La confianza en los medios de comunicación uruguayos alcanza al 50% y, aunque está por encima de la media mundial, es un guarismo que debería preocuparnos.
El dato surge de un informe dado a conocer en los últimos días por la Facultad de Comunicación de la Universidad ORT Uruguay, titulado “Confianza en los medios y evitación de noticias en Uruguay”. Se trata de la tercera parte de un estudio más amplio sobre consumo informativo y tecnologías digitales.
La investigación se realizó en julio de 2025 y consistió en una encuesta de alcance nacional.
La confianza, explicó Francisco Arri —secretario docente e investigador de la referida facultad e integrante del equipo que llevó adelante el estudio en modalidad virtual—, “tiene que ver con ese vínculo que se construye a partir del cual una persona cree en aquello que está viendo o consumiendo, o cree que lo que se está relatando fue así”, señaló al periódico capitalino.
Entre los hallazgos destacados del informe, publicó Crónicas Económicas, se encuentra que la confianza se construye, ante todo, sobre el capital profesional del periodista. Así, para el 49% de los encuestados, la reputación del periodista fue el principal criterio para creer en una noticia, incluso por encima de la marca del medio. Este dato, según Arri, refleja la valoración social del oficio periodístico. “La reputación de un periodista se construye con credibilidad, con trayectoria, con transparencia”, afirmó. Desde la academia, este resultado fue interpretado como una confirmación del camino formativo elegido: la apuesta es a la formación de “profesionales de calidad”, no buscando forjar la reputación como un objetivo en sí mismo, sino como consecuencia de un ejercicio profesional riguroso. “Buscamos que esa reputación se construya en función de un ejercicio ético y crítico del periodismo”, agregó.
Aunque las redes sociales constituyen la principal puerta de entrada a las noticias, con cerca del 70% de uso, solo el 22% de la población dijo confiar en la información que circula por esas plataformas. Es decir, se las utiliza para enterarse de qué está ocurriendo y luego se recurre a los medios profesionales para confirmar la veracidad de la noticia y acceder a una versión creíble, en términos de “reputación, contextualización, citación de fuentes y trayectorias consolidadas”. El estudio mostró que casi seis de cada diez personas, cuando dudaron de la veracidad de una noticia, intentaron verificarla recurriendo a otras fuentes o a medios profesionales. Para el experto, estos datos dan cuenta de una ciudadanía crítica, que no consume información de manera pasiva.
Así, el rol de los medios profesionales sigue siendo central. El informe alude además a la evitación de noticias, que —sostiene— se ha consolidado como un fenómeno extendido: casi el 45% de la población admite alejarse de la información con frecuencia o regularidad, mientras que solo el 12% afirma no hacerlo nunca. Para Arri, este comportamiento se vincula con la carga emocional de determinados contenidos y con la experiencia informativa durante la última pandemia, cuando se generó “una cierta monotonía informativa, con noticias que generaban tristeza y angustia, frente a las cuales las personas no sabían qué podían hacer”. Lo relacionó con la necesidad de regular la exposición a contenidos que generan sobrecarga emocional o informativa.
En este contexto, pautado por la abundancia de desinformación —incluidas cuentas en redes sociales que se presentan como medios periodísticos, pero que en realidad pertenecen a operadores o activistas digitales interesados—, y al que se suma el avance de la inteligencia artificial, capaz de fraguar no solo testimonios escritos, sino también fotografías, audios y hasta videos con una fidelidad cada vez mayor, resulta comprensible que se genere un clima de desconfianza —así lo declaró más de la mitad de los encuestados— en estos entornos no formales o menos institucionalizados.
Así las cosas, a ojos de Arri, el periodismo enfrenta los mismos desafíos que a lo largo de su historia. “La receta sigue siendo la misma que hace 60 años: hacer buen periodismo, chequear fuentes, verificar datos y mostrar aquello que se quiere ocultar”. Y hoy es necesario hacerlo con mayor detenimiento. El tiempo que se pueda ganar mediante el uso de herramientas de inteligencia artificial que –admitámoslo– han venido para quedarse, debería destinarse precisamente a esto, que constituye la esencia de la función periodística.
Y en estos tiempos, en los que resulta más fácil –y en los que incluso hay una parte de la audiencia que lo demanda– enarbolar una bandera y asegurarse un público seguidor al que abastecer de argumentos para sostener el debate en redes sociales, el mejor camino para los medios tradicionales es convertirse en ese refugio: no de la objetividad, que ya es sabido que no existe, sino de la certeza y la confiabilidad.
