Estoy, como muchos uruguayos, muy preocupado al ver cómo este gobierno no está trabajando por el bien del país. La verdad, no ha hecho nada más que pensar en agrandar el Estado y generar más gastos que cubrir, algo muy irresponsable en todo sentido. El déficit fiscal que tenemos es muy elevado, y no se puede seguir gastando más: hay que reducir el costo del Estado lo antes posible y terminar con los privilegios, especialmente los de políticos y directores de entes.
No se puede “tirar manteca al techo” en momentos tan difíciles. Y no solo en Uruguay: la crisis es mundial, varios países se están ajustando el cinturón porque los números son complicados.
Pero aquí tenemos al señor Díaz, que hace unos días vino a querer convencer a los ciudadanos de abrir otro ministerio. Asombra ver a gente en el gobierno que solo piensa en crear cargos para mantenerse en el poder, y lo increíble es que ningún periodista presente le preguntó de dónde se sacarían los recursos para pagar ese nuevo “curro”.
La justicia sabemos cómo funciona en este país: no hay ningún político preso por corrupción en los últimos años, pese a todo lo que se ha descubierto y denunciado. Son cientos de millones de dólares perdidos, desde el remate de Pluna hasta los 10 millones de dólares que el personaje de Mujica otorgó a un desconocido que ni uruguayo era. Cayó preso el gerente del banco, pero quien generó todo, que era presidente, a él no le paso nada, murió sin ser juzgado.
Después vino el caso de la vicepresidenta y el Antel Arena, con un derroche millonario, empresas que trabajaron sin licitación y más de 40 millones de dólares de diferencia. Tampoco pasó nada. Y quien era el fiscal de entonces es este mismo señor Díaz, hoy en el gobierno.
Hay responsabilidades de todos los partidos. Por eso es una vergüenza que la política haya logrado entrar en el sistema judicial, haciéndolo más injusto para cualquier ciudadano común que cometa un delito. Mientras tanto, un político que gestiona mal un ente del Estado no sufre consecuencias: se investiga, se archiva y nada más. Eso no es justicia, es injusticia, señores políticos. La gente no es tonta: piensa.
También preocupa la situación laboral. Desde que comenzó este gobierno se han perdido miles de puestos de trabajo, y todavía hay amenazas de cierre de comercios y empresas antes de fin de año. Pero al gobierno no se le mueve ni un pelo.
La desconfianza es peligrosa: las empresas se van o dejan de invertir, pierden la fe en el sistema político uruguayo. Miren lo que está pasando ahora: todo lo que presenta el gobierno se aprueba gracias a la mayoría del Frente Amplio y a dos votos de Cabildo Abierto, de legisladores que nadie conoce ni votó, pero que se volvieron el “caballito de batalla” para conseguir votos en todo. Mientras tanto, el resto de la coalición mira sin poder hacer nada.
Es muy jodido el tema de las mayorías parlamentarias. Debería requerir más respaldo, porque de lo contrario los legisladores terminan votando lo que pide el oficialismo, y adiós pueblo. ¿Para qué se votan diputados y senadores si después no pueden hacer nada? Tienen las manos atadas.
La verdad, es lamentable y muy hipócrita. ¿Por qué no se cambia este sistema de votos? Así serían más responsables al aprobar leyes que repercuten en todos los uruguayos.
Tampoco hay dinero para la salud, la educación y la seguridad. Este gobierno lo prometió en campaña, pero hoy no cumple. La seguridad es lo peor: todos los días hay muertos y robos, y el ministro todavía está pensando cómo solucionar un tema tan importante para todos.
Lo único positivo en estos días ha sido la protesta de algunos militantes del Frente Amplio. Es importante ese gesto de reconocer que se está gobernando muy mal. Este país está en el horno y todos lo estamos sufriendo. Los gastos crecen y no se hace nada en beneficio de la gente. Hay mucho desempleo, pobreza y un trabajo que desaparece, mientras los inversores se retiran y los ahorristas pierden confianza.
Se ve a un gobierno inseguro, que ahora habla de levantar el secreto bancario y de apropiarse de propiedades vacías. Eso es meterse en lo privado de las personas, una idea que viene del sistema comunista, que tanto daño ha hecho en otros países y que ahora se quiere implementar aquí.
Así, nos hacen pensar en un futuro muy complicado e inseguro.
Daniel Acosta

