El día que apagaron la luz

El que formalmente se reconoce ya como “el mayor apagón informático de la historia” ocurrió en las primeras horas del pasado viernes y sumergió durante un buen rato a una parte del mundo en un caos. Por aquí no nos enteramos prácticamente, más que por los reportes de las agencias y los canales internacionales de noticias, pero durante varias horas, a raíz de una actualización de software para dispositivos de la empresa Microsoft, millones de equipos informáticos empezaron a mostrar simultáneamente la pantalla azul con el mensaje de problemas a la vista. Esto básicamente impidió que los sistemas funcionasen correctamente y causó inconvenientes en aeropuertos, cortes en los servicios de emergencia y dificultades en centros sanitarios. Literalmente ocurrió que por unas horas una parte del mundo quedó desconectada y sin poder acceder a las herramientas que ofrecen hoy las computadoras, sin las cuales no podemos funcionar. Es que este incidente fue, a la postre, un recordatorio tamaño familiar de lo dependientes que nos hemos vuelto de la tecnología y de lo expuestos que nos encontraríamos en caso de una falla realmente masiva y más complicada de resolver. Es que, al fin y al cabo, lo ocurrido la semana pasada fue un problema menor y de software, es decir, en los programas. Para ponerlo más claro, no se rompió nada, lo único que ocurrió fue que alguien escribió una orden incorrecta que provocó que las computadoras dejasen de funcionar. No es fácil de resolver, pero no se perdió nada; la información, aunque inaccesible, seguía allí intacta. Para ponerlo en términos prácticos, es como cuando uno se olvida de la contraseña del celular, allí sigue estando todo, pero no se puede acceder.

Un informe de CNN titulado “Lo que sabemos cuatro días después de que una actualización de software dejara fuera de servicio los sistemas informáticos de todo el mundo”, estima que los efectos de este problema fueron sufridos por 8 millones y medio de dispositivos Windows. Esto es menos del uno por ciento de todas las máquinas que emplean este sistema operativo, según publicó la empresa en su blog. Pero los efectos ocasionaron afectaciones “a compañías aéreas, bancos, empresas, escuelas y administraciones públicas, así como a algunos servicios sanitarios y de urgencias de todo el mundo”. El director general de Anderson Economic Group, Patrick Anderson, citado en el informe, estimó que los costos de la interrupción ascenderían a 1.000 millones de dólares, aunque no está claro si los clientes afectados serán compensados, ni cómo. Y es que hay un detalle que de pronto no se nos hace tan presente, pero es que en el hemisferio norte están en verano y por lo tanto la actividad turística está en un momento de mucha actividad.

En una carta enviada el domingo a sus clientes, el consejero delegado de American Airlines, Ed Bastian, indicó que “El problema tecnológico se produjo en el fin de semana de mayor actividad de viajes del verano, con nuestras cargas reservadas superando el 90%, lo que limitó nuestra capacidad de reacomodación. Quiero pedir disculpas a todos los que se han visto afectados por estos acontecimientos. Delta está en el negocio de conectar el mundo, y entendemos lo difícil que puede ser cuando sus viajes se ven interrumpidos”. En total, 1.883 vuelos fueron cancelados en Estados Unidos hasta el domingo, y otros 9.939 vuelos fueron retrasados, según el sitio de seguimiento de vuelos FlightAware.

Una de las principales preocupaciones de las empresas involucradas, Microsoft y CrowdStrike –proveedora de software de seguridad– fue aclarar que la interrupción no fue causada por un incidente de seguridad o un ciberataque, sino por un error interno. Si bien en cierta forma es tranquilizador, no deja de ser paradójico que los problemas los ocasione quien está específicamente encargado de evitarlos.

En un informe de BBC, ya pasado del episodio y evaluando posibles medidas de prevención a futuro, se citan expresiones en el programa Today, de la Radio 4, del científico en computación Nigel Shadbolt quien afirmó que la mayoría de los sistemas de informática similares al software de CrowdStrike operan a “niveles de calidad muy altos”, pero cuando fallan “es como una pandemia, y de eso se pueden sacar lecciones”.

La razón por la cual este apagón causó tanto caos es porque millones de empresas, servicios y plataformas en todo el mundo operan su infraestructura tecnológica en los mismos productos y advirtió que la prioridad es la “resiliencia”, tener un “plan B”. Sugirió que “podríamos pensar en tener múltiples sistemas, no sólo depender únicamente de uno”. Aunque esto podría exponernos a “sistemas con múltiples vulnerabilidades potenciales”, más expuestos a ataques porque serían más las debilidades que ofrecerían.

Ahora bien, todo este caos ocurrió en el mundo desarrollado, es un problema que prácticamente no nos tocó y pudimos sentarnos a observar cómodamente a través de la televisión. Pero, ¿estamos a salvo de que nos pueda tocar algo así? Suele decirse que una tormenta solar de dimensiones podría ocasionar que la humanidad retroceda varios siglos en términos tecnológicos, justamente por la afectación de todos los medios eléctricos y electrónicos.

Hoy nuestras comunicaciones, nuestro dinero, el comercio, los sistemas de salud, absolutamente todo está organizado en torno a la informática. Es difícil imaginar cómo sería volver a funcionar en el mundo preinternet, de hace apenas 30 años.