Un bicentenario sin festejos

Hace algunas semanas se cumplieron los doscientos años de la declaratoria de la independencia de la Banda Oriental, cuando la Sala de Representantes de la Provincia Oriental del Río de la Plata reunida en la villa de la Florida declaró la independencia del rey de Portugal, el emperador del Brasil y de cualquier otro del universo y, a continuación, dispuso la unión a las Provincias Unidas, por ser la “libre y espontánea” expresión de los pueblos que la componen, “manifestada con testimonios irrefragables, y esfuerzos heroicos desde el primer período de la regeneración política de dichas provincias”. Durante mucho tiempo (especialmente en el siglo pasado), políticos e historiadores han discutido sobre cuál debería ser la verdadera fecha en la cual Uruguay inició su vida como país independiente.
Para algunos, la fecha indicada debe ser el 25 de agosto de 1825 ya que ese día se proclamó la independencia en la forma antes mencionada, aunque al mismo tiempo se unió a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Es importante tener en cuenta que la participación de Buenos Aires en este proyecto político resulta contrario a la idea federal impulsada por José Gervasio Artigas, cuyos enfrentamientos con los “porteños” habían desembocado en constantes e infundados ataques contra el caudillo oriental, impulsor de un federalismo entre iguales, o sea sin la presencia centralista y dominante de Buenos Aires. Artigas no soñó con una Banda Oriental que fuera independiente pero tampoco con una anexada a las Provincias Unidas del Río de la Plata, un proyecto muy lejano a la Liga Federal que había impulsado insistentemente años atrás, aunque sin éxito. Como lo han señalado algunos historiadores, resulta curioso que nuestro país festeje como día de su independencia la fecha en la cual resolvió unirse a las provincias que eran el embrión de lo que luego pasaría a ser Argentina y en la cual Buenos Aires tenía un papel central. Como ha señalado el historiador Carlos Demasi en relación con la declaratoria de independencia del 25 de Agosto de 1825, “es un proceso largo y va avanzando con vaivenes. La primera vez que se menciona que este territorio sea independiente es en las instrucciones del año 1813. (…) Desde 1813 hasta 1830 se da un proceso que termina con el Estado independiente del Uruguay. Y el 25 de Agosto es allí una fecha clave, porque por primera vez una sala de representantes, que representa la opinión de la provincia, declara la independencia de todo poder extranjero. Es una declaratoria de independencia emanada de una autoridad generada dentro del territorio. El proceso es complicado porque inmediatamente después se aprueba otra ley que dice ‘en uso de la libertad que hemos adquirido, nos reincorporamos a las Provincias Unidas del Río de la Plata’. De las cuales siempre fuimos parte, ni siquiera cuando firmamos esta ley habíamos dejarlo de serlo. Ese es uno de los múltiples debates: si uno recibe la sentencia de divorcio, y a continuación dice que a partir de este momento estoy casado con fulana, la situación de divorciado desaparece. Es estar casado en segunda nupcias”. Para otros, lo más adecuado es tener en cuenta el 4 de octubre de 1828, fecha en la cual se produjo el intercambio de ratificaciones de la Convención Preliminar de Paz entre el Emperador del Brasil y el gobierno de la República de las Provincias Unidas, firmada en Rio de Janeiro el 27 de agosto de ese mismo año, con la mediación británica. Según Frega, “aunque el texto de la Convención disponía la creación de un estado libre e independiente –‘la provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina’–, no mencionaba la voluntad del pueblo oriental en ese sentido, ni disponía la participación de esa nueva unidad política en la negociación del tratado definitivo de paz, entre otros aspectos limitantes de la soberanía”. En pocas palabras: supuestamente fuimos creados sin que nadie nos pidiera nuestra opinión ni nos hiciera partícipe del documento de nuestra creación ni de su ratificación. A pesar de ello, existen pruebas recopiladas por Pablo Blanco Acevedo que “la autoridad oriental, representada por Gobernador y General en Jefe del Ejército, don Juan Antonio Lavalleja fue consultada y prestó éste su aprobación a las negociaciones que determinarían el reconocimiento de la Independencia Nacional”. El previo apoyo de Lavalleja a la Unión de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1825 y su consentimiento a la creación de la Banda Oriental como país independiente en 1828, dejan en claro que sus intenciones e intereses no coincidían con el proyecto político, económico y social artiguista que fue impulsado entre los años 1811 y 1820.
Finalmente, hay quienes defienden el 18 de julio de 1830 como la fecha adecuada ya que corresponde a la Jura de la Constitución Nacional y al nacimiento del “Estado Oriental del Uruguay” como organización política soberana. Según los historiadores, se manejaron otros nombres para nuestro país, como por ejemplo Estado Nord Argentino, Estado de Solís, Estado de Montevideo o Estado Oriental del Caudaloso Río de La Plata.
Más allá de la fecha que nuestros lectores escojan como la más representativa para nuestra independencia, llama la atención que los 200 años de una fecha que más allá o más acá de opiniones tiene una importancia indiscutible, hayan sido tan ignorados por las autoridades públicas y por la sociedad civil en general. Es sabido que desde hace muchos años en Uruguay el 25 de agosto no es el “Día de la Declaratoria de la Independencia” sino el “Día del Comité de Base del Frente Amplio” y tal vez esa intención de suplantar una fecha nacional por una fecha político partidaria haya logrado su objetivo: salvo muy honrosas excepciones, las figuras del partido de gobierno han dejado esta fecha en el olvido en forma voluntaria y premeditada. Desde su llegada al poder en el año 2005 el Frente Amplio ha desarrollado una política sistemática para dejar de lado el uso e importancia de los símbolos patrios, así como la celebración de fechas patrias de relevancia. Prueba de ese espíritu de la izquierda es la propuesta reciente de las Asambleas Técnico Docentes (ATD) de eliminar la obligatoriedad de los actos patrios y de quitar la marcha “Mi bandera”, entre otros planteos.
Tal como ha señalado Carlos Demasi, “en la vida de las sociedades, la historia y la memoria son mecanismos estructurantes del pasado, así como la esperanza y la utopía le dan forma al futuro: el objeto último de todas ellas es dotar de sentido al presente. La forma como se organizan los episodios del pasado señala un ‘camino’ por donde se proyecta una visión del futuro, y así el ‘instante fugaz’ del presente puede ser comprendido como una forma de transitar desde lo que ya fue a lo que esperamos que sea”.
No existe, entonces, un manejo inocente del pasado ni de los hechos históricos que lo integran. Se trata de campos de batalla para quienes quieren cambiar la historia con delirios fundacionales. Manejar el pasado (cambiando el relato o dejando de lado la celebración de fechas importantes) es una forma de control social tal como lo expresaba George Orwell en su novela distópica “1984”: “Quien controla el presente, controla el pasado. Quien controla el pasado, controla el futuro”.