El ministros de Turismo, Pablo Menoni, dijo en el programa televisivo Polémica en el Bar que antes de terminar este período de gobierno se espera tener habilitado un mecanismo para que quienes visitan el país en condición de turistas puedan acceder a comprar y consumir cannabis de manera legal, algo que les está vedado en el marco normativo actual. A raíz de este comentario del secretario de Estado el tema fue abordado en el periodístico Las cosas en su sitio, de Radio Sarandí, donde recogieron algunos antecedentes al respecto de este asunto con el que se viene “mareando” hace años, desde que se aprobó la ley que habilitó a los uruguayos, prácticamente.
No es la primera vez que el tema está sobre la mesa, lo hemos abordado anteriormente incluso en esta misma página, por ejemplo cuando la exministra Liliám Kechichián pronunció públicamente haber cambiado de opinión al respecto, para pasar de reticente a partidaria de abrir la posibilidad a los visitantes de acceder a este producto, en las mismas condiciones que los uruguayos, algo que reafirmaría, decía en ese momento, “la postura progresista del país” entorno al consumo de esta sustancia.
Durante el período pasado, mientras superábamos las secuelas de la pandemia y la declaración de la emergencia sanitaria, especialmente dura con el sector turístico, un grupo de legisladores del Frente Amplio presentó un proyecto de ley que pretendía al mismo tiempo habilitar y regular el turismo canábico. En la exposición de motivos explicaban que se busca “complementar la normativa” vigente, teniendo en cuenta su incidencia en el desarrollo de la actividad turística en nuestro país. Entre quienes opinaron al respecto estuvo el entonces ministro de Turismo, Tabaré Viera, quien por un lado planteó que no debería ser la marihuana un producto turístico, pero por otro expresó que no debería existir restricciones para que quienes vienen de visita accedan en las mismas condiciones, es decir, que tengan los mismos derechos. Y aunque pudiera parece una contradicción, en realidad no lo es, porque una cosa es autorizar a un turista que llega al país a comprar y consumir una sustancia que es legal para los residentes, y otra muy distinta es hacer campañas publicitarias anunciándolo, haciendo énfasis en ello, en lugar de en nuestros valores como destino turístico.
Por otra parte había en las manifestaciones de Tabaré Viera en ese momento un reconocimiento implícito: los turistas ya están accediendo al cannabis.
“No tiene sentido que tengan determinadas prohibiciones que en definitiva después terminan si son consumidores, visitantes, pero consumidores, terminen buscando bocas de venta, que es lo que queremos evitar”. La demostración sobre lo fácil que es acceder al producto para los visitantes la dieron los populares youtubers que estuvieron el año pasado en el país, Luisito Comunica y Speed, que no la compraron en la farmacia.
El mecanismo que se piensa sería una habilitación temporal, que les permita comprar y consumir en el circuito legal de la misma forma que los nacionales, sin tener que exponerse innecesariamente en el mercado ilegal.
Ahora bien, pongamos que se decide avanzar en este camino, lo primero que hay que hacer es ponerse en consulta con los gobiernos vecinos, no para pedir autorización, que bueno fuera, sino para evitar reacciones adversas que puedan poner en riesgo las relaciones internacionales y que puedan tomar las medidas que entiendan oportuno para advertir a sus nacionales al viajar a nuestro país sobre, por ejemplo, los riesgos de pretender regresar con lo adquirido a sus respectivos países —así como debería advertirse a quienes viajan a Brasil sobre lo sensible que está esa sociedad con respecto a temas de discriminación racial y el cuidado que hay que tener en la gestualidad y en las expresiones, válido para hinchadas de fútbol, pero también para cualquiera que vaya de paseo—.
Una de las posibilidades que se abre, de acuerdo a lo que se comentó en el programa radial, es ampliar las potestades de los clubes canábicos, una de las vías legales que autorizó el país para acceder a la sustancia. El proyecto que se planteó en 2022 les permitía incrementar su número y la cantidad de plantas en producción, como una forma de atender el incremento en la demanda, en un contexto de oferta reducida. Si este es el criterio, habrá que poner mucho la lupa encima de estos clubes, que pueden volverse una especie de agujero negro en la normativa. Sin ir más lejos cabe mencionar el incidente de mediados de enero de este año, cuando un “cliente” —como se lo menciona en las notas de El País y de Montevideo portal sobre el incidente— asaltó uno de estos clubes que funciona en Montevideo, en la zona de Villa Dolores. Al respecto cabe indicar que los clubes canábicos no pueden tener clientes sino miembros, en la medida que no pueden comercializar la sustancia a externos. Se dijo que esta persona frecuentó el club durante algunas semanas antes de cometer junto a sus secuaces el atraco que les reportó seis kilos de marihuana y $ 40.000 en efectivo. No somos quienes para opinar si esto es mucha sustancia o mucho efectivo para el funcionamiento de un club. Antes de darles más cuerda habría que terminar de establecer controles para ver si efectivamente funcionan como estaba previsto que lo hicieran.

