Durante la madrugada del 1º de julio, cuando atravesaba el océano Atlántico, el vuelo UX045 de AirEuropa de Madrid a Montevideo, un aparato Boeing 787 Dreamliner, experimentó dificultades producto de fuertes turbulencias, que terminaron con 30 personas lesionadas de diferente entidad. Entre los más de 300 pasajeros del avión había, por supuesto, muchos uruguayos y entre estos al menos cuatro sanduceros, según pudo saber EL TELEGRAFO, que recabó el testimonio de dos mujeres. Sus relatos hablan del difícil momento atravesado en el vuelo, pero especialmente de la molestia reinante entre los pasajeros por todo lo que ocurrió después, cuando aterrizaron de emergencia en Natal, Brasil, y de las largas horas que vinieron hasta emprender el regreso a Montevideo.
TURBULENCIAS
Florencia Fuidio, quien regresaba sola de su primer viaje a Europa, relató que los problemas empezaron pasada la una de la mañana, cuando ya habían cenado y se habían apagado las luces para dormir. “Fueron dos turbulencias grandes, como dos bajones seguidos de aire, y la segunda fue en picada”, recordó. Tenía el cinturón colocado y gracias a la alarma no se lo quitó. “Si hubiese ido al baño no sé en qué situación estaría. La sensación fue como estar en el vacío, como una montaña rusa cuando el estómago se te sube. Tengo el recuerdo de estar con la cabeza entre las rodillas, porque aún con el cinto puesto te despegas del asiento, y con mis manos cubriéndome la cabeza”. No puede precisar cuánto duró esa sensación, “cuando algo es horrible los segundos son eternos. Enseguida que terminamos de caer fue como un impacto y la gente ya había empezado a gritar”.
Por su parte Lucy Pereyra, otra sanducera que venía en el vuelo junto a su esposo, agregó que tras esos “segundos o minutos”, oyeron quejidos y llantos. Había gente muy lastimada, quebrada, con costillas quebradas”. Agregó que “la gente más lastimada eran los que iban en primera clase y los que estaban de la línea 25 para atrás, por las cosas que volaron y les pegaron”.
REVUELTO
Los relatos, las fotos y los videos que han trascendido ilustran el tétrico panorama. Fuidio describió que “los plásticos que son como el cielorraso del avión se empezaron a desencajar, la gente que no tenía cinto, que estaba sentada, voló y se incrustó en el techo, incluso azafatas. Muchos heridos, muchas quebraduras. Hay un video muy fuerte de un señor corpulento que quedó metido dentro del maletero, fue increíble”. Flotaban por el aire objetos propiedad de los pasajeros, golpeando lo que encontraban a su paso. “Lentes, celulares, carteras, almohadas, de todo, que saltaban de donde estaba yo tres, cuatro, cinco asientos para adelante, todo mezclado”. Quienes no llevaban puesto el cinturón sufrieron consecuencias serias. “Hubo una persona que tenía abierta la bandeja donde se pone la comida, y se dio eso contra el abdomen. Esa persona todavía sigue en Brasil porque la estaban operando”, repasó.

A NATAL
La aeronave aterrizó en el aeropuerto de Natal, en Brasil tras una hora más de vuelo en las condiciones mencionadas. Natal, dijo Fuidio, “no es un aeropuerto para el porte del avión que en el que estábamos nosotros, que éramos 320 pasajeros; era muy chiquito, y aterrizamos ahí porque un señor estaba infartando”. Al llegar permanecieron en el avión “literal cinco horas, porque debían conectar una escalera hacia una de las puertas de emergencia”.
Para ese entonces ya había malestar por el manejo de la situación. “Nos empezamos a dar cuenta de que el protocolo de emergencia era patético, que no están preparados para algo así. La escalera no coincidía, o no encajaba con la puerta de emergencia porque el ala no lo permitía, entonces probaron con una puerta, después probaron con otra, todo esto mientras la gente gritaba de dolor”. Fuidio indicó que en ese lapso había “gente que quedaba inconsciente, que tuvieron que usar desfibrilador también. Esas cinco horas que estuvimos fueron momentos de tensión”. Pereyra agregó que estuvieron todo ese tiempo “adentro del avión con gente gritando, dolorida, sangrando”.
En el entorno de las 7:30, ya evacuados los lesionados, hicieron bajar al resto de los pasajeros. “Ahí comienza otra odisea, que es por la que estamos unidos entre todos los pasajeros, porque la aerolínea nos dejó varados. Estuvimos retenidos y varados, solos, en Natal desde las 2:30 de la mañana hasta las 3 de la tarde”, dijo Fuidio. Agregó que “no teníamos información de nada, porque como no existe AirEuropa en Natal, no había una oficina a la que acudir para ir a pedir información”.
Solamente estuvieron en la sala de espera “intentando cargar el celular para comunicarnos; nos enterábamos por nuestros familiares o por Twitter que la aerolínea había publicado que el avión se había desviado porque había grandes turbulencias y que los pasajeros ya iban a ser atendidos”.
