El lado oscuro de la digitalización

“El boom digital amenaza al medio ambiente”, con ese título sin lugar a dobles interpretaciones, en la página de ONU se presentó esta semana un artículo en el que se da cuenta del impacto adverso de la creciente digitalización global, que hace largo rato ha conectado a la red de redes a más de la mitad de la humanidad.
El informe enumera una serie de consecuencias adversas que las tecnologías están trayendo al mundo, y en especial se enfoca en el comercio electrónico, de hecho el informe surge de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), que ha recomendado invertir en energías renovables y en la economía circular, como forma de contrarrestar estos efectos indeseados.
Entre los datos que presenta, se menciona que para fabricar una computadora de dos kilos, es necesario disponer de 800 kilos de materia prima y que la minería de bitcoins demandó 121 teravatios por hora el año pasado, más que la consumida por la mayoría de los países pequeños, en alusión a países europeos, como Bélgica o Finlandia. Esta cifra supuso una multiplicación por 34 respecto al consumo dirigido a la criptominería en el 2015.
“El auge de tecnologías como la inteligencia artificial y la minería de criptomonedas ha aumentado significativamente el consumo de energía”, afirmó la secretaria general de la Unctad, Rebeca Grynspan. Se estima que unos 5.400 millones de personas utilizan Internet y la economía digital mundial vive un auge. “Las ventas del comercio electrónico empresarial aumentaron de 17 billones de dólares en 2016 a 27 billones en 2022 en 43 países, señaló Grynspan, que también valoró el potencial de las tecnologías digitales en la reducción del uso de papel y en la eficiencia energética, como una forma de ayuda a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en sectores como el transporte, la construcción, la agricultura y la energía… “Pero no se habla tanto de la parte negativa”, contrastó. Y es que la digitalización tiene sus costos que se pagan en una alta demanda de recursos y de electricidad, mucha de ella generada a partir del carbono.
Unctad también menciona en su informe que a lo largo del 2022 los centros de datos alrededor del mundo consumieron 460 teravatios hora. Esto es el equivalente al consumo en 42 millones de hogares en Estados Unidos en un año. Pero lo más preocupante es que se espera que la cifra se duplique en 2026. En concreto, la dependencia de la ONU estima que el sector digital es responsable “de entre el 1,5% y el 3,2% de las emisiones mundiales de efecto invernadero, cifra similar a la del transporte aéreo y marítimo”.
Google –empresa que tiene un proyecto para instalar un centro de datos en Uruguay, en un predio de más de 30 hectáreas en una zona franca del departamento de Canelones– publicó que durante 2022 “el consumo total de agua en sus centros de datos y oficinas ascendió a unos 21,2 millones de metros cúbicos”. En el mismo lapso, “Microsoft informó que su consumo de agua era de 6,4 millones de metros cúbicos”, comentó la secretaria Grynspan, que también aludió a las tensiones que las instalaciones de este tipo han ocasionado con las comunidades locales en varios países. De hecho aquí en Uruguay el proyecto de la multinacional estadounidense ha encontrado cierta oposición por el consumo de agua que se estimaba equivalente en su plan original al de una ciudad de 55.000 habitantes, según estimaciones realizadas por investigadores de la Universidad de la República. Luego el proyecto se modificó y pasó de un sistema de enfriamiento en base a agua, a utilizar principalmente aire, con lo que se redujo significativamente la estimación de uso de agua, aunque seguirá siendo un fuerte demandante de electricidad: funcionando en su máxima capacidad alcanzará un consumo equivalente al de 202.898 hogares funcionando con tarifa residencial simple. Dicho en otras palabras, el data center tendrá un consumo energético similar al de una ciudad nueva, con mayor cantidad de habitantes que Salto y Paysandú juntas.
Otro detalle al que alude el informe de Unctad es la creciente generación de residuos digitales. Señala que el comercio electrónico “se ha disparado y que los compradores en línea han pasado de menos de 100 millones en 2000 a 2.300 millones en 2021. Este aumento ha provocado un incremento del 30% de los residuos digitales entre 2010 y 2022, hasta alcanzar los 10,5 millones de toneladas en todo el mundo”, residuos cuya gestión sigue siendo inadecuada, por “la contaminación que generan y su impacto en el medio ambiente”. Mientras en los países desarrollados se generan 3,25 kg de residuos digitales por persona, en los países en desarrollo es de menos de 1 kg y de apenas 0,21 kg en los países menos avanzados.
El informe también da cuenta de la relevancia que tienen en este esquema de desarrollo los países que son ricos en minerales estratégicos para el sector y la oportunidad que significan, en la medida que puedan establecer políticas que les permitan obtener beneficios de la explotación de estos recursos. No es hoy el caso de Uruguay, aunque sí de algunos estados de la región, que han desarrollado estrategias diferentes frente a la inversión que llega en busca de estos recursos. El Banco Mundial estima que la demanda de minerales necesarios para la digitalización, como el grafito, el litio y el cobalto, podría aumentar un 500% hasta 2050. En todo caso, “el aumento de la demanda mundial de materias primas energéticas limpias ya está impulsando la inversión extranjera directa en América Latina, y especifica que representa el 23% del valor de los proyectos totalmente nuevos de la región en los últimos dos años”.
El documento agrega una serie de recomendaciones, pensando en el desarrollo de nuevos modelos de negocios y políticas orientadas a que el desarrollo digital sea más sostenible, porque sus virtudes no se pueden desconocer, al igual que el rol y el peso cada vez más importante que tiene este sector en la economía mundial. Pero solamente si se ajusta a parámetros deseables en términos de sostenibilidad y equidad, podrá convertirse en la solución que nos vienen prometiendo desde que tuvimos noticia de su irrupción.