Las noticias sobre cianobacterias han estado muy presentes en los titulares de medios uruguayos y argentinos en la última quincena. En Uruguay el Ministerio de Ambiente realizó recomendaciones de prevención por la presencia de las comúnmente llamadas “algas verdeazuladas” en costas de Montevideo, Colonia, San José, Laguna Merín, Laguna Castillos y cursos de agua de Río Negro y Salto. Otras noticias daban cuenta de la presencia de cianobacterias en Piriápolis y algunas playas de la Costa de Oro.
Según el sitio web de información en tiempo real del referido ministerio, ayer había bandera de riesgo sanitario en tres lugares de Canelones en la zona de influencia del río Santa Lucía, en tanto que eran 11 las playas inhabilitadas en el Río de la Plata, río Uruguay y río Negro.
No es ninguna novedad que la eutrofización de las aguas superficiales y su consecuente deterioro constituye uno de los problemas ambientales más importantes a escala global que también afecta y es cada vez más frecuente en nuestro país, donde el incremento de los nutrientes en el agua, fundamentalmente nitrógeno y fósforo, a un ritmo que no es posible compensar mediante formas de eliminación natural, dan lugar a un proceso que trae aparejado un crecimiento excesivo de cianobacterias.
Se trata de un problema que se ha vuelto permanente debido al exceso de nutrientes que se vuelcan en ríos y arroyos pero que recrudece durante el verano debido a las condiciones de altas temperaturas en numerosos cursos de agua del país. Es, en cambio, un asunto que se ha minimizado repetidas veces pero al cual ya resulta difícil no prestar la debida atención.
En este sentido, es importante el comunicado con recomendaciones que emitió recientemente la Sociedad Uruguaya de Médicos Toxicólogos. Allí se define a las cianobacterias como “un amplio grupo de bacterias cuya proliferación en el agua es potencialmente peligrosa para la salud”. En este sentido, los especialistas explicaron que no todas las cianobacterias generan toxinas, pero un amplio grupo de las que sí lo son, fueron identificadas en nuestro país.
“No siempre se observan a simple vista, por lo que es necesario estar atento a las alertas sanitarias, a la bandera sanitaria en zonas de baños y seguir sus recomendaciones. Cuando se observan en el agua, pueden ser como pequeños cúmulos que parecen ‘yerba’, de coloración verdosa o verde azulado. La espuma en la orilla y los restos de la floración dibujando líneas en la arena son signos de la presencia o los restos de la floración”, explicaron.
El comunicado, divulgado por La Diaria, alerta sobre los efectos tóxicos, que se manifiestan según la dosis que recibió la persona y que depende a su vez de otros factores, como la presencia de toxinas, su concentración en el agua o restos en la arena y el tiempo de permanencia en el área contaminada.
Especialmente en verano y en zonas de baños recreativos los más expuestos son los niños. En este sentido, los especialistas señalaron que han existido “casos graves y muertes asociadas a la exposición a altas dosis de cianotoxinas, incluyendo un caso de una niña en nuestro país”. Resaltan que, justamente, las infancias forman parte del sector más vulnerable a la exposición y a los efectos tóxicos de las cianotoxinas –para los cuales no hay antídotos y solo se pueden tratar los síntomas–, al tiempo que reconocen que “aún es escasa la información sobre la frecuencia de enfermedad asociada a la proliferación de cianobacterias en nuestro país” y que “es necesario incrementar la capacidad de sospecha y notificación de casos”.
Hace 30 años quizá era difícil sospechar el impacto que tomaría este problema. Sin embargo, los estudios científicos que han ido realizándose a lo largo del tiempo han permitido abordarlo desde distintas perspectivas, entre ellas la vinculada a la salud. En este sentido, el diario capitalino refiere a un estudio de Carolina Juanena, Alba Negrín y Amalia Laborde, integrantes del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, que realizaron una revisión de más de 40 investigaciones publicadas en revistas científicas arbitradas referidas a las cianobacterias en playas y sus riesgos toxicológicos y la vulnerabilidad infantil. Estas autoras definen el problema como “de salud pública” debido a los efectos agudos y crónicos de las cianotoxinas en la salud de las personas.
Las autoras explican que las floraciones de cianobacterias en aguas de uso recreacional y fuentes de agua potable “son un problema de salud pública debido a la producción de toxinas (cianotoxinas) con efectos agudos y crónicos sobre la salud humana”. La microsistina es una de las cianotoxinas más frecuentes en el mundo y en Uruguay, y la exposición aguda a ella puede ocasionar hemorragia o falla hepática, en tanto que la exposición crónica en bajas concentraciones se asocia a tumores hepáticos.
En cuanto a la distribución geográfica del problema en Uruguay, alcanza con realizar un breve seguimiento al monitoreo del Ministerio de Ambiente para darse cuenta de que está presente en distintos cursos de agua y sistemas lacustres del territorio nacional, habiendo llegado incluso a la costa oceánica.
El Estado, el sector privado, la academia y la sociedad civil tienen una responsabilidad a asumir para defender, preservar y manejar responsablemente el agua, un recurso vital, cuya afectación en cantidad y calidad nos toca enormemente como sociedad (algo que ha quedado demostrado claramente en episodios recientes de escasez de agua en Montevideo y ciudades aledañas).
Sin embargo, preocupa que nuevos proyectos que se impulsan vinculados al suministro de agua a la población tengan en cuenta estas afectaciones. Por ejemplo, un reciente estudio presentado ante el Ministerio de Ambiente confirma la ocurrencia de “bloom cianobacterianos” durante períodos calurosos en el lugar donde se tomará agua en el marco del Proyecto Neptuno.
Lamentablemente, la presencia de cianotoxinas en nuestros cursos de agua constituye un problema que ha llegado para quedarse y se ve favorecido por una serie de prácticas productivas e industriales que difícilmente se cambien en el corto plazo a pesar del deterioro que producen en los ecosistemas. En este contexto es importante no perder de vista que la calidad del agua que se consume en los hogares, que se usa para la elaboración industrial de alimentos y para el sector productivo, se traduce en calidad de vida para la población y, evidentemente, tiene –a corto o mediano plazo- un impacto directo en la economía del país. A nivel de prevención tanto para personas como animales que abrevan en cursos de agua afectados, resulta fundamental tener conocimiento del problema y tomar las debidas precauciones.

