu alegre de Don Bosco. Dio gracias al Señor de la vida, por el regalo que nos hace en la persona de Don Bosco.
Que la alegría de la fe nos ayude a vivir, que dejemos de ser gente del no puedo, depresiva, egoísta, del por qué me pasa esto, que dejemos de quejarnos y vivamos con alegría, como Don Bosco. Esos son sus consejos.
Hablando de Don Bosco, nos recuerda que a los 3 años quedó huérfano de padre, y siempre recordó la expresión de Mamá Margarita: “Ya no tiene padre”. Hijo de humildes campesinos, tuvo una madre luchadora, trabajó con ella. (A propósito, los jóvenes representaron a Don Bosco joven y su madre, estuvo genial).
Hace 200 años Don Bosco tuvo un sueño, que hasta ahora nos inspira. Entendió que debía hacerse humilde, fuerte, robusto, y que María es la mejor madre de todos, María Auxiliadora.
Fue padre, amigo y maestro de los jóvenes. Les enseñó distintos oficios: sastre, imprenta, carpintería. “Estudia y procura hacerte querer”, ese era el mensaje a todos los jóvenes.
Usaba el sistema preventivo, de acuerdo con la creencia de que es necesario que los jóvenes se sientan amados. Fue un maestro de santidad: “tengan confianza en Jesús Sacramentado y en María Auxiliadora, y verán lo que son los milagros”, decía.
En una larga y fantástica homilía, nos dio consejos para vivir siguiendo el ejemplo de Don Bosco: no seamos indiferentes. Nos cita el caso de un adolescente de 14 años, en situación de calle, quien le decía que lo más duro no es el hambre, ni el frío, sino la indiferencia de la gente, para la cual hace de cuenta que no existís.
¡Jugátela! No más indiferencia por las personas que Dios pone en nuestro camino. Amorevolezza, una palabra que usaba Don Bosco, que no tiene traducción en nuestro idioma. Un mezcla de dulzura y empatía, quizás. La dulzura en el hablar, el obrar, y hasta en el reprender, lo sana todo, y a todos. Decía San Francisco de Sales, que para las abejas, vale mucho más una cucharadita de miel, que un barril de vinagre.
Tenemos que ser empáticos, ponernos en los zapatos del otro, conectar de verdad con la realidad del otro. A propósito de este tema, nos cuenta una anécdota con Rique, el joven que saca la basura, en el asentamiento donde él vive. Iba apurado y se encontró con el Rique. “Cura, ¿me das algo de comer?” Él sólo tenía castañas y se las dio.., pero eran duras y … “¿con qué dientes querés que coma?”
Se dio cuenta que se había equivocado, porque no averiguó la realidad del otro. Antes de dar hay que conocer la verdad del otro para dar de acuerdo a ella.
Dios nos quiere felices. Tenemos que vivir con alegría, como Don Bosco, quien recorrió toda su vida con una frase: “Da de alma y quédate con todo”. Porque cuanto más damos, más recibimos.
No olvidemos el consejo del Gordo Verde; ¡jugátela!

La tía Nilda