Oriana Fallaci, una periodista y escritora admirable

En estos tiempos convulsionados, en que la verdad está oculta detrás de tantas máscaras, tiempos de inútiles controversias y feroces enfrentamientos, quiero resaltar la figura y la obra de esta intrépida mujer, quien luchó toda su vida buscando la verdad, y en pos de la libertad se enfrentó a los más poderosos del mundo y afrontó con gran entereza los sucesos de su vida.
Unió la fuerza del periodismo a la intensidad de la literatura.

Con un estilo directo y sin tapujos, su voz desafiante descubría las verdades más incómodas. Por eso muchos la amaban y tantos la odiaban, pero ella nunca claudicó, nunca se doblegó frente a la violencia y la injusticia.
Nació en Florencia, en 1925, en la época de Mussolini y fue educada por sus padres en la defensa de la libertad y el rechazo al fascismo.

Su padre era un activo partisano antifascista, un albañil con conciencia de clase. Oriana vivió en primera persona los acontecimientos de la lucha antifascista. En su adolescencia se implicó a fondo en la Resistencia. Durante la ocupación de Florencia por los alemanes, su padre fue hecho prisionero y torturado, y luego liberado. Ella, con sólo 13 años, se ocupaba de transportar municiones atravesando el río Arno en bicicleta, con peligro de vida. A partir de esos momentos, ya nunca tuvo miedo, de nada ni de nadie.

A los 14 años recibió un reconocimiento honorífico del ejército italiano. Le otorgaron becas de estudio y gracias a eso se matriculó en la Facultad de Medicina. “Porque el tío Bruno (periodista) decía que estudiar Medicina me ayudaría a ser escritora y en aquel tiempo la universidad no era gratis, hacía falta costeársela. Luego me quedé en periodismo, que me permitía escribir y a la vez que realizaba los estudios universitarios, escribía pequeños reportajes para un diario de Florencia”.
Trabajó en Milán en un semanario dirigido por su tío Bruno, quien para no ser acusado de favorecerla, le daba los peores trabajos, “encargos infames”, según ella.

En 1956 viajó a Nueva York, para escribir sobre los artistas famosos. De ahí derivó su primer libro: “Los siete pecados capitales de Hollywood”, donde describe todos los tejemanejes de ese lugar.
En esa época encontró su primera pareja, Alfredo Pieroni, periodista con quien vivió una atormentada relación, que la llevó a sufrir un aborto espontáneo.

Fue muy crítica con la sociedad norteamericana de la época y con su gobierno, por la invasión a Vietnam. En un pasaje de su libro “Nada y así sea”, ridiculiza “el vandalismo de los estudiantes burgueses que osan invocar al Che Guevara pero que viven en casas con aire acondicionado, van a la escuela con el todoterreno de papá y al night club con la camisa de seda”.
En 1961 tuvo un gran éxito con su reportaje “El sexo inútil. Viaje en torno a la mujer”, donde se refería a la triste condición de la mujer en el Medio Oriente.

En tiempos de la carrera espacial, entrevistó a técnicos y astronautas de la NASA, y el comandante del Apolo XII Conrad, llevó a la Luna una foto de Oriana y de su madre cuando él era niño, con un escrito: “Para Neil sería un pequeño paso, pero para mí ha sido muy grande” (porque Conrad era pequeño de estatura y ella le aconsejó escribir ese mensaje).

En 1967 se trasladó a Vietnam como corresponsal de guerra enviada por L’ Europeo. Volvió a ese país 12 veces durante 7 años, y describió la guerra, criticando tanto al Viet Cong y a los comunistas, como a los EE. UU. y a los survietnamitas. Documentó las mentiras y las atrocidades, pero también el heroísmo y la humanidad de esa “locura sangrienta”.
El 2 de octubre de 1968, en vísperas de los Juegos Olímpicos de México, durante una represión estudiantil, resultó herida por una ráfaga de metralleta. “Una masacre peor de las que he visto durante la guerra”.

En la década del ‘70 conoció a Alexander Panagoulis, quien fue su última pareja. Un periodista, uno de los líderes de la oposición griega a la Dictadura de los Coroneles. Fue perseguido, torturado y encarcelado por mucho tiempo. Y falleció en un accidente de circulación, dijeron, pero para ella fue un verdadero homicidio político. La muerte de su amado marcó profundamente su vida. Su libro “Un hombre” (1979), cuenta sobre él y “Carta a un niño que no nació”, es un desgarrante libro sobre el hijo que perdió”, libro que vendió cuatro millones y medio de ejemplares.

En 1990 escribió “Inshallah”, sobre las tropas italianas que fueron enviadas a Beirut en misión de la ONU.Y en 1991 fue enviada a la Guerra del Golfo, donde fue la última vez que trabajó como reportera de guerra.
Se retiró después a Manhattan, donde comenzó una saga sobre su familia italiana, (“Un sombrero lleno de cerezas”) desde 1773 hasta 1889, interrumpida por los acontecimientos del 11 de setiembre de 2001.

En el 2005, descubrió “el alienígena”: cáncer de pulmón. Fue una empedernida fumadora toda su vida, pero ella siempre atribuyó el comienzo de su cáncer al humo negro que inhaló cuando Saddam Hussein quemaba un pozo de petróleo. “Oriana Fallaci se entrevista a sí misma. El apocalipsis”, es impresionante cómo ella le habla al cáncer, como si fuera una persona.
En su libro “Entrevista con la historia”, cita, entre otros: Hussein de Jordania, el arzobispo Makarios, Yasser Arafat, Mohammed Reza Palhevi, Haile Selassie, Henry Kissinger, Federico Fellini, Golda Meir, Nguyen Van Thieu, Ali Bhutto, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Leopoldo Galtieri (argentino), el Ayatollah Jomeini, frente al cual se quitó el chador, en un gesto de defensa de la mujer ante los abusos musulmanes. Siempre manifestó su odio por el islamismo.

Se definía como atea cristiana, y pidió y le fue concedida, una entrevista con Benedicto XVI, pero nunca se supo de qué hablaron.
Falleció en Florencia, en setiembre de 2006, y en el 2016, uno de sus sobrinos publicó una recopilación de 120 cartas, con el título: “El miedo es un pecado”.

Termino esta nota citando algunos de sus pensamientos: La gran enfermedad de nuestro tiempo se llama ideología. La libertad, como dijo Platón, es disciplina. No es la libertad para hacer lo que te dé la gana, para no tener límites. La libertad requiere sacrificios, es un deber antes de ser un derecho.
Es coraje lo que se necesita para enfrentar a la verdad cuando ésta es incómoda. El sentido común es el menos común de los sentidos. No puedes cambiar el mundo, pero puedes crear un futuro mejor. El odio sólo destruye, el amor construye puentes.

Tía Nilda