(ESPACIO CONTRATADO)
El 23 de setiembre hemos recordado el fallecimiento del general José Gervasio Artigas y en el marco de “Encuentro con el Patriarca pudimos allí celebrar la Santa Misa y recordar las profundas raíces católicas del prócer.
Oportunidad también de recordar que el 10 de setiembre de 1815 el general Artigas, en plena revolución, en nota al cabildo de Montevideo pide fundar en Purificación la “escuela de la patria” tarea que será confiada al sacerdote José Benito Lamas primero de los maestros patriotas.
En el documento de la Conferencia Episcopal de Abril de este año que lleva como título “Libertad justicia y compasión en el alma de nuestro pueblo” destacábamos la importancia de una educación que ayude a descubrir la belleza y el sentido de la vida y nos preguntábamos:
¿Cómo ayudar hoy a vivir una vida con sentido? El sentido se recibe como un don, se busca entre los claroscuros de la existencia humana, se encuentra o nos encuentra cuando nos abrimos a su luz. La verdad y el sentido no se fabrican, no se inventan; se reciben, se descubren.
Lo que da sentido a la vida es un propósito, una vocación de entrega fuera de uno mismo. Lo que da sentido es una vida que se sabe amada incondicionalmente, intrínsecamente. Es una vida que no se reduce a la mera satisfacción individual, sino que se sabe parte de una historia que la trasciende y cuando la persona mira su propio recorrido y descubre la huella que ha dejado, encuentra el hilo que le da significado. Reconocer que la vida no es absurda, que no somos un accidente, sino que hemos sido pensados y creados por amor es un acto de fe, pero al mismo tiempo de una profunda razonabilidad. .
La familia y los centros educativos son el ámbito natural para despertar esta búsqueda y para ayudar a dar respuestas. De ahí que el aporte más profundo de la educación no se agote en programas y competencias, sino en una formación integral de la persona de acuerdo con la convicción de sus padres, como garantiza la Constitución.