VARADOS
Los pasajeros se sintieron desamparados cuando la tripulación se retiró del lugar sin dar indicaciones sobre cómo seguir. “Para ese entonces ya estaba vencido el tiempo de trabajo, entonces se tenían que ir a un hotel a dormir y nunca dieron la cara. Nunca nos dieron una explicación de qué fue lo que pasó, ni de cómo íbamos a hacer. Se subieron a una combi y se fueron a dormir. Y nosotros quedamos varados ahí, sin agua, sin comida”, recordó Fuidio. Sobre este mismo momento, Pereyra refirió que “vimos que las azafatas se van, salen por un pasillo; entonces unas cuantas personas, entre ellos mi marido y yo, los atajamos. Le dije qué es lo que vamos a hacer. No tenemos ni idea, nos dijeron ellos”. A pesar de los reclamos no hubo desde la empresa “una palabra de aliento. No le estábamos pidiendo nada del otro mundo. Le pedíamos una palabra de aliento y que nos dijeran qué era lo que iba a pasar, qué era lo que iba a suceder con nosotros. Nos dijeron que ellos no sabían nada y así como nos dijeron eso, se fueron”.
A RECIFE
La situación se mantuvo incambiada hasta la tarde. No se les ofreció alimento ni bebida y solamente quienes dispusieran de los medios, efectivo en reales, o tarjetas, pudieron comprarlos en una cafetería. “A eso de las 2, 3 de la tarde, el personal del aeropuerto de Natal nos empieza a organizar para subirnos a un ómnibus que nos iba a trasladar por tierra a Recife, que sí era un aeropuerto que podía abordar el avión de AirEuropa, para que pudiéramos volar para Uruguay”, dijo Fuidio. Pero ese proceso no fue más llevadero ni organizado. “La organización fue nefasta. Tuvimos una espera de tres horas más arriba de los ómnibus, esperando que llegara toda la cantidad de ómnibus, porque necesitaban como entre 8 y 9 ómnibus para abordar a todos”, recordó. Los primeros en subir estuvieron esperando hasta tres horas. Ahí sí, al partir hacia Recife les ofrecieron alimentación.
Pereyra indicó que mientras se dirigían a Recife “en la cuenta de Twitter de la empresa decía que estábamos siendo alojadas en hoteles en Recife; una mentira total porque estábamos trasladándonos en unos ómnibus que demoramos 6 horas en llegar a Recife. Los primeros ómnibus llegamos a las 9 y 10 de la noche a Recife”.
HOTEL
Por los correos electrónicos interpretaron que los llevarían a un hotel a esperar el vuelo de vuelta a Uruguay. Pero no fue así, recuerda Fuidio. “Llegamos a las 9 a Recife y teníamos un mail donde decía que 9 y media nos iban a recoger por el hotel para llevarnos al aeropuerto y que el vuelo salía a la una de la mañana. Eso fue una tomada de pelo realmente, porque ni siquiera nos pudimos bañar, ni volver a comer de noche”. Algunos de los choferes de los ómnibus dieron opción a los pasajeros de ir a un hotel y algunos aceptaron dilatar un poco la partida hacia el aeropuerto.
“Nos decían que podíamos hacer el check in en un hotel donde nos iban a dar una hora para bañarnos y un comedor para darnos una cena y después venir a buscarnos en dos horas para llevarnos a hacer el check in al aeropuerto”, dijo Pereyra. “Todavía no se sabía el horario de embarque y los mails que nos estaban llegando por parte de la aerolínea eran los mismos que nos decían que nos iban a recoger en el hotel que estábamos alojados, donde no estuvimos en ningún momento alojados, y que no había horario de salida”, agregó. De todos modos, hubo quienes optaron “por usar la habitación; hubo gente que solamente fuimos a comer y esperar que nos volvieran a buscar para llevarnos al aeropuerto”.
En el ómnibus de Fuidio decidieron ir directamente al aeropuerto, “pero cada ómnibus se manejó diferente y ahí te vuelvo a contar que la organización fue nefasta, porque no hubo buena comunicación. No hubo un respaldo de la aerolínea o una opción de la aerolínea”. Afirmó que “la sensación siempre fue que quisieron estirar en horario todo lo máximo que podían para no tener que pagarnos cosas, porque en otros ómnibus sí accedieron los choferes a ir a buscarlos más tarde, a eso de las 11, entonces sí pudieron ir a un hotel a bañarse y a comer algo”.
A MONTEVIDEO
Nadie brindaba información a los pasajeros sobre el vuelo que los trasladaría a Montevideo. “En las pantallas empezó a aparecer que estaba previsto un vuelo de AirEuropa de Madrid a Recife, que llegaba pero que no tenía salida”. En determinado momento se los empezó a convocar de parte de otra aerolínea para embarcar un avión, que llegó vacío desde Madrid con una tripulación y personal de asistencia, “se puede decir psicológica, de AirEuropa”. Este equipo, agregó Fuidio, estaba dispuesto “a recibir todo tipo de comentarios, quejas y sugerencias”.
En estos momentos están en otra etapa en la que los pasajeros están en contacto entre sí “para asistir en todo lo que va a ser reclamo de indemnización por parte de los heridos” y del resto del pasaje, “que fuimos también afectados”.
Al llegar a Montevideo se vivieron momentos de mucha emoción. “La verdad que nunca quise tanto llegar al lugar donde hubiera frío, porque veníamos del calor, pero la sensación de llegar a tu casa y dormir en tu cama es lo más gratificante”, dijo.

A RECIFE