A quienes peinamos canas la filosofía nos ha dado unos cuantos dolores de cabeza, porque las clases nos resultaban pesadas, esta materia no solía ser la preferida, aunque en mi caso siempre me gustó, a pesar de todo. Hace muy poco tiempo, el 10 de setiembre pasado, el filósofo y periodista francés, Roger Pol Droit, publicó “Alicia en el país de las ideas. ¿Cómo vivir?”, una refrescante novela escrita con el propósito de hacer accesible el pensamiento filosófico a todo público, combinando rigor y claridad, una tarea nada fácil.
Alicia, la protagonista, cae en una madriguera, como en “Alicia en el país de las maravillas” y llega al país de las ideas, donde dialoga con distintos filósofos de diversos lugares y tiempos. El autor combina realidad y ficción. Alicia es una chica del siglo XXI, una chica curiosa, que se preocupa por la degradación ambiental, la violencia, la biodiversidad amenazada, la discriminación, el futuro… Una chica llena de preguntas: ¿cómo vivir?, ¿qué valores seguir?, ¿qué mundo queremos construir?, ¿cómo puedo ser útil a la sociedad? En busca de respuestas, se embarca en un viaje imaginario por el País de las ideas. Recorrerá siglos y civilizaciones y conversará con los grandes filósofos de Oriente y Occidente. Su objetivo: encontrar la frase o máxima que se tatuará en el brazo como brújula digital.
Este filósofo nos hace entender que las ideas de los grandes filósofos siguen aplicándose en la actualidad. Siguiendo a Nietzche, el secreto de la felicidad es decir sí a la vida. Pero entender que la vida no está hecha únicamente de cosas materiales, y que una vida sin sufrimientos, sin retos, sin violencia, sin nada negativo, evidentemente es un sueño. Decir sí a la vida es decir sí, por supuesto, a la belleza, a la alegría, a la amistad, al amor, al orgasmo. Pero también es decir sí, aunque no nos guste, al sufrimiento, a la traición, la violencia, al odio, que son parte de la vida. Todos quisiéramos disminuir lo negativo y aumentar lo positivo. Pero ese sueño de eliminar toda negatividad parece un error.
Nuestra condición humana es hacer preguntas. Como los animales, tenemos nuestros instintos, nuestro código genético, que nos guían, pero somos animales modificados por el lenguaje transformador y por el pensamiento simbólico. Tenemos suficiente inteligencia y dotación neuronal para interrogarnos sobre la existencia, sobre el mundo, y sobre la forma en que tenemos que comportarnos.
Tenemos preguntas, pero no tenemos respuestas absolutas. Tenemos intuiciones, convicciones, demostraciones, pero no tenemos certezas.
Es ahí donde nace la necesidad de cuestionarnos sobre cómo diferenciamos el Bien y el Mal, cómo debemos vivir. Es algo que no está programado en ningún lugar. No tenemos el libro de instrucciones definitivo de la existencia. (Tenemos que reconocer que nadie lo sabe todo, por eso debemos ser humildes y tolerantes con las ideas ajenas, agrego).
¿Cómo podemos ser útiles a la sociedad? Alicia en el País de las ideas es una chica del siglo XXI que teme al calentamiento climático, al aumento de la violencia, al derrumbamiento de la biodiversidad y que se pregunta sobre su propia existencia y su futuro, pero también sobre el futuro de los demás y de toda la sociedad. Porque sin amigos, nadie podría vivir.
¿Cómo ser útil? Primero, nos dice la filosofía, examinando las ideas que tenemos en la cabeza. Reencontrando la preocupación de la vida colectiva. No se trata de hacer cosas muy complejas, académicas, aburridas. Está bien ocuparse de sí mismos y de la vida individual. Pero no hay que olvidar que no estamos solos en el mundo, porque hemos sido engendrados y educados. Y todo ello marca en nosotros la huella de los demás.
Después se trata de ser lo más útil posible mediante el trabajo, las reflexiones, las acciones y los compromisos. Pero debemos ser conscientes de nuestra interdependencia con nuestros prójimos y de forma más amplia, de todos los seres vivos.
La filosofía puede ayudarnos a tomar mejores decisiones en la vida. El proceso de la filosofía consiste en entender que las ideas son algo esencial en nuestra existencia. Sócrates fue el primero en decir que una vida sin reflexión no merece ser vivida. Si nos examinamos todo lo que tenemos en la cabeza, podemos darnos cuenta de que algunas ideas son espejismos que no aguantan la prueba y a partir de ahí tomamos nuestras decisiones. Si cambiamos nuestras ideas, también nuestras acciones y nuestras decisiones cambiarán. (Con palabras más fáciles, tenemos que hacer un examen de conciencia para desechar las ideas espejismos, y despuiés tomar la decisión).
¿Cómo podemos cultivar el pensamiento crítico en la era de las fake news, la inteligencia arificial y las redes sociales?
Estamos en una época muy compleja. Alicia tiene miedo de un futuro que no entendemos. No tenemos una representación clara del futuro. No hay relatos. No sabemos qué será de nosotros en diez años, y menos todavía la generación siguiente. Las cosas cambian a velocidad de vértigo.
Las fronteras entre lo ilusorio y lo real son cada vez más tenues y eso hace difícil saber cómo salir de ello, cómo comportarnos.
Es un proceso que no se detiene, por eso hay que aprender a vivir con ello, pero con una forma de distancia crítica: lo que miro, lo que estoy viendo, ¿es real? ¿Lo que me dicen es cierto?
No olvidemos que tenemos nuestros sentimientos, pero también está la realidad compartida de las verdades verificables .
Todo lo dicho son las ideas del filósofo autor del libro.
Creo que Alicia es un personaje que refleja nuestra realidad humana y nuestro pensamiento actual y de los filósofos de todos los tiempos.
Un trozo de la novela: “Últimamente, Alicia se plantea cada vez más dilemas. No deja de cuestionarse el futuro del planeta y la supervivencia de la especie humana. ¿Por qué las personas se declaran la guerra? ¿Por qué destruyen la tierra, matan a los animales, terminan con la vida? ¿Qué se puede hacer para detener esa masacre? ¿Cómo coexistir con nuestras diferencias sin arrasar el mundo?, ¿es posible? ¿Cuál será el camino?”.
La tía Nilda

