Ante el deceso de Mercedes Notaro Francesco

Mercedes Notaro fue de las personas fuera de serie que Dios regaló a Paysandú, ya que con su jovialidad, con su alegría y algarabía, iba adonde la llamaran, para hacer importantes a los insignificantes, para inmortalizar momentos tal vez normales, pero ella con sus notas los volvía verdaderos acontecimientos; hacía que cualquier evento se volviera perpetuo en la sección de sociales de EL TELEGRAFO.

Mujeres como Mercedes, que sabía llenar de alegría por donde pasara, con sus pines y sus adornos característicos, marcaba presencia. Pero su grandeza no estaba en ella, sino en lo que hacía por los demás. Por eso, despedirla es despedir a alguien que hizo feliz a muchísima gente, que tal vez ni conocía, pero hacía feliz, dándoles un recuerdo, de aquellos que dan ilusión, que uno era importante y único. Pero eso fue la magia de esa mujer maravillosa, que cuando uno la conocía, cada vez se deslumbraba más, porque además de escribir lindo para hacer famosos de un día, estaba una mujer que tenía sed de vivir, necesidad de conocer y descubrir lugares, momentos. Muchos de esos momentos lo plasmó en cuadros que adornaban su casa, ultrallena de recuerdos, porque lo que a ella nunca le faltó fueron recuerdos, pero solo los lindos; los otros, con una carcajada los olvidaba y se festejaba el estar y el compartir.

A esta mujer, que conocía cada rincón de Paysandú, se la va a extrañar, por todo lo bueno y lo diferente que fue, simplemente, porque su manera de ser y de vivir, será muy dificil de imitar, y de ahora en más ella queda viva en nuestros recuerdos, en nuestra gratitud, por los momentos de fama que nos brindó y por su cercanía a gente olvidada y a veces marginada, pero que ella estaba en sus fiestas.
Se rompió el molde, Mercedes Notaro, pero queda para siempre su recuerdo y su testimonio.

Que descanse en paz. Gracias, Mercedes. Dios te pague todo el bien que nos hiciste.

P. Jesús Antonio Weisensee.