Trabajoso y dilatado acuerdo, que no debe afectar nuestro propio camino

Por cierto que es particularmente llamativo, pero a la vez positivo, que el Mercosur y la UE hayan avanzado significativamente hacia la firma de un acuerdo de libre comercio entre ambos bloques, lo que resulta particularmente novedoso para un Mercosur que desde su creación ha permanecido encerrado y solo ha seguido la corriente al bilaterialismo de Argentina y Brasil en lo que respecta al condicionamiento para el intercambio comercial extrarregión, en claro perjuicio de los socios menores del acuerdo sudamericano.
Tras más de veinte años de marchas y contramarchas, hace pocos días fructificó en Montevideo la firma de un acuerdo para definir lo que sería una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con un mercado de más de 700 millones de personas, y rompiendo así con un escenario de parálisis que signó los intentos de llegar a un acuerdo por más de dos décadas.
En teoría, Uruguay, como pequeño país agroexportador, se beneficiaría por este acuerdo por una reducción de aranceles y aumento de cuotas preferenciales en rubros como la carne ovina, el arroz o la lana, debiéndose tener en cuenta que de los tres principales rubros de exportación de Uruguay (soja, celulosa y carne), los dos primeros ya ingresan libres de aranceles a la Unión Europea, pero en cambio en lo que respecta a la carne, se perciben ventajas ante las condiciones muy limitadas que rigen para su ingreso el Viejo Continente, como es el caso del ingreso por la Cuota Hilton, lo que implicaría un ahorro de unos 14 millones de dólares al año para Uruguay.

También resultaría ventajoso este acuerdo para las exportaciones de arroz, de la pesca, y los cítricos, aunque en forma gradual, a la vez que también hay un intercambio de ida y vuelta en el que otros sectores no serían tan beneficiados y otros a la vez podrían resultar perjudicados, como se da siempre en este tipo de negociaciones en las que hay que ceder por un lado para ganar por otro y no en todo es un partido de ganar-ganar.
Claro, no se trata además de una desgravación explosiva e inmediata, sino que por el contrario, hay pasos establecidos y una gradualidad que no implicará un incremento sustancial de los flujos comerciales en el corto plazo. No es porque sí tampoco además la férrea exposición de los agricultores franceses, altamente subsidiados, que ven en la desgravación y reducción arancelaria una amenaza cierta a sus explotaciones, que no están en condiciones de competir de otra forma con las similares del Mercosur.
Precisamente el lobby agrícola francés y de otros países europeos fue el que torpedeó durante todos estos años un eventual acuerdo con el Mercosur, el que todavía podría enfrentar vetos desde la propia Unión Europea y para lo que están moviéndose afanosamente los sectores que se sienten perjudicados ante la eventual invasión de productos procedentes de los países con ventajas naturales comparativas para producir.
Los pasos que debe dar la Unión Europea para ratificar el acuerdo pasan por la decisión del Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea, donde están representados los 27 países de la alianza, y según ha trascendido, ante la relación de fuerzas en este escenario el árbitro sería Italia, la que tradicionalmente ha estado a favor del acuerdo con el Mercosur pero que últimamente ha dado lugar a evaluaciones dispares a través de expresiones de importantes actores de su escenario interno, poniendo una interrogante.

Con todo, en el mejor de los casos, para este acuerdo, deberán pasar varios años para poder llegar a tener un impacto económico relevante, teniendo en cuenta que se procesarán documentos de ratificación, plazos para entrada en vigencia y cuotas graduales. Pero además, debe tenerse presente que un acuerdo de estas características, aún siendo un aporte positivo, no debe ser obstáculo para que nuestro país siga adelante con una política de apertura comercial para reducir vulnerabilidades y abrir y profundizar mercados, más allá de lo que eventualmente se logre en el marco del Mercosur.
Y para ello es imprescindible que el nuevo gobierno no ceda al facilismo de seguir recostándonos en extremo a Brasil, como ya se infiere de los primeros contactos bilaterales del gobierno de Yamandú Orsi y del propio mandatario electo, porque de hacerlo nuestro país estaría tropezando dos veces con la misma piedra, cuando ya lo hicimos en tiempos del excanciller Reinaldo Gargano, cuando se priorizaron afinidades ideológicas por sobre los intereses reales del país respecto al intercambio comercial.
Y ya que de lo que traería aparejado para nuestro país se trata, vienen a cuento reflexiones del presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales, Diego O’Neill, al portal La Diaria, al señalar que la designación del economista Gabriel Oddone en el Ministerio de Economía y Finanzas genera expectativas positivas. “Es un economista muy calificado y entendemos que puede ser positivo que esté al frente del ministerio. Es importante que el presidente le dé el respaldo para que sea el dueño de la política económica”.

Pero respecto a la problemática de la inserción internacional, dijo que “ahí visualizo el tema con un poco más de preocupación, porque apoyamos la línea que venía siguiendo la actual administración de intentar generar acuerdos de libre comercio de manera unilateral y sin el Mercosur. Entendemos que es algo en lo que se debe insistir. Ahora también el presidente argentino está en esa misma línea, pero parecería que el gobierno entrante tiene una postura más de alineamiento con el Mercosur y de una postura escéptica respecto a los tratados de libre comercio, cosa que no compartimos”.
También es pertinente traer a colación la postura del Pit Cnt respecto al acuerdo Mercosur – UE, por cuanto la central sindical expresó por estos días su rechazo al acuerdo comercial alcanzado por los países que integran el Mercosur con las 27 naciones que son parte de la Unión Europea. Eso en sí no es una mala noticia; de hecho podría significar que vamos por el buen camino, puesto que el Pit Cnt bajo la batuta comunista siempre estará en la acera contraria a lo que pueda significar desarrollo genuino para el país.
En este caso el presidente de la central, Marcelo Abdala, dijo que para esa organización el entendimiento es “antidemocrático” y que además fue negociado “en secreto”. Según Abdala, el entendimiento “está separado en comercio, temas ambientales y finalmente el área política”, por lo que “hay una metodología que no compartimos”.
“Tenemos una posición histórica, así que todo lo que establezca flujos de libre comercio, entre países y regiones, con un desarrollo absolutamente desigual, tiende básicamente a exacerbar ese desarrollo desigual”, argumentó, reafirmando por lo tanto posturas contrarias a la apertura comercial y sí en sintonía con la política de suscribirnos a la encerrona en el Mercosur, recostados a lo que decida Lula de acuerdo a los intereses brasileños, por afinidad ideológica, cuando un intercambio comercial más abierto y liberado de gravámenes contribuiría a incorporar fuentes de trabajo, con mayor inversión y calidad de vida, lo que tanto se necesita por estos lares.