Solicitada: 130 son insuficientes

Hoy se cumplen 2 meses del grave accidente que tuviera nuestro hijo Sebastián Borthagaray, quien chocara en auto con uno de los caballos sueltos de una tropilla que estaba sobre una avenida cuando venía de estudiar del Polo Tecnológico la noche del 10 de setiembre. Y hoy 10 de noviembre coincidentemente Sebastián cumple 24 años.
Un cumpleaños distinto porque nuestro hijo continúa en CTI respirando a través de una máquina.
Felices de tenerlo vivo a pesar de pronósticos poco alentadores, y tristes por tenerlo ahí desde hace 2 meses y con un porvenir tan incierto.
Sebastián está con su vida paralizada, su casi finalizada carrera truncada y un futuro que poco alienta. Lo que hemos vivido como papás en este tiempo es inimaginable, ni sacado de la peor película de terror.
Momentos de inmenso dolor se han sucedido, en muchos de ellos, esperando por minutos el peor desenlace.
Aquel 10 de setiembre se nos paró la vida, se nos puso de cabeza el mundo y hoy vivimos por y para Sebastián, dejamos de lado absolutamente todo lo que creíamos nuestras responsabilidades, para vivir en función de lo que pueda pasar con nuestro hijo, entregados a la ciencia y esperando el milagro que oramos se dé.
Desde el accidente a su primera intervención, su traslado a Montevideo, la operación de urgencia que le puso una prótesis en su cervical y que estabilizó su columna. El colapso en sus pulmones, los ataques cardíacos. Todos momentos de extrema angustia donde los segundos hacían la diferencia entre su vida o la muerte.
Es difícil describir con palabras las sensaciones que nos inundan en cada secuencia de dolor que atravesamos.
Y todo por un caballo suelto.
Lo indignante es saber que hay un primer culpable en este asunto, que es quien deja sus animales sin ningún tipo de escrúpulos sobre calles y avenidas esperando el momento para que ocurra un desastre, lo vemos semanalmente publicado en este diario.
Un dueño que desaparece cuando se le presenta el problema y una justicia con las manos atadas al no poder comprobar responsabilidad.
Los segundos culpables son quienes no cumplen o no hacen cumplir la ley existente que dice que se deben retirar y retener los animales que se encuentren sueltos en la vía pública por el posible riesgo que implica su circulación en calles, rutas y caminos.
En una nota publicada el 26 de octubre del 2022 el intendente en ejercicio Fermín Farinha señaló que desde la entrada en vigencia de la normativa no se les adjudicaba competencia específica al retiro de caballos. Y que su colaboración está en disponer de un vehículo para trasladar a los que se encuentren en infracción.
Consultado al 911 se me informa que es la Intendencia a quien corresponde el retiro de los animales, que la policía no ocupa móviles para esa tarea por no considerar riesgo de peligrosidad un animal suelto (¿?) y que su trabajo termina una vez notificado al Corralón para que sea enviado el arriero, que es quien debe ocuparse del asunto.
Nuevamente la intendencia me dice que es la policía quien debe constatar que haya caballos sueltos, que luego ellos deben notificar al arriero quien debe dar comprobación, para recién enviar el móvil de retiro.
De más está decir que todo este incómodo protocolo parte de una denuncia, que normalmente no tiene respuesta. El mes pasado la intendencia sacó un informe donde intentaba justificar distintas notas Solicitadas que habían surgido como consecuencia de este accidente. Decía que habían retirado 130 caballos en el corriente período (algo más de 2 caballos por mes en los casi 5 años que lleva la actual administración).
Si contamos las denuncias en este diario acompañadas de imágenes veremos que son varios múltiplos mayores.
Nos acostumbramos a no denunciar, como no obtenemos respuesta, simplemente lo naturalizamos, entonces convivimos con el riesgo, “¡total!, a mí no me va a pasar”.
Déjeme decirle Sr. intendente, Sr. secretario general y las autoridades a las que les competa, que esos 130 caballos no son suficientes, porque la problemática aún continúa, porque si hubieran sido suficientes mi hijo no estaría en un CTI.
Los invito a circular por Dr. Roldán, o mejor elijan la avenida y la hora, siempre se encontrarán con caballos sueltos, sueltos o con 2 metros de piola arrecostados a una columna buscando el hilo de sombra, sin agua, sin cuidado.
Justo ahí, donde los defensores de los derechos de los animales deberían estar, ¡eso sí seria defender un animal!, y no para despotricar luego si el traslado fue hecho en condiciones o si los animales retirados gozan de buena atención sanitaria.
Amamos los animales y sabemos que no son culpables, los culpables son quienes lo llevan a una avenida a comer pasto y se olvidan, quienes los ponen al rayo del sol, sin agua, a expensas del clima.
Le pedimos a las autoridades que de una vez por todas tomen las riendas y hagan cumplir las normas. Y usted vecino, papá, mamá, amigo de los animales. Denuncie, denuncie y denuncie y que no quede ahí, espere a que se dé respuesta. No espere a que la vida en juego pueda ser la suya.
Ojalá sea esta la gota que rebase el vaso y que de una vez por todas terminemos con este flagelo.
Hoy a nosotros como papás, nos toca enfrentar esta dolorosa realidad con nuestro hijo, al que acompañaremos como corresponde hasta nuestro último suspiro.
Una vida truncada, una familia destruida, autoridades omisas y un irresponsable que queda impune.
Leonardo Borthagaray – Alejandra Soler, papás de Sebastián