Escribe Danilo Arbilla: Un faro que se apaga

“Lula es una luz que se desvanece”, me sintetizó un colega tras la Cumbre del G20 en Río de Janeiro; “Es un faro que se apaga y ya no ilumina el camino”, insistió.
“Un faro o un Foro”, ironicé.
“También el Foro de San Pablo debe estar inquieto, casi tan preocupado como Itamarati y los militares brasileños; Lula no ha sido lo que se esperaba: respeto internacional cero, o poco más”. Así lo sentenció mi colega.
Es que la Cumbre no encaró ni tomó decisiones concretas o que significaran algún avance en los temas que importan: la cuestión climática, el impuesto global a los muy ricos, la transición de energía (fósiles a limpias) y la reestructuración de la ONU y otros organismos burocráticos internacionales. De eso casi nada. No hubo declaración contra la invasión Rusa a Ucrania ni sobre la guerra en Medio Oriente, que siempre tienen votos.Se ve que en esto hubo “transa”.
Lula trató de disimular su fracaso personal ( y el de Brasil) con una declaración –le llamó “humildemente” Mi Legado– a la que nadie podía negarse a firmar: formación de una Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza. Alianza a futuro, por ahora; burócratas y vagos internacionales en lo inmediato (aconsejamos seguir colaborando con Unicef y las oenegés, será más útil).
Lula no ha cumplido con “su misión” de gran guía y pacificador universal. Fracasó en Ucrania –él de hecho propone que Rusia se quede con los territorios que invadió– y en el Medio Oriente opina distinto y está contra Israel. Lo abuchearon en Europa, conserva uno pocos amigos en América Latina: Petro de Colombia y de a ratos el chileno Boric, Honduras, quizás Bolivia, algo el equilibrista nuevo gobierno de Paraguay; se fue AMLO. habrá que ver que pasa con un México tan “cerquita” de Trump.Eso sí, si este domingo 24 el Frente Amplio gana la presidencia se sumará Uruguay: Lula es el ejemplo a seguir, como ya lo han anticipado Yamandú Orsi y su mentor José Mujica.
Pero lo peor para el alicaído líder brasileño es su “reculada” frente a Venezuela. La cierta “distancia” de Brasil –pidiendo actas y etc– para darle tiempo a Maduro y ver si con el pasar de las semanas se convertía en “cosa juzgada”, no se dio. Lula tuvo que hablar de “autoritarismo”. Y luego hizo algo muy riesgoso: vetó el ingreso de Venezuela a los Brics (unión de “países emergentes“ y más burócratas). Eso enfureció a los venezolanos y tras Maduro y Diosdado Cabello, se formó una larga fila de funcionarios bolivarianos para insultar a Lula y a Brasil; a todo trapo.
Lula se asustó, Itamarati y los militares de Brasil con ojos de asombro y el Foro de San Pablo y su monto de “sellos” adheridos se removieron; y se movieron.
Entonces Lula cambió el tono y la línea: “Quiero que Venezuela viva bien, que cuiden al pueblo con dignidad. Yo cuidaré a Brasil, Maduro cuidará a Venezuela” dijo. Nada de meterse ni opinar sobre otros países afirmó el mismo Lula que, previo a las elecciones en EE.UU. dijo que si gana Trump vuelve “el fascismo y el nazismo” con “otra cara”, al tiempo que manifestó su deseo de que ganara Harris.
¿Que no se mete? Populismo y demagogia pura.
Pero no le sirve ni internamente: va en caída. Desde hace 18 meses en materia de opinión ciudadana los porcentajes a su favor bajan y bajan y suben los que están en su contra. Perdería con Bolsonaro y la derecha extrema (40 a 35) si las elecciones fueran ahora.
Hoy por hoy, seguir a Lula no parece lo más aconsejable.