Cuba se debate en una profunda crisis, en medio de apagones y falta de alimentos

Basurales en las calles, con personas revolviendo por comida.

Cuba está recibiendo fuerte ayuda internacional, sobre todo de regímenes amigos, para tratar de paliar la grave crisis que afecta a la isla caribeña, que el año pasado tuvo una contracción del 1,93 por ciento de su Producto Bruto Interno (PBI), y se prevé que este año tenga una caída similar, según previsiones de su gobierno.

Esta semana Cuba recibió un cargamento de ayuda humanitaria procedente de Brasil, destinado a aliviar la difícil situación que enfrentan los damnificados por los recientes huracanes que golpearon varias provincias del país. Este envío incluye 10 toneladas de alimentos deshidratados y se suma a las 30 unidades de purificación de agua que Brasil ya había donado, según reportó la prensa oficialista de la isla. Asimismo próximamente arribará otro cargamento que incluirá kits para la instalación de paneles solares y medicamentos. Otras donaciones de las últimas semanas fueron de leche en polvo y llegan en un contexto de grave crisis en la isla, donde falta energía y no se está en condiciones de cubrir necesidades básicas aún contando con ayuda externa, ante la postración de su aparato productivo. Las autoridades cubanas atribuyen la situación al paso de dos ciclones y dos sismos de magnitud considerable, además de dos apagones totales, lo que agravaron todavía más la ya crítica situación económica, alimentaria y energética de la isla. Los aportes solidarios para sostener la crisis llegaron de gobiernos como los de México, Japón, Rusia y Venezuela, así como organismos multilaterales y organizaciones no gubernamentales, en tanto la Unión Europea y Naciones Unidas enviaron 94 toneladas de medicamentos e insumos médicos, mientras que otros aportes se recibieron desde España, Japón, Noruega, Eslovaquia, China, Cruz Roja Internacional y colectivos de solidaridad con Cuba desde el extranjero.
A ello se agrega que México, que envió 400.000 barriles de crudo; mientras que Rusia comprometió 80.000 toneladas de diésel y equipos para el sistema eléctrico cubano valorados en 62 millones de dólares.

No solo fenómenos meteorológicos

Sin embargo, los fenómenos como huracanes y sismos no son la única causa de los enormes problemas cubanos, que tienen una raíz que va mucho más allá de estos meteoros, y así el ministro de la Industria Alimentaria (Minal), Alberto López Díaz, insistió en que Cuba cuenta con la infraestructura y la tecnología necesarias para producir alimentos, pero que la falta de “materias primas” impide al régimen “asegurar los aportes a la canasta básica normada”.
El jerarca dio cuenta en un programa de la televisión oficialista sobre la escasez de alimentos que golpea al país y la creciente inseguridad alimentaria que padece la población. Aseguró empero que “tenemos las condiciones, la capacidad instalada y la fortaleza de contar con una capacidad creada por la Revolución en todas las provincias. Tenemos industrias de producción de alimentos, tenemos una capacidad instalada para producir más de un millón de toneladas en el país, pero no tenemos la materia prima”.

De esta forma, culpó del problema a su homólogo del ministerio de la Agricultura (Minagri), Ydael Pérez Brito, justificando la improductividad de su sector con la falta de “materias primas” para procesar industrialmente. “Si apareciera la materia prima, empezamos a transformar”, aseguró López Díaz. A su vez, Pérez Brito, reconoció a mediados de octubre una caída significativa en la producción de proteínas, la avicultura y la porcicultura, debido a la falta de insumos, escasez de combustible y a las condiciones climáticas.
Paradójicamente el ministro dijo que “gracias a la Revolución”, Cuba cuenta en la actualidad con plantas en todas las provincias de la “industria láctea, industria cárnica, industrias de la pesca, industria para los conformados, industria del café…”

Pero también trajo a colación los desafíos que enfrenta la agricultura cubana en 2024, reconociendo que el país no supera las 200.000 toneladas de alimentos producidos.
De producir entre cuatro y cinco millones de huevos todos los días, su ministerio solo llega ahora a entregar un millón 200 mil, si los productores consiguen alimentar a la masa animal que tienen.
Los cubanos llevan años siendo testigos de la desaparición de productos como el huevo, la carne, la leche o el café de la canasta básica. “Falta de materia prima”, dice el titular del Minal, mientras que el titular del Minagri denuncia que se debe a “bloqueo y falta de combustible e insumos”. “El país tiene una infraestructura creada, en algunos casos obsoleta, con falta de piezas de repuesto… Pero en las condiciones propias que tenemos hoy, con materia prima nosotros podemos avanzar”, agrega. López Díaz dijo a mediados de julio que “no hacía falta invertir en nuevas tecnologías e infraestructura para producir alimentos” porque “la mayor fortaleza del sector son sus trabajadores, con experiencia para producir los alimentos que necesita el país”.

“En las condiciones de economía de guerra, no necesitamos invertir en nuevas tecnologías e infraestructura, con lo que contamos tenemos la capacidad suficiente para revertir y transformar la situación actual”, añadió.
Insólitamente, en febrero había dicho que “¡No tenemos fuerza de trabajo! No hay fuerza de trabajo por el problema demográfico, por los vagos, y porque no le da la gana a la gente a trabajar duro. Y así queremos que la placita tenga productos”.
Pero la realidad indica que en la actualidad, el régimen castrista solo puede ofrecer un pan por persona, poco arroz, aceite y café, entre otros productos, al tiempo que persisten los permanentes apagones y la producción local de alimentos está al borde del colapso.

La isla necesita 3.000 toneladas mensuales de trigo para mantener la producción del pan racionado, pero en julio y agosto solo pudo adquirir 1.000 toneladas y en setiembre contaba con 600, según la dependencia.
Esta es la peor crisis en Cuba desde la década de 1990, marcada por la escasez además de medicamentos y combustibles, junto con apagones constantes. Todo esto, en medio de una inflación disparada, depreciación de la moneda, una fuerte caída de la producción agrícola y mayor desigualdad social. Además, el turismo, otra de las principales fuentes de divisas del país, también se redujo estrepitosamente, ante la pérdida de calidad de los servicios. La población ahora está obligada a pagar precios mucho más altos para obtener estos alimentos en tiendas privadas, autorizadas apenas hace tres años, o en establecimientos estatales que solo aceptan moneda extranjera, mientras el salario promedio es de 5.000 pesos, equivalentes a unos 42 dólares.

La falta de electricidad y los apagones son cosa de todos los días, lo que hace que a menudo las panaderías no puedan trabajar y deban ir trasladando su mercadería a las que en ese momento cuenten con electricidad.
Los problemas energéticos no son un caso aislado, sino que forman parte de una situación más amplia y prolongada en todo el país. Los apagones y la falta de combustible son mencionados constantemente en los medios como una crisis nacional sin soluciones inmediatas a la vista.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció que aún no logran contar con un “suministro estable” de carburantes para poder garantizar el servicio en todo el territorio y, menos aún, cubrir la demanda en caso de que se deban hacer reparaciones a las plantas termoeléctricas.

“No tenemos un suministro estable de combustible como teníamos en otros momentos. Estamos saliendo al mercado internacional a comprar el combustible y la factura petrolera del país es de más de U$S 4.000 millones anuales”, dijo el funcionario antes de admitir que a raíz de esta dependencia del extranjero — porque ya no produce prácticamente nada — y ante la menor disponibilidad de los hidrocarburos en los últimos meses por la falta de divisas y problemas de distribución, se produjeron largos apagones, de hasta 20 horas.

La escasez de alimentos hace que se formen colas para conseguir suministros.