Vladímir Putin, el gran dictador

La muerte del disidente ruso Alexéi Navalni ha vuelto a colocar al régimen autoritario de Vladímir Putin en el centro de la atención internacional en materia de violación de derechos humanos, lo que ha caracterizado la conducta del autócrata ruso. De acuerdo con el sitio de noticias Euronews, Navalni era un “abogado, bloguero y opositor al régimen de Putin, era el disidente ruso más conocido en el extranjero y destapó durante años los escándalos de corrupción de las élites rusas. Creó una fundación con la que denunciar el sistema de nepotismo y corrupción en Rusia. Navalni llevaba entre rejas desde enero de 2021, cuando fue detenido nada más pisar un aeropuerto de Moscú después de varias semanas convaleciente en Alemania tras haber sido envenenado en Rusia con el agente químico Novichok. El activista ha muerto justo un mes antes de las elecciones presidenciales a las que concurrirá el presidente, Vladímir Putin, sin oposición”.
Lamentablemente no se trata de la primera muerte “sospechosa” de una persona que haya cuestionado las políticas de Putin. La lista es larga e incluye los envenenamientos, ejecuciones y/o supuestos “suicidios” de activistas de derechos humanos, intelectuales, empresarios, exgobernantes y artistas. Fruto de la represión que el régimen ruso lleva adelante contra cualquier disidente, la música María Alyokhina, una de las fundadoras del grupo de punk ruso Pussy Riot (una de las agrupaciones feministas más contestarias contra Vladímir Putin) ha sido perseguida y encarcelada y debió huir de Rusia para refugiarse en Islandia.
Los homosexuales y el colectivo LGTBI+ en general han sido otros de los blancos preferidos para los ataques liberticidas de Putin. El año pasado, por ejemplo, prohibió la “propaganda de relaciones sexuales no tradicionales” y la reasignación de género en los medios de comunicación, Internet, la publicidad, la literatura y el cine (incluyendo las marchas del orgullo LGTBI+). Adicionalmente, y tal como lo consigna en su página web la cadena de noticias BBC, el Tribunal Supremo de Rusia declararó como una organización extremista al movimiento LGTB+, prohibiendo cualquiera de sus actividades en todo el país a raíz de un proceso impulsado por el Ministerio de Justicia ruso. La audiencia de ese proceso se celebró a puerta cerrada sin la presencia de “la parte demandada”, aunque sí se permitió la entrada de periodistas para escuchar la decisión del tribunal.
Por otra parte, hace tres años la Constitución rusa fue modificada para dejar claro que el matrimonio se refiere a la unión entre un hombre y una mujer. Como ha señalado el periodista argentino Alejandro Modarelli en su columna del diario argentino Página 12, Putin “hace de la homofobia un asunto de Estado”. Putin ha expresado que “los matrimonios homosexuales no producen hijos”, centrando sus críticas contra el liberalismo “sin género y estéril”. De acuerdo con el portal de noticias Deustche Welle, “entre otras medidas, obligó a países como España o Italia a incluir en los convenios de adopción firmados con Rusia la condición de que “niños rusos no podrían ser adoptados por parejas homosexuales y solteros”.
Resulta curioso que las feministas radicales de Uruguay, impulsoras de la ideología de género y de atacar los edificios de religiones que no comulgan con sus ideas guarden un llamativo silencio sobre estas aberraciones, tal como lo hacen con las mujeres que son condenadas a castigos o a la propia muerte en Irán o Afganistán. Lo mismo se aplica a las organizaciones LGTBI+ de nuestro país. Tampoco defendieron a la precandidata blanca Laura Raffo cuando el año pasado la murga Asaltantes con Patente la calificó de “conchuda”. En esos casos es cuando a esos movimientos pseudo democráticos se les cae la careta y queda en claro que sólo se dedican a servir a los propósitos del Frente Amplio y del Pit Cnt porque ya sabemos (y es más viejo que el agujero del mate) que “favor con favor se paga”. A buen entendedor, las palabras sobran.
Pero Putin no está solo y tiene el apoyo por otros países, líderes y organizaciones que tienen el mismo desprecio que él por las libertades individuales y la democracia, como por ejemplo Irán, Nicaragua, Evo Morales, Cristina Kirchner, Luis Inacio “Lula” da Silva, el Foro de San Pablo, Donald Trump, China, Venezuela, el dictador Nicolás Maduro, Cuba y Siria, así como las diversas organizaciones terroristas de islamismo radical que existen en el mundo. En relación con todos ellos, nuestro país ha recorrido desde el año 2005 hasta el 2020 un vergonzoso camino en materia de política exterior, apoyando a las dictaduras populistas latinoamericanas y a la propia Rusia, para lo cual debemos recodar que la abstención de Uruguay en la Asamblea General de la ONU ante la invasión de Rusia a Crimea en 2014, durante un gobierno del Frente Amplio. Fue precisamente la timorata reacción de Occidente ante la invasión a Crimea lo que plantó la semilla para la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2023, episodio sobre el cual el Frente Amplio se las vio “de figurillas” para no condenar a sus amigos rusos a través de declaraciones públicas anodinas que se limitaron a tratar de tapar el Sol con un dedo.
Ni siquiera los denominados “independentistas vascos” que presumen de pureza y principismo y que tantas simpatías despiertan en la izquierda uruguaya han prescindido de los “servicios” de Putin. Por eso mismo, el Parlamento Europeo ha denunciado recientemente las injerencias rusas durante el “procés” independentista en Cataluña y pedirá que se investiguen efectivamente las conexiones de los eurodiputados presuntamente asociados con el Kremlin, en un texto que ha sido consensuado entre la mayoría de grupos incluidos socialistas y verdes. “La resolución conjunta sobre las injerencias rusas en procesos democráticos en Europa, entre otras cosas, reclama a España que investigue las conexiones entre el separatismo catalán y el Kremlin, en línea con la instrucción de la causa judicial que apunta que el entorno de Carles Puigdemont estableció vínculos con exdiplomáticos rusos en el marco del pulso independentista en 2017”, según el portal de noticias Infobae.
Tal como lo anunciara el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov en marzo de 2023, Rusia identifica a Estados Unidos de forma directa como el principal impulsor de la “línea antirrusa” de Occidente y se considera que eso constituye una “amenaza existencial” para el país, por lo que el país presidido por Putin priorizará sus relaciones con otras zonas del planeta y “fijará el curso hacia el incremento del potencial de asociación estratégica con nuestros grandes vecinos, China, India, los países musulmanes y también los países de Asia y el Pacífico, África, América Latina y el Caribe”, añadió el ministro.
La verdad de las verdades es que Putin representa una amenaza para la paz en su país, en Europa y en el mundo entero. El actual presidente norteamericano Joe Biden lo tiene muy claro y por eso presiente que otra vez Putin apoyará a Donald Trump en las elecciones presidenciales de este año, usando para ello manejos informáticos, tal como lo hizo en el año 2016. Sería bueno que en Uruguay pongamos “las barbas en remojo” para que Rusia no intervenga a través de un ejército de “bots” (programa que imita el comportamiento humano) en las elecciones uruguayas de este año a favor de sus históricos amigos. Aunque ciertamente no lo precisa, para eso tiene al PitCNT y al Frente Amplio, que son más efectivos.