La investigación “es fundamental”, porque permite mejorar la calidad asistencial y ofrecer a los pacientes lo mismo que se brinda en el mundo, valoró el profesor doctor Fernando Silvera en diálogo con EL TELEGRAFO. El profesional sanducero aseguró que los avances en neonatología se apoyan tanto en el desarrollo tecnológico como en el compromiso con el conocimiento científico.
En el marco de la Cuarta Jornada de Neonatología realizada en Paysandú, el especialista del Hospital Pereira Rossell, disertó sobre “Diagnóstico, manejo inicial y traslado del paciente con encefalopatía hipóxico isquémica”.
NEONATOLOGÍA: UN ÁREA COMPLEJA Y ESPECÍFICA
“La neonatología es una especialidad muy joven. En Uruguay, a principios de los años 90 fue cuando tuvo como especialidad el empuje, y en estos últimos años, junto con el aporte de la tecnología y la capacitación del personal médico y no médico, ha tenido un gran desarrollo”, explicó. Se transformó “en una especialidad necesaria, separada de la pediatría, porque nosotros vemos a los niños en su primera etapa de la vida y después se transforman en lactantes y niños que se van a desarrollar”, agregó.
Silvera remarcó que el área “es tan compleja y tan específica que determinó que se transformara en una especialidad en particular, separada de la pediatría como tal. Podemos ver que en casi todo el país hay unidades neonatales, equipos que atienden recién nacidos y profesionales que se especializan exclusivamente en ese grupo de pacientes, porque es necesario para poder asistirlos de manera adecuada”.
TRES GRANDES GRUPOS DE PACIENTES
Consultado sobre cuáles son los casos más complejos que enfrentan en el Pereira Rossell, el docente indicó que “la neonatología básicamente tiene tres grandes grupos de pacientes”.
El primero corresponde a los recién nacidos prematuros, en diferentes grados: “Desde el prematuro leve, al que le faltaban poquitas semanas para llegar al final del embarazo, pasando por el que queda en un término intermedio, hasta el prematuro severo, que es aquel que tiene por debajo de las 33 semanas. Y hoy por hoy hay un cuarto grado que es el llamado extremo, que es el que tiene menos de 28 semanas. Ese grupo se lleva gran parte del trabajo, son los que tienen mayor mortalidad y los que presentan los mayores desafíos para el futuro, porque muchos de los que logran sobrevivir quedan con alguna afectación o pueden llegar a desarrollar alteraciones que se van a manifestar completamente a lo largo de su vida”.
Silvera sostuvo que “en la neonatología, y el prematuro en particular, es una inversión para toda la vida, porque eso va a ser así”.
El segundo grupo es el de los recién nacidos con alteraciones congénitas. “Ese es un desafío. Hoy por hoy la tecnología y los avances en la perinatología han determinado que sobrevivan, entonces hay que generar un espacio particular de acuerdo a cada una de esas patologías, cada vez más complejas, que significan –tanto la prematurez como esto– un impacto muy importante para la sociedad. Tanto en la prematurez como en las alteraciones congénitas cambia la realidad de la familia”, observó. Cómo adaptarse a esa situación y cómo la sociedad resuelve ese problema con los sistemas de apoyo familiar, laboral y de redes de contención “es extremadamente complejo”, explicó.
Finalmente, mencionó el tercer grupo de pacientes: los recién nacidos con asfixia perinatal. “Es cuando el embarazo viene todo bien, el niño va a nacer al final del embarazo, sin ninguna alteración, pero pasa algo y se queda con poco oxígeno y poca sangre. Eso determina secuelas, primero un riesgo a la vida y altísimo riesgo de complicaciones en todo el organismo, pero sobre todo en el cerebro con lo que implica. El cerebro del recién nacido, aún cuando nazca de término, al final del embarazo, está en desarrollo. Si esa línea de desarrollo se interrumpe, lo que viene para adelante después es todo un desafío”, señaló.
El especialista agregó que justamente en esta instancia académica, su exposición se enfocó en cómo desde esta especialidad “podemos ayudar para que, si se produce ese evento, se pueda rescatar al paciente, y si no lo podemos rescatar del todo, que el impacto sea el menor posible. Hoy por hoy hay toda una línea de trabajo en ese sentido, y tratamos de compartir con los colegas lo que nosotros hacemos, lo que se hace en el mundo –que acá también lo hacemos– y lo que hemos podido aprender de esta patología en todo este tiempo”.
EL ROL DE LA INVESTIGACIÓN
Al referirse a la importancia de la investigación, Silvera fue categórico: “Es fundamental. Hemos tenido la suerte de compartir con nuestros profesores y maestros el interés por investigar y utilizar la investigación como una forma de mejorar la calidad asistencial. No solo investigar para descubrir o conocer tal o cual cosa, por curiosidad, sino investigar para que después se vuelque en la asistencia de esos pacientes”.
En ese sentido, destacó que “aquí estamos con colegas con quienes compartimos durante más de 20 años el trabajo de investigación básica, en procesos celulares, y también la investigación clínica, es decir, sobre los pacientes, trabajando con terapias, algunas experimentales, algunas iniciales. Estamos convencidos de que esa es la línea para mejorar y acompañar por donde va el mundo, que avanza a una velocidad enorme, y nosotros con nuestras capacidades, recursos y limitaciones tratar de brindarles lo que en el mundo se le da a este tipo de pacientes”, concluyó.

