Escribe: Lic. Ps. Yasmín Buono: El poder liberador de decir NO

“No es no, y hay una sola manera de decirlo: No”. Así comienza el poema del no, texto del escritor argentino Hugo Finkelstein, un fragmento que parece simple pero encierra una de las lecciones más complejas de la vida emocional y relacional. Decir “no” no es solo una palabra: muchas veces es un acto de dignidad, de claridad y de autocuidado. Vivimos en una cultura que premia la disponibilidad constante, la complacencia y el “ sí” automático. En ese sentido aprender a decir “ no” se convierte en muchas ocasiones en un gesto profundamente saludable.

El “si” que enferma

En consulta, es frecuente escuchar personas agotadas, resentidas o con mucha ansiedad por haber dicho demasiados “sí” en lugares donde querían decir “no”. Aceptan tareas que no desean, relaciones que las desgastan o compromisos que las sobrepasan, simplemente por no incomodar o no ser rechazadas.

Teniendo a nivel familiar consecuencias que no desean. Donde ese “sí” forzado, sostenido por el miedo o la culpa, erosiona además la autoestima.
En muchos casos decir “sí” cuando en realidad se quiere decir “no” es una forma de evitación; esto significa que se evita un conflicto externo, pero se traslada un conflicto al interior de la persona. Teniendo como consecuencia una contradicción interna entre lo que piensa, siente y lo que hace. Como he mencionado en varios de mis artículos, el cuerpo se afecta cuando tenemos un problema no resuelto a nivel mental que genera sufrimiento. Por lo tanto, pueden aparecer tensiones, insomnio, irritabilidad, mal humor.

El “no” como límite y cuidado propio

Finkelstein dice: “No, es el último acto de dignidad”. Coincido con sus palabras cuando decir “no” no siempre es un rechazo al otro; en muchas ocasiones es un sí hacia uno mismo. Es un límite saludable que protege la energía, la coherencia y el respeto personal.

Por ejemplo, cuando alguien aprende a decir “no” a una carga laboral excesiva, a una relación en la que hay maltratos, faltas de respeto, no solo protege su salud mental, también mejora su desempeño y sus relaciones. Cuando un adolescente dice “no” a una presión grupal, muchas veces es un acto de afirmación de la propia identidad.

Tengamos en cuenta, recordemos que un “no” sincero no destruye, muchas veces ordena. Define hasta donde estamos disponibles y desde qué lugar deseamos vincularnos.

La voz firme del “no”

Siguiendo con el autor que hoy les comparto: “la voz del no, no se dice con pena ni con satisfacción. No es trémula, ni vacilante, ni agresiva”. Esta precisión tiene un profundo sentido desde lo psicológico. Un “no” sano, no necesita justificar ni elevar el tono de la voz. Surge del objetivo claro, del autoconocimiento, no de la culpa.

Cada vez que una persona logra decir “no” desde la calma fortalece su asertividad, una de las habilidades emocionales y comunicativas más protectoras frente al estrés.

Decir “no” para poder decir “si”

Saber decir no, no hay que verlo como una negación del compromiso. En varias oportunidades es una condición para que el sí sea más libre y genuino. Cuando aprendemos a poner límites, cada “sí” cobra valor porque se elige desde la autenticidad.
Varias veces he hablado de los actos revolucionarios de estos tiempos, y ahora menciono otro, aprender a decir “no”. No es egoísmo, es respeto a nosotros mismos. Solo quien se escucha puede realmente escuchar, quien se respeta, puede respetar.
Y solo quien sabe decir “no” como escribió Finkelstein, puede sinceramente decir un “sí” verdadero. (097352937).