“Hay cultura de derecha y cultura de izquierda”, afirmó la edil departamental Mabel De Agostini. “Sabemos que, ideológicamente, la palabra cultura adquiere significados distintos en un gobierno de derecha que en uno de izquierda. Para nosotros, la cultura es un derecho tan trascendente que constituye un eje transversal en nuestro programa de gobierno. Desde esta perspectiva, vemos con gran desaliento el porvenir de la cultura como derecho en Paysandú”, agregó la representante del Frente Amplio.
Tras la designación de Eugenio Pozzolo como director de Cultura –quien además fue elegido presidente de la Red de Direcciones de Cultura–, De Agostini manifestó su preocupación, ya que “parece que los derechos culturales de los sanduceros seguirán siendo vulnerados, como ocurrió en el período anterior. Para nosotros, esto implica detener, congelar y frenar el desarrollo de quienes vivimos en este departamento”.
“En la decisión que tomó el intendente Nicolás Olivera en materia de gestión cultural, el continuismo es evidente. Deja la cultura del departamento en manos de quien, en el período anterior, la deterioró y la adaptó a su imagen y semejanza, sin reconocer la riqueza de nuestras diversas expresiones culturales, sin interactuar con ellas ni buscar el enriquecimiento colectivo”, expresó.
“Ese continuismo al que apuesta el intendente –añadió De Agostini– conduce a un gobierno departamental que no proyecta cambios en un área esencial para el desarrollo humano. La cultura es reflexión, pensamiento crítico, formación ciudadana y empoderamiento de derechos. Y a los gobiernos de derecha, a veces, les resulta tan molesta como el persistente zumbido de un mosquito”.
“Se apuesta a alguien que en el período anterior acató lineamientos sin objeciones, sin proponer acciones acordes con el rol que debe cumplir una Dirección de Cultura respetuosa de la gente. Una dirección que obedeció a un intendente poco interesado en la promoción cultural, al que destinó un presupuesto escaso, y que parece seguir por ese camino. No lo decimos nosotros: lo reconocieron los propios gestores culturales en varias oportunidades, afirmando: ‘Para eso no hay presupuesto’”, señaló.
De Agostini calificó como “lamentable” lo que denominó “el exilio de varios artistas”, quienes, “sin oportunidades y cansados de prepotencias y caprichos, se marcharon. Hoy triunfan en otros lugares del país o incluso más lejos. Y nos alegra por ellos, pero no es lo lógico”.
Asimismo criticó a quienes trabajan en el área cultural, desde que hay quienes no son sanduceros: “en el staff de cultura hay personas foráneas –no sanduceras– en cargos que podrían al menos compartirse con los nuestros. El enojo no es con ellos, sino con el intendente que lo permite y con quienes ejecutan sus órdenes con una visión reducida, incapaz de apartarse de lo ideológico y de ver más allá de lo que le conviene”.
“Por algo volvió”, expresó y dijo que eso ha provocado un “alboroto cultural. Ojalá ese bullicio sirviera para crear, innovar y producir cultura sanducera genuina. Pero no: el alboroto proviene de voces internas, de funcionarios que desde hace años discrepan y padecen esta política cultural de un solo color y bajo una única batuta. Lo peor es que ven cómo algunas decisiones los perjudican y amenazan con hacerles perder derechos adquiridos”.
“Un único estilo de cultura jamás favorece el desarrollo sociocultural y humano de una comunidad. Por eso estamos de este lado, del lado de la gente de las artes y la cultura de Paysandú, con una mirada amplia y democrática. Estamos convencidos de que hay lugar para todos, porque en esa diversidad reside la riqueza y la identidad de la cultura sanducera. Sesgarla es imperdonable”, concluyó Mabel De Agostini.

