La guerra digital

El autor indobritánico Gurwinder Bhogal hizo una descripción de TikTok, la que define como “la app más exitosa de la historia, el dominio web más visitado del mundo”. Citado por Infobae dice de esta plataforma que, mientras otras, como Facebook y Twitter, utilizan algoritmos de recomendación como funciones para mejorar el producto principal, “en TikTok, el algoritmo de recomendación es el producto principal. El usuario no necesita crear una red social ni enumerar sus intereses para que la plataforma empiece a adaptar los contenidos a sus deseos; simplemente empieza a verlos, saltándose los videos que no despiertan su interés de inmediato. Tiktok utiliza un algoritmo propio, conocido simplemente como el algoritmo For You (Para ti)”. Este algoritmo, que no es otra cosa que una ecuación matemática, “utiliza el aprendizaje automático para construir un perfil de tu personalidad entrenándose en tus hábitos de visionado (y posiblemente en tus expresiones faciales). Dado que un video de TikTok suele ser mucho más corto que, por ejemplo, un video de YouTube, el algoritmo adquiere datos de entrenamiento tuyos a un ritmo mucho más rápido, lo que le permite centrarse rápidamente en ti. El resultado es un sistema insuperable para conocerte. Y una vez que te ha conocido, puede mostrarte lo que necesita para volverte adicto”.

La sola descripción de cómo funciona resulta a la vez que fascinante, por demás inquietante y es además una revelación sobre el poder de estas herramientas que ponemos en manos incluso de nuestros niños, menospreciando su poder. Si a ello le sumamos el potencial que la inteligencia artificial generativa demuestra un día sí y otro también, combinadas ambas, redes sociales e inteligencia artificial, estamos frente a un instrumento muy complejo que aun no llegamos a entender pero que nos está metiendo de lleno en un mundo absolutamente diferente, donde la capacidad de dominación masiva de la opinión pública a escala global es una realidad.

Ya habíamos tenido algunas muestras del poder de estas redes sociales empleadas como un instrumento para condicionar la opinión de millones. El episodio Cambridge Analytica se estudiará en el futuro en los libros de historia —suponiendo que sigamos teniendo libros— como un aviso, como un despertar a los peligros implícitos en las redes sociales. Y esa empresa británica, recordemos el episodio del año 2018, se dedicaba a la recopilación de datos para su utilización en la creación de campañas electorales en las elecciones de Estados Unidos, aunque hay registros incluso de su utilización en elecciones de la región, como es el caso de Argentina.

Dicho en criollo, la estrategia consistía en detectar a las personas más sensibles a determinados tipos de mensajes para luego ofrecérselos a través de la pantalla, condicionando así los contenidos que consumían en las redes y su punto de vista en relación a determinados temas, luego lo hacía con otros temas. Por supuesto que esto no es inocente porque entre los posibles efectos secundarios se cuentan la polarización y la intolerancia.

En el caso de TikTok, según Bhogal, el riesgo es otro: “el mayor peligro de la aplicación no reside en ningún contenido específico, sino en su naturaleza adictiva en general. Por razones obvias, aún no existen estudios sobre la adicción a TikTok a largo plazo, pero, basándonos en lo que sabemos de la adicción a Internet en general, podemos extrapolar sus posibles efectos en los usuarios habituales de TikTok”. Sobre estos posibles efectos ya hemos publicado anteriormente. “Hay un corpus sustancial de investigaciones que muestran una fuerte asociación entre la adicción a los smartphones, la contracción de la materia gris del cerebro y la ‘demencia digital’, un término que engloba la aparición de ansiedad y depresión y el deterioro de la memoria, la capacidad de atención, la autoestima y el control de los impulsos”. Además de esos, que son problemas atribuidos a la adicción a Internet en general, hay algo más en TikTok que, a estar por lo que dice Bhogal, la hace singularmente peligrosa, y es que “más que ninguna otra aplicación, está diseñada para darte lo que quieres y exigirte lo menos posible”. Se puede estar durante horas solamente deslizando el dedo sobre la pantalla viendo videos en un continuo interminable. Es posible que el mismo lector haya comprobado alguna vez el tiempo que, casi sin darse cuenta, estuvo perdiendo en esa actitud. Lo preocupante es que, según este planteo, no solamente es tiempo lo que se pierde, sino además capacidad cognitiva.

Solamente por mencionar un síntoma de estos tiempos que corren, aunque van a encontrar más ejemplos. “El CEO de la Fórmula 1, Stefano Domenicali, abogó recientemente por Grandes Premios más cortos. El italiano no solo es partidario de la parrilla de salida invertida, sino que también cree que muchos nuevos fans se beneficiarían de carreras algo más cortas”, publicó el portal especializado Grand Prix News, citando comentarios que dieron la vuelta al mundo rápidamente. Cuando Domenicali habla de “nuevos fans” refiere concretamente a los jóvenes, que aparentemente no soportan carreras de dos horas de duración.

En su defensa cabe mencionar que hay carreras con pocos adelantamientos y sin variantes estratégicas que son difíciles de sobrellevar. Pero es que lo mismo aplica a las películas, o por qué las plataformas tienen opciones como las de reproducir a mayor velocidad, cosa que parece inaudita, y también ocurre con el fútbol, que tiene cada vez más aficionados a los resúmenes (highlights) y a los compendios de goles que a las transmisiones en vivo y que son un dolor de cabeza para quienes comercializan estos contenidos, e incluso hay aplicaciones basadas en inteligencia artificial que se encargan de resumir libros, el acabose de la literatura.

Claro, controlar este tipo de cosas es acceder a instrumentos capaces de condicionar la opinión de grandes masas de personas, pretensiones que son tan viejas como el hombre mismo y de las que la historia está plagada de intentos pero sobre todo de denuncias de estos intentos.