Aula hospitalaria “Andamio” trabaja con niños de alta vulnerabilidad

Leticia Pasadores y Andrea Marín.

Durante el Congreso Nacional de Psiquiatría Pediátrica y Especialidades afines que se realizó en Paysandú, las maestras de Educación Inicial Leticia Pasadores y Andrea Marín presentaron la experiencia aula hospitalaria “Andamio” que se lleva adelante desde hace 18 años en el Hospital Pereira Rossell, con el objetivo de “asegurar la continuidad educativa en niños, niñas y adolescentes” durante su internación y que generalmente se encuentran en un estado de vulnerabilidad física y/o psicosocial.

En diálogo con EL TELEGRAFO, ambas docentes de la Escuela 254 de Tres Cruces, explicaron el alcance de este dispositivo de ANEP. Trabajan “con niños, niñas y adolescentes internados, de 3 a 16 años, en el horario de 9 a 15. En la mañana con niños internados, en la tarde es más flexible, concurrimos a pie de cama o trabajamos con pacientes ambulatorios, que luego de estar internados o porque son derivados por Inspección concurren al espacio”, señaló Pasadores.

En esta aula hospitalaria, “reciben una atención lúdica”, puntualizó, describiendo que hay “un proyecto personalizado para cada uno durante la internación y ocasionalmente cuando ya dejan de estar internados”.

Marín, por su lado, apuntó que “en general los estudiantes están en situación de vulnerabilidad de todo tipo, social, emocional y física. Muchos de los estudiantes con los que trabajamos ingresan al hospital por causas como intentos de autoeliminación, lesiones autoinfligidas, abuso sexual, negligencia de parte de la familia, riesgo social. En esos casos la vulnerabilidad emocional y social es tremenda y hace que eso afecte el aprendizaje, ni que hablar la vulnerabilidad física también, cuando es una cuestión más orgánica”.

“En general la población con la que trabaja la pedagogía hospitalaria es altamente vulnerable”, reafirmó Marín.

EDUCACIÓN INCLUSIVA

Esta experiencia “está dentro del “paradigma de educación inclusiva, ser flexibles, entender que todos tienen derecho a aprender, a la educación”, apuntó, agregando que en esa línea “trabajamos con la diversidad. No son todos iguales, por lo tanto no hay un método para todos”. En este sentido, indicó que “trabajamos con el diseño universal del aprendizaje que se basa en distintas maneras de representar, de expresar. Por lo tanto, tenemos en cuenta no sólo lo relacionado al razonamiento lógico matemático, lingüístico y todas las disciplinas, sino también lo corporal, la expresión artística”, describió.

TRABAJAR CON LAS FORTALEZAS

“Intentamos ser lo más integrales posibles para justamente trabajar con las fortalezas y no tanto con las debilidades, porque muchos de ellos pueden tener dificultades de aprendizaje y una escolaridad con un cierto retraso”, pero “sin embargo, en el espacio del aula hospitalaria pueden expresar lo que sí saben, como por ejemplo jugar, cantar, un deporte, baile, otro tipo de actividades que también son de formación y son educativas”, destacó.

Además, Pasadores remarcó la “disponibilidad de parte nuestra absoluta hacia ellos”, pues es “el niño un poco el que guía el día a día, dependiendo del estado de ánimo, de cómo se siente, de qué tiene ganas, es un espacio súper flexible. Dentro del hospital es un lugar que al niño le gusta mucho y aprovecha, porque es el único espacio donde no se habla específicamente de lo que le está pasando, ya sea una situación o una enfermedad orgánica; es el lugar donde el niño es niño, más allá de la hospitalización”, destacó.
“Queremos rescatar lo bueno” y en esa línea se trabaja a partir de los intereses del niño, “con sus motivaciones” y, al mismo tiempo, se le presentan “otro abanico de posibles intereses y posibilidades que algunas veces no conocen por su situación familiar compleja” y alto ausentismo escolar, describió Marín. “Buscamos el amigarse con el aprendizaje, con la escuela”, apuntó.

COORDINACIONES CON EL CENTRO EDUCATIVO DE ORIGEN

Desde el aula hospitalaria se hacen “coordinaciones con las escuelas, con Primaria, con centros CAIF, con UTU y con Secundaria”, agregó Pasadores. “Nosotras nos ponemos en contacto con su centro escolar de origen, primero para avisar que están concurriendo al aula hospitalaria y para hacer una coordinación en cuanto a lo pedagógico”, y en esa línea incluso incentivar el contacto con sus compañeros y docentes a través de una videollamada, por ejemplo, “porque para ellos lo emocional es fundamental” para favorecer su bienestar y salud, explicó. “La coordinación la hacemos durante la internación del niño y después, porque una vez que se van nosotros continuamos en contacto para ver si el niño aún requiere apoyos y a veces tenemos esa suerte de poder acompañarlo de manera ambulatoria”, indicó. Esa contención y continuidad busca “fortalecer la motivación, el interés en el aprendizaje y apoyar la reinserción en el lugar de origen, en muchos casos nuevo porque cuando son institucionalizados a veces cambian de institución educativa”, agregó Marín.

RECIBEN NIÑOS DE TODO EL PAÍS

El aula hospitalaria Andamio recibe un promedio de entre 170 y 180 niños por año, procedentes de todo el país. En estos 18 años, ha sido permanentemente evaluado desde el área de la salud y el área educativa, “con un impacto muy favorable en lo que son los aprendizajes del niño, las trayectorias, la no interrupción de los procesos y el apoyo a la inclusión”, aseguró Pasadores. “Hay evaluaciones de procesos”, pero aún “no tenemos ningún estudio cuantitativo científico del impacto, lo que sería muy interesante”, consideró Marín.

LA LABOR EN INCLUSIÓN EDUCATIVA

“Desde la inclusion educativa nuestro trabajo es realmente muy importante porque coordinamos con la policlínica de TEA (Trastorno del Espectro Autista). Muchas veces llegan las familias muy angustiadas porque el niño no tiene escuela, porque no lo reciben por distintos motivos, la psiquiatra hace el contacto con nosotras y luego hacemos entrevistas con las familias y trabajamos en la inclusión educativa” para “que ese niño, niña o adolescente, pueda ir a una institucion educativa”, explicó Marín.
Ello requiere “muchas coordinaciones” en el ámbito escolar, para hacer posible que “el estudiante pueda estar en la escuela. En ese sentido, a pesar de que es ley desde 2009, aún hay serias dificultades para lograr la inclusión”, concluyó Marín.